Matteo Ciffo - Frammenti - Venere






Posee una maestría en Cine y Artes Visuales; curador, escritor e investigador con experiencia.
| 190 € | ||
|---|---|---|
| 170 € | ||
| 150 € |
Protección del Comprador de Catawiki
Tu pago está protegido con nosotros hasta que recibas tu objeto.Ver detalles
Trustpilot 4.4 | 131293 valoraciones
Valoración Excelente en Trustpilot.
Matteo Ciffo, Frammenti - Venere, escultura contemporánea de fusión en frío de polvo de mármol y piedra, edición 1/8, 2026, firmada y autenticada, 27 cm de ancho, 38 cm de alto, 27 cm de profundidad, 8,5 kg, procedente de Italia.
Descripción del vendedor
- Escultura contemporánea de Matteo Ciffo (Italia - 1987). Título Fragmentos-Venus
- Año 2026. Edición n.° 1/8 - Firmada y autenticada por el artista, con certificado de autenticidad
- Material: Fusión en frío de polvos de mármol y piedra
- Condiciones excelentes
Colección FRAGMENTOS
La comparación con la escultura clásica constituye un elemento central de esta colección. Esas formas, históricamente asociadas a la idea de perfección, eternidad y memoria colectiva, se asumen como punto de partida y se someten a un proceso de fragmentación y redefinición.
La forma ya no se entiende como unidad estable, sino como condición transitoria. Se interrumpe, descompone y recompone, revelando su propia naturaleza inestable. El volumen se abre, se separa en bloques y fragmentos, generando una nueva estructura en la que el tiempo ya no está oculto, sino que se vuelve un elemento visible.
Esta tensión elimina la idea de perfección como estado absoluto. Lo que parece eterno revela su vulnerabilidad. La forma clásica sobrevive, pero transformada: ya no es símbolo de inmortalidad, sino presencia atravesada por el tiempo, expuesta al cambio y devuelta a una nueva dimensión.
MATTEO CIFFO
Nacido en Biella en 1987, desde 2007 desarrollo una investigación centrada en la materia, en su trasformación y en la memoria que conserva. Mi trabajo nace de una relación directa con materiales nobles y complejos como polvos de mármol y piedra, pigmentos naturales, tierras ármenes, óxidos y metales. No los considero simples instrumentos expresivos, sino presencias vivas, portadoras de tiempo, historia y posibilidades de renacimiento.
A través de un proceso que considero más ritual que escultórico: un renacer de la piedra guiado por mi mano. La práctica nace de la observación y del deseo de devolver vida a lo que ha sido fragmentado, abandonado o olvidado. Fragmentos y desechos, a menudo procedentes del trabajo de otros escultores, se convierten en materia originaria para mis trabajos.
Se trata de materiales que ya llevan en sí una historia. Los descompongo y los recompongo, generando formas que ya no pertenecen a su estado anterior, sino a una nueva condición. Cada obra surge de un equilibrio frágil entre pérdida y renacimiento, entre memoria y posibilidad, haciendo visible el momento en que la materia deja de ser lo que era y se convierte en algo distinto.
El recorrido asume la forma de una transformación que supera la escultura tradicional, acercándose a una dimensión casi alquímica. Utilizo materias que ya han tenido una existencia, las descompongo y las vuelvo a componer para generar nuevas formas e identidades. Cada creación nace de una tensión entre destrucción y regeneración, entre pérdida y memoria, haciendo visible un estado continuo de cambio.
La investigación se confronta con materiales que encarnan una contradicción profunda: aparentemente eternos e indestructibles, pero al mismo tiempo sensibles y vulnerables. Lo que parece inmutable revela una naturaleza inestable, capaz de reaccionar, oxidarse y transformarse con el tiempo. Esta condición convierte la materia en una parte activa del trabajo, involucrada en un diálogo constante con el tiempo y el entorno.
La perfección cede paso a la fragilidad, y la eternidad se manifiesta como experiencia viva y humana. La materia no está subordinada, sino que se convierte en coautora, conservando en la superficie las huellas del gesto, del proceso y de su propia evolución.
