Mario Carreño (1913-1999) - Vlinderdans






Máster en Innovación y Organización de las Artes, diez años en arte italiano contemporáneo.
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Vlinderdans, de Mario Carreño, es una pintura al óleo original de 1949, de estilo moderno, vendida con marco y con unas dimensiones de 72,2 × 51,5 cm.
Descripción del vendedor
Raro cuadro del artista chileno/cubano Mario Carreño. Es una óleo sobre panel con unas dimensiones de 72,2 x 51,5 cm. Está firmado y fechado en la esquina inferior derecha. Su estado de conservación es bueno.
Procedencia
Sarracino Gallery, Coral Gables, FL, EE. UU.
Fernando Duran Auctions, Madrid, subasta Arte Contemporáneo, 28 de diciembre de 2020, lote nº 43
Mario Carreño
(1913-1999)
Al final del siglo pasado desapareció uno de los maestros del arte latinoamericano cuando los periódicos anunciaron la muerte de Mario Carreño. Carreño fue un verdadero artista de vanguardia que potenció el espíritu de la modernidad en Cuba en los años 50 y ayudó a difundirla en las salas de aquella época. Su personalidad versátil y apasionada me llevó a acercarme a sus pinturas. Conociendo a Mario Carreño a través de su obra, pude valorar su uso de la composición y la forma y su sensibilidad para el color, un tema sobre el que dio clases en la Escuela de Arquitectura de Chile (1959).
Mario Carreño (1913-1999).
Carreño nació en Cuba en 1913 y estudió en la Escuela San Alejandro de Bellas Artes. Al igual que muchos pintores de su generación, viajó a España, París y Nueva York, donde absorbió las diversas corrientes artísticas de la época. En este periodo de su vida entró en contacto con surrealistas, tanto física como intelectualmente, y conoció a Lorca, Picasso, Rafael Alberti y Neruda. Los muralistas mexicanos fueron importantes para la obra de Carreño. Durante su viaje a México en 1936 conoció a Diego Rivera, Clemente Orozco, Rufino Tamayo y Frida Kahlo. Pero fue su viaje a Chile el que ejerció la mayor influencia: visitó Chile por primera vez en 1948, cuando presentó su obra en la Sala del Pacífico en Santiago. Después de residir un tiempo en Nueva York y Cuba, regresó en 1986 con un contrato de dos años para impartir un curso titulado “El desarrollo del arte contemporáneo”. A partir de ese momento Chile se convirtió en su segundo país de adopción, “paraíso”, como él mismo lo llamó. En 1969 obtuvo la nacionalidad chilena y en 1982 recibió el Premio Nacional de Artes, en reconocimiento a sus logros artísticos.
Para este hombre profundamente humanista, el gesto de la pintura fue importante, pero también fue un pintor de palabras. Fue crítico de arte para el diario El Mercurio, donde presentó sus ideas innovadoras y progresistas bajo el seudónimo Jorge Vasari. Subrayó la ambigüedad en todas las posibles interpretaciones del arte y en las confrontaciones a las que está sujeto. No le bastaba con nombrar una tendencia o corriente. Quería explorar e indagar y nos legó una obra polifacética como resultado de su búsqueda de formas de expresar sus ideas. En su obra se pueden reconocer ciertas características, como su interés por modelar a sus figuras, la ausencia de rasgos faciales y, por tanto, la quietud que emanan. Cada una de sus obras refleja una relación armoniosa entre forma y contenido. La impecable naturalidad de su lenguaje visual le convirtió en un experto en volúmenes y en el creador de un estilo verdaderamente claro y puro. Al mismo tiempo, despojó sus influencias pictóricas de toda forma de pasividad y dio a su trabajo una sensación de color, movimiento y sensualidad, que ya se consideraban emblemáticos del arte cubano.
Su lenguaje visual se complementó con su sentido de compromiso social. Junto a otros artistas chilenos redescubrió e integró el arte popular en su propio trabajo, en series como Todo Chile. Fue sensible al sufrimiento generado por las guerras a lo largo del siglo, lo que expresó en su serie El Mundo Vertebrado. Su nostalgia por su país natal se aprecia en Antillanas. Mario Carreño falleció el 20 de diciembre de 1999. Un hombre excepcional y sencillo, que sin saberlo cruzó el umbral universal y pasó a formar parte para siempre de la ‘cronología de la memoria’.
