Josep Soler (1941) - El rebaño





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Josep Soler (1941), El rebaño, óleo sobre tela, original, periodo 2000–2010, 58 x 72 cm con marco (46 x 61 cm sin marco), firmado a mano, en buen estado, vendido con marco por Galería, España.
Descripción del vendedor
Pictura Galeria presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Josep Soler, que representa a un pastor conduciendo su rebaño por un camino entre verdes prados, árboles otoñales y montañas azuladas, evocando la serenidad y la tradición de la vida rural. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones con marco: 58x72x5 cm.
· Dimensiones sin marco: 46x61 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la parte inferior derecha.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
La obra será embalada de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro representa una escena pastoril de gran belleza en la que un numeroso rebaño de ovejas avanza por un camino rural, conducido por la figura solitaria de un pastor. El paisaje se abre ante ellas mediante extensos prados verdes, altos árboles casi desnudos y montañas azuladas que se elevan en la distancia. La composición transmite una profunda sensación de serenidad y conecta al espectador con una forma de vida tradicional marcada por la naturaleza, el trabajo y el ritmo lento de las estaciones.
El camino nace en la parte inferior y se adentra suavemente en la escena, creando un recorrido visual que conduce la mirada hacia el centro del paisaje. Sus tonos beige, ocres y grisáceos contrastan con los verdes luminosos de los prados. La forma ligeramente sinuosa del sendero aporta profundidad y permite imaginar el avance continuo del rebaño hacia las zonas abiertas que se extienden más allá de los árboles.
Las ovejas ocupan una parte destacada del primer plano y aparecen reunidas en un grupo compacto. Sus cuerpos claros forman una masa ondulante que anima la composición y comunica movimiento. Aunque comparten una misma dirección, cada animal presenta una posición diferente: algunos caminan en el centro, otros se desplazan hacia los márgenes y unos pocos parecen haberse detenido para observar el terreno.
Los tonos blancos, crema y beige de los animales resaltan con fuerza sobre el sendero y la vegetación. Pequeños acentos marrones, grises y negros permiten distinguir sus cabezas, patas y sombras, aportando variedad al conjunto. La repetición de sus formas crea un ritmo natural y hace que el rebaño parezca avanzar lentamente, llenando el camino con su presencia.
En la zona izquierda aparece un animal separado del grupo, situado en un nivel ligeramente más bajo del terreno. Este detalle aporta espontaneidad y rompe la regularidad del rebaño, sugiriendo el comportamiento imprevisible propio de los animales. Su presencia amplía la escena hacia el margen y refuerza la idea de que el pastor debe vigilar constantemente el movimiento de todo el conjunto.
El pastor se distingue en el centro del rebaño mediante una silueta oscura y vertical. Su pequeña escala frente a la amplitud del paisaje y al número de ovejas destaca la humildad de su labor. A pesar de aparecer de espaldas y sin rasgos definidos, su posición transmite autoridad, experiencia y una silenciosa conexión con los animales que conduce.
La figura humana funciona como un importante punto de referencia dentro de la composición. Su presencia permite comprender el tamaño del paisaje y añade una dimensión narrativa. El espectador puede imaginar que el pastor guía al rebaño hacia nuevos pastos, regresa al refugio al final de la jornada o realiza una ruta repetida durante generaciones a través de este mismo territorio.
Tres grandes árboles se elevan en la zona central y organizan visualmente la escena. Sus troncos oscuros y robustos contrastan con la luminosidad de los campos y crean una especie de puerta natural por la que pasa el camino. Las ramas se extienden hacia el cielo y conservan únicamente algunas hojas rojizas, amarillas y verdes, indicando la llegada del otoño.
Las escasas hojas parecen desprenderse y flotar alrededor de las ramas, introduciendo una delicada sensación de movimiento. Sus tonalidades cálidas aportan pequeños destellos sobre el predominio de azules y verdes. Estos detalles estacionales enriquecen la escena y recuerdan el paso del tiempo, la transformación del paisaje y la continuidad de la vida rural a través de los distintos ciclos del año.
Los prados se extienden a ambos lados del sendero mediante una amplia variedad de verdes, amarillos y ocres. Algunas zonas aparecen intensamente iluminadas, mientras otras permanecen bajo sombras azuladas proyectadas por los árboles. Este juego de claridad y penumbra aporta volumen al terreno y sugiere una luz cambiante que atraviesa las nubes.
