Joan Torres de Torres (1953) - Costa mediterránea





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Joan Torres de Torres (1953) presenta Costa mediterránea, una obra original al óleo sobre lienzo firmada por el artista en la esquina inferior izquierda, en buen estado, vendida con marco, medidas de la obra 38 x 55 cm (marco 41 x 58 x 4 cm), periodo 1990–2000.
Descripción del vendedor
Pictura Galeria presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Torres de Torres, que representa una bahía serena con una playa curvada y un pequeño pueblo costero protegido por las montañas, en una atmósfera de calma, silencio y suave melancolía. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones del marco: 41x58x4 cm.
· Dimensiones de la obra: 38x55 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la esquina izquierda de la obra, Torres de Torres.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
La obra será embalada de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro representa una tranquila bahía costera contemplada desde una perspectiva elevada, donde una playa de arena describe una suave curva hasta encontrarse con un pequeño núcleo de casas situado al pie de las colinas. La composición está dominada por la amplitud del agua, que ocupa gran parte de la superficie y transmite una sensación inmediata de profundidad, silencio y contemplación. El paisaje aparece envuelto en una luz tenue que unifica el mar, la costa y las montañas bajo una atmósfera serena y ligeramente misteriosa.
La playa se extiende desde el margen izquierdo y avanza en diagonal hacia el centro de la escena. Su forma curva crea un recorrido natural que conduce la mirada desde el primer plano hasta las construcciones del fondo. Los tonos ocres, beige, dorados apagados y marrones suaves diferencian la arena del agua y aportan una nota cálida dentro de una composición dominada por colores fríos.
La línea donde el mar alcanza la orilla está marcada por una sucesión de pequeños reflejos blancos y grisáceos. Estas franjas luminosas sugieren el movimiento suave de las olas al romper sobre la arena. El oleaje parece tranquilo, sin violencia, reforzando la impresión de una bahía protegida y de una jornada en la que la naturaleza permanece en reposo.
El agua se convierte en la gran protagonista visual de la obra. Los verdes profundos, azules grisáceos, turquesas apagados y violetas se mezclan formando una superficie cambiante y llena de matices. Las variaciones de color evocan la profundidad del mar, el reflejo del cielo y la presencia de corrientes que recorren discretamente la bahía.
En las zonas más cercanas a la orilla aparecen reflejos claros que aportan movimiento y luminosidad. A medida que la mirada avanza hacia el centro, el agua adquiere tonalidades más oscuras y densas, creando una sensación de profundidad. Hacia la derecha, algunos azules y verdes más claros vuelven a iluminar la superficie, estableciendo un delicado equilibrio entre luz y sombra.
La amplitud del mar proporciona un espacio de respiración frente a la riqueza de detalles concentrada en el horizonte. La ausencia de embarcaciones y figuras humanas intensifica la sensación de quietud, como si la escena hubiera sido capturada en un momento especialmente silencioso. Esta calma convierte la bahía en un espacio íntimo, apartado del movimiento cotidiano.
En el fondo aparece un pequeño pueblo costero formado por casas claras y tejados rojizos. Las construcciones se agrupan cerca del agua y se distribuyen de manera irregular a lo largo de la costa. Sus tonos blancos y crema destacan sobre los verdes oscuros de la vegetación, aportando pequeños puntos de luz que animan el horizonte sin romper la serenidad general.
La población parece integrarse plenamente en el paisaje. Las casas no dominan la naturaleza, sino que se acomodan entre la orilla y las laderas, siguiendo las formas del terreno. Esta relación armoniosa entre arquitectura, montaña y mar transmite una idea de arraigo y de vida vinculada estrechamente al entorno costero.
Detrás del pueblo se elevan varias colinas cubiertas de vegetación. Sus perfiles amplios y ondulados cierran la bahía y crean la impresión de un espacio protegido. Los verdes oliva, marrones, grises y tonos casi negros se distribuyen por las laderas, mientras algunas pequeñas manchas claras sugieren viviendas dispersas o zonas iluminadas a lo lejos.
