Ángel Ries (1943) - El valle

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Annabel Eagles
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Óleo sobre lienzo de Ángel Ries (1943), titulado El valle, firmado a mano, edición original, fechado 2010–2020, 50 x 65 cm (profundidad 2 cm), en buen estado, vendido por Galería España.

Resumen redactado con la ayuda de la IA

Descripción del vendedor

Pictura Galeria presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Ángel Ries, que representa un luminoso paisaje rural con campos dorados, casas tradicionales y abundante vegetación al pie de una majestuosa cadena montañosa, evocando serenidad, arraigo y armonía con la naturaleza. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.

· Dimensiones de la obra: 50x65x2 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la esquina derecha de la obra.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.

La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.

Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.

La obra será embalada de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.

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Este cuadro presenta un amplio y luminoso paisaje rural dominado por la presencia majestuosa de una cadena montañosa que se eleva en la distancia. En primer plano se extienden unos campos dorados de gran intensidad cromática, mientras varias construcciones tradicionales aparecen repartidas al pie de las montañas, rodeadas de árboles, arbustos y vegetación abundante. La escena transmite la serenidad de una jornada clara en el campo y la profunda armonía existente entre la naturaleza, la arquitectura y la vida rural.

El primer plano está ocupado por una extensa superficie de tonos amarillos, ocres y dorados que recuerda un campo de cereal maduro o una pradera iluminada por el sol. Esta franja cálida llena la parte inferior de la composición y establece desde el primer instante una atmósfera acogedora. Las variaciones de color, unidas a las zonas más oscuras que atraviesan el terreno, sugieren desniveles, surcos y pequeñas irregularidades propias de un paisaje trabajado a lo largo del tiempo.

Los amarillos intensos poseen una luminosidad especialmente atractiva y parecen recoger toda la fuerza de la luz estival. En algunos puntos se aproximan al color del oro, mientras en otros se mezclan con marrones, verdes apagados y sombras profundas. Esta diversidad concede movimiento al campo y evita que la superficie resulte uniforme, haciendo que la mirada avance lentamente por el terreno hasta alcanzar las construcciones situadas en la zona intermedia.

En el borde inferior aparece una estrecha franja de vegetación clara, formada por pequeños grupos de flores y plantas silvestres. Los blancos, verdes azulados y delicados matices amarillos introducen una nota de frescura frente a la intensidad del campo. Estas flores parecen crecer espontáneamente junto a un camino o una acequia y aportan una dimensión íntima al paisaje, como si el espectador estuviera contemplando la escena desde un sendero cercano.

Una línea oscura atraviesa horizontalmente la composición y separa el campo del conjunto de casas. Esta zona puede recordar un pequeño muro, una franja de tierra húmeda, un canal o el límite natural entre distintas parcelas. Su tonalidad profunda proporciona estructura a la escena y crea un contraste muy marcado con los amarillos luminosos que la rodean, reforzando la sensación de profundidad.

En el lado izquierdo se levanta una construcción rural de apariencia sencilla y robusta, parcialmente escondida entre la vegetación. Sus paredes amarillas y verdosas reciben la luz con especial intensidad, convirtiéndola en uno de los principales puntos de atención. El tejado oscuro, inclinado y ligeramente irregular establece un hermoso contraste con la claridad de la fachada y transmite la sensación de una vivienda integrada desde hace muchos años en este entorno.

La casa está rodeada de arbustos, árboles jóvenes y plantas que crecen con libertad. Algunas ramas desnudas se elevan junto a la fachada, mientras masas vegetales de distintos verdes cubren la zona inferior. Los pequeños toques blancos y amarillos sugieren flores, hojas iluminadas o reflejos de la luz entre la vegetación, enriqueciendo este rincón y dándole un carácter especialmente vivo y entrañable.

Su disposición ligeramente apartada del resto de construcciones aporta interés narrativo a la escena. Podría tratarse de una antigua masía, un cobertizo agrícola o una vivienda vinculada a los campos próximos. Su presencia invita a imaginar la vida cotidiana de quienes habitan o trabajan en este lugar, marcada por el ritmo de las estaciones, las labores del campo y la cercanía constante de las montañas.

Hacia la derecha aparece un pequeño grupo de casas rurales alineadas sobre una franja de terreno iluminado. Sus fachadas claras, construidas mediante tonos crema, beige, amarillo suave y marrón, destacan sobre la vegetación más oscura que se extiende detrás de ellas. Los tejados de tonalidades cálidas reciben directamente la luz y parecen resplandecer bajo el cielo azul.

