Figura - Cristo Surrealista - 61 cm - Bronce






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Descripción del vendedor
Este Cristo de bronce dorado presenta una interpretación claramente surrealista, donde la figura tradicional se transforma en una obra cargada de simbolismo y tensión visual. El cuerpo de Cristo mantiene la postura clásica de la crucifixión, pero todo lo que lo rodea rompe con la iconografía habitual: la cruz no es una estructura uniforme, sino un entramado de fragmentos irregulares, casi como si estuviera formada por piezas desgarradas o estalladas desde dentro. Esa geometría quebrada crea un efecto dramático, como si la materia misma estuviera vibrando o a punto de desintegrarse.
El bronce dorado acentúa esta sensación, porque la luz se posa de manera desigual sobre las superficies angulosas, generando sombras profundas y destellos que refuerzan el carácter inquietante y poético de la pieza. Desde la cabeza de Cristo irradian líneas que evocan un halo, pero reinterpretado de forma explosiva, más cercano a un estallido de energía espiritual que a un símbolo estático de santidad.
La figura, estilizada y alargada, parece suspendida entre lo terrenal y lo onírico. No busca el realismo, sino transmitir una experiencia emocional: dolor, trascendencia, ruptura, revelación. Es una obra que dialoga con el surrealismo por su capacidad de transformar un motivo conocido en algo inesperado, cargado de fuerza simbólica y de una belleza inquietante. Una pieza que no solo representa, sino que interpela.
Envío certificado y buen embalaje.
El vendedor y su historia
Este Cristo de bronce dorado presenta una interpretación claramente surrealista, donde la figura tradicional se transforma en una obra cargada de simbolismo y tensión visual. El cuerpo de Cristo mantiene la postura clásica de la crucifixión, pero todo lo que lo rodea rompe con la iconografía habitual: la cruz no es una estructura uniforme, sino un entramado de fragmentos irregulares, casi como si estuviera formada por piezas desgarradas o estalladas desde dentro. Esa geometría quebrada crea un efecto dramático, como si la materia misma estuviera vibrando o a punto de desintegrarse.
El bronce dorado acentúa esta sensación, porque la luz se posa de manera desigual sobre las superficies angulosas, generando sombras profundas y destellos que refuerzan el carácter inquietante y poético de la pieza. Desde la cabeza de Cristo irradian líneas que evocan un halo, pero reinterpretado de forma explosiva, más cercano a un estallido de energía espiritual que a un símbolo estático de santidad.
La figura, estilizada y alargada, parece suspendida entre lo terrenal y lo onírico. No busca el realismo, sino transmitir una experiencia emocional: dolor, trascendencia, ruptura, revelación. Es una obra que dialoga con el surrealismo por su capacidad de transformar un motivo conocido en algo inesperado, cargado de fuerza simbólica y de una belleza inquietante. Una pieza que no solo representa, sino que interpela.
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