Raúl Martínez Ildeforn (1933-2006) - Uvas y vino






Máster en Innovación y Organización de las Artes, diez años en arte italiano contemporáneo.
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Pintura original al óleo sobre tabla de Raúl Martínez Ildeforn (1933–2006) titulada Uvas y vino, periodo 1990-2000, firmado a mano, Edición Original, 46×38 cm con marco (4 cm de marco), en buen estado y vendida con marco por Galería en España.
Descripción del vendedor
Pictura Galeria presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Raúl Martínez, que representa una copa de vino tinto junto a un racimo de uvas verdes sobre una mesa de madera, evocando la vendimia, la abundancia de la tierra y el placer sereno de disfrutar de los pequeños momentos. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones con marco: 46x38x4 cm.
· Dimensiones sin marco: 30x23 cm.
· Óleo sobre tabla firmado a mano por el artista en la parte inferior derecha.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
La obra será embalada de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta una naturaleza muerta de composición sobria y elegante, protagonizada por una copa de vino tinto y un racimo de uvas verdes dispuestos sobre una mesa de madera. La escena se construye a partir de elementos sencillos, pero cargados de significado, capaces de evocar el placer de una pausa tranquila, la abundancia de la tierra y la tradición vinculada al vino. El fondo de tablones, de tonalidades cálidas y aspecto rústico, envuelve el conjunto en una atmósfera íntima, serena y acogedora.
La copa ocupa la zona izquierda de la composición y se alza con una silueta fina y estilizada. Su presencia vertical contrasta con la disposición más baja y extendida del racimo de uvas, creando un equilibrio visual muy atractivo. El cáliz, ligeramente abierto en la parte superior, contiene un vino de color rojo oscuro, intenso y profundo, cuya tonalidad introduce una nota de riqueza cromática frente a los verdes de la fruta y los marrones del entorno.
El vino presenta una gama de matices que abarca desde los rojos granates y burdeos hasta zonas casi negras en las partes más profundas. Cerca de los bordes aparecen reflejos rojizos más luminosos, que sugieren la transparencia del líquido y el paso de la luz a través del cristal. Esta variación concede a la bebida una apariencia densa y aterciopelada, despertando una inmediata asociación con el aroma, el sabor y la calidez de una copa disfrutada lentamente.
La parte superior de la copa contiene numerosos reflejos claros que definen su transparencia. Pequeños destellos blancos y grisáceos recorren el borde y los laterales del cristal, mostrando cómo la luz se fragmenta al atravesar su superficie. Estos detalles aportan delicadeza y ligereza al objeto, estableciendo un hermoso contraste con la presencia sólida y orgánica de las uvas.
El tallo estrecho de la copa desciende hasta una base redondeada que se apoya firmemente sobre la mesa. Su forma esbelta introduce una marcada sensación de elegancia y verticalidad. La base aparece definida mediante suaves zonas de luz y sombra que permiten percibir el grosor y la transparencia del cristal, mientras la sombra proyectada sobre la madera ayuda a integrar la copa en el espacio.
A la derecha se encuentra el racimo de uvas, dispuesto de manera natural sobre la superficie. Las frutas se agrupan formando un volumen compacto, aunque algunas se separan ligeramente y avanzan hacia el primer plano. Esta distribución irregular evita cualquier rigidez y transmite la sensación de que el racimo acaba de ser depositado sobre la mesa, conservando la espontaneidad de un gesto cotidiano.
Cada uva posee una forma redondeada y un volumen cuidadosamente diferenciado. Los verdes oliva, amarillentos y grisáceos se combinan con sombras más oscuras para dar cuerpo a cada fruto. Sobre muchas de ellas aparecen pequeños puntos luminosos que sugieren una superficie tersa y brillante, como si la fruta estuviera fresca y todavía conservara la luminosidad de una cosecha reciente.
Las uvas más próximas a la luz adquieren tonalidades verdes claras y doradas, mientras aquellas situadas en el interior del racimo quedan envueltas en sombras profundas. Esta alternancia permite distinguir las frutas individualmente y, al mismo tiempo, mantener la unidad del conjunto. Los espacios oscuros entre ellas acentúan su forma y generan una atractiva sensación de profundidad.
