Sylvain Barberot - à portée de main






Estudió Historia del Arte en la École du Louvre y se especializó en arte contemporáneo por más de 25 años.
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Escultura de Sylvain Barberot, titulada à portée de main, hecha en Francia en resina y yeso, con oro de 8 ct, firmada a mano, edición 5, año 2026, medidas 9 cm de ancho, 35 cm de alto, 13 cm de profundidad, peso 1200 g.
Descripción del vendedor
Esta obra es el molde de la mano de un niño pintada con una pintura diluida de oro puro al 30 %. Esta obra se presenta como una huella suspendida entre la presencia y la desaparición. Realizada a partir del molde de la mano de un niño, la escultura en resina capta con una claridad perturbadora las líneas, los pliegues y la fragilidad de un gesto aún en desarrollo. Ella congela un instante íntimo, el de un crecimiento en curso, de un cuerpo que ya cambia en el momento mismo en que se intenta conservar su rastro.
La superficie, cubierta con una pintura enriquecida al 30 % de oro puro, no busca el brillo ostentoso sino una luz contenida, casi interior. El oro actúa aquí como revelador de valor tanto como de memoria. No sacraliza solamente el objeto, sino que subraya la exquisitez del vínculo, del instante compartido, de aquello que, precisamente, no puede ser retenido.
En la palma, se sostiene una vela. Encendida, introduce una temporalidad irreversible en el corazón mismo de la escultura. Su lenta combustión impulsa la obra hacia un proceso de transformación continua. La cera se funde, la llama vacila, y poco a poco el objeto desaparece, llevándose consigo una parte visible de la composición. Lo que estaba dado “al alcance de la mano” se vuelve inasible.
Así, la obra articula tensión y delicadeza entre conservación y pérdida. Interroga nuestro deseo de retener lo que se nos escapa, de fijar lo que, por naturaleza, está llamado a transformarse. La mano del niño, símbolo de futuro y de devenir, sostiene aquí su propia desaparición, como una meditación silenciosa sobre el tiempo que pasa y sobre la belleza frágil de los vínculos humanos.
Artista internacional cuyo trabajo se apoya en la dicotomía que existe entre la memoria y el olvido. La memoria es, a mi juicio, el elemento indispensable que une nuestro cuerpo al mundo. Sin embargo, y mientras nuestra cultura se esfuerza por grabar la historia a martillazos, me esfuerzo por inhibir, desestructurar, e incluso borrar mi propia memoria. Vasta empresa la del ejercicio del olvido… El cuerpo no es más que el soporte de esa memoria de la que depende, e incluso de la que es necesitado. Ella lo construye, lo modela y lo transforma. Y si la anamnesis se traduce del griego como el regreso del recuerdo, por mi parte la persigo para poder desprenderme de ella.
Esta obra es el molde de la mano de un niño pintada con una pintura diluida de oro puro al 30 %. Esta obra se presenta como una huella suspendida entre la presencia y la desaparición. Realizada a partir del molde de la mano de un niño, la escultura en resina capta con una claridad perturbadora las líneas, los pliegues y la fragilidad de un gesto aún en desarrollo. Ella congela un instante íntimo, el de un crecimiento en curso, de un cuerpo que ya cambia en el momento mismo en que se intenta conservar su rastro.
La superficie, cubierta con una pintura enriquecida al 30 % de oro puro, no busca el brillo ostentoso sino una luz contenida, casi interior. El oro actúa aquí como revelador de valor tanto como de memoria. No sacraliza solamente el objeto, sino que subraya la exquisitez del vínculo, del instante compartido, de aquello que, precisamente, no puede ser retenido.
En la palma, se sostiene una vela. Encendida, introduce una temporalidad irreversible en el corazón mismo de la escultura. Su lenta combustión impulsa la obra hacia un proceso de transformación continua. La cera se funde, la llama vacila, y poco a poco el objeto desaparece, llevándose consigo una parte visible de la composición. Lo que estaba dado “al alcance de la mano” se vuelve inasible.
Así, la obra articula tensión y delicadeza entre conservación y pérdida. Interroga nuestro deseo de retener lo que se nos escapa, de fijar lo que, por naturaleza, está llamado a transformarse. La mano del niño, símbolo de futuro y de devenir, sostiene aquí su propia desaparición, como una meditación silenciosa sobre el tiempo que pasa y sobre la belleza frágil de los vínculos humanos.
Artista internacional cuyo trabajo se apoya en la dicotomía que existe entre la memoria y el olvido. La memoria es, a mi juicio, el elemento indispensable que une nuestro cuerpo al mundo. Sin embargo, y mientras nuestra cultura se esfuerza por grabar la historia a martillazos, me esfuerzo por inhibir, desestructurar, e incluso borrar mi propia memoria. Vasta empresa la del ejercicio del olvido… El cuerpo no es más que el soporte de esa memoria de la que depende, e incluso de la que es necesitado. Ella lo construye, lo modela y lo transforma. Y si la anamnesis se traduce del griego como el regreso del recuerdo, por mi parte la persigo para poder desprenderme de ella.
