Martí Riera (1955) - Reflejos de la tierra

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Martí Riera (1955) presenta Reflejos de la tierra, una pintura al óleo original de entre 2000 y 2010, firmada a mano, procedente de España y vendida con marco.

Resumen redactado con la ayuda de la IA

Descripción del vendedor

Pictura Galeria presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Martí Riera, que representa un paisaje rural mediterráneo lleno de luz y serenidad, donde la arquitectura tradicional y la naturaleza conviven en armonía creando una atmósfera de calma, memoria y belleza atemporal. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.

· Dimensiones del marco: 63x52x4 cm.
· Dimensiones de la obra: 61x50 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la esquina izquierda de la obra, Marti Riera.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).


La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.

Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.

La obra será embalada de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.

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Este cuadro transmite una poderosa sensación de serenidad rural y de conexión íntima con el paisaje mediterráneo. La composición se organiza alrededor de una construcción de aspecto tradicional dominada por una alta torre vertical que se eleva con fuerza hacia el cielo, convirtiéndose en el gran eje visual de la escena. La arquitectura aparece integrada de manera natural en el entorno, rodeada de vegetación abundante, árboles esbeltos y pequeños caminos que parecen perderse entre los campos. La obra no solo representa un lugar físico, sino también una atmósfera llena de calma, memoria y autenticidad. Todo el paisaje parece envuelto por una luz cálida y vibrante que transforma los colores en una experiencia emocional intensa y profundamente evocadora.
La riqueza cromática es uno de los aspectos más fascinantes de la obra. Los verdes dominan el paisaje en multitud de matices: verdes oscuros y profundos en las sombras, verdes luminosos en la vegetación iluminada y tonos más dorados que sugieren el calor del sol sobre la tierra. El cielo azul claro aporta amplitud y frescura, mientras las pinceladas rápidas y llenas de textura generan una vibración constante en toda la superficie. Las fachadas de las construcciones aparecen bañadas por tonos ocres, cremas y azulados que reflejan la luz natural y aportan una gran sensación de vida. La combinación de colores cálidos y fríos consigue un equilibrio visual muy atractivo, haciendo que el paisaje resulte tanto dinámico como armónico.
La torre central posee una presencia monumental y silenciosa que dota al cuadro de personalidad y carácter arquitectónico. Su verticalidad contrasta con las líneas horizontales de los campos y la vegetación, creando una composición muy equilibrada y elegante. A su alrededor, los árboles altos y delgados acompañan visualmente la estructura principal, casi como si custodiaran el edificio y lo integraran en el paisaje. El entorno vegetal aparece representado con enorme libertad expresiva, mediante trazos enérgicos que transmiten movimiento, viento y crecimiento natural. El espectador tiene la sensación de encontrarse ante un lugar detenido en el tiempo, donde la vida transcurre lentamente y la naturaleza conserva todavía toda su fuerza original.
Otro elemento especialmente atractivo es la atmósfera luminosa que impregna toda la escena. La luz no aparece de manera uniforme, sino fragmentada en pequeñas vibraciones cromáticas que enriquecen cada rincón del cuadro. Los caminos, la hierba y los reflejos de vegetación parecen brillar suavemente, aportando profundidad y dinamismo visual. La obra transmite una sensación de tranquilidad contemplativa, invitando a recorrer el paisaje lentamente con la mirada. Existe también un fuerte componente emocional: el cuadro despierta recuerdos de pueblos antiguos, veranos silenciosos y rincones rurales donde la arquitectura y la naturaleza conviven en perfecta armonía.
En conjunto, este cuadro es una magnífica representación de la belleza del paisaje rural mediterráneo, donde arquitectura, naturaleza y luz se unen en una escena llena de equilibrio, sensibilidad y fuerza expresiva. La riqueza de texturas, la intensidad cromática y la atmósfera serena convierten la obra en una pieza profundamente evocadora y visualmente cautivadora.

