GIOVERDI - TRAMONTO SULLA LAGUNA





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Estudió Historia del Arte en la École du Louvre y se especializó en arte contemporáneo por más de 25 años.
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Descripción del vendedor
GIOVERDI (pseudónimo de Mario Verdini, 1960) desarrolla su investigación pictórica a partir de un diálogo estructurado entre la memoria histórica y la contemporaneidad. La formación, profundamente arraigada en el estudio del arte bizantino y en la experimentación de técnicas antiguas -del encausto a la témpera al huevo- se traduce en la realización de pinturas al óleo, elaborando progresivamente una cifra estilística en la que la tradición y la contemporaneidad encuentran un equilibrio formal que recupera el valor del tiempo y de la estratificación. La producción pictórica del artista presenta principalmente ciudades deshabitadas y paisajes lagunares, diseñados según composiciones cargadas de valor metafórico. De ellas se deriva una comunicación silenciosa, en equilibrio entre visión onírica y sensación de lo real, donde la ausencia de la figura humana aumenta la tensión narrativa. Situándose entre iconografía y estética contemporánea, los cuadros de GIOVERDI reflejan sobre tiempo, ausencia y percepción, encontrando una ubicación en contextos religiosos, colecciones privadas y circuitos expositivos en Italia, Europa y Estados Unidos.
TRAMONTO SULLA LAGUNA 60x80
La imagen dominada por un horizonte bajo deja al cielo el papel principal. El atardecer estalla en un rojo intenso, casi visceral, atravesado por finas vetas doradas que parecen arañar la superficie del color. No son líneas regulares: se entrecruzan, se disuelven, como si el sol estuviera luchando por retener los últimos fragmentos de luz. La laguna de abajo es turbia, densa, lograda con pinceladas matéricas de un verde apagado. El agua no refleja fielmente el cielo, sino que lo engulle, creando una tensión entre lo que está arriba y lo que está abajo. En el centro, ligeramente descentrada, una sola barca. Está inmóvil, casi suspendida, dibujada con trazos esenciales: una silueta oscura, opaca, que contrasta con la vibración del cielo. No hay personas, ni signos de movimiento. La barca se convierte en un punto de silencio, una interrupción en la cromaticidad que la rodea.
El conjunto tiene algo de contemplativo pero inquietante: el rojo del cielo sugiere belleza, pero también un sentido de fin inminente. Las vetas doradas no consuelan, parecen más bien rendijas de luz en una atmósfera pesada. Es una pintura que no cuenta un lugar preciso, sino un estado de ánimo suspendido entre quietud y tensión.
GIOVERDI (pseudónimo de Mario Verdini, 1960) desarrolla su investigación pictórica a partir de un diálogo estructurado entre la memoria histórica y la contemporaneidad. La formación, profundamente arraigada en el estudio del arte bizantino y en la experimentación de técnicas antiguas -del encausto a la témpera al huevo- se traduce en la realización de pinturas al óleo, elaborando progresivamente una cifra estilística en la que la tradición y la contemporaneidad encuentran un equilibrio formal que recupera el valor del tiempo y de la estratificación. La producción pictórica del artista presenta principalmente ciudades deshabitadas y paisajes lagunares, diseñados según composiciones cargadas de valor metafórico. De ellas se deriva una comunicación silenciosa, en equilibrio entre visión onírica y sensación de lo real, donde la ausencia de la figura humana aumenta la tensión narrativa. Situándose entre iconografía y estética contemporánea, los cuadros de GIOVERDI reflejan sobre tiempo, ausencia y percepción, encontrando una ubicación en contextos religiosos, colecciones privadas y circuitos expositivos en Italia, Europa y Estados Unidos.
TRAMONTO SULLA LAGUNA 60x80
La imagen dominada por un horizonte bajo deja al cielo el papel principal. El atardecer estalla en un rojo intenso, casi visceral, atravesado por finas vetas doradas que parecen arañar la superficie del color. No son líneas regulares: se entrecruzan, se disuelven, como si el sol estuviera luchando por retener los últimos fragmentos de luz. La laguna de abajo es turbia, densa, lograda con pinceladas matéricas de un verde apagado. El agua no refleja fielmente el cielo, sino que lo engulle, creando una tensión entre lo que está arriba y lo que está abajo. En el centro, ligeramente descentrada, una sola barca. Está inmóvil, casi suspendida, dibujada con trazos esenciales: una silueta oscura, opaca, que contrasta con la vibración del cielo. No hay personas, ni signos de movimiento. La barca se convierte en un punto de silencio, una interrupción en la cromaticidad que la rodea.
El conjunto tiene algo de contemplativo pero inquietante: el rojo del cielo sugiere belleza, pero también un sentido de fin inminente. Las vetas doradas no consuelan, parecen más bien rendijas de luz en una atmósfera pesada. Es una pintura que no cuenta un lugar preciso, sino un estado de ánimo suspendido entre quietud y tensión.
