V. Altieri (1988) - Equilibrio notturno





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Equilibrio nocturno, óleo sobre tabla, retrato de V. Altieri (1988), Italia, 40 × 30 cm, 2020+, original, firmado.
Descripción del vendedor
El cuadro Equilibrio Nocturno de V. Altieri, óleo sobre tabla de 40×30 cm, se presenta como una composición geométrica esencial y poética, suspendida entre la abstracción y la figuración, que evoca una atmósfera de quieta suspensión metafísica.
El fondo está dominado por un azul nocturno profundo y uniforme, casi aterciopelado, que envuelve toda la escena como un manto cósmico y confiere a la obra una intensa profundidad cromática. En el centro se levanta un pequeño pueblo mediterráneo estilizado, reducido a volúmenes puros: casas blancas, grises y color crema se amontonan una sobre otra en una ritmica superposición de paralelepípedos y prismas, con techos planos o apenas inclinados pintados en azul intenso, rojo vivo, ocre cálido y oro tenue. Las fachadas están marcadas por estrechas aberturas rectangulares negras –ventanas silentes– que marcan el ritmo vertical y crean un contrapunto gráfico claro.
A su alrededor y casi abrazando la aldea, una serie de formas orgánicas pero igualmente geométricas: colinas y árboles simplificados en conos y semiesferas, representados en verdes intensos, amarillos mostaza, anaranjados quemados y verdes oliva. Estos elementos vegetales, si bien conservando una reconocible naturalidad, se transforman en puros bloques de color que dialogan con la arquitectura mediante encastre preciso de planos.
En primer plano, a la izquierda, domina un gran cilindro horizontal de color terracota y ocre, inclinado como un puente o una pasarela surreal que conduce, a través de una escalera de peldaños rojos reflejados en una agua espejante, hacia el corazón de la aldea. Esta estructura genera la parte más enigática y fascinante de la obra: una zona de reflexión acuática que ocupa la porción inferior de la tabla. Aquí el cielo azul oscuro, las casas, las colinas y el propio cilindro se reflejan con una precisión casi especular, pero ligeramente alterados en tono – más grises y fríos – creando un efecto de duplicación onírica y de inestabilidad perceptiva. En el centro de este espejo de agua surge un gran semicírculo violeta-azulado, dividido en dos hemisferios contrastantes, que funciona como elemento focal hipnótico y casi lunar.
En la esquina superior derecha, una luna llena blanca y perfecta, simple círculo luminoso, cierra la escena con su presencia silenciosa y arcaica.
Una única figura humana, diminuta y negra, se alza sobre el puente-escalina: una sombra vertical, un caminante sin rostro que avanza hacia lo desconocido, subrayando la dimensión existencial y solitaria de toda la visión
El cuadro Equilibrio Nocturno de V. Altieri, óleo sobre tabla de 40×30 cm, se presenta como una composición geométrica esencial y poética, suspendida entre la abstracción y la figuración, que evoca una atmósfera de quieta suspensión metafísica.
El fondo está dominado por un azul nocturno profundo y uniforme, casi aterciopelado, que envuelve toda la escena como un manto cósmico y confiere a la obra una intensa profundidad cromática. En el centro se levanta un pequeño pueblo mediterráneo estilizado, reducido a volúmenes puros: casas blancas, grises y color crema se amontonan una sobre otra en una ritmica superposición de paralelepípedos y prismas, con techos planos o apenas inclinados pintados en azul intenso, rojo vivo, ocre cálido y oro tenue. Las fachadas están marcadas por estrechas aberturas rectangulares negras –ventanas silentes– que marcan el ritmo vertical y crean un contrapunto gráfico claro.
A su alrededor y casi abrazando la aldea, una serie de formas orgánicas pero igualmente geométricas: colinas y árboles simplificados en conos y semiesferas, representados en verdes intensos, amarillos mostaza, anaranjados quemados y verdes oliva. Estos elementos vegetales, si bien conservando una reconocible naturalidad, se transforman en puros bloques de color que dialogan con la arquitectura mediante encastre preciso de planos.
En primer plano, a la izquierda, domina un gran cilindro horizontal de color terracota y ocre, inclinado como un puente o una pasarela surreal que conduce, a través de una escalera de peldaños rojos reflejados en una agua espejante, hacia el corazón de la aldea. Esta estructura genera la parte más enigática y fascinante de la obra: una zona de reflexión acuática que ocupa la porción inferior de la tabla. Aquí el cielo azul oscuro, las casas, las colinas y el propio cilindro se reflejan con una precisión casi especular, pero ligeramente alterados en tono – más grises y fríos – creando un efecto de duplicación onírica y de inestabilidad perceptiva. En el centro de este espejo de agua surge un gran semicírculo violeta-azulado, dividido en dos hemisferios contrastantes, que funciona como elemento focal hipnótico y casi lunar.
En la esquina superior derecha, una luna llena blanca y perfecta, simple círculo luminoso, cierra la escena con su presencia silenciosa y arcaica.
Una única figura humana, diminuta y negra, se alza sobre el puente-escalina: una sombra vertical, un caminante sin rostro que avanza hacia lo desconocido, subrayando la dimensión existencial y solitaria de toda la visión

