Alberto Carlos Ayala (XX) - Kelimutu





| 16 € | ||
|---|---|---|
| 11 € | ||
| 8 € | ||
Protección del Comprador de Catawiki
Tu pago está protegido con nosotros hasta que recibas tu objeto.Ver detalles
Trustpilot 4.4 | 128055 valoraciones
Valoración Excelente en Trustpilot.
Alberto Carlos Ayala (XX) presenta Kelimutu, una pintura acrílica original de 60 × 60 cm con técnica de spray, creada en 2022, firmada y en excelentes condiciones; origen Italia; acompañada de certificado de autenticidad.
Descripción del vendedor
La obra se inspira en Kelimutu, complejo volcánico ubicado en la isla de Flores, Indonesia, conocido por sus tres lagos craterícos de colores variables e intensamente contrastantes. El nombre une los términos “Keli” (montaña) y “Mutu” (caliente), haciendo alusión a la actividad volcánica subterránea que alimenta este paisaje único. Las tonalidades que caracterizan la pintura, rojo, verde, turquesa, amarillo, rosa, azul y negro profundo, tienen su origen en el excepcional fenómeno gequímico que convierte a Kelimutu en un unicum dentro del panorama volcánico mundial.
Según las tradiciones locales, los tres lagos guardan significados espirituales distintos. El lago azul, Tiwu Nuwa Muri Koo Fai, está asociado a las almas de los jóvenes; el lago rojo, Tiwu Ata Polo, a las de los difuntos malvados; el lago blanco, Tiwu Ata Mbupu, a los espíritus de los ancianos. Los cambios cromáticos de las aguas se interpretan como señales de transformación espiritual, y cada año, el 14 de agosto, las comunidades de las aldeas cercanas se reúnen en el ritual Pati Ka, “alimentar el espíritu de los antepasados”, ofreciendo comida y tabaco en una procesión que une gesto, memoria y paisaje.
Esta dimensión simbólica se traduce en la superficie pictórica como estratificación de energías y presencias. El blanco de fondo actúa como plano activo sobre el que se depositan intervenciones posteriores: superposiciones, cancelaciones, desvíos direccionales y compresiones materiales. Cada signo conserva la memoria del paso anterior, construyendo una sedimentación que remite a los procesos geológicos de acumulación y transformación.
Las intensas capas cromáticas evocan la presencia simultánea de las tres cuencas craterícas, trasladadas a una gramática abstracta que traduce el dato natural en tensión pictórica. El rojo introduce densidad y calor, el verde y el turquesa evocan profundidad líquida y mutación química, el amarillo y el azul emergen como acentos minerales que atraviesan el campo con vibración rítmica. Los signos negros estructuran la composición como líneas de presión que organizan el espacio y sostienen su equilibrio dinámico.
La franja horizontal amarillo-rojo en la parte inferior condensa la energía de la pintura y funciona como eje gravitacional. Alrededor de ella se distribuye todo el sistema visual, generando una dinámica entre estabilidad y tensión que refleja la naturaleza mutable del sitio volcánico de referencia.
La obra se inscribe en una investigación dedicada a los grandes sistemas volcánicos del planeta, entendidos como matrices de transformación y archivos de tiempo geológico, pero también como lugares donde la naturaleza y la dimensión espiritual se entrelazan. El color opera como materia-tiempo, traduciendo en lenguaje pictórico procesos invisibles y creencias ancestrales que continúan viviendo en el presente.
La obra está firmada en el reverso y vendrá acompañada de certificado de autenticidad.
Por densidad material, tensión cromática y coherencia dentro de una investigación geológica y simbólica articulada, la obra se ubica con naturalidad en un contexto coleccionista e institucional de alta gama.
La obra se inspira en Kelimutu, complejo volcánico ubicado en la isla de Flores, Indonesia, conocido por sus tres lagos craterícos de colores variables e intensamente contrastantes. El nombre une los términos “Keli” (montaña) y “Mutu” (caliente), haciendo alusión a la actividad volcánica subterránea que alimenta este paisaje único. Las tonalidades que caracterizan la pintura, rojo, verde, turquesa, amarillo, rosa, azul y negro profundo, tienen su origen en el excepcional fenómeno gequímico que convierte a Kelimutu en un unicum dentro del panorama volcánico mundial.
Según las tradiciones locales, los tres lagos guardan significados espirituales distintos. El lago azul, Tiwu Nuwa Muri Koo Fai, está asociado a las almas de los jóvenes; el lago rojo, Tiwu Ata Polo, a las de los difuntos malvados; el lago blanco, Tiwu Ata Mbupu, a los espíritus de los ancianos. Los cambios cromáticos de las aguas se interpretan como señales de transformación espiritual, y cada año, el 14 de agosto, las comunidades de las aldeas cercanas se reúnen en el ritual Pati Ka, “alimentar el espíritu de los antepasados”, ofreciendo comida y tabaco en una procesión que une gesto, memoria y paisaje.
Esta dimensión simbólica se traduce en la superficie pictórica como estratificación de energías y presencias. El blanco de fondo actúa como plano activo sobre el que se depositan intervenciones posteriores: superposiciones, cancelaciones, desvíos direccionales y compresiones materiales. Cada signo conserva la memoria del paso anterior, construyendo una sedimentación que remite a los procesos geológicos de acumulación y transformación.
Las intensas capas cromáticas evocan la presencia simultánea de las tres cuencas craterícas, trasladadas a una gramática abstracta que traduce el dato natural en tensión pictórica. El rojo introduce densidad y calor, el verde y el turquesa evocan profundidad líquida y mutación química, el amarillo y el azul emergen como acentos minerales que atraviesan el campo con vibración rítmica. Los signos negros estructuran la composición como líneas de presión que organizan el espacio y sostienen su equilibrio dinámico.
La franja horizontal amarillo-rojo en la parte inferior condensa la energía de la pintura y funciona como eje gravitacional. Alrededor de ella se distribuye todo el sistema visual, generando una dinámica entre estabilidad y tensión que refleja la naturaleza mutable del sitio volcánico de referencia.
La obra se inscribe en una investigación dedicada a los grandes sistemas volcánicos del planeta, entendidos como matrices de transformación y archivos de tiempo geológico, pero también como lugares donde la naturaleza y la dimensión espiritual se entrelazan. El color opera como materia-tiempo, traduciendo en lenguaje pictórico procesos invisibles y creencias ancestrales que continúan viviendo en el presente.
La obra está firmada en el reverso y vendrá acompañada de certificado de autenticidad.
Por densidad material, tensión cromática y coherencia dentro de una investigación geológica y simbólica articulada, la obra se ubica con naturalidad en un contexto coleccionista e institucional de alta gama.