La montaña situada en el centro posee una presencia especialmente destacada. Su pendiente desciende suavemente hacia el agua y enmarca la población costera. Las zonas oscuras de su superficie contrastan con las casas claras situadas en la base, reforzando la profundidad y haciendo que el pueblo parezca todavía más pequeño frente a la grandeza del paisaje.
El cielo ocupa una franja relativamente estrecha en la parte superior y aparece compuesto por grises, blancos cálidos y ligeros matices verdosos. Su tonalidad apagada sugiere una jornada nublada, quizá en las primeras horas de la mañana o al final de la tarde. La luz difusa evita los contrastes bruscos y envuelve la escena en una atmósfera uniforme, suave y melancólica.
La composición se articula mediante una elegante sucesión de líneas curvas y horizontales. La orilla guía la mirada hacia el pueblo, la superficie del agua crea amplitud y las montañas cierran el recorrido en la distancia. Este equilibrio entre apertura y protección concede a la escena una estructura armónica y favorece una contemplación lenta y pausada.
El paisaje despierta una intensa sensación de nostalgia. La playa vacía, el pueblo silencioso y la luz contenida parecen conservar el recuerdo de un lugar conocido o de una jornada pasada junto al mar. No hay ningún acontecimiento concreto, pero precisamente esa ausencia permite que el espectador proyecte sus propias memorias y emociones sobre la escena.
También se percibe una profunda conexión entre la costa y la vida cotidiana del pueblo. Las casas cercanas al agua sugieren una comunidad históricamente vinculada al mar, a sus cambios y a sus ritmos. La bahía aparece así no solo como un elemento natural, sino como el centro silencioso alrededor del cual se organiza todo el paisaje.
En conjunto, la obra ofrece una visión íntima y envolvente de una bahía tranquila, con su playa curvada, sus aguas profundas y un pequeño pueblo resguardado entre verdes colinas. La armonía de los tonos fríos, la luz difusa y la ausencia de movimiento crean una atmósfera de calma, melancolía y belleza atemporal. Es un paisaje capaz de aportar serenidad y profundidad a cualquier espacio, evocando el silencio del mar y la emoción de contemplar la costa desde la distancia.
Pictura Galeria presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Torres de Torres, que representa una bahía serena con una playa curvada y un pequeño pueblo costero protegido por las montañas, en una atmósfera de calma, silencio y suave melancolía. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones del marco: 41x58x4 cm.
· Dimensiones de la obra: 38x55 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la esquina izquierda de la obra, Torres de Torres.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
La obra será embalada de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro representa una tranquila bahía costera contemplada desde una perspectiva elevada, donde una playa de arena describe una suave curva hasta encontrarse con un pequeño núcleo de casas situado al pie de las colinas. La composición está dominada por la amplitud del agua, que ocupa gran parte de la superficie y transmite una sensación inmediata de profundidad, silencio y contemplación. El paisaje aparece envuelto en una luz tenue que unifica el mar, la costa y las montañas bajo una atmósfera serena y ligeramente misteriosa.
La playa se extiende desde el margen izquierdo y avanza en diagonal hacia el centro de la escena. Su forma curva crea un recorrido natural que conduce la mirada desde el primer plano hasta las construcciones del fondo. Los tonos ocres, beige, dorados apagados y marrones suaves diferencian la arena del agua y aportan una nota cálida dentro de una composición dominada por colores fríos.
La línea donde el mar alcanza la orilla está marcada por una sucesión de pequeños reflejos blancos y grisáceos. Estas franjas luminosas sugieren el movimiento suave de las olas al romper sobre la arena. El oleaje parece tranquilo, sin violencia, reforzando la impresión de una bahía protegida y de una jornada en la que la naturaleza permanece en reposo.
El agua se convierte en la gran protagonista visual de la obra. Los verdes profundos, azules grisáceos, turquesas apagados y violetas se mezclan formando una superficie cambiante y llena de matices. Las variaciones de color evocan la profundidad del mar, el reflejo del cielo y la presencia de corrientes que recorren discretamente la bahía.
