Stefano Nurra - Golf-eeng VII





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Stefano Nurra, Golf-eeng VII, 2025, pintura acrílica con yeso en edición limitada 1/1, 40 × 30 cm, verde, negro y blanco, firmado a mano, Italia, estilo Moderno, vendida directamente por el artista, que representa la cultura pop.
Descripción del vendedor
La obra está dominada por una gran franja verde dispuesta en diagonal que atraviesa la superficie pictórica como un segmento de paisaje suspendido. La materia, aplicada en capas gruesas e irregulares, construye un relieve tangible que transforma la pintura en territorio.
Dentro de la franja verde se reconocen los signos esenciales de un campo de golf: una pequeña bandera y una figura diminuta, casi imperceptible, captada en el gesto del juego. Alrededor de este espacio central emergen bloques geométricos más oscuros y una mancha blanca que sugieren fragmentos de paisaje o arquitecturas abstractas.
La diagonal rompe la estabilidad de la composición y introduce un sentido de movimiento continuo. La mirada del espectador recorre el lienzo siguiendo esa trayectoria, como si estuviera atravesando el campo junto a la figura.
El contraste entre el verde intenso, el negro profundo del fondo y el blanco matérico crea un equilibrio entre presencia y vacío. En esta tensión, la acción deportiva se convierte casi en un pretexto narrativo: lo que realmente emerge es la relación entre individuo y espacio, entre gesto humano y la vastedad del paisaje.
La obra está dominada por una gran franja verde dispuesta en diagonal que atraviesa la superficie pictórica como un segmento de paisaje suspendido. La materia, aplicada en capas gruesas e irregulares, construye un relieve tangible que transforma la pintura en territorio.
Dentro de la franja verde se reconocen los signos esenciales de un campo de golf: una pequeña bandera y una figura diminuta, casi imperceptible, captada en el gesto del juego. Alrededor de este espacio central emergen bloques geométricos más oscuros y una mancha blanca que sugieren fragmentos de paisaje o arquitecturas abstractas.
La diagonal rompe la estabilidad de la composición y introduce un sentido de movimiento continuo. La mirada del espectador recorre el lienzo siguiendo esa trayectoria, como si estuviera atravesando el campo junto a la figura.
El contraste entre el verde intenso, el negro profundo del fondo y el blanco matérico crea un equilibrio entre presencia y vacío. En esta tensión, la acción deportiva se convierte casi en un pretexto narrativo: lo que realmente emerge es la relación entre individuo y espacio, entre gesto humano y la vastedad del paisaje.

