Barberot Sylvain - FRAGILE





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Barberot Sylvain’s FRAGILE es una obra contemporánea formada por tres espejos verticales con la plata del dorso parcialmente retirada, dejando emerger la palabra fragile a través de la luz; medidas 160 x 140 cm, profundidad 20 cm, peso 7,5 kg, firmada a mano, fabricada en Francia, año 2026, en excelente estado y vendida directamente por el artista.
Descripción del vendedor
Esta obra se inscribe en una serie en la que el autorretrato se desplaza fuera de la representación directa para invertir el campo de la experiencia. Compuesta por tres espejos verticales, cuyo vidrio está parcialmente retirado por la parte trasera, deja al descubierto, a través de una transparencia lumínica, la palabra frágil. Esta última no se da de inmediato: emerge, se esconde, depende del ángulo, de la presencia y del movimiento del espectador.
El espejo, tradicionalmente asociado al reconocimiento de uno mismo, se convierte aquí en un espacio de incertidumbre. El reflejo no es estable: fragmentado por la división tripartita, alterado por la luz que lo atraviesa, oscila entre la aparición y el borrado. El artista no se muestra de frente; se dispersa, se difracta, dando lugar a una imagen de sí inestable, condicionada por la mirada del otro.
La palabra frágil, grabada en la materia misma del espejo, actúa como una revelación discreta. No se impone como una declaración, sino como un dato subyacente, casi estructural. Al retirar el vidrio para hacer aparecer la luz, la obra realiza un gesto de revelación: lo que habitualmente está oculto —la vulnerabilidad— se convierte aquí en el punto de paso de lo visible.
Así, el autorretrato ya no se limita a una imagen, sino que se extiende a un dispositivo. Incluye el cuerpo del espectador, capturado en el reflejo, atrapado en esta tensión entre visibilidad y desaparición. El artista propone menos una representación de sí mismo que un estado: el de una identidad atravesada, inestable, expuesta.
En esta economía mínima de medios —espejo, luz, palabra— la obra afirma que toda práctica artística participa de un autorretrato continuo, donde la fragilidad no es una confesión, sino una condición.
Artista internacional cuyo trabajo descansa en la dicotomía que existe entre la memoria y el olvido. La memoria, a mi juicio, es el elemento indispensable que une nuestro cuerpo con el mundo. Sin embargo, y mientras nuestra cultura se esfuerza por grabar la historia con el buril, me empeño en inhibir, deconstruir, e incluso borrar mi propia memoria. Enorme empresa que es el ejercicio del olvido… El cuerpo no es más que el soporte de esta memoria de la que depende, o de la que es necesitado. Ella lo construye, lo modela y lo transforma. Y si la anamnesis se traduce del griego como el remontar del recuerdo, por mi parte la persigo para poder separarme de ella.
Esta obra se inscribe en una serie en la que el autorretrato se desplaza fuera de la representación directa para invertir el campo de la experiencia. Compuesta por tres espejos verticales, cuyo vidrio está parcialmente retirado por la parte trasera, deja al descubierto, a través de una transparencia lumínica, la palabra frágil. Esta última no se da de inmediato: emerge, se esconde, depende del ángulo, de la presencia y del movimiento del espectador.
El espejo, tradicionalmente asociado al reconocimiento de uno mismo, se convierte aquí en un espacio de incertidumbre. El reflejo no es estable: fragmentado por la división tripartita, alterado por la luz que lo atraviesa, oscila entre la aparición y el borrado. El artista no se muestra de frente; se dispersa, se difracta, dando lugar a una imagen de sí inestable, condicionada por la mirada del otro.
La palabra frágil, grabada en la materia misma del espejo, actúa como una revelación discreta. No se impone como una declaración, sino como un dato subyacente, casi estructural. Al retirar el vidrio para hacer aparecer la luz, la obra realiza un gesto de revelación: lo que habitualmente está oculto —la vulnerabilidad— se convierte aquí en el punto de paso de lo visible.
Así, el autorretrato ya no se limita a una imagen, sino que se extiende a un dispositivo. Incluye el cuerpo del espectador, capturado en el reflejo, atrapado en esta tensión entre visibilidad y desaparición. El artista propone menos una representación de sí mismo que un estado: el de una identidad atravesada, inestable, expuesta.
En esta economía mínima de medios —espejo, luz, palabra— la obra afirma que toda práctica artística participa de un autorretrato continuo, donde la fragilidad no es una confesión, sino una condición.
Artista internacional cuyo trabajo descansa en la dicotomía que existe entre la memoria y el olvido. La memoria, a mi juicio, es el elemento indispensable que une nuestro cuerpo con el mundo. Sin embargo, y mientras nuestra cultura se esfuerza por grabar la historia con el buril, me empeño en inhibir, deconstruir, e incluso borrar mi propia memoria. Enorme empresa que es el ejercicio del olvido… El cuerpo no es más que el soporte de esta memoria de la que depende, o de la que es necesitado. Ella lo construye, lo modela y lo transforma. Y si la anamnesis se traduce del griego como el remontar del recuerdo, por mi parte la persigo para poder separarme de ella.

