Sylvain Barberot - Vierge luminescente

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Catherine Mikolajczak
Experto
Seleccionado por Catherine Mikolajczak

Estudió Historia del Arte en la École du Louvre y se especializó en arte contemporáneo por más de 25 años.

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Analisis de obra – *Virgen lumínica*

La *Virgen lumínica* se presenta primero como una figura familiar, casi reconfortante: un busto de Virgen inspirado en la iconografía religiosa tradicional, reconocible por su velo, la inclinación suave de la cabeza y la expresión recogida del rostro. Sin embargo, esa aparente continuidad con las representaciones clásicas se ve pronto perturbada por varias alteraciones significativas que desvían la obra hacia un registro contemporáneo, incluso crítico.

El primer elemento marcante es la propia naturaleza del objeto: no se trata de una escultura completa, sino de un molde, hueco, cuyo reverso permanece abierto y visible. Esta materialidad inacabada rompe con la idea de una figura sagrada encarnada y estable. El cuerpo de la Virgen se vuelve envoltura, superficie, rastro de una ausencia más que una presencia plena. Este choix convoca una reflexión sobre la reproducción, la serie y la pérdida de unicidad de la imagen religiosa en el mundo moderno.

A ello se añade la dimensión de la alteración física: la Virgen es manca. Este detalle, discreto pero perturbador, introduce una tensión entre lo sagrado y la fragilidad. La imagen idealizada de pureza y perfección se ve aquí fisurada. La mirada, tradicionalmente portadora de espiritualidad y de mediación divina, está parcialmente ausente, como si la figura hubiera perdido una parte de su capacidad para ver o guiar. Esta ceguera parcial puede interpretarse como una metáfora: la fe alterada, una tradición que ya no ve por completo, o una mirada humana incapaz de acceder plenamente al divino.

Lo más asombroso, no obstante, es el uso de la pintura fosforescente. A la luz del día, la obra aparece pálida, casi frágil, en un tono verdoso que ya evoca cierta extrañeza. Pero en la oscuridad se transforma radicalmente: la Virgen se convierte en fuente de luz, irradiando un verde intenso y espectral. Esta mutación introduce una dualidad temporal y perceptiva: la obra no es plenamente visible salvo en ausencia de luz exterior.

Este fenómeno invierte los códigos tradicionales de la representación sacra. Habitualmente, la luz viene a revelar la figura divina; aquí, es la propia figura la que emite una luz artificial. lo sagrado ya no es trascendente, sino producido por un proceso químico. Esta inversión puede leerse como una reflexión sobre la secularización: la espiritualidad se vuelve un efecto, una ilusión luminosa que persiste en la oscuridad pero depende de una activación previa (la exposición a la luz).

Finalmente, la cualidad casi fantasmagórica de la luminiscencia confiere a la obra una presencia ambigua, entre aparición y desaparición. La Virgen parece rondar el espacio, oscilando entre protección e inquietud. Ya no es solo objeto de devoción, sino también imagen espectral, residuo luminoso de una creencia pasada.

Así, *Virgen lumínica* articula con sutileza varias tensiones: entre lleno y hueco, sagrado y profano, visibilidad y oscuridad, presencia y ausencia. Al transformar una figura icónica en objeto alterado y luminescente, la obra interroga la persistencia de los símbolos religiosos en un mundo contemporáneo donde la luz misma se vuelve artificial e inestable.

Analisis de obra – *Virgen lumínica*

La *Virgen lumínica* se presenta primero como una figura familiar, casi reconfortante: un busto de Virgen inspirado en la iconografía religiosa tradicional, reconocible por su velo, la inclinación suave de la cabeza y la expresión recogida del rostro. Sin embargo, esa aparente continuidad con las representaciones clásicas se ve pronto perturbada por varias alteraciones significativas que desvían la obra hacia un registro contemporáneo, incluso crítico.

El primer elemento marcante es la propia naturaleza del objeto: no se trata de una escultura completa, sino de un molde, hueco, cuyo reverso permanece abierto y visible. Esta materialidad inacabada rompe con la idea de una figura sagrada encarnada y estable. El cuerpo de la Virgen se vuelve envoltura, superficie, rastro de una ausencia más que una presencia plena. Este choix convoca una reflexión sobre la reproducción, la serie y la pérdida de unicidad de la imagen religiosa en el mundo moderno.

A ello se añade la dimensión de la alteración física: la Virgen es manca. Este detalle, discreto pero perturbador, introduce una tensión entre lo sagrado y la fragilidad. La imagen idealizada de pureza y perfección se ve aquí fisurada. La mirada, tradicionalmente portadora de espiritualidad y de mediación divina, está parcialmente ausente, como si la figura hubiera perdido una parte de su capacidad para ver o guiar. Esta ceguera parcial puede interpretarse como una metáfora: la fe alterada, una tradición que ya no ve por completo, o una mirada humana incapaz de acceder plenamente al divino.

Lo más asombroso, no obstante, es el uso de la pintura fosforescente. A la luz del día, la obra aparece pálida, casi frágil, en un tono verdoso que ya evoca cierta extrañeza. Pero en la oscuridad se transforma radicalmente: la Virgen se convierte en fuente de luz, irradiando un verde intenso y espectral. Esta mutación introduce una dualidad temporal y perceptiva: la obra no es plenamente visible salvo en ausencia de luz exterior.

Este fenómeno invierte los códigos tradicionales de la representación sacra. Habitualmente, la luz viene a revelar la figura divina; aquí, es la propia figura la que emite una luz artificial. lo sagrado ya no es trascendente, sino producido por un proceso químico. Esta inversión puede leerse como una reflexión sobre la secularización: la espiritualidad se vuelve un efecto, una ilusión luminosa que persiste en la oscuridad pero depende de una activación previa (la exposición a la luz).

Finalmente, la cualidad casi fantasmagórica de la luminiscencia confiere a la obra una presencia ambigua, entre aparición y desaparición. La Virgen parece rondar el espacio, oscilando entre protección e inquietud. Ya no es solo objeto de devoción, sino también imagen espectral, residuo luminoso de una creencia pasada.

Así, *Virgen lumínica* articula con sutileza varias tensiones: entre lleno y hueco, sagrado y profano, visibilidad y oscuridad, presencia y ausencia. Al transformar una figura icónica en objeto alterado y luminescente, la obra interroga la persistencia de los símbolos religiosos en un mundo contemporáneo donde la luz misma se vuelve artificial e inestable.

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