Raro cuadro del artista chileno/cubano Mario Carreño. Es una óleo sobre panel con unas dimensiones de 72,2 x 51,5 cm. Está firmado y fechado en la esquina inferior derecha. Su estado de conservación es bueno.
Procedencia
Sarracino Gallery, Coral Gables, FL, EE. UU.
Fernando Duran Auctions, Madrid, subasta Arte Contemporáneo, 28 de diciembre de 2020, lote nº 43
Mario Carreño
(1913-1999)
Al final del siglo pasado desapareció uno de los maestros del arte latinoamericano cuando los periódicos anunciaron la muerte de Mario Carreño. Carreño fue un verdadero artista de vanguardia que potenció el espíritu de la modernidad en Cuba en los años 50 y ayudó a difundirla en las salas de aquella época. Su personalidad versátil y apasionada me llevó a acercarme a sus pinturas. Conociendo a Mario Carreño a través de su obra, pude valorar su uso de la composición y la forma y su sensibilidad para el color, un tema sobre el que dio clases en la Escuela de Arquitectura de Chile (1959).
Mario Carreño (1913-1999).
Carreño nació en Cuba en 1913 y estudió en la Escuela San Alejandro de Bellas Artes. Al igual que muchos pintores de su generación, viajó a España, París y Nueva York, donde absorbió las diversas corrientes artísticas de la época. En este periodo de su vida entró en contacto con surrealistas, tanto física como intelectualmente, y conoció a Lorca, Picasso, Rafael Alberti y Neruda. Los muralistas mexicanos fueron importantes para la obra de Carreño. Durante su viaje a México en 1936 conoció a Diego Rivera, Clemente Orozco, Rufino Tamayo y Frida Kahlo. Pero fue su viaje a Chile el que ejerció la mayor influencia: visitó Chile por primera vez en 1948, cuando presentó su obra en la Sala del Pacífico en Santiago. Después de residir un tiempo en Nueva York y Cuba, regresó en 1986 con un contrato de dos años para impartir un curso titulado “El desarrollo del arte contemporáneo”. A partir de ese momento Chile se convirtió en su segundo país de adopción, “paraíso”, como él mismo lo llamó. En 1969 obtuvo la nacionalidad chilena y en 1982 recibió el Premio Nacional de Artes, en reconocimiento a sus logros artísticos.
Para este hombre profundamente humanista, el gesto de la pintura fue importante, pero también fue un pintor de palabras. Fue crítico de arte para el diario El Mercurio, donde presentó sus ideas innovadoras y progresistas bajo el seudónimo Jorge Vasari. Subrayó la ambigüedad en todas las posibles interpretaciones del arte y en las confrontaciones a las que está sujeto. No le bastaba con nombrar una tendencia o corriente. Quería explorar e indagar y nos legó una obra polifacética como resultado de su búsqueda de formas de expresar sus ideas. En su obra se pueden reconocer ciertas características, como su interés por modelar a sus figuras, la ausencia de rasgos faciales y, por tanto, la quietud que emanan. Cada una de sus obras refleja una relación armoniosa entre forma y contenido. La impecable naturalidad de su lenguaje visual le convirtió en un experto en volúmenes y en el creador de un estilo verdaderamente claro y puro. Al mismo tiempo, despojó sus influencias pictóricas de toda forma de pasividad y dio a su trabajo una sensación de color, movimiento y sensualidad, que ya se consideraban emblemáticos del arte cubano.
Su lenguaje visual se complementó con su sentido de compromiso social. Junto a otros artistas chilenos redescubrió e integró el arte popular en su propio trabajo, en series como Todo Chile. Fue sensible al sufrimiento generado por las guerras a lo largo del siglo, lo que expresó en su serie El Mundo Vertebrado. Su nostalgia por su país natal se aprecia en Antillanas. Mario Carreño falleció el 20 de diciembre de 1999. Un hombre excepcional y sencillo, que sin saberlo cruzó el umbral universal y pasó a formar parte para siempre de la ‘cronología de la memoria’.
