Lluís Domingo Abelló (1917-1993) - El valle





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Pintura al óleo de Lluís Domingo Abelló (1917-1993) titulada El valle, edición original de 1990-2000, firmada a mano, 37 × 55 cm, realizada en España y puesta a la venta por Galería, en buen estado.
Descripción del vendedor
Pictura Galeria presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Domingo Abelló, que representa un luminoso paisaje rural de inspiración mediterránea, formado por altos cipreses, campos fértiles y colinas cálidas que transmiten serenidad, vitalidad y conexión con la naturaleza. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones de la obra: 37x55x1 cm.
· Óleo sobre tabla firmado a mano por el artista en la esquina derecha de la obra, Domingo Abelló.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
La obra será embalada de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta un paisaje rural de extraordinaria vitalidad, dominado por una vegetación abundante y por la presencia vertical de varios árboles esbeltos que se elevan hacia el cielo. La escena se extiende en profundidad mediante una sucesión de campos, arbustos, colinas y caminos cromáticos, componiendo una visión luminosa de la naturaleza. Todo el paisaje parece encontrarse en plena expansión, como si la tierra estuviera atravesando uno de sus momentos de mayor fertilidad y esplendor.
En primer plano aparece una franja de vegetación densa, construida a partir de verdes profundos, azules oscuros, tonos tierra y pequeños destellos amarillentos. Esta zona posee una intensidad especial y funciona como una entrada visual al paisaje. Las formas entrelazadas sugieren hojas, ramas, matorrales y cultivos que crecen de manera vigorosa, creando una barrera natural desde la cual la mirada comienza a avanzar hacia las tierras del fondo.
La oscuridad del primer plano contrasta con la luminosidad de los campos situados en la zona central. Allí predominan los verdes claros, amarillos y ocres, que parecen recoger la luz del sol y extenderla por toda la superficie. Las distintas parcelas se suceden de manera irregular, como retazos de tierra cultivada que siguen las ondulaciones naturales del terreno. Esta combinación aporta profundidad y transmite la sensación de contemplar una campiña amplia, fértil y bañada por una claridad cálida.
Los árboles altos constituyen uno de los elementos más característicos de la composición. Sus siluetas estrechas y verticales atraviesan el paisaje y aportan estructura a la escena, interrumpiendo la horizontalidad de los campos y las colinas. Los ejemplares situados a la izquierda forman un grupo compacto y majestuoso, mientras los de la derecha aparecen algo más separados, estableciendo un ritmo visual que conduce la mirada de un extremo al otro del cuadro.
La variedad de verdes utilizada para representar los árboles les concede una presencia viva y cambiante. En sus copas y troncos aparecen verdes esmeralda, turquesas, oliva y tonos casi negros, acompañados por pequeños reflejos amarillos y azulados. Estos matices sugieren la incidencia irregular de la luz y hacen que cada árbol parezca vibrar dentro del ambiente. Sus formas no son rígidas, sino orgánicas y dinámicas, como si se movieran suavemente bajo la acción del viento.
En el plano medio, las zonas amarillas introducen una poderosa sensación de calidez. Pueden evocar campos iluminados, cultivos maduros o extensiones de vegetación seca por el sol, aportando al paisaje una atmósfera vinculada al final de la primavera o al comienzo del verano. Estos amarillos se mezclan con verdes suaves, rojizos y marrones, creando una tierra llena de variaciones y reflejando la diversidad cromática propia del entorno mediterráneo.
Las colinas del fondo aparecen construidas con tonos rojizos, anaranjados, ocres y violetas apagados. Sus perfiles ondulados marcan el límite entre la tierra y el cielo sin cerrar completamente la composición. Al contrario, su disposición genera una sensación de continuidad, como si el paisaje siguiera extendiéndose más allá de lo visible. Las zonas más cálidas de las montañas aportan equilibrio a los verdes dominantes y enriquecen la atmósfera general.
El cielo ocupa una franja amplia y luminosa, dominada por verdes pálidos, amarillos suaves, grises claros y delicados matices azulados. En lugar de presentarse como una superficie uniforme, aparece lleno de cambios de luz que parecen anunciar una jornada cálida y ligeramente brumosa. Su claridad envuelve las copas de los árboles y suaviza las formas lejanas, contribuyendo a crear profundidad y una sensación de amplitud serena.
