Antonio Nasuto - Hercules





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Descripción del vendedor
Antonio Nasuto se gradúa en Arquitectura en la Universidad de Nápoles, donde posteriormente obtiene una especialización trienal en Diseño. Esta formación multidisciplinaria influye de modo determinante en su lenguaje visual, caracterizado por el rigor compositivo y la atención a la estructura de la imagen.
Actualmente es docente de Anatomía Artística en la Academia de Bellas Artes de Foggia, acompañando su labor docente con una constante investigación pictórica centrada en el cuerpo humano y en la dimensión narrativa de la figura.
Exhibe en exposiciones personales y colectivas a nivel nacional e internacional. Entre las principales: las exposiciones personales en el Palazzetto dell’Arte de Foggia (2002, 2003), la colectiva dedicada a P. P. Pasolini en el Tribunale della Dogana de Foggia (2007), 150 Souvenirs d’Italie en la Galería de Arte Moderna y Contemporánea “Atelier degli Artisti” de Roma (2011), Il filo di Arianna. Labirinto fisico e mentale en Palazzo delle Arti Beltrani de Trani (2011), la exposición personal en el Palacio Ducal Paternò Caracciolo de Pietramelara (2013) y L’ospite inatteso en Villetta Barrea (2016).
En la pintura Hércules, el héroe parece sustraído de la retórica de la acción y devuelto a un tiempo suspendido, casi silencioso. Sentado en un trono de piedra, su cuerpo poderoso no se inclina hacia la empresa, sino que se recoge en una postura de quietud vigilante, como si la fuerza que lo define estuviera contenida, comprimida en una dimensión interior.
La construcción plástica de la figura remite con evidencia a la tradición clásica: la masa muscular, compacta y solemne, parece emerger de la luz como una escultura que porta en sí la memoria de la materia. Sin embargo, precisamente esta solidez formal es atravesada por una tensión más sutil, que transforma la monumentalidad en meditación. El héroe no domina la escena: permanece en ella.
El trono pétreo, lejos de ser un signo de poder, asume el valor de una presencia grave y silenciosa. Es piedra que sostiene, pero también piedra que pesa. En ella se condensa simbólicamente la memoria de las fatigas, como si cada prueba afrontada hubiera dejado un depósito invisible, una estratificación de tiempo y destino.
En esta suspensión, el mito se aparta de la narración épica para hacerse imagen reflexiva. Hércules no se capta en el instante de la hazaña, sino en el momento posterior o quizá anterior, cuando la acción se disuelve en el pensamiento. Es precisamente en este espacio diáfano que la figura mítica revela su dimensión más inesperada: la de una fuerza que, por un instante, se reconoce frágil, humana, consciente de su peso en el tiempo.
Antonio Nasuto se gradúa en Arquitectura en la Universidad de Nápoles, donde posteriormente obtiene una especialización trienal en Diseño. Esta formación multidisciplinaria influye de modo determinante en su lenguaje visual, caracterizado por el rigor compositivo y la atención a la estructura de la imagen.
Actualmente es docente de Anatomía Artística en la Academia de Bellas Artes de Foggia, acompañando su labor docente con una constante investigación pictórica centrada en el cuerpo humano y en la dimensión narrativa de la figura.
Exhibe en exposiciones personales y colectivas a nivel nacional e internacional. Entre las principales: las exposiciones personales en el Palazzetto dell’Arte de Foggia (2002, 2003), la colectiva dedicada a P. P. Pasolini en el Tribunale della Dogana de Foggia (2007), 150 Souvenirs d’Italie en la Galería de Arte Moderna y Contemporánea “Atelier degli Artisti” de Roma (2011), Il filo di Arianna. Labirinto fisico e mentale en Palazzo delle Arti Beltrani de Trani (2011), la exposición personal en el Palacio Ducal Paternò Caracciolo de Pietramelara (2013) y L’ospite inatteso en Villetta Barrea (2016).
En la pintura Hércules, el héroe parece sustraído de la retórica de la acción y devuelto a un tiempo suspendido, casi silencioso. Sentado en un trono de piedra, su cuerpo poderoso no se inclina hacia la empresa, sino que se recoge en una postura de quietud vigilante, como si la fuerza que lo define estuviera contenida, comprimida en una dimensión interior.
La construcción plástica de la figura remite con evidencia a la tradición clásica: la masa muscular, compacta y solemne, parece emerger de la luz como una escultura que porta en sí la memoria de la materia. Sin embargo, precisamente esta solidez formal es atravesada por una tensión más sutil, que transforma la monumentalidad en meditación. El héroe no domina la escena: permanece en ella.
El trono pétreo, lejos de ser un signo de poder, asume el valor de una presencia grave y silenciosa. Es piedra que sostiene, pero también piedra que pesa. En ella se condensa simbólicamente la memoria de las fatigas, como si cada prueba afrontada hubiera dejado un depósito invisible, una estratificación de tiempo y destino.
En esta suspensión, el mito se aparta de la narración épica para hacerse imagen reflexiva. Hércules no se capta en el instante de la hazaña, sino en el momento posterior o quizá anterior, cuando la acción se disuelve en el pensamiento. Es precisamente en este espacio diáfano que la figura mítica revela su dimensión más inesperada: la de una fuerza que, por un instante, se reconoce frágil, humana, consciente de su peso en el tiempo.

