Sylvain Barberot - Vierge luminescente






Estudió Historia del Arte en la École du Louvre y se especializó en arte contemporáneo por más de 25 años.
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Sylvain Barberot, Vierge luminescente, escultura de resina con pintura fosforescente, fabricada en Francia en 2022, 33 cm de alto, 22 cm de ancho, 28 cm de profundo, 840 g, color beige, firmado a mano, en excelente estado.
Descripción del vendedor
**Análisis de la obra – *Virgen fosforescente***
La *Virgen fosforescente* se presenta primero como una figura familiar, casi tranquilizadora: un busto de Virgen inspirado en la iconografía religiosa tradicional, reconocible por su velo, por la inclinación suave de la cabeza y por la expresión recogida del rostro. Sin embargo, esa aparente continuidad con las representaciones clásicas es rápidamente perturbada por varias alteraciones significativas que desplazan la obra hacia un registro contemporáneo, incluso crítico.
El primer elemento marcante es la propia naturaleza del objeto: no se trata de una escultura plena, sino de un molde, hueco, cuyo reverso permanece abierto y visible. Esta materialidad inacabada rompe con la idea de una figura sagrada encarnada y estable. El cuerpo de la Virgen se convierte en envoltorio, superficie, rastro de una ausencia más que en una presencia plena. Este choices implican una reflexión sobre la reproducción, la serie y la pérdida de la unicidad de la imagen religiosa en el mundo moderno.
A ello se añade la dimensión de la alteración física: la Virgen es boca herida. Este detalle, discreto pero perturbador, introduce una tensión entre lo sagrado y la fragilidad. La imagen idealizada de pureza y perfección aquí se fisura. La mirada, tradicionalmente portadora de espiritualidad y mediación divina, está parcialmente ausente, como si la figura hubiera perdido una parte de su capacidad de ver o de guiar. Esta ceguera parcial puede interpretarse como una metáfora: de una fe alterada, de una tradición que ya no ve por completo, o de una mirada humana incapaz de acceder plenamente al divino.
Sin embargo, el elemento más estremecedor es el uso de la pintura fosforescente. A la luz del día, la obra aparece pálida, casi frágil, en un tono verdoso que ya evoca una extrañeza. Pero en la oscuridad, se transforma radicalmente: la Virgen se convierte en fuente de luz, irradiando un verde intenso y espectral. Esta mutación introduce una dualidad temporal y perceptiva: la obra no es plenamente visible en ausencia de luz exterior.
Este fenómeno invierte los códigos tradicionales de la representación sacra. Habitualmente, la luz viene a revelar la figura divina; aquí es la figura misma la que emite una luz artificial. lo sagrado ya no es trascendente, sino producido por un proceso químico. Esta inversión puede leerse como una reflexión sobre la secularización: la espiritualidad se convierte en un efecto, en una ilusión luminosa que persiste en la oscuridad pero depende de una activación previa (la exposición a la luz).
Finalmente, la cualidad casi fantasmagórica de la luminescencia confiere a la obra una presencia ambigua, entre aparición y desaparición. La Virgen parece acechar el espacio, oscilando entre protección e inquietud. Ya no es solo objeto de devoción, sino también imagen espectral, residuo luminoso de una creencia pasada.
Así, *Virgen fosforescente* articula con sutileza varias tensiones: entre lleno y hueco, lo sagrado y lo profano, la visibilidad y la oscuridad, la presencia y la ausencia. Al transformar una figura icónica en un objeto alterado y fosforescente, la obra interroga la persistencia de los símbolos religiosos en un mundo contemporáneo donde la propia luz se vuelve artificial e inestable.
**Análisis de la obra – *Virgen fosforescente***
La *Virgen fosforescente* se presenta primero como una figura familiar, casi tranquilizadora: un busto de Virgen inspirado en la iconografía religiosa tradicional, reconocible por su velo, por la inclinación suave de la cabeza y por la expresión recogida del rostro. Sin embargo, esa aparente continuidad con las representaciones clásicas es rápidamente perturbada por varias alteraciones significativas que desplazan la obra hacia un registro contemporáneo, incluso crítico.
El primer elemento marcante es la propia naturaleza del objeto: no se trata de una escultura plena, sino de un molde, hueco, cuyo reverso permanece abierto y visible. Esta materialidad inacabada rompe con la idea de una figura sagrada encarnada y estable. El cuerpo de la Virgen se convierte en envoltorio, superficie, rastro de una ausencia más que en una presencia plena. Este choices implican una reflexión sobre la reproducción, la serie y la pérdida de la unicidad de la imagen religiosa en el mundo moderno.
A ello se añade la dimensión de la alteración física: la Virgen es boca herida. Este detalle, discreto pero perturbador, introduce una tensión entre lo sagrado y la fragilidad. La imagen idealizada de pureza y perfección aquí se fisura. La mirada, tradicionalmente portadora de espiritualidad y mediación divina, está parcialmente ausente, como si la figura hubiera perdido una parte de su capacidad de ver o de guiar. Esta ceguera parcial puede interpretarse como una metáfora: de una fe alterada, de una tradición que ya no ve por completo, o de una mirada humana incapaz de acceder plenamente al divino.
Sin embargo, el elemento más estremecedor es el uso de la pintura fosforescente. A la luz del día, la obra aparece pálida, casi frágil, en un tono verdoso que ya evoca una extrañeza. Pero en la oscuridad, se transforma radicalmente: la Virgen se convierte en fuente de luz, irradiando un verde intenso y espectral. Esta mutación introduce una dualidad temporal y perceptiva: la obra no es plenamente visible en ausencia de luz exterior.
Este fenómeno invierte los códigos tradicionales de la representación sacra. Habitualmente, la luz viene a revelar la figura divina; aquí es la figura misma la que emite una luz artificial. lo sagrado ya no es trascendente, sino producido por un proceso químico. Esta inversión puede leerse como una reflexión sobre la secularización: la espiritualidad se convierte en un efecto, en una ilusión luminosa que persiste en la oscuridad pero depende de una activación previa (la exposición a la luz).
Finalmente, la cualidad casi fantasmagórica de la luminescencia confiere a la obra una presencia ambigua, entre aparición y desaparición. La Virgen parece acechar el espacio, oscilando entre protección e inquietud. Ya no es solo objeto de devoción, sino también imagen espectral, residuo luminoso de una creencia pasada.
Así, *Virgen fosforescente* articula con sutileza varias tensiones: entre lleno y hueco, lo sagrado y lo profano, la visibilidad y la oscuridad, la presencia y la ausencia. Al transformar una figura icónica en un objeto alterado y fosforescente, la obra interroga la persistencia de los símbolos religiosos en un mundo contemporáneo donde la propia luz se vuelve artificial e inestable.