Dos uvas se han desprendido del racimo y descansan separadas en la zona delantera. Una permanece cerca del grupo principal, mientras la otra aparece más aislada sobre la mesa. Esta última se convierte en un pequeño punto de interés que rompe la uniformidad del espacio y conduce la mirada hacia el centro inferior de la escena. Su presencia aporta naturalidad y parece insinuar que alguien ha tocado o comenzado a disfrutar la fruta.
El tallo del racimo se eleva discretamente sobre las uvas mediante una forma seca, curva e irregular. Sus tonos marrones y rojizos contrastan con la redondez y frescura de los frutos. Este detalle recuerda el origen vegetal de las uvas y establece una conexión directa con la vid, el campo y la vendimia, incorporando a la escena una sutil referencia al ciclo natural del que procede el vino.
La sombra proyectada por el racimo se extiende hacia la derecha y refuerza su peso visual. Su tonalidad oscura contrasta intensamente con los verdes luminosos de las frutas y ayuda a definir el volumen del conjunto. La sombra no aparece como una forma completamente uniforme, sino que conserva pequeñas variaciones provocadas por la disposición de cada uva, aportando realismo y riqueza a la escena.
La mesa se muestra como una superficie amplia, sencilla y ligeramente envejecida. Sus tonos ocres, beige y marrones crean una base cálida que armoniza con el fondo. Las pequeñas marcas, irregularidades y variaciones de color visibles en la madera aportan carácter y sugieren el paso del tiempo, como si se tratara de una mesa antigua utilizada durante años en reuniones, comidas y celebraciones familiares.
En la parte inferior, el borde de la mesa aparece más oscuro y presenta algunas pequeñas señales de desgaste. Esta franja horizontal cierra visualmente la composición y refuerza la sensación de profundidad. Sus imperfecciones aportan autenticidad al entorno y contrastan con la delicadeza de la copa y la frescura de las uvas, creando un diálogo entre lo refinado y lo rústico.
El fondo está formado por grandes tablones verticales de madera que llenan completamente el espacio. Las vetas, nudos y cambios de tonalidad convierten esta superficie en un elemento expresivo por sí mismo. Los dibujos naturales de la madera introducen un ritmo vertical que acompaña la silueta de la copa y, al mismo tiempo, proporcionan un escenario cálido y discreto que permite destacar los objetos principales.
Los tonos marrones del fondo varían desde áreas doradas y rojizas hasta zonas más grisáceas y oscuras. Esta riqueza cromática evita que la madera resulte plana y contribuye a crear una atmósfera rural, tradicional y acogedora. Las líneas verticales de los tablones aportan orden y estabilidad, mientras sus vetas ondulantes introducen un movimiento suave que anima el espacio sin restar protagonismo a la naturaleza muerta.
La iluminación parece llegar desde la zona superior izquierda, incidiendo con mayor intensidad sobre la copa y las uvas más cercanas. La luz genera pequeños destellos sobre el cristal, ilumina la superficie de los frutos y deja el lado derecho del racimo en una sombra más profunda. Este recorrido luminoso conduce la mirada de manera natural desde la copa de vino hasta la fruta, uniendo visualmente ambos elementos.
La relación entre la copa y las uvas resulta esencial para comprender el significado de la obra. Ambos objetos comparten un mismo origen y representan dos momentos distintos de una transformación: la fruta recién recogida y la bebida obtenida de ella. La proximidad entre ambos crea una asociación inmediata con la vendimia, las bodegas, la tradición vitivinícola y el trabajo paciente que convierte el fruto de la tierra en vino.
La composición mantiene un equilibrio muy cuidado entre las líneas verticales y horizontales. La copa y los tablones del fondo introducen altura, mientras la mesa y la disposición extendida del racimo aportan estabilidad. Esta organización permite que los elementos respiren dentro del espacio y evita que la escena resulte recargada, conservando una agradable sensación de calma y orden.
