Jordi Jové (1937) - Mar de atardecer






Máster en Innovación y Organización de las Artes, diez años en arte italiano contemporáneo.
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Descripción del vendedor
Pictura Galeria presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Jordi Jové, que representa un atardecer marino lleno de serenidad y profundidad emocional donde el cielo y el mar se funden en una atmósfera de silencio y contemplación. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones de la obra: 38x46x1 cm.
· Óleo sobre tabla firmado a mano por el artista en parte inferior derecha de la obra.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación, presenta falta en los bordes de la pintura.
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
La obra será embalada de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro captura la inmensidad y el misterio de un atardecer marino donde el cielo se convierte en el verdadero protagonista de la escena. La composición transmite una sensación profundamente contemplativa, casi espiritual, gracias al diálogo entre las nubes densas y el horizonte luminoso que emerge en la distancia. El mar aparece tranquilo y silencioso, funcionando como un espejo oscuro que recoge los reflejos dorados y violáceos de la luz que se filtra entre las nubes. Toda la escena parece suspendida en un instante fugaz del día, ese momento en el que el sol desaparece lentamente y el cielo se transforma en un espectáculo de colores cambiantes. La atmósfera que envuelve la obra es melancólica y serena al mismo tiempo, invitando al espectador a detenerse y observar la belleza silenciosa del horizonte.
El cielo ocupa la mayor parte de la composición y está construido mediante amplias franjas de color que se superponen y se mezclan entre sí, creando profundidad y movimiento. Las nubes oscuras dominan la parte superior del paisaje y aportan dramatismo visual, mientras las zonas iluminadas introducen destellos suaves de luz dorada, lila y gris azulado. Existe una gran riqueza cromática en toda la escena, donde los tonos fríos y cálidos conviven en perfecto equilibrio. Algunas áreas parecen densas y tormentosas, mientras otras se abren delicadamente para permitir el paso de la luz. Esta combinación genera una sensación de cielo vivo y cambiante, como si el espectador estuviera presenciando el lento movimiento de las nubes en el preciso instante del ocaso.
La línea del horizonte aparece baja y discreta, permitiendo que toda la atención recaiga sobre la amplitud del firmamento. El mar se presenta tranquilo y casi inmóvil, reflejando las luces del cielo mediante suaves destellos que atraviesan la superficie del agua. Los reflejos verticales de la luz crean un delicado camino luminoso que conecta el horizonte con el primer plano, aportando profundidad y guiando visualmente la mirada a través de toda la composición. La calma del agua contrasta con la intensidad del cielo, generando una armonía visual que transmite paz y silencio. No hay presencia humana ni elementos narrativos adicionales; únicamente el diálogo entre el cielo, el mar y la luz construye toda la emoción del paisaje.
La obra transmite una fuerte sensación de inmensidad y contemplación interior. El uso del color y de las amplias masas atmosféricas crea una escena casi abstracta en ciertos puntos, donde las formas se simplifican para dar prioridad a las sensaciones. Los tonos violáceos y azulados aportan profundidad emocional, mientras las pequeñas zonas doradas introducen esperanza y calidez dentro del paisaje oscuro. El espectador puede sentir la quietud del final del día, el silencio del mar abierto y la emoción que producen los grandes cielos cuando la naturaleza parece transformarse lentamente frente a los ojos. Existe una belleza poética en la sencillez de la escena, capaz de transmitir calma y misterio a la vez.
En conjunto, la obra ofrece una visión poderosa y evocadora de un atardecer sobre el mar, donde la luz y las nubes construyen una atmósfera cargada de serenidad, profundidad y emoción. La amplitud del cielo, la delicadeza de los reflejos sobre el agua y la riqueza cromática convierten la escena en una representación profundamente contemplativa de la naturaleza. El cuadro transmite silencio, inmensidad y belleza efímera, invitando al espectador a perderse en la calma del horizonte y en el lento tránsito entre el día y la noche.
Pictura Galeria presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Jordi Jové, que representa un atardecer marino lleno de serenidad y profundidad emocional donde el cielo y el mar se funden en una atmósfera de silencio y contemplación. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones de la obra: 38x46x1 cm.
· Óleo sobre tabla firmado a mano por el artista en parte inferior derecha de la obra.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación, presenta falta en los bordes de la pintura.
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
La obra será embalada de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
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Este cuadro captura la inmensidad y el misterio de un atardecer marino donde el cielo se convierte en el verdadero protagonista de la escena. La composición transmite una sensación profundamente contemplativa, casi espiritual, gracias al diálogo entre las nubes densas y el horizonte luminoso que emerge en la distancia. El mar aparece tranquilo y silencioso, funcionando como un espejo oscuro que recoge los reflejos dorados y violáceos de la luz que se filtra entre las nubes. Toda la escena parece suspendida en un instante fugaz del día, ese momento en el que el sol desaparece lentamente y el cielo se transforma en un espectáculo de colores cambiantes. La atmósfera que envuelve la obra es melancólica y serena al mismo tiempo, invitando al espectador a detenerse y observar la belleza silenciosa del horizonte.
El cielo ocupa la mayor parte de la composición y está construido mediante amplias franjas de color que se superponen y se mezclan entre sí, creando profundidad y movimiento. Las nubes oscuras dominan la parte superior del paisaje y aportan dramatismo visual, mientras las zonas iluminadas introducen destellos suaves de luz dorada, lila y gris azulado. Existe una gran riqueza cromática en toda la escena, donde los tonos fríos y cálidos conviven en perfecto equilibrio. Algunas áreas parecen densas y tormentosas, mientras otras se abren delicadamente para permitir el paso de la luz. Esta combinación genera una sensación de cielo vivo y cambiante, como si el espectador estuviera presenciando el lento movimiento de las nubes en el preciso instante del ocaso.
La línea del horizonte aparece baja y discreta, permitiendo que toda la atención recaiga sobre la amplitud del firmamento. El mar se presenta tranquilo y casi inmóvil, reflejando las luces del cielo mediante suaves destellos que atraviesan la superficie del agua. Los reflejos verticales de la luz crean un delicado camino luminoso que conecta el horizonte con el primer plano, aportando profundidad y guiando visualmente la mirada a través de toda la composición. La calma del agua contrasta con la intensidad del cielo, generando una armonía visual que transmite paz y silencio. No hay presencia humana ni elementos narrativos adicionales; únicamente el diálogo entre el cielo, el mar y la luz construye toda la emoción del paisaje.
La obra transmite una fuerte sensación de inmensidad y contemplación interior. El uso del color y de las amplias masas atmosféricas crea una escena casi abstracta en ciertos puntos, donde las formas se simplifican para dar prioridad a las sensaciones. Los tonos violáceos y azulados aportan profundidad emocional, mientras las pequeñas zonas doradas introducen esperanza y calidez dentro del paisaje oscuro. El espectador puede sentir la quietud del final del día, el silencio del mar abierto y la emoción que producen los grandes cielos cuando la naturaleza parece transformarse lentamente frente a los ojos. Existe una belleza poética en la sencillez de la escena, capaz de transmitir calma y misterio a la vez.
En conjunto, la obra ofrece una visión poderosa y evocadora de un atardecer sobre el mar, donde la luz y las nubes construyen una atmósfera cargada de serenidad, profundidad y emoción. La amplitud del cielo, la delicadeza de los reflejos sobre el agua y la riqueza cromática convierten la escena en una representación profundamente contemplativa de la naturaleza. El cuadro transmite silencio, inmensidad y belleza efímera, invitando al espectador a perderse en la calma del horizonte y en el lento tránsito entre el día y la noche.
