Francesca Escobar (1972) - Amistad

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Francesca Escobar (1972) presenta Amistad, una pintura al óleo original sobre tela, 30 x 30 cm, firmada a mano, creada tras 2020 y vendida por una galería en España.

Resumen redactado con la ayuda de la IA

Descripción del vendedor

Pictura Galeria presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Francesca Escobar, que representa a dos niñas abrazadas y descalzas frente al mar, contemplando juntas el horizonte en una tierna escena que evoca amistad, protección, infancia y recuerdos de verano. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.

· Dimensiones de la obra: 30x30x2 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la esquina izquierda de la obra, Francesca.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.

La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.

Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.

La obra será embalada de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.

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Este cuadro presenta una entrañable escena junto al mar, protagonizada por dos niñas que permanecen de espaldas al espectador mientras contemplan juntas la inmensidad del horizonte. Situadas en el centro de la composición y unidas por un abrazo espontáneo, ambas figuras transmiten una profunda sensación de cariño, confianza y complicidad. La playa, el agua y el cielo forman un escenario luminoso y sereno que convierte este pequeño gesto cotidiano en una imagen cargada de emoción y significado.

Las dos niñas ocupan el primer plano y concentran inmediatamente toda la atención. Su proximidad física revela un vínculo afectivo sincero: una de ellas rodea con el brazo los hombros de la otra, acercándola con naturalidad. No necesitan mirarse ni mostrar sus rostros para expresar lo que sienten, pues la postura de sus cuerpos comunica una amistad íntima, protectora y libre de artificios.

La niña situada a la izquierda lleva un vestido de color rosa intenso, cuya viveza introduce una nota alegre y cálida dentro del paisaje. La prenda cae con suavidad desde los hombros y se ensancha ligeramente en la falda, formando pliegues irregulares que aportan movimiento. Las distintas tonalidades rosadas, desde los matices más claros hasta los fucsias más profundos, conceden riqueza y luminosidad a su silueta.

Su cabello, de tonos castaños y dorados, cae hasta los hombros y aparece levemente desordenado, como si la brisa marina lo moviera con suavidad. Las zonas iluminadas sugieren el reflejo del sol sobre los mechones, mientras los marrones más oscuros aportan profundidad. Esta naturalidad refuerza la sensación de encontrarnos ante un instante inesperado, capturado durante una tranquila jornada de verano.

A su lado, la segunda niña luce un vestido blanco con delicadas sombras azuladas y grisáceas. La claridad de su vestimenta contrasta con el rosa vibrante de su compañera y crea un hermoso equilibrio visual. El vestido presenta una forma ligera y vaporosa, con una cintura marcada y una falda amplia que parece agitarse discretamente con el aire procedente del mar.

La figura de la derecha se distingue especialmente por el gran sombrero blanco que protege su cabeza. Su ala ancha, ligeramente ondulada, introduce una forma elegante y luminosa en la parte superior de la composición. Una cinta azul rodea la copa del sombrero y establece una conexión cromática con el mar, creando una armonía sutil entre la figura y el paisaje que contempla.

La niña sujeta el sombrero con una de sus manos, un gesto que sugiere la presencia de una brisa costera. Esta acción añade dinamismo a la escena y permite imaginar el viento avanzando desde el horizonte, moviendo la ropa y el cabello. Al mismo tiempo, el gesto aporta espontaneidad, como si ambas se hubieran detenido por un instante antes de continuar paseando por la orilla.

Las piernas descalzas de las niñas descansan directamente sobre la arena, reforzando la sensación de libertad y cercanía con la naturaleza. Sus pies parecen hundirse levemente en la superficie clara de la playa, evocando el tacto cálido de la arena y la despreocupación propia de la infancia. La ausencia de calzado las integra plenamente en el entorno y acentúa el carácter sencillo y auténtico del momento.

Las sombras proyectadas junto a sus pies se extienden discretamente sobre el suelo. Estas formas ayudan a fijar las figuras dentro del espacio y sugieren una luz elevada y brillante, propia de una jornada despejada. Las sombras no resultan duras, sino suaves y difusas, manteniendo la atmósfera amable y luminosa que domina toda la obra.

La arena ocupa buena parte de la zona inferior y se presenta mediante una gama de blancos, cremas, grises suaves y delicados matices beige. Su apariencia clara permite que las figuras destaquen con fuerza, especialmente el vestido rosa. Las pequeñas irregularidades visibles en la superficie evocan huellas, desniveles y zonas ligeramente húmedas próximas al agua, enriqueciendo un espacio aparentemente sencillo.

Detrás de las niñas aparece una estrecha franja de espuma blanca que marca la llegada de las olas a la orilla. Esta línea irregular separa la arena del mar y aporta movimiento a la composición. Aunque el agua parece tranquila, la espuma recuerda su avance continuo, creando un suave ritmo que acompaña el silencio contemplativo de las protagonistas.