La elección cromática refuerza el carácter acogedor del conjunto. Los verdes apagados de las uvas se complementan con el rojo intenso del vino, mientras los marrones y ocres de la madera actúan como una envolvente cálida. El contraste entre el rojo y el verde atrae inmediatamente la atención, pero se presenta de manera armoniosa gracias a las tonalidades terrosas que dominan el entorno.
Más allá de su apariencia cotidiana, la escena contiene un fuerte componente simbólico. Las uvas han sido tradicionalmente asociadas con la abundancia, la fertilidad, la prosperidad y los frutos de la tierra. La copa de vino, por su parte, puede representar la celebración, el encuentro y el disfrute compartido. Juntos forman una imagen que habla de generosidad, placer y gratitud por los pequeños dones de la vida.
La ausencia de figuras humanas intensifica la quietud del momento, aunque los objetos parecen anunciar una presencia cercana. La copa está servida y la fruta permanece al alcance de la mano, como si alguien acabara de preparar esta sencilla degustación y fuera a regresar en cualquier instante. Esta espera silenciosa despierta la imaginación y permite construir una historia alrededor de la escena.
Es fácil imaginar este conjunto en el interior de una casa de campo, una bodega o una estancia rústica al final de la tarde. La calidez de la madera y la profundidad del vino evocan conversaciones pausadas, reuniones íntimas y momentos disfrutados sin prisas. La obra transmite así una sensación de refugio y familiaridad, vinculada a los placeres sencillos y a la hospitalidad.
También se percibe una reflexión sobre el paso del tiempo. La madera envejecida recuerda la permanencia y la memoria, mientras las uvas frescas representan lo inmediato y lo efímero. El vino, fruto de un proceso lento y paciente, une simbólicamente ambos extremos, convirtiéndose en una imagen de maduración, espera y transformación.
En conjunto, la obra ofrece una naturaleza muerta cálida, equilibrada y profundamente evocadora, en la que una copa de vino tinto y un racimo de uvas verdes reposan sobre una mesa ante un fondo de madera. La intensidad del rojo, la frescura de los verdes y la riqueza de las tonalidades terrosas crean una atmósfera íntima y acogedora. La escena celebra la abundancia de la tierra, la tradición del vino y el placer de detenerse ante las cosas sencillas, transmitiendo serenidad, hospitalidad y una elegante invitación a disfrutar del momento.
Pictura Galeria presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Raúl Martínez, que representa una copa de vino tinto junto a un racimo de uvas verdes sobre una mesa de madera, evocando la vendimia, la abundancia de la tierra y el placer sereno de disfrutar de los pequeños momentos. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones con marco: 46x38x4 cm.
· Dimensiones sin marco: 30x23 cm.
· Óleo sobre tabla firmado a mano por el artista en la parte inferior derecha.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
La obra será embalada de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta una naturaleza muerta de composición sobria y elegante, protagonizada por una copa de vino tinto y un racimo de uvas verdes dispuestos sobre una mesa de madera. La escena se construye a partir de elementos sencillos, pero cargados de significado, capaces de evocar el placer de una pausa tranquila, la abundancia de la tierra y la tradición vinculada al vino. El fondo de tablones, de tonalidades cálidas y aspecto rústico, envuelve el conjunto en una atmósfera íntima, serena y acogedora.
La copa ocupa la zona izquierda de la composición y se alza con una silueta fina y estilizada. Su presencia vertical contrasta con la disposición más baja y extendida del racimo de uvas, creando un equilibrio visual muy atractivo. El cáliz, ligeramente abierto en la parte superior, contiene un vino de color rojo oscuro, intenso y profundo, cuya tonalidad introduce una nota de riqueza cromática frente a los verdes de la fruta y los marrones del entorno.
El vino presenta una gama de matices que abarca desde los rojos granates y burdeos hasta zonas casi negras en las partes más profundas. Cerca de los bordes aparecen reflejos rojizos más luminosos, que sugieren la transparencia del líquido y el paso de la luz a través del cristal. Esta variación concede a la bebida una apariencia densa y aterciopelada, despertando una inmediata asociación con el aroma, el sabor y la calidez de una copa disfrutada lentamente.
