Agustí Sargatal (1935) - Campos de verano





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Pintura al óleo sobre tabla de Agustí Sargatal (1935), titulada Campos de verano, edición original de 2000–2010, 73 × 60 × 1 cm, firmada a mano en la esquina derecha, originaria de España y vendida por Galería, en buen estado.
Descripción del vendedor
Pictura Galeria presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Agustí Sargatal, que representa una escena rural que muestra a varios campesinos trabajando durante la cosecha, reflejando el esfuerzo colectivo y la conexión tradicional con la tierra. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones de la obra: 73x60x1 cm.
· Óleo sobre tabla firmado a mano por el artista en la esquina derecha de la obra, A. Sargatal.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
La obra será embalada de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro retrata con enorme fuerza expresiva una escena campesina ligada al trabajo de la cosecha, transmitiendo la dureza, la dignidad y la belleza sencilla de la vida rural. La composición gira alrededor de tres figuras que trabajan en un campo dorado bajo una atmósfera cálida y silenciosa, rodeadas por haces de trigo y una gran acumulación de paja que domina parte de la escena. La imagen consigue capturar un instante cotidiano lleno de autenticidad, donde cada gesto y cada postura reflejan esfuerzo físico, coordinación y experiencia adquirida a través del tiempo. El paisaje abierto y luminoso aporta amplitud a la obra, mientras los tonos ocres y terrosos envuelven toda la composición en una sensación de calor y tradición agrícola profundamente evocadora.
Las figuras humanas aparecen integradas completamente en el entorno, como si formasen parte natural del propio paisaje. Sus rostros apenas definidos no restan humanidad a la escena; al contrario, universalizan la representación del campesino y convierten a los personajes en símbolos del trabajo colectivo y del vínculo ancestral con la tierra. Los sombreros de ala ancha protegen del sol y aportan personalidad visual a cada figura, creando además interesantes juegos de volumen y contraste. Uno de los personajes sostiene un gran manojo de espigas, otro se inclina para recoger la cosecha, mientras la figura situada en la parte superior parece coordinar o extender el material hacia la enorme pila de paja. La disposición de los cuerpos transmite movimiento continuo y una dinámica perfectamente equilibrada.
El campo aparece dominado por tonalidades doradas y marrones que evocan el final del verano o el momento culminante de la siega. Las texturas del trigo cortado, los haces esparcidos y la gran montaña de paja añaden riqueza visual y convierten el paisaje en un escenario lleno de vida y materia. La luz parece filtrarse suavemente sobre las superficies secas del campo, iluminando las espigas y resaltando las zonas más claras de las vestimentas. Existe un contraste muy atractivo entre las áreas luminosas y las sombras más profundas, especialmente en la gran masa de paja, que aporta volumen y una poderosa sensación de peso físico. El horizonte lejano y las suaves montañas del fondo contribuyen a crear profundidad y una atmósfera serena.
La escena posee también una dimensión emocional muy marcada. Más allá de representar una simple actividad agrícola, el cuadro transmite valores como el esfuerzo compartido, la colaboración y la relación íntima entre el ser humano y el ciclo natural de la tierra. Hay una sensación de tradición heredada, de tareas repetidas generación tras generación, donde el trabajo manual adquiere un carácter casi ritual. La composición no busca dramatismo, sino una belleza honesta nacida de la cotidianidad rural. El espectador puede imaginar el sonido seco de las espigas, el calor del campo y el cansancio pausado de una jornada de cosecha bajo el sol.
En conjunto, la obra es una representación cálida y profundamente humana del trabajo campesino tradicional, donde la cosecha se convierte en símbolo de esfuerzo, unión y conexión con la naturaleza. Los tonos dorados, las figuras en movimiento y la serenidad del paisaje crean una escena llena de autenticidad y nostalgia, capaz de transportar al espectador a un mundo rural sencillo, silencioso y lleno de dignidad.
Pictura Galeria presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Agustí Sargatal, que representa una escena rural que muestra a varios campesinos trabajando durante la cosecha, reflejando el esfuerzo colectivo y la conexión tradicional con la tierra. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones de la obra: 73x60x1 cm.
· Óleo sobre tabla firmado a mano por el artista en la esquina derecha de la obra, A. Sargatal.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
La obra será embalada de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro retrata con enorme fuerza expresiva una escena campesina ligada al trabajo de la cosecha, transmitiendo la dureza, la dignidad y la belleza sencilla de la vida rural. La composición gira alrededor de tres figuras que trabajan en un campo dorado bajo una atmósfera cálida y silenciosa, rodeadas por haces de trigo y una gran acumulación de paja que domina parte de la escena. La imagen consigue capturar un instante cotidiano lleno de autenticidad, donde cada gesto y cada postura reflejan esfuerzo físico, coordinación y experiencia adquirida a través del tiempo. El paisaje abierto y luminoso aporta amplitud a la obra, mientras los tonos ocres y terrosos envuelven toda la composición en una sensación de calor y tradición agrícola profundamente evocadora.
Las figuras humanas aparecen integradas completamente en el entorno, como si formasen parte natural del propio paisaje. Sus rostros apenas definidos no restan humanidad a la escena; al contrario, universalizan la representación del campesino y convierten a los personajes en símbolos del trabajo colectivo y del vínculo ancestral con la tierra. Los sombreros de ala ancha protegen del sol y aportan personalidad visual a cada figura, creando además interesantes juegos de volumen y contraste. Uno de los personajes sostiene un gran manojo de espigas, otro se inclina para recoger la cosecha, mientras la figura situada en la parte superior parece coordinar o extender el material hacia la enorme pila de paja. La disposición de los cuerpos transmite movimiento continuo y una dinámica perfectamente equilibrada.
El campo aparece dominado por tonalidades doradas y marrones que evocan el final del verano o el momento culminante de la siega. Las texturas del trigo cortado, los haces esparcidos y la gran montaña de paja añaden riqueza visual y convierten el paisaje en un escenario lleno de vida y materia. La luz parece filtrarse suavemente sobre las superficies secas del campo, iluminando las espigas y resaltando las zonas más claras de las vestimentas. Existe un contraste muy atractivo entre las áreas luminosas y las sombras más profundas, especialmente en la gran masa de paja, que aporta volumen y una poderosa sensación de peso físico. El horizonte lejano y las suaves montañas del fondo contribuyen a crear profundidad y una atmósfera serena.
La escena posee también una dimensión emocional muy marcada. Más allá de representar una simple actividad agrícola, el cuadro transmite valores como el esfuerzo compartido, la colaboración y la relación íntima entre el ser humano y el ciclo natural de la tierra. Hay una sensación de tradición heredada, de tareas repetidas generación tras generación, donde el trabajo manual adquiere un carácter casi ritual. La composición no busca dramatismo, sino una belleza honesta nacida de la cotidianidad rural. El espectador puede imaginar el sonido seco de las espigas, el calor del campo y el cansancio pausado de una jornada de cosecha bajo el sol.
En conjunto, la obra es una representación cálida y profundamente humana del trabajo campesino tradicional, donde la cosecha se convierte en símbolo de esfuerzo, unión y conexión con la naturaleza. Los tonos dorados, las figuras en movimiento y la serenidad del paisaje crean una escena llena de autenticidad y nostalgia, capaz de transportar al espectador a un mundo rural sencillo, silencioso y lleno de dignidad.

