Sergio Romero - Orbita interior






Posee una maestría en Cine y Artes Visuales; curador, escritor e investigador con experiencia.
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Sergio Romero, Orbita interior, pintura acrílica, original, 2026, 38 × 46 cm, 300 g, firmado a mano, vendido directamente por el artista en España.
Descripción del vendedor
Esta obra forma parte de una investigación pictórica reciente en la que el gesto automático, la estructura espacial y la repetición simbólica se convierten en un mismo lenguaje visual. Aunque a primera vista puedan parecer impulsivas o espontáneas, cada una nace de un proceso de observación y depuración procedente de una obra anterior mucho más arquitectónica y precisa, desarrollada durante años mediante rotulador, dibujo lineal y construcción manual del espacio.
En esta nueva serie, esa precisión no desaparece: se transforma.
La línea deja de comportarse únicamente como contorno o estructura y comienza a actuar también como energía, ritmo y expansión física sobre la superficie. El gesto se libera, pero sigue existiendo un sistema interno de organización. Los signos se repiten, los recorridos se cruzan, las tensiones se equilibran y el espacio queda delimitado por una arquitectura invisible que sostiene toda la composición.
Cada obra funciona como un mapa mental en movimiento:
capas de memoria, impulsos, recorridos y estructuras emocionales que conviven dentro de un mismo plano. El aparente caos está atravesado por decisiones conscientes sobre densidad, vacío, equilibrio, saturación y dirección visual.
La repetición de marcos, órbitas, líneas nerviosas y núcleos circulares genera una gramática propia reconocible en toda la serie. No se trata de accidente ni de automatismo puro, sino de una investigación sobre cómo traducir pensamiento, tensión y sensibilidad en una escritura pictórica contemporánea.
La pintura acrílica sustituye aquí parte de la rigidez del dibujo técnico por una presencia más corporal y física. La obra ya no solo se construye: también sucede. El trazo conserva la memoria del movimiento, del tiempo y del gesto directo, manteniendo siempre el mismo sello visual que define el conjunto de la investigación.
Estas piezas oscilan entre:
dibujo y pintura,
control y expansión,
arquitectura y automatismo,
escritura y abstracción.
El resultado es una serie que propone un lenguaje visual propio, donde la intensidad gestual convive con una estructura interna rigurosa y donde cada composición actúa como una extensión directa de un sistema mental, emocional y espacial en permanente transformación.
Esta obra forma parte de una investigación pictórica reciente en la que el gesto automático, la estructura espacial y la repetición simbólica se convierten en un mismo lenguaje visual. Aunque a primera vista puedan parecer impulsivas o espontáneas, cada una nace de un proceso de observación y depuración procedente de una obra anterior mucho más arquitectónica y precisa, desarrollada durante años mediante rotulador, dibujo lineal y construcción manual del espacio.
En esta nueva serie, esa precisión no desaparece: se transforma.
La línea deja de comportarse únicamente como contorno o estructura y comienza a actuar también como energía, ritmo y expansión física sobre la superficie. El gesto se libera, pero sigue existiendo un sistema interno de organización. Los signos se repiten, los recorridos se cruzan, las tensiones se equilibran y el espacio queda delimitado por una arquitectura invisible que sostiene toda la composición.
Cada obra funciona como un mapa mental en movimiento:
capas de memoria, impulsos, recorridos y estructuras emocionales que conviven dentro de un mismo plano. El aparente caos está atravesado por decisiones conscientes sobre densidad, vacío, equilibrio, saturación y dirección visual.
La repetición de marcos, órbitas, líneas nerviosas y núcleos circulares genera una gramática propia reconocible en toda la serie. No se trata de accidente ni de automatismo puro, sino de una investigación sobre cómo traducir pensamiento, tensión y sensibilidad en una escritura pictórica contemporánea.
La pintura acrílica sustituye aquí parte de la rigidez del dibujo técnico por una presencia más corporal y física. La obra ya no solo se construye: también sucede. El trazo conserva la memoria del movimiento, del tiempo y del gesto directo, manteniendo siempre el mismo sello visual que define el conjunto de la investigación.
Estas piezas oscilan entre:
dibujo y pintura,
control y expansión,
arquitectura y automatismo,
escritura y abstracción.
El resultado es una serie que propone un lenguaje visual propio, donde la intensidad gestual convive con una estructura interna rigurosa y donde cada composición actúa como una extensión directa de un sistema mental, emocional y espacial en permanente transformación.