La parte superior de la copa contiene numerosos reflejos claros que definen su transparencia. Pequeños destellos blancos y grisáceos recorren el borde y los laterales del cristal, mostrando cómo la luz se fragmenta al atravesar su superficie. Estos detalles aportan delicadeza y ligereza al objeto, estableciendo un hermoso contraste con la presencia sólida y orgánica de las uvas.
El tallo estrecho de la copa desciende hasta una base redondeada que se apoya firmemente sobre la mesa. Su forma esbelta introduce una marcada sensación de elegancia y verticalidad. La base aparece definida mediante suaves zonas de luz y sombra que permiten percibir el grosor y la transparencia del cristal, mientras la sombra proyectada sobre la madera ayuda a integrar la copa en el espacio.
A la derecha se encuentra el racimo de uvas, dispuesto de manera natural sobre la superficie. Las frutas se agrupan formando un volumen compacto, aunque algunas se separan ligeramente y avanzan hacia el primer plano. Esta distribución irregular evita cualquier rigidez y transmite la sensación de que el racimo acaba de ser depositado sobre la mesa, conservando la espontaneidad de un gesto cotidiano.
Cada uva posee una forma redondeada y un volumen cuidadosamente diferenciado. Los verdes oliva, amarillentos y grisáceos se combinan con sombras más oscuras para dar cuerpo a cada fruto. Sobre muchas de ellas aparecen pequeños puntos luminosos que sugieren una superficie tersa y brillante, como si la fruta estuviera fresca y todavía conservara la luminosidad de una cosecha reciente.
Las uvas más próximas a la luz adquieren tonalidades verdes claras y doradas, mientras aquellas situadas en el interior del racimo quedan envueltas en sombras profundas. Esta alternancia permite distinguir las frutas individualmente y, al mismo tiempo, mantener la unidad del conjunto. Los espacios oscuros entre ellas acentúan su forma y generan una atractiva sensación de profundidad.
Dos uvas se han desprendido del racimo y descansan separadas en la zona delantera. Una permanece cerca del grupo principal, mientras la otra aparece más aislada sobre la mesa. Esta última se convierte en un pequeño punto de interés que rompe la uniformidad del espacio y conduce la mirada hacia el centro inferior de la escena. Su presencia aporta naturalidad y parece insinuar que alguien ha tocado o comenzado a disfrutar la fruta.
El tallo del racimo se eleva discretamente sobre las uvas mediante una forma seca, curva e irregular. Sus tonos marrones y rojizos contrastan con la redondez y frescura de los frutos. Este detalle recuerda el origen vegetal de las uvas y establece una conexión directa con la vid, el campo y la vendimia, incorporando a la escena una sutil referencia al ciclo natural del que procede el vino.
La sombra proyectada por el racimo se extiende hacia la derecha y refuerza su peso visual. Su tonalidad oscura contrasta intensamente con los verdes luminosos de las frutas y ayuda a definir el volumen del conjunto. La sombra no aparece como una forma completamente uniforme, sino que conserva pequeñas variaciones provocadas por la disposición de cada uva, aportando realismo y riqueza a la escena.
La mesa se muestra como una superficie amplia, sencilla y ligeramente envejecida. Sus tonos ocres, beige y marrones crean una base cálida que armoniza con el fondo. Las pequeñas marcas, irregularidades y variaciones de color visibles en la madera aportan carácter y sugieren el paso del tiempo, como si se tratara de una mesa antigua utilizada durante años en reuniones, comidas y celebraciones familiares.
En la parte inferior, el borde de la mesa aparece más oscuro y presenta algunas pequeñas señales de desgaste. Esta franja horizontal cierra visualmente la composición y refuerza la sensación de profundidad. Sus imperfecciones aportan autenticidad al entorno y contrastan con la delicadeza de la copa y la frescura de las uvas, creando un diálogo entre lo refinado y lo rústico.
El fondo está formado por grandes tablones verticales de madera que llenan completamente el espacio. Las vetas, nudos y cambios de tonalidad convierten esta superficie en un elemento expresivo por sí mismo. Los dibujos naturales de la madera introducen un ritmo vertical que acompaña la silueta de la copa y, al mismo tiempo, proporcionan un escenario cálido y discreto que permite destacar los objetos principales.