El mar se extiende horizontalmente por el centro de la imagen con una intensa gama de azules. Cerca de la costa aparecen tonalidades más claras y grisáceas, mientras hacia el horizonte el color se vuelve profundo y vibrante. Esta sucesión de matices genera amplitud y permite percibir la distancia, transformando el océano en una presencia inmensa frente a la pequeña escala de las figuras.

La línea del horizonte aparece claramente definida y divide la composición en dos grandes espacios: el azul intenso del agua y la claridad delicada del cielo. Esta horizontalidad aporta estabilidad y serenidad, equilibrando la verticalidad de los cuerpos. Las niñas parecen situarse precisamente ante ese límite lejano, observando un mundo abierto que se prolonga más allá de aquello que pueden alcanzar con la mirada.

El cielo, de color azul muy claro, ocupa la parte superior y envuelve la escena en una luminosidad limpia. Su aspecto despejado transmite paz, ligereza y sensación de buen tiempo. La ausencia de grandes nubes o elementos que interrumpan su extensión permite que el paisaje respire y refuerza la idea de libertad asociada al mar abierto.

La composición está construida con una gran claridad visual. Las protagonistas forman un bloque central perfectamente reconocible, mientras las franjas horizontales de arena, espuma, agua y cielo organizan el fondo de manera ordenada. Esta estructura sencilla hace que la mirada se dirija primero hacia el abrazo y después avance lentamente hacia el horizonte, siguiendo la misma dirección que contemplan las niñas.

El contraste cromático entre ambos vestidos desempeña un papel fundamental. El rosa representa calidez, alegría y vitalidad, mientras el blanco y los matices azulados evocan calma, pureza y delicadeza. Unidos dentro del mismo abrazo, estos colores diferentes parecen hablar también de dos personalidades que se complementan y encuentran seguridad la una en la otra.

La ausencia de rostros concede a la imagen un carácter universal. Las protagonistas podrían ser hermanas, amigas o compañeras inseparables, y precisamente esta indefinición permite que cada espectador proyecte sobre ellas sus propios recuerdos. La escena puede evocar la infancia compartida, unas vacaciones familiares, una amistad inolvidable o aquellos instantes sencillos que adquieren un valor especial con el paso del tiempo.

El abrazo constituye el verdadero corazón emocional de la obra. No se presenta como un gesto solemne ni preparado, sino como una manifestación natural de afecto. El brazo extendido sobre los hombros transmite protección, cercanía y confianza, mientras la inclinación de ambos cuerpos sugiere que las niñas se sienten completamente cómodas permaneciendo juntas.

También existe una hermosa relación entre las pequeñas figuras y la inmensidad del paisaje. Frente a un mar que parece no tener fin, las niñas encuentran seguridad en la compañía mutua. La amplitud del horizonte podría simbolizar el futuro, los sueños y todo aquello que todavía está por descubrir, mientras el abrazo representa la fortaleza que proporciona recorrer ese camino junto a alguien querido.

La escena despierta una sensación de nostalgia luminosa. No se trata de una tristeza evidente, sino de la emoción que aparece al recordar los veranos de la infancia, las tardes interminables junto al agua y los vínculos que parecían capaces de durar para siempre. La imagen conserva la belleza de un instante fugaz y lo transforma en un recuerdo lleno de ternura.

La obra invita igualmente a imaginar una pequeña historia alrededor de sus protagonistas. Tal vez han llegado corriendo hasta la orilla y se han detenido sorprendidas ante la extensión del mar; quizá conversan en voz baja mientras observan las olas, o simplemente disfrutan juntas de un silencio que no necesita explicaciones. Esta apertura narrativa aumenta su capacidad evocadora y permite contemplarla una y otra vez desde nuevas emociones.

Su atmósfera alegre y serena convierte la escena en una celebración de la infancia. Los colores luminosos, los vestidos ligeros, los pies descalzos y el horizonte despejado transmiten libertad, inocencia y despreocupación. Al mismo tiempo, la delicadeza del abrazo aporta una dimensión sentimental que va más allá de la representación de una jornada en la playa.

En conjunto, la obra ofrece una imagen tierna, luminosa y profundamente emotiva de dos niñas abrazadas frente al mar. Sus vestidos rosa y blanco destacan sobre la arena clara, mientras el sombrero, la brisa, las olas y el horizonte azul construyen una atmósfera de verano llena de serenidad. La escena celebra la amistad, el cariño y la protección mutua, evocando aquellos momentos de la infancia que permanecen para siempre en la memoria y recordándonos que, ante la inmensidad del mundo, la compañía de una persona querida puede convertirse en el refugio más valioso.

