Espejo - Nogal





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Descripción del vendedor
Este espejo antiguo, con su moldura isabelina tallada en nogal, pertenece a ese momento de transición entre finales del siglo XIX y los primeros años del XX en el que la ebanistería española recupera la elegancia sobria del Romanticismo pero aún conserva ciertos ecos del clasicismo decimonónico. La madera, de un nogal oscuro y profundo, muestra una veta rica, casi sedosa, que aporta calidez inmediata y una presencia noble incluso en ausencia del cristal.
La moldura presenta ese perfil característico del gusto isabelino: líneas firmes, proporciones equilibradas, un leve abombamiento en el frente y un juego de planos que crea sombras suaves y un ritmo visual discreto pero refinado. No es un marco exuberante, sino uno que apuesta por la distinción contenida, por la belleza del material y por la precisión del oficio. Se nota la mano del artesano en los encuentros limpios, en la transición entre molduras y en la forma en que la luz resbala por los cantos.
Aunque hoy aparece sin espejo, la estructura conserva toda su dignidad: es un objeto que habla de interiores burgueses, de tocadores y recibidores, de casas donde la madera era protagonista y la decoración buscaba equilibrio más que ostentación. Su estado actual permite imaginarlo tanto restaurado y funcional como convertido en pieza decorativa autónoma, un fragmento de historia doméstica que sigue teniendo fuerza estética.
Envío certificado y buen embalaje.
El vendedor y su historia
Este espejo antiguo, con su moldura isabelina tallada en nogal, pertenece a ese momento de transición entre finales del siglo XIX y los primeros años del XX en el que la ebanistería española recupera la elegancia sobria del Romanticismo pero aún conserva ciertos ecos del clasicismo decimonónico. La madera, de un nogal oscuro y profundo, muestra una veta rica, casi sedosa, que aporta calidez inmediata y una presencia noble incluso en ausencia del cristal.
La moldura presenta ese perfil característico del gusto isabelino: líneas firmes, proporciones equilibradas, un leve abombamiento en el frente y un juego de planos que crea sombras suaves y un ritmo visual discreto pero refinado. No es un marco exuberante, sino uno que apuesta por la distinción contenida, por la belleza del material y por la precisión del oficio. Se nota la mano del artesano en los encuentros limpios, en la transición entre molduras y en la forma en que la luz resbala por los cantos.
Aunque hoy aparece sin espejo, la estructura conserva toda su dignidad: es un objeto que habla de interiores burgueses, de tocadores y recibidores, de casas donde la madera era protagonista y la decoración buscaba equilibrio más que ostentación. Su estado actual permite imaginarlo tanto restaurado y funcional como convertido en pieza decorativa autónoma, un fragmento de historia doméstica que sigue teniendo fuerza estética.
Envío certificado y buen embalaje.
