Antonio Sadurní (1927-2014) - La Garrotxa





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Antonio Sadurní, óleo sobre lienzo titulado La Garrotxa, original de 100 × 81 cm, firmado a mano, procedente de la década 2000–2010, elaborado en España y vendido por Galería, en buen estado.
Descripción del vendedor
Pictura Galeria presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Antonio Sadurní, que representa un paisaje rural sereno y melancólico donde una casa de campo descansa bajo la presencia majestuosa de unas montañas envueltas en niebla y silencio. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones de la obra: 100x81 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la esquina derecha de la obra.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
La obra será embalada de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro representa un paisaje rural de extraordinaria serenidad, donde una antigua casa de campo aparece resguardada al pie de unas imponentes montañas que dominan el horizonte con una presencia majestuosa y silenciosa. La escena transmite una profunda sensación de aislamiento, calma y conexión con la naturaleza, evocando un lugar apartado del ruido del mundo moderno. La vivienda, sencilla y robusta, se integra perfectamente en el entorno, rodeada de árboles desnudos y vegetación discreta que sugieren el paso de las estaciones y el ritmo lento de la vida en el campo. La composición está impregnada de una atmósfera melancólica y poética que convierte este rincón natural en un espacio lleno de emoción y contemplación.
Las montañas del fondo son uno de los elementos más impactantes de la obra. Sus formas elevadas y casi monumentales se recortan contra un cielo suave y nebuloso que envuelve todo el paisaje en una luz fría y difusa. Las tonalidades grisáceas y violáceas aportan profundidad y misterio, haciendo que las montañas parezcan emerger lentamente de la niebla. La manera en que la luz acaricia sus perfiles crea una sensación de inmensidad y respeto hacia la naturaleza. Estas cumbres dominan visualmente la escena y aportan una dimensión casi espiritual al paisaje, como si fueran guardianas silenciosas del pequeño hogar situado en primer plano.
La casa rural se convierte en el corazón emocional de la composición. Su estructura sólida y envejecida transmite autenticidad, historia y refugio. Los tejados inclinados, las pequeñas ventanas y los anexos laterales sugieren una vivienda tradicional construida para convivir con el clima y el entorno montañoso. A pesar de su sencillez, la casa desprende calidez y humanidad, como si aún conservara la memoria de generaciones enteras viviendo en armonía con la tierra. La vegetación que rodea la construcción, junto a los arbustos secos y las ramas desnudas, añade una sensación de naturalidad y paso del tiempo que refuerza el carácter nostálgico de la escena.
El primer plano del cuadro introduce una pradera húmeda atravesada por pequeños reflejos de agua que capturan delicadamente la luz del cielo. Estos charcos y zonas húmedas aportan luminosidad y equilibrio cromático a la composición, contrastando con los tonos más oscuros de la casa y el bosque. Los árboles desnudos, estilizados y dispersos alrededor del terreno, añaden verticalidad y una cierta fragilidad visual frente a la inmensidad de las montañas. La escena parece situada en un instante de transición estacional, posiblemente finales de invierno o comienzos de primavera, donde la naturaleza aún conserva la quietud fría pero comienza a despertar lentamente hacia una nueva vida.
En conjunto, la obra ofrece una visión profundamente evocadora del paisaje rural de montaña, donde la sencillez de la vida campesina y la grandeza de la naturaleza conviven en perfecta armonía. El cuadro transmite silencio, refugio y contemplación, invitando al espectador a imaginar la tranquilidad de ese lugar escondido entre montañas. La combinación entre la atmósfera nebulosa, la arquitectura tradicional y la inmensidad del entorno natural convierte esta escena en una imagen llena de poesía visual, nostalgia y belleza atemporal.
Pictura Galeria presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Antonio Sadurní, que representa un paisaje rural sereno y melancólico donde una casa de campo descansa bajo la presencia majestuosa de unas montañas envueltas en niebla y silencio. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones de la obra: 100x81 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la esquina derecha de la obra.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
La obra será embalada de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro representa un paisaje rural de extraordinaria serenidad, donde una antigua casa de campo aparece resguardada al pie de unas imponentes montañas que dominan el horizonte con una presencia majestuosa y silenciosa. La escena transmite una profunda sensación de aislamiento, calma y conexión con la naturaleza, evocando un lugar apartado del ruido del mundo moderno. La vivienda, sencilla y robusta, se integra perfectamente en el entorno, rodeada de árboles desnudos y vegetación discreta que sugieren el paso de las estaciones y el ritmo lento de la vida en el campo. La composición está impregnada de una atmósfera melancólica y poética que convierte este rincón natural en un espacio lleno de emoción y contemplación.
Las montañas del fondo son uno de los elementos más impactantes de la obra. Sus formas elevadas y casi monumentales se recortan contra un cielo suave y nebuloso que envuelve todo el paisaje en una luz fría y difusa. Las tonalidades grisáceas y violáceas aportan profundidad y misterio, haciendo que las montañas parezcan emerger lentamente de la niebla. La manera en que la luz acaricia sus perfiles crea una sensación de inmensidad y respeto hacia la naturaleza. Estas cumbres dominan visualmente la escena y aportan una dimensión casi espiritual al paisaje, como si fueran guardianas silenciosas del pequeño hogar situado en primer plano.
La casa rural se convierte en el corazón emocional de la composición. Su estructura sólida y envejecida transmite autenticidad, historia y refugio. Los tejados inclinados, las pequeñas ventanas y los anexos laterales sugieren una vivienda tradicional construida para convivir con el clima y el entorno montañoso. A pesar de su sencillez, la casa desprende calidez y humanidad, como si aún conservara la memoria de generaciones enteras viviendo en armonía con la tierra. La vegetación que rodea la construcción, junto a los arbustos secos y las ramas desnudas, añade una sensación de naturalidad y paso del tiempo que refuerza el carácter nostálgico de la escena.
El primer plano del cuadro introduce una pradera húmeda atravesada por pequeños reflejos de agua que capturan delicadamente la luz del cielo. Estos charcos y zonas húmedas aportan luminosidad y equilibrio cromático a la composición, contrastando con los tonos más oscuros de la casa y el bosque. Los árboles desnudos, estilizados y dispersos alrededor del terreno, añaden verticalidad y una cierta fragilidad visual frente a la inmensidad de las montañas. La escena parece situada en un instante de transición estacional, posiblemente finales de invierno o comienzos de primavera, donde la naturaleza aún conserva la quietud fría pero comienza a despertar lentamente hacia una nueva vida.
En conjunto, la obra ofrece una visión profundamente evocadora del paisaje rural de montaña, donde la sencillez de la vida campesina y la grandeza de la naturaleza conviven en perfecta armonía. El cuadro transmite silencio, refugio y contemplación, invitando al espectador a imaginar la tranquilidad de ese lugar escondido entre montañas. La combinación entre la atmósfera nebulosa, la arquitectura tradicional y la inmensidad del entorno natural convierte esta escena en una imagen llena de poesía visual, nostalgia y belleza atemporal.