Las distintas alturas y orientaciones de los edificios aportan variedad al conjunto arquitectónico. Algunas fachadas muestran pequeñas ventanas oscuras que se distribuyen de manera sencilla, mientras otras quedan parcialmente ocultas por construcciones vecinas. No forman un núcleo urbano denso, sino un caserío tranquilo y abierto, perfectamente integrado en la amplitud del paisaje.

Entre la vivienda situada a la izquierda y las casas del lado derecho se alzan varios árboles altos y estilizados. Sus copas verticales, formadas por verdes profundos, azulados y amarillentos, introducen un ritmo ascendente que enlaza visualmente las edificaciones con las montañas del fondo. Estos árboles actúan como una barrera natural y aportan sombra, frescura y una sensación de refugio al pequeño núcleo rural.

La vegetación de la zona intermedia se construye mediante una rica sucesión de verdes. Aparecen tonalidades oliva, esmeralda, verde musgo y verde amarillento, acompañadas por sombras azuladas y marrones. Las zonas más claras sugieren arbustos y copas alcanzados por el sol, mientras los tonos oscuros indican áreas frondosas y protegidas, creando una superficie vegetal llena de volumen y profundidad.

Detrás de las casas se eleva una gran ladera cubierta por bosques y matorrales. Esta masa verde ocupa una parte importante de la composición y funciona como transición entre la horizontalidad del campo y la monumentalidad de las cumbres. Su pendiente suave conduce la mirada hacia los picos rocosos, al tiempo que envuelve las construcciones y las hace parecer pequeñas frente a la inmensidad natural.

Sobre la ladera se distingue una zona de color verde amarillento que parece avanzar en diagonal hacia la montaña. Esta franja luminosa puede evocar un prado, un claro entre la vegetación o un sendero que asciende hacia las alturas. Su recorrido aporta dinamismo y despierta el deseo de explorar el paisaje, como si existiera un camino oculto capaz de conducir desde las casas hasta las cumbres.

La cadena montañosa constituye el gran telón de fondo y uno de los elementos más impresionantes de la obra. Sus perfiles irregulares se suceden de izquierda a derecha mediante picos, crestas, paredes verticales y formaciones rocosas. Algunas montañas presentan pendientes suaves y redondeadas, mientras otras se elevan mediante grandes bloques escarpados, creando una silueta variada y poderosa contra el cielo.

Las zonas rocosas combinan grises, blancos, verdes apagados, amarillos y delicados matices rosados. Los tonos claros destacan las superficies directamente iluminadas, mientras los grises profundos y verdosos definen grietas, hendiduras y paredes en sombra. Esta alternancia permite percibir el relieve accidentado de las montañas y les concede una presencia sólida, antigua y monumental.

En la parte central destaca una cumbre más estrecha y puntiaguda que rompe la continuidad de las elevaciones vecinas. Su perfil dirige la mirada hacia lo alto y se convierte en un importante eje visual. A su derecha aparecen grandes macizos de formas verticales, semejantes a murallas naturales, cuyas paredes claras dominan el horizonte con una fuerza serena e imponente.

Los macizos situados a la derecha poseen una apariencia especialmente escarpada. Sus cimas planas e irregulares, separadas por profundos cortes verticales, recuerdan fortalezas levantadas por la propia naturaleza. Los pequeños matices verdosos visibles entre las rocas sugieren la presencia de vegetación adaptada a las alturas, capaz de crecer en las pendientes y grietas más difíciles.

En el extremo izquierdo, las montañas parecen alejarse progresivamente y adquieren tonalidades más frías y oscuras. Esta disminución de intensidad contribuye a crear distancia y amplía la extensión del paisaje más allá de los límites visibles. La cadena montañosa no se percibe como una formación aislada, sino como parte de un territorio amplio que continúa fuera de la composición.

El cielo ocupa una extensa superficie y envuelve la escena en una claridad suave. Predominan los azules claros y ligeramente grisáceos, acompañados por nubes blancas de formas alargadas y difusas. Su amplitud aporta aire y equilibrio a la composición, evitando que la presencia de las montañas resulte pesada y reforzando la sensación de encontrarnos ante un día tranquilo y luminoso.

Las nubes aparecen extendidas horizontalmente y parecen desplazarse lentamente sobre las cumbres. No anuncian una tormenta ni alteran la serenidad del momento, sino que suavizan la luz y añaden profundidad al espacio celeste. Algunas zonas casi se funden con el azul, mientras otras conservan una luminosidad blanca que dialoga con las superficies claras de las montañas.

La composición está organizada mediante una sucesión equilibrada de planos. En primer término aparecen los campos dorados; después, la vegetación y las construcciones rurales; más atrás, las laderas cubiertas de árboles; y finalmente, las montañas y el cielo. Esta estructura conduce la mirada desde la cercanía cálida de la tierra cultivada hasta la inmensidad fresca y elevada del horizonte.

