Lucio Ranucci (1925-2017) - Senza Titolo






Máster en Innovación y Organización de las Artes, diez años en arte italiano contemporáneo.
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Pintura al óleo de Lucio Ranucci titulada Senza Titolo, 1985, 30 x 24 cm, en excelentes condiciones, firmado, edición original, Italia, vendido con marco.
Descripción del vendedor
Lucio Ranucci, uno de los representantes más significativos de la corriente artística conocida como cubismo realista, nace en 1925 en Perledo, en la provincia de Como. Su infancia y adolescencia están marcadas por frecuentes traslados causados por el trabajo de sus padres, ambos médicos. Mientras el padre y la hermana Silvia se trasladan entre el norte y el sur de Italia, Lucio pasa ocho años en internado en Perugia. El 1933 trae un giro dramático a su vida cuando su padre, Bernardino, muere. La madre decide trasladarse a Milán con la hermana Silvia, dejando a Lucio en el internado de Perugia. La experiencia de la separación y la soledad habría influido profundamente en su trayectoria artística, inspirando sus futuras obras.
Al inicio de 1943, como muchos jóvenes italianos de la época, Lucio Ranucci se alista como voluntario en el ejército italiano y parte hacia el Norte de África. Esta aventura debía ser una experiencia heroica, pero pronto se transforma en una prisión en Túnez, donde es capturado. En enero de 1945, regresa a Italia como intérprete para las tropas angloamericanas. Después de la guerra, Lucio Ranucci empieza a trabajar como periodista en Milán, pero su sed de conocimiento y el deseo de explorar el mundo lo llevan, en 1947, a emprender un viaje hacia América Latina, inicialmente a Argentina. Sus posibilidades económicas son limitadas y, para mantenerse, acepta trabajos ocasionales como marinero, conductor de funerarias y fotógrafo, moviéndose a través de Chile, Bolivia y Perú. A pesar de los frecuentes desplazamientos, nunca abandona su interés por la pintura y el entorno cultural de los países latinoamericanos.
Lucio Ranucci mantiene un constante compromiso periodístico, utilizando su arte como vehículo de denuncia contra la pobreza, la opresión y la falta de libertad de las poblaciones sudamericanas. En 1949, expone por primera vez en la Galería Marini de Lima, Perú, y desde ese momento empieza a exponer regularmente en diferentes naciones latinoamericanas, en Estados Unidos, en Europa y en Italia. Durante los años 50, participa en importantes muestras colectivas, como la Bienal Panamericana de México en 1958 y la Bienal de São Paulo, como representante de Costa Rica.
Su estilo, con influencias cubistas y expresionistas, refleja la sublimación de la humanidad, con figuras solemnes y frontales, pintadas con ojos sin pupila que expresan el mundo interior de los sujetos. En 1951, Lucio Ranucci establece su patria por diez años en Costa Rica, donde desempeña el cargo de director del Teatro Universitario y se dedica a pintar también obras murales, entre ellas un gran panel en el aeropuerto de San José. Su sensibilidad ante los dramas de la gente lo lleva a participar activamente en las vicisitudes políticas de Centroamérica, llegando incluso a la cárcel en Managua, Nicaragua. Sin embargo, Ranucci no se considera solo un periodista o un activista político; su verdadera pasión sigue siendo el arte.
A lo largo de los años, expone en numerosos países, desde las Américas hasta Europa, obteniendo reconocimiento y aprecio por su capacidad de capturar el alma de la humanidad sufriente a través de sus cuadros.
Después de un periodo pasado en Roma e Ischia, Lucio se traslada a Estados Unidos, a San Francisco, para exponer sus obras y mantener contacto con su público de admiradores. Posteriormente, vive un tiempo en París y, por último, se establece en la Costa Azul, cerca de Vence.
Lucio Ranucci no solo se dedica a la pintura, sino que también escribe tres libros, entre ellos Alguien camina sobre el sol (1949) e I colonnelli (1965). A lo largo de su larga trayectoria artística, expone en más de quince países y sus obras acaban en colecciones públicas y privadas de todo el mundo. Su inquebrantable pasión por el arte lo empuja a luchar por el regreso del arte como cuna de la cultura y la memoria y como voz de protesta ante los dramas humanos.