En las zonas más cercanas a la orilla aparecen reflejos claros que aportan movimiento y luminosidad. A medida que la mirada avanza hacia el centro, el agua adquiere tonalidades más oscuras y densas, creando una sensación de profundidad. Hacia la derecha, algunos azules y verdes más claros vuelven a iluminar la superficie, estableciendo un delicado equilibrio entre luz y sombra.
La amplitud del mar proporciona un espacio de respiración frente a la riqueza de detalles concentrada en el horizonte. La ausencia de embarcaciones y figuras humanas intensifica la sensación de quietud, como si la escena hubiera sido capturada en un momento especialmente silencioso. Esta calma convierte la bahía en un espacio íntimo, apartado del movimiento cotidiano.
En el fondo aparece un pequeño pueblo costero formado por casas claras y tejados rojizos. Las construcciones se agrupan cerca del agua y se distribuyen de manera irregular a lo largo de la costa. Sus tonos blancos y crema destacan sobre los verdes oscuros de la vegetación, aportando pequeños puntos de luz que animan el horizonte sin romper la serenidad general.
La población parece integrarse plenamente en el paisaje. Las casas no dominan la naturaleza, sino que se acomodan entre la orilla y las laderas, siguiendo las formas del terreno. Esta relación armoniosa entre arquitectura, montaña y mar transmite una idea de arraigo y de vida vinculada estrechamente al entorno costero.
Detrás del pueblo se elevan varias colinas cubiertas de vegetación. Sus perfiles amplios y ondulados cierran la bahía y crean la impresión de un espacio protegido. Los verdes oliva, marrones, grises y tonos casi negros se distribuyen por las laderas, mientras algunas pequeñas manchas claras sugieren viviendas dispersas o zonas iluminadas a lo lejos.
La montaña situada en el centro posee una presencia especialmente destacada. Su pendiente desciende suavemente hacia el agua y enmarca la población costera. Las zonas oscuras de su superficie contrastan con las casas claras situadas en la base, reforzando la profundidad y haciendo que el pueblo parezca todavía más pequeño frente a la grandeza del paisaje.
El cielo ocupa una franja relativamente estrecha en la parte superior y aparece compuesto por grises, blancos cálidos y ligeros matices verdosos. Su tonalidad apagada sugiere una jornada nublada, quizá en las primeras horas de la mañana o al final de la tarde. La luz difusa evita los contrastes bruscos y envuelve la escena en una atmósfera uniforme, suave y melancólica.
La composición se articula mediante una elegante sucesión de líneas curvas y horizontales. La orilla guía la mirada hacia el pueblo, la superficie del agua crea amplitud y las montañas cierran el recorrido en la distancia. Este equilibrio entre apertura y protección concede a la escena una estructura armónica y favorece una contemplación lenta y pausada.
El paisaje despierta una intensa sensación de nostalgia. La playa vacía, el pueblo silencioso y la luz contenida parecen conservar el recuerdo de un lugar conocido o de una jornada pasada junto al mar. No hay ningún acontecimiento concreto, pero precisamente esa ausencia permite que el espectador proyecte sus propias memorias y emociones sobre la escena.
También se percibe una profunda conexión entre la costa y la vida cotidiana del pueblo. Las casas cercanas al agua sugieren una comunidad históricamente vinculada al mar, a sus cambios y a sus ritmos. La bahía aparece así no solo como un elemento natural, sino como el centro silencioso alrededor del cual se organiza todo el paisaje.
En conjunto, la obra ofrece una visión íntima y envolvente de una bahía tranquila, con su playa curvada, sus aguas profundas y un pequeño pueblo resguardado entre verdes colinas. La armonía de los tonos fríos, la luz difusa y la ausencia de movimiento crean una atmósfera de calma, melancolía y belleza atemporal. Es un paisaje capaz de aportar serenidad y profundidad a cualquier espacio, evocando el silencio del mar y la emoción de contemplar la costa desde la distancia.