Pictura Galeria presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Francesca Escobar, que representa a dos niñas abrazadas y descalzas frente al mar, contemplando juntas el horizonte en una tierna escena que evoca amistad, protección, infancia y recuerdos de verano. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.

· Dimensiones de la obra: 30x30x2 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la esquina izquierda de la obra, Francesca.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.

La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.

Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.

La obra será embalada de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.

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Este cuadro presenta una entrañable escena junto al mar, protagonizada por dos niñas que permanecen de espaldas al espectador mientras contemplan juntas la inmensidad del horizonte. Situadas en el centro de la composición y unidas por un abrazo espontáneo, ambas figuras transmiten una profunda sensación de cariño, confianza y complicidad. La playa, el agua y el cielo forman un escenario luminoso y sereno que convierte este pequeño gesto cotidiano en una imagen cargada de emoción y significado.

Las dos niñas ocupan el primer plano y concentran inmediatamente toda la atención. Su proximidad física revela un vínculo afectivo sincero: una de ellas rodea con el brazo los hombros de la otra, acercándola con naturalidad. No necesitan mirarse ni mostrar sus rostros para expresar lo que sienten, pues la postura de sus cuerpos comunica una amistad íntima, protectora y libre de artificios.

La niña situada a la izquierda lleva un vestido de color rosa intenso, cuya viveza introduce una nota alegre y cálida dentro del paisaje. La prenda cae con suavidad desde los hombros y se ensancha ligeramente en la falda, formando pliegues irregulares que aportan movimiento. Las distintas tonalidades rosadas, desde los matices más claros hasta los fucsias más profundos, conceden riqueza y luminosidad a su silueta.

Su cabello, de tonos castaños y dorados, cae hasta los hombros y aparece levemente desordenado, como si la brisa marina lo moviera con suavidad. Las zonas iluminadas sugieren el reflejo del sol sobre los mechones, mientras los marrones más oscuros aportan profundidad. Esta naturalidad refuerza la sensación de encontrarnos ante un instante inesperado, capturado durante una tranquila jornada de verano.

A su lado, la segunda niña luce un vestido blanco con delicadas sombras azuladas y grisáceas. La claridad de su vestimenta contrasta con el rosa vibrante de su compañera y crea un hermoso equilibrio visual. El vestido presenta una forma ligera y vaporosa, con una cintura marcada y una falda amplia que parece agitarse discretamente con el aire procedente del mar.

La figura de la derecha se distingue especialmente por el gran sombrero blanco que protege su cabeza. Su ala ancha, ligeramente ondulada, introduce una forma elegante y luminosa en la parte superior de la composición. Una cinta azul rodea la copa del sombrero y establece una conexión cromática con el mar, creando una armonía sutil entre la figura y el paisaje que contempla.

La niña sujeta el sombrero con una de sus manos, un gesto que sugiere la presencia de una brisa costera. Esta acción añade dinamismo a la escena y permite imaginar el viento avanzando desde el horizonte, moviendo la ropa y el cabello. Al mismo tiempo, el gesto aporta espontaneidad, como si ambas se hubieran detenido por un instante antes de continuar paseando por la orilla.

Las piernas descalzas de las niñas descansan directamente sobre la arena, reforzando la sensación de libertad y cercanía con la naturaleza. Sus pies parecen hundirse levemente en la superficie clara de la playa, evocando el tacto cálido de la arena y la despreocupación propia de la infancia. La ausencia de calzado las integra plenamente en el entorno y acentúa el carácter sencillo y auténtico del momento.

Las sombras proyectadas junto a sus pies se extienden discretamente sobre el suelo. Estas formas ayudan a fijar las figuras dentro del espacio y sugieren una luz elevada y brillante, propia de una jornada despejada. Las sombras no resultan duras, sino suaves y difusas, manteniendo la atmósfera amable y luminosa que domina toda la obra.

La arena ocupa buena parte de la zona inferior y se presenta mediante una gama de blancos, cremas, grises suaves y delicados matices beige. Su apariencia clara permite que las figuras destaquen con fuerza, especialmente el vestido rosa. Las pequeñas irregularidades visibles en la superficie evocan huellas, desniveles y zonas ligeramente húmedas próximas al agua, enriqueciendo un espacio aparentemente sencillo.

Detrás de las niñas aparece una estrecha franja de espuma blanca que marca la llegada de las olas a la orilla. Esta línea irregular separa la arena del mar y aporta movimiento a la composición. Aunque el agua parece tranquila, la espuma recuerda su avance continuo, creando un suave ritmo que acompaña el silencio contemplativo de las protagonistas.

El mar se extiende horizontalmente por el centro de la imagen con una intensa gama de azules. Cerca de la costa aparecen tonalidades más claras y grisáceas, mientras hacia el horizonte el color se vuelve profundo y vibrante. Esta sucesión de matices genera amplitud y permite percibir la distancia, transformando el océano en una presencia inmensa frente a la pequeña escala de las figuras.