La composición establece un diálogo constante entre verticalidad y horizontalidad. Los árboles se elevan con firmeza, mientras los campos, caminos y colinas se despliegan lateralmente en sucesivas franjas. Esta combinación concede equilibrio y movimiento a la escena. La mirada puede recorrer el paisaje lentamente, detenerse en los contrastes del primer plano, avanzar por las tierras iluminadas y terminar descansando sobre las montañas y el cielo.
El color desempeña un papel esencial en la creación de la atmósfera. Los verdes representan la fuerza de la vegetación, los amarillos comunican luz y vitalidad, los tonos oscuros aportan profundidad y los ocres y rojizos recuerdan la calidez de la tierra. La interacción entre estas tonalidades hace que el paisaje no sea únicamente una representación de un lugar, sino también una expresión emocional de la naturaleza en plenitud.
La ausencia de figuras humanas intensifica la sensación de calma y permite que el territorio se convierta en el verdadero protagonista. Sin embargo, la organización de los campos y las distintas franjas de cultivo sugieren una presencia humana discreta, manifestada a través del cuidado de la tierra. Así, la escena combina la espontaneidad de la vegetación con la huella silenciosa de la vida rural, transmitiendo armonía entre naturaleza y tradición.
El paisaje posee una cualidad evocadora que puede recordar las campiñas mediterráneas, con sus árboles estilizados, sus campos soleados y sus colinas cálidas. La escena invita a imaginar el sonido del viento entre las hojas, el aroma de la tierra y la quietud de una tarde en el campo. Su riqueza cromática despierta una agradable sensación de bienestar, convirtiendo la contemplación en una experiencia luminosa y envolvente.
En conjunto, la obra ofrece una celebración intensa y colorida del paisaje rural, donde los árboles, los campos y las colinas se unen en una composición llena de movimiento, luz y profundidad. La fuerza de los verdes, el resplandor de los amarillos y la calidez de las tierras lejanas transmiten una naturaleza fértil y generosa. Es una imagen que evoca serenidad, libertad y conexión con el entorno, capaz de llenar cualquier espacio de frescura, energía y una elegante sensibilidad mediterránea.
Pictura Galeria presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Domingo Abelló, que representa un luminoso paisaje rural de inspiración mediterránea, formado por altos cipreses, campos fértiles y colinas cálidas que transmiten serenidad, vitalidad y conexión con la naturaleza. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones de la obra: 37x55x1 cm.
· Óleo sobre tabla firmado a mano por el artista en la esquina derecha de la obra, Domingo Abelló.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
La obra será embalada de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta un paisaje rural de extraordinaria vitalidad, dominado por una vegetación abundante y por la presencia vertical de varios árboles esbeltos que se elevan hacia el cielo. La escena se extiende en profundidad mediante una sucesión de campos, arbustos, colinas y caminos cromáticos, componiendo una visión luminosa de la naturaleza. Todo el paisaje parece encontrarse en plena expansión, como si la tierra estuviera atravesando uno de sus momentos de mayor fertilidad y esplendor.
En primer plano aparece una franja de vegetación densa, construida a partir de verdes profundos, azules oscuros, tonos tierra y pequeños destellos amarillentos. Esta zona posee una intensidad especial y funciona como una entrada visual al paisaje. Las formas entrelazadas sugieren hojas, ramas, matorrales y cultivos que crecen de manera vigorosa, creando una barrera natural desde la cual la mirada comienza a avanzar hacia las tierras del fondo.
La oscuridad del primer plano contrasta con la luminosidad de los campos situados en la zona central. Allí predominan los verdes claros, amarillos y ocres, que parecen recoger la luz del sol y extenderla por toda la superficie. Las distintas parcelas se suceden de manera irregular, como retazos de tierra cultivada que siguen las ondulaciones naturales del terreno. Esta combinación aporta profundidad y transmite la sensación de contemplar una campiña amplia, fértil y bañada por una claridad cálida.