Pictura Galeria presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Martí Riera, que representa un paisaje rural mediterráneo lleno de luz y serenidad, donde la arquitectura tradicional y la naturaleza conviven en armonía creando una atmósfera de calma, memoria y belleza atemporal. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.

· Dimensiones del marco: 63x52x4 cm.
· Dimensiones de la obra: 61x50 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la esquina izquierda de la obra, Marti Riera.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).


La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.

Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.

La obra será embalada de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.

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Este cuadro transmite una poderosa sensación de serenidad rural y de conexión íntima con el paisaje mediterráneo. La composición se organiza alrededor de una construcción de aspecto tradicional dominada por una alta torre vertical que se eleva con fuerza hacia el cielo, convirtiéndose en el gran eje visual de la escena. La arquitectura aparece integrada de manera natural en el entorno, rodeada de vegetación abundante, árboles esbeltos y pequeños caminos que parecen perderse entre los campos. La obra no solo representa un lugar físico, sino también una atmósfera llena de calma, memoria y autenticidad. Todo el paisaje parece envuelto por una luz cálida y vibrante que transforma los colores en una experiencia emocional intensa y profundamente evocadora.
La riqueza cromática es uno de los aspectos más fascinantes de la obra. Los verdes dominan el paisaje en multitud de matices: verdes oscuros y profundos en las sombras, verdes luminosos en la vegetación iluminada y tonos más dorados que sugieren el calor del sol sobre la tierra. El cielo azul claro aporta amplitud y frescura, mientras las pinceladas rápidas y llenas de textura generan una vibración constante en toda la superficie. Las fachadas de las construcciones aparecen bañadas por tonos ocres, cremas y azulados que reflejan la luz natural y aportan una gran sensación de vida. La combinación de colores cálidos y fríos consigue un equilibrio visual muy atractivo, haciendo que el paisaje resulte tanto dinámico como armónico.
La torre central posee una presencia monumental y silenciosa que dota al cuadro de personalidad y carácter arquitectónico. Su verticalidad contrasta con las líneas horizontales de los campos y la vegetación, creando una composición muy equilibrada y elegante. A su alrededor, los árboles altos y delgados acompañan visualmente la estructura principal, casi como si custodiaran el edificio y lo integraran en el paisaje. El entorno vegetal aparece representado con enorme libertad expresiva, mediante trazos enérgicos que transmiten movimiento, viento y crecimiento natural. El espectador tiene la sensación de encontrarse ante un lugar detenido en el tiempo, donde la vida transcurre lentamente y la naturaleza conserva todavía toda su fuerza original.
Otro elemento especialmente atractivo es la atmósfera luminosa que impregna toda la escena. La luz no aparece de manera uniforme, sino fragmentada en pequeñas vibraciones cromáticas que enriquecen cada rincón del cuadro. Los caminos, la hierba y los reflejos de vegetación parecen brillar suavemente, aportando profundidad y dinamismo visual. La obra transmite una sensación de tranquilidad contemplativa, invitando a recorrer el paisaje lentamente con la mirada. Existe también un fuerte componente emocional: el cuadro despierta recuerdos de pueblos antiguos, veranos silenciosos y rincones rurales donde la arquitectura y la naturaleza conviven en perfecta armonía.
En conjunto, este cuadro es una magnífica representación de la belleza del paisaje rural mediterráneo, donde arquitectura, naturaleza y luz se unen en una escena llena de equilibrio, sensibilidad y fuerza expresiva. La riqueza de texturas, la intensidad cromática y la atmósfera serena convierten la obra en una pieza profundamente evocadora y visualmente cautivadora.

Datos

Artista
Martí Riera (1955)
Se vende con marco
Vendido por
Galería
Edición
Original
Título de la obra
Reflejos de la tierra
Técnica
Pintura al óleo
Firma
Firmado a mano
País de origen
España
Estado
En buen estado
Alto
63 cm
Ancho
52 cm
Estilo
Posimpresionismo
Periodo
2000 - 2010
Vendido por
EspañaVerificado
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Objetos vendidos
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