Aplique (2) - Hierro - Forja de Exterior






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Una pareja de faroles de exterior de hierro forjado en estilo Art Nouveau con vidrio ámbar, fechados entre 1940 y 1950 y fabricados en Francia, en buen estado de uso y ambas en funcionamiento; una está para pared y la otra cuelga de una cadena, cada una de 25 × 25 × 22 cm.
Descripción del vendedor
Son una pareja de faroles que conservan ese encanto silencioso de los objetos que han vivido décadas a la intemperie sin perder su dignidad. El hierro forjado, trabajado con curvas amplias y un dibujo casi vegetal, sostiene los cuerpos de cristal ámbar como si fueran pequeñas cápsulas de luz cálida. Se nota que son piezas de mediados del siglo XX: no buscan la perfección industrial, sino la presencia, la mano del artesano, la solidez pensada para durar.
El paso del tiempo se lee en la pátina del metal, en esas zonas donde el óxido ha dibujado sombras rojizas y donde el negro original se ha suavizado. También en el vidrio, que mantiene su tono ámbar profundo pero muestra pequeñas irregularidades, burbujas y ese relieve circular que atrapa la luz y la dispersa con un brillo casi líquido. Uno está concebido para pared, con su brazo firme y decorativo; el otro cuelga de una cadena que añade movimiento y un aire más doméstico o de porche antiguo.
Juntos funcionan como un pequeño diálogo entre dos formas de iluminar el exterior: uno más estático, el otro más libre, pero ambos con la misma calidez y ese carácter nostálgico que solo dan los materiales nobles envejecidos con honestidad.
Envío certificado y buen embalaje.
El vendedor y su historia
Son una pareja de faroles que conservan ese encanto silencioso de los objetos que han vivido décadas a la intemperie sin perder su dignidad. El hierro forjado, trabajado con curvas amplias y un dibujo casi vegetal, sostiene los cuerpos de cristal ámbar como si fueran pequeñas cápsulas de luz cálida. Se nota que son piezas de mediados del siglo XX: no buscan la perfección industrial, sino la presencia, la mano del artesano, la solidez pensada para durar.
El paso del tiempo se lee en la pátina del metal, en esas zonas donde el óxido ha dibujado sombras rojizas y donde el negro original se ha suavizado. También en el vidrio, que mantiene su tono ámbar profundo pero muestra pequeñas irregularidades, burbujas y ese relieve circular que atrapa la luz y la dispersa con un brillo casi líquido. Uno está concebido para pared, con su brazo firme y decorativo; el otro cuelga de una cadena que añade movimiento y un aire más doméstico o de porche antiguo.
Juntos funcionan como un pequeño diálogo entre dos formas de iluminar el exterior: uno más estático, el otro más libre, pero ambos con la misma calidez y ese carácter nostálgico que solo dan los materiales nobles envejecidos con honestidad.
Envío certificado y buen embalaje.
