Stefano Nurra - Golf-eeng VIII





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Stefano Nurra, Golf-eeng VIII, pintura acrílica sobre yeso, edición limitada 1/1, 2025, 40 cm de alto por 30 cm de ancho, Italia, estilo moderno, firmado a mano, en excelentes condiciones.
Descripción del vendedor
La composición se construye alrededor de una diagonal dominante, una franja verde intensa que atraviesa la superficie como un pasillo suspendido entre planos contrastantes. El gesto pictórico es denso, estratificado, casi escultórico: las masas negras y blancas emergen como masas sólidas, mientras el verde, más pulido, sugiere un espacio transitable, una trayectoria.
Las figuras diminutas —apenas insinuadas— introducen una dimensión narrativa silenciosa. No son protagonistas, pero presencias: un individuo en pie, otro en movimiento, ambos inmersos en un entorno que parece más mental que real. La banderita, signo mínimo pero simbólicamente poderoso, remite a la idea de objetivo, de llegada, pero colocada sobre una superficie inestable, casi precaria.
La obra juega con el contraste entre control y materia: por un lado la dirección clara de la diagonal, por otro la irregularidad de los bordes y de las superficies. De ello deriva una tensión visual que transforma el espacio en experiencia, donde el recorrido no es lineal sino inclinado, incierto, abierto a la interpretación.
La composición se construye alrededor de una diagonal dominante, una franja verde intensa que atraviesa la superficie como un pasillo suspendido entre planos contrastantes. El gesto pictórico es denso, estratificado, casi escultórico: las masas negras y blancas emergen como masas sólidas, mientras el verde, más pulido, sugiere un espacio transitable, una trayectoria.
Las figuras diminutas —apenas insinuadas— introducen una dimensión narrativa silenciosa. No son protagonistas, pero presencias: un individuo en pie, otro en movimiento, ambos inmersos en un entorno que parece más mental que real. La banderita, signo mínimo pero simbólicamente poderoso, remite a la idea de objetivo, de llegada, pero colocada sobre una superficie inestable, casi precaria.
La obra juega con el contraste entre control y materia: por un lado la dirección clara de la diagonal, por otro la irregularidad de los bordes y de las superficies. De ello deriva una tensión visual que transforma el espacio en experiencia, donde el recorrido no es lineal sino inclinado, incierto, abierto a la interpretación.