Los árboles altos constituyen uno de los elementos más característicos de la composición. Sus siluetas estrechas y verticales atraviesan el paisaje y aportan estructura a la escena, interrumpiendo la horizontalidad de los campos y las colinas. Los ejemplares situados a la izquierda forman un grupo compacto y majestuoso, mientras los de la derecha aparecen algo más separados, estableciendo un ritmo visual que conduce la mirada de un extremo al otro del cuadro.
La variedad de verdes utilizada para representar los árboles les concede una presencia viva y cambiante. En sus copas y troncos aparecen verdes esmeralda, turquesas, oliva y tonos casi negros, acompañados por pequeños reflejos amarillos y azulados. Estos matices sugieren la incidencia irregular de la luz y hacen que cada árbol parezca vibrar dentro del ambiente. Sus formas no son rígidas, sino orgánicas y dinámicas, como si se movieran suavemente bajo la acción del viento.
En el plano medio, las zonas amarillas introducen una poderosa sensación de calidez. Pueden evocar campos iluminados, cultivos maduros o extensiones de vegetación seca por el sol, aportando al paisaje una atmósfera vinculada al final de la primavera o al comienzo del verano. Estos amarillos se mezclan con verdes suaves, rojizos y marrones, creando una tierra llena de variaciones y reflejando la diversidad cromática propia del entorno mediterráneo.
Las colinas del fondo aparecen construidas con tonos rojizos, anaranjados, ocres y violetas apagados. Sus perfiles ondulados marcan el límite entre la tierra y el cielo sin cerrar completamente la composición. Al contrario, su disposición genera una sensación de continuidad, como si el paisaje siguiera extendiéndose más allá de lo visible. Las zonas más cálidas de las montañas aportan equilibrio a los verdes dominantes y enriquecen la atmósfera general.
El cielo ocupa una franja amplia y luminosa, dominada por verdes pálidos, amarillos suaves, grises claros y delicados matices azulados. En lugar de presentarse como una superficie uniforme, aparece lleno de cambios de luz que parecen anunciar una jornada cálida y ligeramente brumosa. Su claridad envuelve las copas de los árboles y suaviza las formas lejanas, contribuyendo a crear profundidad y una sensación de amplitud serena.
La composición establece un diálogo constante entre verticalidad y horizontalidad. Los árboles se elevan con firmeza, mientras los campos, caminos y colinas se despliegan lateralmente en sucesivas franjas. Esta combinación concede equilibrio y movimiento a la escena. La mirada puede recorrer el paisaje lentamente, detenerse en los contrastes del primer plano, avanzar por las tierras iluminadas y terminar descansando sobre las montañas y el cielo.
El color desempeña un papel esencial en la creación de la atmósfera. Los verdes representan la fuerza de la vegetación, los amarillos comunican luz y vitalidad, los tonos oscuros aportan profundidad y los ocres y rojizos recuerdan la calidez de la tierra. La interacción entre estas tonalidades hace que el paisaje no sea únicamente una representación de un lugar, sino también una expresión emocional de la naturaleza en plenitud.
La ausencia de figuras humanas intensifica la sensación de calma y permite que el territorio se convierta en el verdadero protagonista. Sin embargo, la organización de los campos y las distintas franjas de cultivo sugieren una presencia humana discreta, manifestada a través del cuidado de la tierra. Así, la escena combina la espontaneidad de la vegetación con la huella silenciosa de la vida rural, transmitiendo armonía entre naturaleza y tradición.
El paisaje posee una cualidad evocadora que puede recordar las campiñas mediterráneas, con sus árboles estilizados, sus campos soleados y sus colinas cálidas. La escena invita a imaginar el sonido del viento entre las hojas, el aroma de la tierra y la quietud de una tarde en el campo. Su riqueza cromática despierta una agradable sensación de bienestar, convirtiendo la contemplación en una experiencia luminosa y envolvente.
En conjunto, la obra ofrece una celebración intensa y colorida del paisaje rural, donde los árboles, los campos y las colinas se unen en una composición llena de movimiento, luz y profundidad. La fuerza de los verdes, el resplandor de los amarillos y la calidez de las tierras lejanas transmiten una naturaleza fértil y generosa. Es una imagen que evoca serenidad, libertad y conexión con el entorno, capaz de llenar cualquier espacio de frescura, energía y una elegante sensibilidad mediterránea.

