Jarre - Mangbetu - R.D. Congo (Sin precio de reserva)





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Descripción del vendedor
Impresionante jarra mangbetu de cerámica.
En la cultura mangbetu, el cráneo alargado constituía un verdadero ideal de belleza. Para lograrlo, la cabeza de los recién nacidos estaba estrechamente aprisionada con finas cuerdecitas trenzadas. Una vez adultos, hombres y mujeres continuaban usando esos lazos para acentuar la forma estirada. Esta estética iba acompañada de ornamentos específicos de los sombreros de plumas para los hombres, y de imponentes extensiones capilares que formaban una aureola para las mujeres, tal como se observa en esta vasija. La apariencia femenina quedaba rematada por cicatrices rituales y pinturas corporales, motivos fielmente reproducidos en las cerámicas esculpidas.
En cuanto al oficio de la tierra, si tradicionalmente la producción de cerámicas utilitarias correspondía a las mujeres, numerosas piezas ricamente ornamentadas de finales del siglo XIX y principios del XX fueron realizadas por hombres. En esa época, algunos herreros, ya maestros en el trabajo del metal, del marfil y de la madera, ampliaron su saber hacer dedicándose al arte de la cerámica.
Impresionante jarra mangbetu de cerámica.
En la cultura mangbetu, el cráneo alargado constituía un verdadero ideal de belleza. Para lograrlo, la cabeza de los recién nacidos estaba estrechamente aprisionada con finas cuerdecitas trenzadas. Una vez adultos, hombres y mujeres continuaban usando esos lazos para acentuar la forma estirada. Esta estética iba acompañada de ornamentos específicos de los sombreros de plumas para los hombres, y de imponentes extensiones capilares que formaban una aureola para las mujeres, tal como se observa en esta vasija. La apariencia femenina quedaba rematada por cicatrices rituales y pinturas corporales, motivos fielmente reproducidos en las cerámicas esculpidas.
En cuanto al oficio de la tierra, si tradicionalmente la producción de cerámicas utilitarias correspondía a las mujeres, numerosas piezas ricamente ornamentadas de finales del siglo XIX y principios del XX fueron realizadas por hombres. En esa época, algunos herreros, ya maestros en el trabajo del metal, del marfil y de la madera, ampliaron su saber hacer dedicándose al arte de la cerámica.

