Mosconi - IL MONDO CI GUARDA






Posee una maestría en Cine y Artes Visuales; curador, escritor e investigador con experiencia.
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Mosconi, 2025, original Il mondo ci guarda, pintura surrealista multicolor sobre lienzo realizada con acrílico, pintura en spray y rotulador, 50 x 70 cm, firmado a mano, en buenas condiciones, vendido con marco blanco de madera, origen Italia.
Descripción del vendedor
Artista activo en Galliera Veneta, Mosconi ratifica su peculiar capacidad para traducir conceptos filosóficos y movimientos interiores en imágenes de fuerte impacto visual y emocional. Expuesta en Galliera Veneta en la muestra personal del 2025 y luego, siempre ese mismo año, en Viena, y por último, con gran éxito de críticas y del público, en la Bienal de Sondrio en 2026, la obra se presenta como un mosaico visual vivaz y denso en el que confluyen las consignas del surrealismo, los ecos del cubismo sintético de Pablo Picasso y la giocosa biomórfica típica de Joan Miró. La obra “El mundo nos mira” del pintor romano Mosconi funde sugerencias surrealistas y descomposiciones cubistas. La pintura se distingue por una fragmentación de las formas en la que la identidad del sujeto se disuelve en una abstracción psicológica, haciendo visible en la tela el flujo íntimo de la conciencia y del inconsciente. La obra abandona la representación puramente mimética a favor de una exploración introspectiva. Los rasgos somáticos y los elementos circundantes se descomponen y recombinan, generando no un sentido de caos, sino una “vivaz interpretación” de la realidad. En línea con la poética surrealista, el título “El mundo nos mira” alude a una sensación de exposición continua y juicio. Las formas alucinatorias y los planos superpuestos parecen escrutar también al observador, invirtiendo el papel de quien mira y de lo que es mirado. La fragmentación analítica crea en la tela una suerte de campo móvil, una fuente de energía psicológica donde la luz interactúa con microestructuras cromáticas. El núcleo conceptual de la pintura reside en el propio título. La superficie está literalmente esparcida por ojos entrecerrados, geométricos y flotantes, que invierten la tradicional relación jerárquica entre espectador y obra de arte. Ya no es el hombre quien observa la tela, sino la pintura, personificación de una naturaleza o de una conciencia colectiva, quien observa activamente a quien mira. El espacio es saturado y fragmentado en campos cromáticos netos y líneas partidas. En la parte superior se alzan figuras que recuerdan perfiles de aves míticas o primitivas en tonos de rojo y azul, mientras en el centro una figura antropomorfa estilizada parece moverse o bailar en un claro desértico, coronada por una criatura alada. La paleta está dominada por colores primarios y saturados (rojos vibrantes, amarillos intensos, azules y azules claros), intercalados por zonas de negro profundo que acentúan el contraste y confieren un ritmo gráfico de novela gráfica contemporánea. Una línea en zig-zag blanca y una serie de escaleras o ejes geométricos conectan los distintos niveles de la pintura, creando vectores de movimiento dinámicos dentro de la composición. En síntesis, Mosconi pone en escena una metáfora visual de la vigilancia universal o de la conexión empática global: un mundo onírico y caleidoscópico en el que el entorno natural y animal adquiere conciencia y responde fijando la humanidad. La obra está lista para ser colgada y se entrega con un certificado de autenticidad. El cuadro, realizado sobre tela (50 x 70) en 2025, se presenta con un marco de madera de color blanco y está datado, firmado y titulado en el frente.
Artista activo en Galliera Veneta, Mosconi ratifica su peculiar capacidad para traducir conceptos filosóficos y movimientos interiores en imágenes de fuerte impacto visual y emocional. Expuesta en Galliera Veneta en la muestra personal del 2025 y luego, siempre ese mismo año, en Viena, y por último, con gran éxito de críticas y del público, en la Bienal de Sondrio en 2026, la obra se presenta como un mosaico visual vivaz y denso en el que confluyen las consignas del surrealismo, los ecos del cubismo sintético de Pablo Picasso y la giocosa biomórfica típica de Joan Miró. La obra “El mundo nos mira” del pintor romano Mosconi funde sugerencias surrealistas y descomposiciones cubistas. La pintura se distingue por una fragmentación de las formas en la que la identidad del sujeto se disuelve en una abstracción psicológica, haciendo visible en la tela el flujo íntimo de la conciencia y del inconsciente. La obra abandona la representación puramente mimética a favor de una exploración introspectiva. Los rasgos somáticos y los elementos circundantes se descomponen y recombinan, generando no un sentido de caos, sino una “vivaz interpretación” de la realidad. En línea con la poética surrealista, el título “El mundo nos mira” alude a una sensación de exposición continua y juicio. Las formas alucinatorias y los planos superpuestos parecen escrutar también al observador, invirtiendo el papel de quien mira y de lo que es mirado. La fragmentación analítica crea en la tela una suerte de campo móvil, una fuente de energía psicológica donde la luz interactúa con microestructuras cromáticas. El núcleo conceptual de la pintura reside en el propio título. La superficie está literalmente esparcida por ojos entrecerrados, geométricos y flotantes, que invierten la tradicional relación jerárquica entre espectador y obra de arte. Ya no es el hombre quien observa la tela, sino la pintura, personificación de una naturaleza o de una conciencia colectiva, quien observa activamente a quien mira. El espacio es saturado y fragmentado en campos cromáticos netos y líneas partidas. En la parte superior se alzan figuras que recuerdan perfiles de aves míticas o primitivas en tonos de rojo y azul, mientras en el centro una figura antropomorfa estilizada parece moverse o bailar en un claro desértico, coronada por una criatura alada. La paleta está dominada por colores primarios y saturados (rojos vibrantes, amarillos intensos, azules y azules claros), intercalados por zonas de negro profundo que acentúan el contraste y confieren un ritmo gráfico de novela gráfica contemporánea. Una línea en zig-zag blanca y una serie de escaleras o ejes geométricos conectan los distintos niveles de la pintura, creando vectores de movimiento dinámicos dentro de la composición. En síntesis, Mosconi pone en escena una metáfora visual de la vigilancia universal o de la conexión empática global: un mundo onírico y caleidoscópico en el que el entorno natural y animal adquiere conciencia y responde fijando la humanidad. La obra está lista para ser colgada y se entrega con un certificado de autenticidad. El cuadro, realizado sobre tela (50 x 70) en 2025, se presenta con un marco de madera de color blanco y está datado, firmado y titulado en el frente.