En el plano medio se distingue una franja de árboles más densos que marca el comienzo del bosque. Sus siluetas oscuras forman un límite natural entre los prados y las montañas. A la derecha, un grupo de árboles altos y estrechos aporta verticalidad y equilibra la presencia de los tres grandes troncos centrales, ampliando el paisaje hacia el horizonte.
Las montañas del fondo aparecen envueltas en una atmósfera azulada y ligeramente brumosa. Sus perfiles suaves se superponen y generan una gran sensación de distancia. Los tonos celestes, violetas y grises reducen progresivamente la intensidad del paisaje, permitiendo que el primer plano conserve su luminosidad y que la escena adquiera una profundidad envolvente.
El cielo presenta verdes pálidos, azules suaves, blancos y pequeños matices amarillentos. Las nubes se extienden de manera ligera y dejan pasar una claridad fresca que ilumina los campos. Esta luz no resulta intensa, sino delicada y uniforme, propia de una jornada otoñal en la que el sol aparece suavizado por la atmósfera.
La obra transmite la armonía existente entre el ser humano, los animales y el territorio. El pastor no domina el paisaje, sino que forma parte de él, del mismo modo que el camino, los árboles y el rebaño. Todo parece responder a un equilibrio antiguo en el que el trabajo cotidiano se desarrolla respetando los ritmos naturales y la transformación de las estaciones.
También se percibe una suave nostalgia por una vida sencilla y cercana a la tierra. El sendero, el rebaño y la figura solitaria evocan tradiciones que se han repetido durante siglos. Sin necesidad de mostrar una acción extraordinaria, la escena convierte un instante habitual del pastoreo en una imagen llena de dignidad, poesía y emoción.
En conjunto, la obra ofrece una visión luminosa y profundamente evocadora de un pastor guiando su rebaño a través de un paisaje montañoso en otoño. La claridad de los prados, la verticalidad de los árboles, la presencia serena de las ovejas y la profundidad azulada de las montañas crean una composición equilibrada y llena de vida. Es una escena que transmite paz, tradición y conexión con la naturaleza, capaz de aportar calidez y una elegante sensibilidad rural a cualquier espacio.
Pictura Galeria presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Josep Soler, que representa a un pastor conduciendo su rebaño por un camino entre verdes prados, árboles otoñales y montañas azuladas, evocando la serenidad y la tradición de la vida rural. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones con marco: 58x72x5 cm.
· Dimensiones sin marco: 46x61 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la parte inferior derecha.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
La obra será embalada de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro representa una escena pastoril de gran belleza en la que un numeroso rebaño de ovejas avanza por un camino rural, conducido por la figura solitaria de un pastor. El paisaje se abre ante ellas mediante extensos prados verdes, altos árboles casi desnudos y montañas azuladas que se elevan en la distancia. La composición transmite una profunda sensación de serenidad y conecta al espectador con una forma de vida tradicional marcada por la naturaleza, el trabajo y el ritmo lento de las estaciones.
El camino nace en la parte inferior y se adentra suavemente en la escena, creando un recorrido visual que conduce la mirada hacia el centro del paisaje. Sus tonos beige, ocres y grisáceos contrastan con los verdes luminosos de los prados. La forma ligeramente sinuosa del sendero aporta profundidad y permite imaginar el avance continuo del rebaño hacia las zonas abiertas que se extienden más allá de los árboles.
Las ovejas ocupan una parte destacada del primer plano y aparecen reunidas en un grupo compacto. Sus cuerpos claros forman una masa ondulante que anima la composición y comunica movimiento. Aunque comparten una misma dirección, cada animal presenta una posición diferente: algunos caminan en el centro, otros se desplazan hacia los márgenes y unos pocos parecen haberse detenido para observar el terreno.
Los tonos blancos, crema y beige de los animales resaltan con fuerza sobre el sendero y la vegetación. Pequeños acentos marrones, grises y negros permiten distinguir sus cabezas, patas y sombras, aportando variedad al conjunto. La repetición de sus formas crea un ritmo natural y hace que el rebaño parezca avanzar lentamente, llenando el camino con su presencia.
