Sylvain Barberot - Jouir - marbre gravé





Protección del Comprador de Catawiki
Tu pago está protegido con nosotros hasta que recibas tu objeto.Ver detalles
Trustpilot 4.4 | 134111 valoraciones
Valoración Excelente en Trustpilot.
Sylvain Barberot, Jouir - marbre gravé, 2025, Obra única, mármol grabado con oro de 22 quilates, mármol blanco y gris, 61 × 62,5 × 2 cm, 14 kg, firmado a mano, Francia, en excelente estado.
Descripción del vendedor
«gozar» es parte de una serie de obras titulada «épitaphe». Son una forma poética de abrazar la muerte con poesía eligiendo una palabra escogida de manera que la sublime.
En esta obra, una placa de mármol con vetas ondulantes, casi orgánicas, se eleva como un fragmento arrancado del tiempo. Su superficie, marcada por estratos grises y marfileños, evoca a la vez la sedimentación geológica y la lenta inscripción de la memoria. Nada aquí es liso: el borde irregular, casi accidental, recuerda la ruptura, la finitud, la incompletitud propia de toda existencia.
En el corazón de esta materia petrificada, una palabra: gozar. Grabada en profundidad, no se contenta con estar inscrita —está escarbada, como si fuera necesario horadar la piedra para hacer emerger su sentido. La hoja de oro de 24 quilates capta la luz con una intensidad casi sagrada. Subraya los contornos del grabado, evocando una estética funeraria. Esta iluminación valiosa no es ajena a recordar las letras doradas de las estelas mortuarias, donde el nombre y las palabras persisten tras la desaparición del cuerpo.
La elección del verbo gozar actúa como una tensión central. Asociado a la muerte por el dispositivo del epitafio, desplaza las expectativas: donde se espera duelo, surge la intensidad; donde la piedra evoca el silencio, la palabra llama a la experiencia, al cuerpo, al instante vivido. La obra realiza así un giro discreto pero poderoso: no niega la muerte, la acompaña con un mandato de vivir plenamente.
Inscrita en la serie Épitaphe, esta pieza propone un enfoque poético de la finitud. Cada palabra elegida se convierte en un intento de sublimar la desaparición, no endulzándola, sino oponiéndole una forma de densidad existencial. Aquí, la piedra no cierra: conserva, amplifica, transforma. Gozo se convierte entonces en menos una palabra que un vestigio vibrante, una huella luminosa dejada en el corazón de la materia, como un último destello frente a lo inevitable.
Artista internacional cuyo trabajo se apoya en la dicotomía que existe entre la memoria y el olvido. La memoria, a mi juicio, es el elemento indispensable que une nuestro cuerpo al mundo. Sin embargo, y mientras nuestra cultura se esfuerza por grabar la historia con cincel, me esfuerzo en inhibir, desestructurar, incluso borrar mi propia memoria. Gran empresa es el ejercicio del olvido… El cuerpo no es más que el soporte de esta memoria de la que depende, e incluso necesita. Ella lo construye, lo modela y lo transforma. Y si la anamnesis se traduce del griego como la remontada del recuerdo, por mi parte la persigo para poder separarme mejor de ella.
«gozar» es parte de una serie de obras titulada «épitaphe». Son una forma poética de abrazar la muerte con poesía eligiendo una palabra escogida de manera que la sublime.
En esta obra, una placa de mármol con vetas ondulantes, casi orgánicas, se eleva como un fragmento arrancado del tiempo. Su superficie, marcada por estratos grises y marfileños, evoca a la vez la sedimentación geológica y la lenta inscripción de la memoria. Nada aquí es liso: el borde irregular, casi accidental, recuerda la ruptura, la finitud, la incompletitud propia de toda existencia.
En el corazón de esta materia petrificada, una palabra: gozar. Grabada en profundidad, no se contenta con estar inscrita —está escarbada, como si fuera necesario horadar la piedra para hacer emerger su sentido. La hoja de oro de 24 quilates capta la luz con una intensidad casi sagrada. Subraya los contornos del grabado, evocando una estética funeraria. Esta iluminación valiosa no es ajena a recordar las letras doradas de las estelas mortuarias, donde el nombre y las palabras persisten tras la desaparición del cuerpo.
La elección del verbo gozar actúa como una tensión central. Asociado a la muerte por el dispositivo del epitafio, desplaza las expectativas: donde se espera duelo, surge la intensidad; donde la piedra evoca el silencio, la palabra llama a la experiencia, al cuerpo, al instante vivido. La obra realiza así un giro discreto pero poderoso: no niega la muerte, la acompaña con un mandato de vivir plenamente.
Inscrita en la serie Épitaphe, esta pieza propone un enfoque poético de la finitud. Cada palabra elegida se convierte en un intento de sublimar la desaparición, no endulzándola, sino oponiéndole una forma de densidad existencial. Aquí, la piedra no cierra: conserva, amplifica, transforma. Gozo se convierte entonces en menos una palabra que un vestigio vibrante, una huella luminosa dejada en el corazón de la materia, como un último destello frente a lo inevitable.
Artista internacional cuyo trabajo se apoya en la dicotomía que existe entre la memoria y el olvido. La memoria, a mi juicio, es el elemento indispensable que une nuestro cuerpo al mundo. Sin embargo, y mientras nuestra cultura se esfuerza por grabar la historia con cincel, me esfuerzo en inhibir, desestructurar, incluso borrar mi propia memoria. Gran empresa es el ejercicio del olvido… El cuerpo no es más que el soporte de esta memoria de la que depende, e incluso necesita. Ella lo construye, lo modela y lo transforma. Y si la anamnesis se traduce del griego como la remontada del recuerdo, por mi parte la persigo para poder separarme mejor de ella.