Los tonos marrones del fondo varían desde áreas doradas y rojizas hasta zonas más grisáceas y oscuras. Esta riqueza cromática evita que la madera resulte plana y contribuye a crear una atmósfera rural, tradicional y acogedora. Las líneas verticales de los tablones aportan orden y estabilidad, mientras sus vetas ondulantes introducen un movimiento suave que anima el espacio sin restar protagonismo a la naturaleza muerta.
La iluminación parece llegar desde la zona superior izquierda, incidiendo con mayor intensidad sobre la copa y las uvas más cercanas. La luz genera pequeños destellos sobre el cristal, ilumina la superficie de los frutos y deja el lado derecho del racimo en una sombra más profunda. Este recorrido luminoso conduce la mirada de manera natural desde la copa de vino hasta la fruta, uniendo visualmente ambos elementos.
La relación entre la copa y las uvas resulta esencial para comprender el significado de la obra. Ambos objetos comparten un mismo origen y representan dos momentos distintos de una transformación: la fruta recién recogida y la bebida obtenida de ella. La proximidad entre ambos crea una asociación inmediata con la vendimia, las bodegas, la tradición vitivinícola y el trabajo paciente que convierte el fruto de la tierra en vino.
La composición mantiene un equilibrio muy cuidado entre las líneas verticales y horizontales. La copa y los tablones del fondo introducen altura, mientras la mesa y la disposición extendida del racimo aportan estabilidad. Esta organización permite que los elementos respiren dentro del espacio y evita que la escena resulte recargada, conservando una agradable sensación de calma y orden.
La elección cromática refuerza el carácter acogedor del conjunto. Los verdes apagados de las uvas se complementan con el rojo intenso del vino, mientras los marrones y ocres de la madera actúan como una envolvente cálida. El contraste entre el rojo y el verde atrae inmediatamente la atención, pero se presenta de manera armoniosa gracias a las tonalidades terrosas que dominan el entorno.
Más allá de su apariencia cotidiana, la escena contiene un fuerte componente simbólico. Las uvas han sido tradicionalmente asociadas con la abundancia, la fertilidad, la prosperidad y los frutos de la tierra. La copa de vino, por su parte, puede representar la celebración, el encuentro y el disfrute compartido. Juntos forman una imagen que habla de generosidad, placer y gratitud por los pequeños dones de la vida.
La ausencia de figuras humanas intensifica la quietud del momento, aunque los objetos parecen anunciar una presencia cercana. La copa está servida y la fruta permanece al alcance de la mano, como si alguien acabara de preparar esta sencilla degustación y fuera a regresar en cualquier instante. Esta espera silenciosa despierta la imaginación y permite construir una historia alrededor de la escena.
Es fácil imaginar este conjunto en el interior de una casa de campo, una bodega o una estancia rústica al final de la tarde. La calidez de la madera y la profundidad del vino evocan conversaciones pausadas, reuniones íntimas y momentos disfrutados sin prisas. La obra transmite así una sensación de refugio y familiaridad, vinculada a los placeres sencillos y a la hospitalidad.
También se percibe una reflexión sobre el paso del tiempo. La madera envejecida recuerda la permanencia y la memoria, mientras las uvas frescas representan lo inmediato y lo efímero. El vino, fruto de un proceso lento y paciente, une simbólicamente ambos extremos, convirtiéndose en una imagen de maduración, espera y transformación.
En conjunto, la obra ofrece una naturaleza muerta cálida, equilibrada y profundamente evocadora, en la que una copa de vino tinto y un racimo de uvas verdes reposan sobre una mesa ante un fondo de madera. La intensidad del rojo, la frescura de los verdes y la riqueza de las tonalidades terrosas crean una atmósfera íntima y acogedora. La escena celebra la abundancia de la tierra, la tradición del vino y el placer de detenerse ante las cosas sencillas, transmitiendo serenidad, hospitalidad y una elegante invitación a disfrutar del momento.