Autodidacta, he construido mi camino a través de la experimentación, la observación y la escucha. El enfoque no busca el control, sino acompañar al material en su transformación. Las formas resultantes reflejan el funcionamiento de la memoria: estructuras en las que fragmentos, trazas y ausencias conviven y se regeneran.
Esta práctica explora la materia como archivo vivo. Las esculturas emergen como presencias suspendidas entre ruina y renacimiento, entre permanencia y transformación, devolviendo a la materia una dimensión profundamente contemporánea y humana.
- Escultura contemporánea de Matteo Ciffo (Italia - 1987). Título Fragmentos-Venus
- Año 2026. Edición n.° 1/8 - Firmada y autenticada por el artista, con certificado de autenticidad
- Material: Fusión en frío de polvos de mármol y piedra
- Condiciones excelentes
Colección FRAGMENTOS
La comparación con la escultura clásica constituye un elemento central de esta colección. Esas formas, históricamente asociadas a la idea de perfección, eternidad y memoria colectiva, se asumen como punto de partida y se someten a un proceso de fragmentación y redefinición.
La forma ya no se entiende como unidad estable, sino como condición transitoria. Se interrumpe, descompone y recompone, revelando su propia naturaleza inestable. El volumen se abre, se separa en bloques y fragmentos, generando una nueva estructura en la que el tiempo ya no está oculto, sino que se vuelve un elemento visible.
Esta tensión elimina la idea de perfección como estado absoluto. Lo que parece eterno revela su vulnerabilidad. La forma clásica sobrevive, pero transformada: ya no es símbolo de inmortalidad, sino presencia atravesada por el tiempo, expuesta al cambio y devuelta a una nueva dimensión.
MATTEO CIFFO
Nacido en Biella en 1987, desde 2007 desarrollo una investigación centrada en la materia, en su trasformación y en la memoria que conserva. Mi trabajo nace de una relación directa con materiales nobles y complejos como polvos de mármol y piedra, pigmentos naturales, tierras ármenes, óxidos y metales. No los considero simples instrumentos expresivos, sino presencias vivas, portadoras de tiempo, historia y posibilidades de renacimiento.
A través de un proceso que considero más ritual que escultórico: un renacer de la piedra guiado por mi mano. La práctica nace de la observación y del deseo de devolver vida a lo que ha sido fragmentado, abandonado o olvidado. Fragmentos y desechos, a menudo procedentes del trabajo de otros escultores, se convierten en materia originaria para mis trabajos.
Se trata de materiales que ya llevan en sí una historia. Los descompongo y los recompongo, generando formas que ya no pertenecen a su estado anterior, sino a una nueva condición. Cada obra surge de un equilibrio frágil entre pérdida y renacimiento, entre memoria y posibilidad, haciendo visible el momento en que la materia deja de ser lo que era y se convierte en algo distinto.
El recorrido asume la forma de una transformación que supera la escultura tradicional, acercándose a una dimensión casi alquímica. Utilizo materias que ya han tenido una existencia, las descompongo y las vuelvo a componer para generar nuevas formas e identidades. Cada creación nace de una tensión entre destrucción y regeneración, entre pérdida y memoria, haciendo visible un estado continuo de cambio.
La investigación se confronta con materiales que encarnan una contradicción profunda: aparentemente eternos e indestructibles, pero al mismo tiempo sensibles y vulnerables. Lo que parece inmutable revela una naturaleza inestable, capaz de reaccionar, oxidarse y transformarse con el tiempo. Esta condición convierte la materia en una parte activa del trabajo, involucrada en un diálogo constante con el tiempo y el entorno.
La perfección cede paso a la fragilidad, y la eternidad se manifiesta como experiencia viva y humana. La materia no está subordinada, sino que se convierte en coautora, conservando en la superficie las huellas del gesto, del proceso y de su propia evolución.
Autodidacta, he construido mi camino a través de la experimentación, la observación y la escucha. El enfoque no busca el control, sino acompañar al material en su transformación. Las formas resultantes reflejan el funcionamiento de la memoria: estructuras en las que fragmentos, trazas y ausencias conviven y se regeneran.
Esta práctica explora la materia como archivo vivo. Las esculturas emergen como presencias suspendidas entre ruina y renacimiento, entre permanencia y transformación, devolviendo a la materia una dimensión profundamente contemporánea y humana.
