Joan Canós (1928) - El último arco

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Giulia Couzzi
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Máster en Innovación y Organización de las Artes, diez años en arte italiano contemporáneo.

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Pintura al óleo original de Joan Canós (1928), artista español, titulada El último arco, firmada a mano, dimensiones 50,5 × 70 cm, periodo 2010–2020.

Resumen redactado con la ayuda de la IA

Descripción del vendedor

Pictura Galeria presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Joan Canós, que representa una escena urbana íntima y silenciosa que retrata la belleza nostálgica de una calle antigua bañada por luz suave y arquitectura llena de historia. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.

· Dimensiones de la obra: 50,5x70x2 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la esquina derecha de la obra.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.

La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.

Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.

La obra será embalada de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.

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Este cuadro captura con enorme sensibilidad la quietud y el encanto de una estrecha calle urbana atravesada por arcos de piedra que enmarcan la escena como si se tratara de una ventana hacia un rincón detenido en el tiempo. La composición invita inmediatamente al espectador a adentrarse en ese pasaje silencioso, donde las fachadas desgastadas, los balcones y las sombras crean una atmósfera íntima y profundamente evocadora. La perspectiva conduce la mirada hacia el fondo iluminado de la calle, generando una sensación de profundidad que hace que el espacio parezca prolongarse más allá de lo visible. Toda la escena desprende una mezcla de serenidad, nostalgia y vida cotidiana, como si el lugar guardara historias acumuladas durante generaciones.
Las construcciones que flanquean la calle poseen una personalidad única gracias a sus tonalidades suaves y apagadas, que oscilan entre rosados, ocres, grises y amarillos envejecidos. Las paredes muestran huellas del paso del tiempo, aportando autenticidad y carácter al entorno. Los balcones metálicos y las pequeñas ventanas crean un delicado ritmo visual que aporta verticalidad y dinamismo a la composición. La arquitectura transmite la esencia de un casco antiguo mediterráneo, donde las calles estrechas y las edificaciones cercanas generan una sensación de refugio y cercanía humana. El gran arco del primer plano actúa como marco natural de la escena y añade una poderosa sensación teatral, como si el espectador observara un instante secreto desde un lugar protegido.
La luz juega un papel fundamental en la atmósfera del cuadro. Aunque la calle se encuentra parcialmente sumida en sombra, el fondo aparece suavemente iluminado, creando un contraste muy elegante entre oscuridad y claridad. Esa luz distante atrae la mirada y aporta profundidad emocional al paisaje urbano. El pavimento refleja sutilmente los tonos del entorno y parece todavía húmedo, aumentando la sensación de silencio y calma después de una lluvia reciente o de una mañana tranquila. La iluminación no es agresiva ni intensa; al contrario, se percibe suave, difusa y delicadamente integrada en la escena, contribuyendo a la sensación de intimidad y contemplación.
Uno de los aspectos más cautivadores del cuadro es la ausencia casi total de figuras humanas visibles, lo que transforma la calle en un espacio suspendido en el tiempo. Sin embargo, pequeños detalles como la ropa tendida, las plantas colgantes y las puertas entreabiertas sugieren discretamente la presencia de vida cotidiana. Esto genera una sensación muy especial: aunque la calle parece vacía, el espectador percibe que el lugar está habitado y lleno de historias silenciosas. La arquitectura se convierte así en la verdadera protagonista, mostrando no solo un espacio físico, sino también una memoria urbana cargada de emociones, recuerdos y tradición.
En conjunto, la obra transmite una profunda sensación de calma, melancolía y belleza cotidiana a través de una escena urbana sencilla pero extraordinariamente evocadora. La perspectiva, la luz tenue y el carácter antiguo de las edificaciones convierten esta calle en un espacio lleno de poesía visual y sensibilidad. El cuadro logra transformar un rincón aparentemente común en una experiencia emocional y contemplativa, donde el silencio y la arquitectura dialogan de manera armoniosa y elegante.

