Damián Torres (1921) - El estanque





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Damián Torres (1921), El estanque, óleo sobre tela, 27 × 35 cm, edición original, periodo 1990–2000, España, firmado a mano, en buen estado, con marco, vendido por Galería.
Descripción del vendedor
Pictura Galeria presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Damián Torres, que representa un apacible paisaje forestal reflejado en aguas tranquilas que simboliza la armonía, la serenidad y la belleza intacta de la naturaleza. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones de la obra: 27x35x1 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la esquina izquierda de la obra.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
La obra será embalada de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro ofrece una interpretación vibrante y profundamente evocadora de un paisaje fluvial rodeado por una densa masa forestal. La escena se desarrolla junto a una lámina de agua tranquila que actúa como espejo natural, reflejando los árboles, la vegetación y la luz cambiante del entorno. La composición transmite una sensación inmediata de serenidad y contacto íntimo con la naturaleza, invitando al espectador a sumergirse en un espacio donde el tiempo parece detenerse. La riqueza visual del paisaje no proviene únicamente de los elementos representados, sino también de la forma en que estos se relacionan entre sí, construyendo una atmósfera llena de matices, reflejos y emociones.
La masa arbórea ocupa buena parte de la escena y constituye el corazón visual de la obra. Los árboles aparecen agrupados en una formación irregular y dinámica, con troncos esbeltos que se elevan hacia el cielo y ramas que se entrelazan creando una compleja red de formas naturales. La vegetación presenta una gran diversidad de tonalidades que sugieren distintas especies, edades y estados de crecimiento. Algunas zonas reciben más luz y parecen resplandecer con intensidad, mientras otras permanecen parcialmente ocultas entre sombras y claroscuros. Esta variedad dota al bosque de una gran riqueza visual y transmite la sensación de un ecosistema vivo y en constante transformación.
Uno de los aspectos más fascinantes del cuadro es el protagonismo del agua. La superficie del estanque o río permanece prácticamente inmóvil, permitiendo que los árboles y la vegetación se reflejen con notable intensidad. Sin embargo, estos reflejos no son reproducciones exactas de la realidad, sino interpretaciones llenas de movimiento y vibración que enriquecen la composición. El agua se convierte así en un segundo paisaje, paralelo al primero, donde las formas se transforman y adquieren una cualidad casi abstracta. Este diálogo entre la realidad y su reflejo añade profundidad poética a la escena y multiplica las posibilidades de contemplación.
La luz desempeña un papel esencial en la construcción de la atmósfera. El cielo aparece suave y luminoso, proporcionando una claridad difusa que se filtra entre los árboles y se proyecta sobre la vegetación cercana al agua. Esta iluminación crea zonas de intenso resplandor junto a áreas más sombrías, generando un delicado equilibrio entre claridad y misterio. El paisaje parece encontrarse en uno de esos momentos especiales del día en los que la naturaleza revela toda su riqueza cromática y emocional. La interacción entre luz, vegetación y agua produce una sensación de frescura y tranquilidad que envuelve completamente la escena.
En conjunto, este cuadro constituye una celebración de la belleza serena de los paisajes naturales y de la capacidad de la naturaleza para transmitir calma, armonía y contemplación. El bosque, el agua y la luz se integran en una composición equilibrada y sugestiva que invita a la reflexión y al disfrute pausado. La riqueza de los reflejos, la variedad de la vegetación y la atmósfera envolvente convierten esta obra en una ventana hacia un mundo donde predominan el silencio, la paz y la conexión profunda con el entorno natural. Es una imagen que captura la esencia de un rincón escondido, preservado del ruido cotidiano y lleno de belleza atemporal.
Pictura Galeria presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Damián Torres, que representa un apacible paisaje forestal reflejado en aguas tranquilas que simboliza la armonía, la serenidad y la belleza intacta de la naturaleza. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones de la obra: 27x35x1 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la esquina izquierda de la obra.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
La obra será embalada de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro ofrece una interpretación vibrante y profundamente evocadora de un paisaje fluvial rodeado por una densa masa forestal. La escena se desarrolla junto a una lámina de agua tranquila que actúa como espejo natural, reflejando los árboles, la vegetación y la luz cambiante del entorno. La composición transmite una sensación inmediata de serenidad y contacto íntimo con la naturaleza, invitando al espectador a sumergirse en un espacio donde el tiempo parece detenerse. La riqueza visual del paisaje no proviene únicamente de los elementos representados, sino también de la forma en que estos se relacionan entre sí, construyendo una atmósfera llena de matices, reflejos y emociones.
La masa arbórea ocupa buena parte de la escena y constituye el corazón visual de la obra. Los árboles aparecen agrupados en una formación irregular y dinámica, con troncos esbeltos que se elevan hacia el cielo y ramas que se entrelazan creando una compleja red de formas naturales. La vegetación presenta una gran diversidad de tonalidades que sugieren distintas especies, edades y estados de crecimiento. Algunas zonas reciben más luz y parecen resplandecer con intensidad, mientras otras permanecen parcialmente ocultas entre sombras y claroscuros. Esta variedad dota al bosque de una gran riqueza visual y transmite la sensación de un ecosistema vivo y en constante transformación.
Uno de los aspectos más fascinantes del cuadro es el protagonismo del agua. La superficie del estanque o río permanece prácticamente inmóvil, permitiendo que los árboles y la vegetación se reflejen con notable intensidad. Sin embargo, estos reflejos no son reproducciones exactas de la realidad, sino interpretaciones llenas de movimiento y vibración que enriquecen la composición. El agua se convierte así en un segundo paisaje, paralelo al primero, donde las formas se transforman y adquieren una cualidad casi abstracta. Este diálogo entre la realidad y su reflejo añade profundidad poética a la escena y multiplica las posibilidades de contemplación.
La luz desempeña un papel esencial en la construcción de la atmósfera. El cielo aparece suave y luminoso, proporcionando una claridad difusa que se filtra entre los árboles y se proyecta sobre la vegetación cercana al agua. Esta iluminación crea zonas de intenso resplandor junto a áreas más sombrías, generando un delicado equilibrio entre claridad y misterio. El paisaje parece encontrarse en uno de esos momentos especiales del día en los que la naturaleza revela toda su riqueza cromática y emocional. La interacción entre luz, vegetación y agua produce una sensación de frescura y tranquilidad que envuelve completamente la escena.
En conjunto, este cuadro constituye una celebración de la belleza serena de los paisajes naturales y de la capacidad de la naturaleza para transmitir calma, armonía y contemplación. El bosque, el agua y la luz se integran en una composición equilibrada y sugestiva que invita a la reflexión y al disfrute pausado. La riqueza de los reflejos, la variedad de la vegetación y la atmósfera envolvente convierten esta obra en una ventana hacia un mundo donde predominan el silencio, la paz y la conexión profunda con el entorno natural. Es una imagen que captura la esencia de un rincón escondido, preservado del ruido cotidiano y lleno de belleza atemporal.

