Mesa auxiliar - Espejos de Tocador - Madera, Cristal





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Descripción del vendedor
Es una pieza que encarna ese Art Déco temprano en el que la modernidad todavía conservaba un leve perfume de clasicismo. La estructura es sencilla, casi contenida, pero todo en ella está pensado para multiplicar la luz y crear un pequeño escenario íntimo. El gran espejo central, flanqueado por dos alas laterales ligeramente inclinadas, forma un tríptico que envuelve el rostro y lo convierte en protagonista, como si la persona que se sienta frente a él entrara en un pequeño teatro privado.
El sobre completamente espejado prolonga ese juego de reflejos: cada objeto colocado sobre la mesa —un frasco de perfume, una peineta, una joya— se duplica y adquiere un aura casi cinematográfica. Ese gusto por la superficie brillante, por la geometría limpia y por la sensación de lujo accesible es muy propio del primer Art Déco, cuando el espejo se convirtió en material decorativo por excelencia.
Bajo esa modernidad luminosa, las patas de madera curvadas aportan un contrapunto cálido y orgánico. No renuncian a la elegancia, pero suavizan la pieza, recordando que aún estamos en un momento de transición entre la exuberancia tardonovecentista y la estética más estricta que vendría después. La pequeña gaveta central, con su tirador redondo, completa el conjunto con un detalle funcional que no rompe la armonía.
En conjunto, es un tocador que combina sofisticación, teatralidad y equilibrio, una pieza pensada para acompañar rituales cotidianos con un toque de glamour discreto, muy propio de los interiores refinados de las primeras décadas del siglo XX.
Envío certificado y buen embalaje
El vendedor y su historia
Es una pieza que encarna ese Art Déco temprano en el que la modernidad todavía conservaba un leve perfume de clasicismo. La estructura es sencilla, casi contenida, pero todo en ella está pensado para multiplicar la luz y crear un pequeño escenario íntimo. El gran espejo central, flanqueado por dos alas laterales ligeramente inclinadas, forma un tríptico que envuelve el rostro y lo convierte en protagonista, como si la persona que se sienta frente a él entrara en un pequeño teatro privado.
El sobre completamente espejado prolonga ese juego de reflejos: cada objeto colocado sobre la mesa —un frasco de perfume, una peineta, una joya— se duplica y adquiere un aura casi cinematográfica. Ese gusto por la superficie brillante, por la geometría limpia y por la sensación de lujo accesible es muy propio del primer Art Déco, cuando el espejo se convirtió en material decorativo por excelencia.
Bajo esa modernidad luminosa, las patas de madera curvadas aportan un contrapunto cálido y orgánico. No renuncian a la elegancia, pero suavizan la pieza, recordando que aún estamos en un momento de transición entre la exuberancia tardonovecentista y la estética más estricta que vendría después. La pequeña gaveta central, con su tirador redondo, completa el conjunto con un detalle funcional que no rompe la armonía.
En conjunto, es un tocador que combina sofisticación, teatralidad y equilibrio, una pieza pensada para acompañar rituales cotidianos con un toque de glamour discreto, muy propio de los interiores refinados de las primeras décadas del siglo XX.
Envío certificado y buen embalaje