En la zona izquierda aparece un animal separado del grupo, situado en un nivel ligeramente más bajo del terreno. Este detalle aporta espontaneidad y rompe la regularidad del rebaño, sugiriendo el comportamiento imprevisible propio de los animales. Su presencia amplía la escena hacia el margen y refuerza la idea de que el pastor debe vigilar constantemente el movimiento de todo el conjunto.
El pastor se distingue en el centro del rebaño mediante una silueta oscura y vertical. Su pequeña escala frente a la amplitud del paisaje y al número de ovejas destaca la humildad de su labor. A pesar de aparecer de espaldas y sin rasgos definidos, su posición transmite autoridad, experiencia y una silenciosa conexión con los animales que conduce.
La figura humana funciona como un importante punto de referencia dentro de la composición. Su presencia permite comprender el tamaño del paisaje y añade una dimensión narrativa. El espectador puede imaginar que el pastor guía al rebaño hacia nuevos pastos, regresa al refugio al final de la jornada o realiza una ruta repetida durante generaciones a través de este mismo territorio.
Tres grandes árboles se elevan en la zona central y organizan visualmente la escena. Sus troncos oscuros y robustos contrastan con la luminosidad de los campos y crean una especie de puerta natural por la que pasa el camino. Las ramas se extienden hacia el cielo y conservan únicamente algunas hojas rojizas, amarillas y verdes, indicando la llegada del otoño.
Las escasas hojas parecen desprenderse y flotar alrededor de las ramas, introduciendo una delicada sensación de movimiento. Sus tonalidades cálidas aportan pequeños destellos sobre el predominio de azules y verdes. Estos detalles estacionales enriquecen la escena y recuerdan el paso del tiempo, la transformación del paisaje y la continuidad de la vida rural a través de los distintos ciclos del año.
Los prados se extienden a ambos lados del sendero mediante una amplia variedad de verdes, amarillos y ocres. Algunas zonas aparecen intensamente iluminadas, mientras otras permanecen bajo sombras azuladas proyectadas por los árboles. Este juego de claridad y penumbra aporta volumen al terreno y sugiere una luz cambiante que atraviesa las nubes.
En el plano medio se distingue una franja de árboles más densos que marca el comienzo del bosque. Sus siluetas oscuras forman un límite natural entre los prados y las montañas. A la derecha, un grupo de árboles altos y estrechos aporta verticalidad y equilibra la presencia de los tres grandes troncos centrales, ampliando el paisaje hacia el horizonte.
Las montañas del fondo aparecen envueltas en una atmósfera azulada y ligeramente brumosa. Sus perfiles suaves se superponen y generan una gran sensación de distancia. Los tonos celestes, violetas y grises reducen progresivamente la intensidad del paisaje, permitiendo que el primer plano conserve su luminosidad y que la escena adquiera una profundidad envolvente.
El cielo presenta verdes pálidos, azules suaves, blancos y pequeños matices amarillentos. Las nubes se extienden de manera ligera y dejan pasar una claridad fresca que ilumina los campos. Esta luz no resulta intensa, sino delicada y uniforme, propia de una jornada otoñal en la que el sol aparece suavizado por la atmósfera.
La obra transmite la armonía existente entre el ser humano, los animales y el territorio. El pastor no domina el paisaje, sino que forma parte de él, del mismo modo que el camino, los árboles y el rebaño. Todo parece responder a un equilibrio antiguo en el que el trabajo cotidiano se desarrolla respetando los ritmos naturales y la transformación de las estaciones.
También se percibe una suave nostalgia por una vida sencilla y cercana a la tierra. El sendero, el rebaño y la figura solitaria evocan tradiciones que se han repetido durante siglos. Sin necesidad de mostrar una acción extraordinaria, la escena convierte un instante habitual del pastoreo en una imagen llena de dignidad, poesía y emoción.
En conjunto, la obra ofrece una visión luminosa y profundamente evocadora de un pastor guiando su rebaño a través de un paisaje montañoso en otoño. La claridad de los prados, la verticalidad de los árboles, la presencia serena de las ovejas y la profundidad azulada de las montañas crean una composición equilibrada y llena de vida. Es una escena que transmite paz, tradición y conexión con la naturaleza, capaz de aportar calidez y una elegante sensibilidad rural a cualquier espacio.