Lucio Ranucci fallece en 2017, pero su legado artístico y su dedicación a la denuncia social siguen siendo un testimonio de su herencia en el arte contemporáneo. Sus obras continúan viviendo, llevando consigo la fuerza de las emociones y el llamado a la justicia social.
Lucio Ranucci, uno de los representantes más significativos de la corriente artística conocida como cubismo realista, nace en 1925 en Perledo, en la provincia de Como. Su infancia y adolescencia están marcadas por frecuentes traslados causados por el trabajo de sus padres, ambos médicos. Mientras el padre y la hermana Silvia se trasladan entre el norte y el sur de Italia, Lucio pasa ocho años en internado en Perugia. El 1933 trae un giro dramático a su vida cuando su padre, Bernardino, muere. La madre decide trasladarse a Milán con la hermana Silvia, dejando a Lucio en el internado de Perugia. La experiencia de la separación y la soledad habría influido profundamente en su trayectoria artística, inspirando sus futuras obras.
Al inicio de 1943, como muchos jóvenes italianos de la época, Lucio Ranucci se alista como voluntario en el ejército italiano y parte hacia el Norte de África. Esta aventura debía ser una experiencia heroica, pero pronto se transforma en una prisión en Túnez, donde es capturado. En enero de 1945, regresa a Italia como intérprete para las tropas angloamericanas. Después de la guerra, Lucio Ranucci empieza a trabajar como periodista en Milán, pero su sed de conocimiento y el deseo de explorar el mundo lo llevan, en 1947, a emprender un viaje hacia América Latina, inicialmente a Argentina. Sus posibilidades económicas son limitadas y, para mantenerse, acepta trabajos ocasionales como marinero, conductor de funerarias y fotógrafo, moviéndose a través de Chile, Bolivia y Perú. A pesar de los frecuentes desplazamientos, nunca abandona su interés por la pintura y el entorno cultural de los países latinoamericanos.
Lucio Ranucci mantiene un constante compromiso periodístico, utilizando su arte como vehículo de denuncia contra la pobreza, la opresión y la falta de libertad de las poblaciones sudamericanas. En 1949, expone por primera vez en la Galería Marini de Lima, Perú, y desde ese momento empieza a exponer regularmente en diferentes naciones latinoamericanas, en Estados Unidos, en Europa y en Italia. Durante los años 50, participa en importantes muestras colectivas, como la Bienal Panamericana de México en 1958 y la Bienal de São Paulo, como representante de Costa Rica.
Su estilo, con influencias cubistas y expresionistas, refleja la sublimación de la humanidad, con figuras solemnes y frontales, pintadas con ojos sin pupila que expresan el mundo interior de los sujetos. En 1951, Lucio Ranucci establece su patria por diez años en Costa Rica, donde desempeña el cargo de director del Teatro Universitario y se dedica a pintar también obras murales, entre ellas un gran panel en el aeropuerto de San José. Su sensibilidad ante los dramas de la gente lo lleva a participar activamente en las vicisitudes políticas de Centroamérica, llegando incluso a la cárcel en Managua, Nicaragua. Sin embargo, Ranucci no se considera solo un periodista o un activista político; su verdadera pasión sigue siendo el arte.
A lo largo de los años, expone en numerosos países, desde las Américas hasta Europa, obteniendo reconocimiento y aprecio por su capacidad de capturar el alma de la humanidad sufriente a través de sus cuadros.
Después de un periodo pasado en Roma e Ischia, Lucio se traslada a Estados Unidos, a San Francisco, para exponer sus obras y mantener contacto con su público de admiradores. Posteriormente, vive un tiempo en París y, por último, se establece en la Costa Azul, cerca de Vence.
Lucio Ranucci no solo se dedica a la pintura, sino que también escribe tres libros, entre ellos Alguien camina sobre el sol (1949) e I colonnelli (1965). A lo largo de su larga trayectoria artística, expone en más de quince países y sus obras acaban en colecciones públicas y privadas de todo el mundo. Su inquebrantable pasión por el arte lo empuja a luchar por el regreso del arte como cuna de la cultura y la memoria y como voz de protesta ante los dramas humanos.
Lucio Ranucci fallece en 2017, pero su legado artístico y su dedicación a la denuncia social siguen siendo un testimonio de su herencia en el arte contemporáneo. Sus obras continúan viviendo, llevando consigo la fuerza de las emociones y el llamado a la justicia social.