Pictura Galeria presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Joan Canós, que representa una escena urbana íntima y silenciosa que retrata la belleza nostálgica de una calle antigua bañada por luz suave y arquitectura llena de historia. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.

· Dimensiones de la obra: 50,5x70x2 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la esquina derecha de la obra.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.

La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.

Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.

La obra será embalada de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.

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Este cuadro captura con enorme sensibilidad la quietud y el encanto de una estrecha calle urbana atravesada por arcos de piedra que enmarcan la escena como si se tratara de una ventana hacia un rincón detenido en el tiempo. La composición invita inmediatamente al espectador a adentrarse en ese pasaje silencioso, donde las fachadas desgastadas, los balcones y las sombras crean una atmósfera íntima y profundamente evocadora. La perspectiva conduce la mirada hacia el fondo iluminado de la calle, generando una sensación de profundidad que hace que el espacio parezca prolongarse más allá de lo visible. Toda la escena desprende una mezcla de serenidad, nostalgia y vida cotidiana, como si el lugar guardara historias acumuladas durante generaciones.
Las construcciones que flanquean la calle poseen una personalidad única gracias a sus tonalidades suaves y apagadas, que oscilan entre rosados, ocres, grises y amarillos envejecidos. Las paredes muestran huellas del paso del tiempo, aportando autenticidad y carácter al entorno. Los balcones metálicos y las pequeñas ventanas crean un delicado ritmo visual que aporta verticalidad y dinamismo a la composición. La arquitectura transmite la esencia de un casco antiguo mediterráneo, donde las calles estrechas y las edificaciones cercanas generan una sensación de refugio y cercanía humana. El gran arco del primer plano actúa como marco natural de la escena y añade una poderosa sensación teatral, como si el espectador observara un instante secreto desde un lugar protegido.
La luz juega un papel fundamental en la atmósfera del cuadro. Aunque la calle se encuentra parcialmente sumida en sombra, el fondo aparece suavemente iluminado, creando un contraste muy elegante entre oscuridad y claridad. Esa luz distante atrae la mirada y aporta profundidad emocional al paisaje urbano. El pavimento refleja sutilmente los tonos del entorno y parece todavía húmedo, aumentando la sensación de silencio y calma después de una lluvia reciente o de una mañana tranquila. La iluminación no es agresiva ni intensa; al contrario, se percibe suave, difusa y delicadamente integrada en la escena, contribuyendo a la sensación de intimidad y contemplación.
Uno de los aspectos más cautivadores del cuadro es la ausencia casi total de figuras humanas visibles, lo que transforma la calle en un espacio suspendido en el tiempo. Sin embargo, pequeños detalles como la ropa tendida, las plantas colgantes y las puertas entreabiertas sugieren discretamente la presencia de vida cotidiana. Esto genera una sensación muy especial: aunque la calle parece vacía, el espectador percibe que el lugar está habitado y lleno de historias silenciosas. La arquitectura se convierte así en la verdadera protagonista, mostrando no solo un espacio físico, sino también una memoria urbana cargada de emociones, recuerdos y tradición.
En conjunto, la obra transmite una profunda sensación de calma, melancolía y belleza cotidiana a través de una escena urbana sencilla pero extraordinariamente evocadora. La perspectiva, la luz tenue y el carácter antiguo de las edificaciones convierten esta calle en un espacio lleno de poesía visual y sensibilidad. El cuadro logra transformar un rincón aparentemente común en una experiencia emocional y contemplativa, donde el silencio y la arquitectura dialogan de manera armoniosa y elegante.

Datos

Artista
Joan Canós (1928)
Se vende con marco
No
Vendido por
Galería
Edición
Original
Título de la obra
El último arco
Técnica
Pintura al óleo
Firma
Firmado a mano
País de origen
España
Estado
En buen estado
Alto
50,5 cm
Ancho
70 cm
Estilo
Posimpresionismo
Periodo
2010-2020
Vendido por
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