La línea del horizonte aparece claramente definida y divide la composición en dos grandes espacios: el azul intenso del agua y la claridad delicada del cielo. Esta horizontalidad aporta estabilidad y serenidad, equilibrando la verticalidad de los cuerpos. Las niñas parecen situarse precisamente ante ese límite lejano, observando un mundo abierto que se prolonga más allá de aquello que pueden alcanzar con la mirada.

El cielo, de color azul muy claro, ocupa la parte superior y envuelve la escena en una luminosidad limpia. Su aspecto despejado transmite paz, ligereza y sensación de buen tiempo. La ausencia de grandes nubes o elementos que interrumpan su extensión permite que el paisaje respire y refuerza la idea de libertad asociada al mar abierto.

La composición está construida con una gran claridad visual. Las protagonistas forman un bloque central perfectamente reconocible, mientras las franjas horizontales de arena, espuma, agua y cielo organizan el fondo de manera ordenada. Esta estructura sencilla hace que la mirada se dirija primero hacia el abrazo y después avance lentamente hacia el horizonte, siguiendo la misma dirección que contemplan las niñas.

El contraste cromático entre ambos vestidos desempeña un papel fundamental. El rosa representa calidez, alegría y vitalidad, mientras el blanco y los matices azulados evocan calma, pureza y delicadeza. Unidos dentro del mismo abrazo, estos colores diferentes parecen hablar también de dos personalidades que se complementan y encuentran seguridad la una en la otra.

La ausencia de rostros concede a la imagen un carácter universal. Las protagonistas podrían ser hermanas, amigas o compañeras inseparables, y precisamente esta indefinición permite que cada espectador proyecte sobre ellas sus propios recuerdos. La escena puede evocar la infancia compartida, unas vacaciones familiares, una amistad inolvidable o aquellos instantes sencillos que adquieren un valor especial con el paso del tiempo.

El abrazo constituye el verdadero corazón emocional de la obra. No se presenta como un gesto solemne ni preparado, sino como una manifestación natural de afecto. El brazo extendido sobre los hombros transmite protección, cercanía y confianza, mientras la inclinación de ambos cuerpos sugiere que las niñas se sienten completamente cómodas permaneciendo juntas.

También existe una hermosa relación entre las pequeñas figuras y la inmensidad del paisaje. Frente a un mar que parece no tener fin, las niñas encuentran seguridad en la compañía mutua. La amplitud del horizonte podría simbolizar el futuro, los sueños y todo aquello que todavía está por descubrir, mientras el abrazo representa la fortaleza que proporciona recorrer ese camino junto a alguien querido.

La escena despierta una sensación de nostalgia luminosa. No se trata de una tristeza evidente, sino de la emoción que aparece al recordar los veranos de la infancia, las tardes interminables junto al agua y los vínculos que parecían capaces de durar para siempre. La imagen conserva la belleza de un instante fugaz y lo transforma en un recuerdo lleno de ternura.

La obra invita igualmente a imaginar una pequeña historia alrededor de sus protagonistas. Tal vez han llegado corriendo hasta la orilla y se han detenido sorprendidas ante la extensión del mar; quizá conversan en voz baja mientras observan las olas, o simplemente disfrutan juntas de un silencio que no necesita explicaciones. Esta apertura narrativa aumenta su capacidad evocadora y permite contemplarla una y otra vez desde nuevas emociones.

Su atmósfera alegre y serena convierte la escena en una celebración de la infancia. Los colores luminosos, los vestidos ligeros, los pies descalzos y el horizonte despejado transmiten libertad, inocencia y despreocupación. Al mismo tiempo, la delicadeza del abrazo aporta una dimensión sentimental que va más allá de la representación de una jornada en la playa.

En conjunto, la obra ofrece una imagen tierna, luminosa y profundamente emotiva de dos niñas abrazadas frente al mar. Sus vestidos rosa y blanco destacan sobre la arena clara, mientras el sombrero, la brisa, las olas y el horizonte azul construyen una atmósfera de verano llena de serenidad. La escena celebra la amistad, el cariño y la protección mutua, evocando aquellos momentos de la infancia que permanecen para siempre en la memoria y recordándonos que, ante la inmensidad del mundo, la compañía de una persona querida puede convertirse en el refugio más valioso.

Datos

Artista
Francesca Escobar (1972)
Se vende con marco
No
Vendido por
Galería
Edición
Original
Título de la obra
Amistad
Técnica
Pintura al óleo
Firma
Firmado a mano
País de origen
España
Estado
En buen estado
Alto
30 cm
Ancho
30 cm
Estilo
Posimpresionismo
Periodo
Posterior a 2020
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