Candelabro De Mano (2) - Latón - Aceite





1 € |
|---|
Protección del Comprador de Catawiki
Tu pago está protegido con nosotros hasta que recibas tu objeto.Ver detalles
Trustpilot 4.4 | 134405 valoraciones
Valoración Excelente en Trustpilot.
Dos lámparas de aceite de latón de Francia, fechadas entre 1850 y 1900, estilo barroco antiguo, cada una mide 17 cm de alto, 12 cm de ancho y 11 cm de profundidad, en buen estado de uso con ligeros signos de envejecimiento, título Aceite.
Descripción del vendedor
Son dos lámparas de aceite del siglo XIX trabajadas en latón o bronce, y lo primero que transmiten es esa mezcla tan propia del barroco tardío: voluptuosidad, brillo cálido y una presencia casi teatral. Cada una funciona como un pequeño candelabro de mano —o más exactamente, un velón portátil— pensado para acompañar desplazamientos nocturnos por estancias domésticas, pasillos o escaleras, cuando la luz era todavía un objeto que se llevaba en la mano como quien porta una pequeña llama domesticada.
La primera lámpara se reconoce por su asa en forma de anilla, un aro sólido que permite introducir uno o dos dedos y moverla con seguridad. El cuerpo es redondeado, con un depósito abombado que se eleva hacia una tapa cónica rematada en un pequeño botón. Todo el conjunto tiene esa pátina dorada que solo el latón antiguo sabe ofrecer: un brillo que no es nuevo, sino vivido, suavizado por el tiempo. El pico para la mecha sobresale con un gesto breve, casi como un pequeño hocico metálico, y completa esa silueta compacta y armoniosa. Su aire barroco se aprecia en la rotundidad de las curvas, en la sensación de objeto pleno, casi escultórico, que no necesita ornamentos excesivos para resultar expresivo.
La segunda lámpara, con su asa curvada en forma de gancho, tiene un carácter más dinámico, más gestual. El asa parece casi un arabesco congelado, un trazo que se arquea con elegancia y que recuerda a los remates de hierro forjado de balcones y rejas del barroco español. El depósito repite la misma lógica formal: volumen redondo, tapa cónica, pico corto para la mecha. Pero el asa introduce un matiz más teatral, más decorativo, como si esta pieza hubiera sido pensada para una mano que no solo necesitaba luz, sino también cierta presencia estética al desplazarse por la casa.
Ambas piezas comparten esa cualidad tan propia del siglo XIX: objetos funcionales que todavía conservan el lenguaje ornamental heredado de siglos anteriores. No son industriales, no son seriadas; cada curva parece haber sido pensada para dialogar con la luz que ellas mismas producen. Y al verlas juntas, una con su anilla sobria y la otra con su asa sinuosa, se percibe un pequeño contraste de temperamentos dentro de una misma familia estilística.
Envío certificado y buen embalaje.
El vendedor y su historia
Son dos lámparas de aceite del siglo XIX trabajadas en latón o bronce, y lo primero que transmiten es esa mezcla tan propia del barroco tardío: voluptuosidad, brillo cálido y una presencia casi teatral. Cada una funciona como un pequeño candelabro de mano —o más exactamente, un velón portátil— pensado para acompañar desplazamientos nocturnos por estancias domésticas, pasillos o escaleras, cuando la luz era todavía un objeto que se llevaba en la mano como quien porta una pequeña llama domesticada.
La primera lámpara se reconoce por su asa en forma de anilla, un aro sólido que permite introducir uno o dos dedos y moverla con seguridad. El cuerpo es redondeado, con un depósito abombado que se eleva hacia una tapa cónica rematada en un pequeño botón. Todo el conjunto tiene esa pátina dorada que solo el latón antiguo sabe ofrecer: un brillo que no es nuevo, sino vivido, suavizado por el tiempo. El pico para la mecha sobresale con un gesto breve, casi como un pequeño hocico metálico, y completa esa silueta compacta y armoniosa. Su aire barroco se aprecia en la rotundidad de las curvas, en la sensación de objeto pleno, casi escultórico, que no necesita ornamentos excesivos para resultar expresivo.
La segunda lámpara, con su asa curvada en forma de gancho, tiene un carácter más dinámico, más gestual. El asa parece casi un arabesco congelado, un trazo que se arquea con elegancia y que recuerda a los remates de hierro forjado de balcones y rejas del barroco español. El depósito repite la misma lógica formal: volumen redondo, tapa cónica, pico corto para la mecha. Pero el asa introduce un matiz más teatral, más decorativo, como si esta pieza hubiera sido pensada para una mano que no solo necesitaba luz, sino también cierta presencia estética al desplazarse por la casa.
Ambas piezas comparten esa cualidad tan propia del siglo XIX: objetos funcionales que todavía conservan el lenguaje ornamental heredado de siglos anteriores. No son industriales, no son seriadas; cada curva parece haber sido pensada para dialogar con la luz que ellas mismas producen. Y al verlas juntas, una con su anilla sobria y la otra con su asa sinuosa, se percibe un pequeño contraste de temperamentos dentro de una misma familia estilística.
Envío certificado y buen embalaje.

