Stefano Nurra - Gioco sospeso






Posee una maestría en Cine y Artes Visuales; curador, escritor e investigador con experiencia.
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Stefano Nurra, Gioco sospeso, obra en lienzo mezcla de gesso y pintura acrílica, edición limitada 1/1, año 2026, 35×25 cm, firmado a mano, en excelentes condiciones.
Descripción del vendedor
La obra se estructura como un poliptico imaginario encerrado en una única tela, donde tres bloques materiales en relieve flotan sobre un fondo cobalto, evocando la geometría fragmentada de un campo de tenis.
Una vez más, es la materia la que marca el ritmo: los rectángulos centrales y periféricos emergen de la superficie con bordes irregulares y pastosos, como si fueran desniveles de color arrancados a la realidad. Las líneas blancas, nítidas y rigurosas, no sirven solo para delimitar el espacio de juego, sino que actúan como directrices ópticas que guían la mirada a través de la tela.
El corazón palpitante de la obra es la inserción de figuras humanas microscópicas, realizadas con una precisión casi caligráfica. En la esquina inferior izquierda, un jugador en blanco queda captado en la espera cargada de tensión de un saque; en la esquina superior derecha, una figura especular parece flotar en el vacío azul. Este contraste entre la inmensidad del campo abstracto y la fragilidad de las siluetas humanas transforma el evento deportivo en una metáfora existencial: el juego se vuelve soledad, concentración y suspensión temporal.
La elección del azul no es casual: evoca una dimensión psicológica profunda, transformando el campo de tenis en un océano o en un cielo nocturno. Es una obra que vive del silencio y de la espera, donde la fisicidad de la pintura (tan densa que se podría tocar) choca con la abstracción conceptual del vacío. Un pedazo de rara elegancia que logra noblecer el elemento lúdico llevándolo a un plano puramente poético.
La obra se estructura como un poliptico imaginario encerrado en una única tela, donde tres bloques materiales en relieve flotan sobre un fondo cobalto, evocando la geometría fragmentada de un campo de tenis.
Una vez más, es la materia la que marca el ritmo: los rectángulos centrales y periféricos emergen de la superficie con bordes irregulares y pastosos, como si fueran desniveles de color arrancados a la realidad. Las líneas blancas, nítidas y rigurosas, no sirven solo para delimitar el espacio de juego, sino que actúan como directrices ópticas que guían la mirada a través de la tela.
El corazón palpitante de la obra es la inserción de figuras humanas microscópicas, realizadas con una precisión casi caligráfica. En la esquina inferior izquierda, un jugador en blanco queda captado en la espera cargada de tensión de un saque; en la esquina superior derecha, una figura especular parece flotar en el vacío azul. Este contraste entre la inmensidad del campo abstracto y la fragilidad de las siluetas humanas transforma el evento deportivo en una metáfora existencial: el juego se vuelve soledad, concentración y suspensión temporal.
La elección del azul no es casual: evoca una dimensión psicológica profunda, transformando el campo de tenis en un océano o en un cielo nocturno. Es una obra que vive del silencio y de la espera, donde la fisicidad de la pintura (tan densa que se podría tocar) choca con la abstracción conceptual del vacío. Un pedazo de rara elegancia que logra noblecer el elemento lúdico llevándolo a un plano puramente poético.
