Barberot Sylvain - FRAGILE






Tiene una licenciatura en historia del arte y una maestría en gestión artística y cultural.
Protección del Comprador de Catawiki
Tu pago está protegido con nosotros hasta que recibas tu objeto.Ver detalles
Trustpilot 4.4 | 130581 valoraciones
Valoración Excelente en Trustpilot.
FRAGILE de Sylvain Barberot es una obra de vidrio formada por tres espejos verticales, con respaldo parcialmente retirado, 160 cm de ancho, 140 cm de alto, 20 cm de profundidad, 7,5 kg, firmado a mano, año 2026, Francia, en excelente estado, vendida directamente por el artista.
Descripción del vendedor
Esta obra se inscribe en una serie en la que el autorretrato se desplaza fuera de la representación directa para habitar el campo de la experiencia. Compuesta por tres espejos verticales, cuyo vidrio está parcialmente retirado por la espalda, deja aparecer, por transparencia luminosa, la palabra fragil. Esta última no se impone de inmediato: emerge, se esconde, depende del ángulo, de la presencia y del movimiento del espectador.
El espejo, tradicionalmente asociado al reconocimiento de uno mismo, se convierte aquí en un espacio de incertidumbre. El reflejo no es estable: fragmentado por la división tripartita, alterado por la luz que lo atraviesa, oscila entre aparición y desvanecimiento. El artista no se muestra frontalmente; se dispersa, se difracta, dejando paso a una imagen de sí inestable, condicionada por la mirada del otro.
La palabra fragil, grabada en la propia materia del espejo, actúa como una revelación discreta. No se impone como una declaración, sino como un dato subyacente, casi estructural. Al retirar el vidrio para hacer aparecer la luz, la obra realiza un gesto de desvelamiento: lo que habitualmente está oculto —la vulnerabilidad— se convierte aquí en el paso hacia lo visible.
Así, el autorretrato ya no se limita a una imagen, sino que se expande a un dispositivo. Incluye el cuerpo del espectador, capturado en el reflejo, atrapado en esta tensión entre visibilidad y desaparición. El artista propone menos una representación de sí mismo que un estado: el de una identidad atravesada, inestable, expuesta.
En esta economía mínima de medios —espejo, luz, palabra— la obra afirma que toda práctica artística se sustenta en un autoportrait continuo, donde la fragilidad no es una confesión, sino una condición.
Artista internacional cuyo trabajo se apoya en la dicotomía que existe entre la memoria y el olvido. La memoria, a mi juicio, es el elemento indispensable que une nuestro cuerpo al mundo. Sin embargo, y mientras nuestra cultura se esfuerza por grabar la historia con buril, me esfuerzo por inhibir, deconstruir e incluso borrar mi propia memoria. Gran empresa que es el ejercicio del olvido…
El cuerpo no es más que el soporte de esa memoria de la que depende, incluso de la que necesita. Ella lo construye, lo modela y lo transforma. Y si la anamnesis se traduce del griego como el remontar de la memoria, por mi parte la persigo para poder separarme mejor de ella.
Esta obra se inscribe en una serie en la que el autorretrato se desplaza fuera de la representación directa para habitar el campo de la experiencia. Compuesta por tres espejos verticales, cuyo vidrio está parcialmente retirado por la espalda, deja aparecer, por transparencia luminosa, la palabra fragil. Esta última no se impone de inmediato: emerge, se esconde, depende del ángulo, de la presencia y del movimiento del espectador.
El espejo, tradicionalmente asociado al reconocimiento de uno mismo, se convierte aquí en un espacio de incertidumbre. El reflejo no es estable: fragmentado por la división tripartita, alterado por la luz que lo atraviesa, oscila entre aparición y desvanecimiento. El artista no se muestra frontalmente; se dispersa, se difracta, dejando paso a una imagen de sí inestable, condicionada por la mirada del otro.
La palabra fragil, grabada en la propia materia del espejo, actúa como una revelación discreta. No se impone como una declaración, sino como un dato subyacente, casi estructural. Al retirar el vidrio para hacer aparecer la luz, la obra realiza un gesto de desvelamiento: lo que habitualmente está oculto —la vulnerabilidad— se convierte aquí en el paso hacia lo visible.
Así, el autorretrato ya no se limita a una imagen, sino que se expande a un dispositivo. Incluye el cuerpo del espectador, capturado en el reflejo, atrapado en esta tensión entre visibilidad y desaparición. El artista propone menos una representación de sí mismo que un estado: el de una identidad atravesada, inestable, expuesta.
En esta economía mínima de medios —espejo, luz, palabra— la obra afirma que toda práctica artística se sustenta en un autoportrait continuo, donde la fragilidad no es una confesión, sino una condición.
Artista internacional cuyo trabajo se apoya en la dicotomía que existe entre la memoria y el olvido. La memoria, a mi juicio, es el elemento indispensable que une nuestro cuerpo al mundo. Sin embargo, y mientras nuestra cultura se esfuerza por grabar la historia con buril, me esfuerzo por inhibir, deconstruir e incluso borrar mi propia memoria. Gran empresa que es el ejercicio del olvido…
El cuerpo no es más que el soporte de esa memoria de la que depende, incluso de la que necesita. Ella lo construye, lo modela y lo transforma. Y si la anamnesis se traduce del griego como el remontar de la memoria, por mi parte la persigo para poder separarme mejor de ella.