Uno de los aspectos más atractivos de la obra es el contraste entre los colores cálidos y fríos. Los amarillos y ocres del campo y de los tejados transmiten luz, prosperidad y cercanía, mientras los verdes de la vegetación y los azules del cielo aportan calma y frescura. Los grises y blancos de la montaña equilibran ambos grupos y conceden solidez al paisaje.

La ausencia de figuras humanas intensifica la sensación de silencio y tranquilidad, aunque las casas y los campos revelan una presencia humana discreta. El paisaje no aparece abandonado, sino habitado de una manera respetuosa y armoniosa. Las construcciones parecen formar parte natural del territorio, sin competir con la grandeza de las montañas ni alterar su carácter.

Esta relación entre el entorno natural y la vida rural aporta una dimensión emocional a la obra. Los campos hablan del trabajo y del paso de las estaciones; las casas evocan hogar, refugio y continuidad; los árboles representan crecimiento y protección; y las montañas transmiten permanencia, fortaleza y memoria. Todos estos elementos se unen para ofrecer una visión idealizada, pero cercana, de la vida en el campo.

La escena parece corresponder a finales del verano o al comienzo del otoño, cuando los campos adquieren tonalidades intensamente doradas y la luz envuelve las fachadas con una calidez especial. Esta posible transición estacional aporta al paisaje una delicada sensación de plenitud. La tierra parece preparada para la cosecha, mientras la vegetación conserva todavía gran parte de su vitalidad.

El paisaje invita a imaginar los sonidos y sensaciones del lugar: el movimiento suave de las plantas bajo la brisa, el canto lejano de los pájaros, el rumor de las hojas y el silencio profundo procedente de las montañas. También puede evocarse el aroma de la tierra seca, de los campos maduros y de la vegetación calentada por el sol.

Más allá de su carácter descriptivo, la obra puede interpretarse como una celebración del arraigo y de la relación entre las personas y su territorio. Las viviendas, pequeñas ante la inmensidad montañosa, transmiten humildad y pertenencia. Representan una forma de vida vinculada al paisaje, donde las generaciones se suceden mientras las cumbres permanecen vigilando silenciosamente el valle.

La imagen posee una belleza serena y atemporal. No representa un acontecimiento extraordinario, sino la grandeza de un entorno cotidiano contemplado con atención y sensibilidad. Precisamente por ello resulta tan evocadora: transforma un campo, unas casas y unas montañas en una escena capaz de despertar recuerdos de viajes, lugares de origen y paisajes asociados a la calma.

En conjunto, la obra ofrece una visión luminosa, cálida y profundamente evocadora de un valle rural protegido por una imponente cadena montañosa. Los campos dorados, las casas tradicionales, la vegetación abundante, las laderas verdes y las cumbres rocosas forman una composición equilibrada que transmite serenidad, arraigo y armonía. El contraste entre la tierra iluminada y las montañas elevadas convierte el paisaje en una celebración de la naturaleza y de la vida sencilla, invitando al espectador a imaginarse recorriendo sus caminos y disfrutando de la paz de este hermoso entorno.

Pictura Galeria presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Ángel Ries, que representa un luminoso paisaje rural con campos dorados, casas tradicionales y abundante vegetación al pie de una majestuosa cadena montañosa, evocando serenidad, arraigo y armonía con la naturaleza. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.

· Dimensiones de la obra: 50x65x2 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la esquina derecha de la obra.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.

La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.

Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.

La obra será embalada de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.

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Este cuadro presenta un amplio y luminoso paisaje rural dominado por la presencia majestuosa de una cadena montañosa que se eleva en la distancia. En primer plano se extienden unos campos dorados de gran intensidad cromática, mientras varias construcciones tradicionales aparecen repartidas al pie de las montañas, rodeadas de árboles, arbustos y vegetación abundante. La escena transmite la serenidad de una jornada clara en el campo y la profunda armonía existente entre la naturaleza, la arquitectura y la vida rural.

El primer plano está ocupado por una extensa superficie de tonos amarillos, ocres y dorados que recuerda un campo de cereal maduro o una pradera iluminada por el sol. Esta franja cálida llena la parte inferior de la composición y establece desde el primer instante una atmósfera acogedora. Las variaciones de color, unidas a las zonas más oscuras que atraviesan el terreno, sugieren desniveles, surcos y pequeñas irregularidades propias de un paisaje trabajado a lo largo del tiempo.

Los amarillos intensos poseen una luminosidad especialmente atractiva y parecen recoger toda la fuerza de la luz estival. En algunos puntos se aproximan al color del oro, mientras en otros se mezclan con marrones, verdes apagados y sombras profundas. Esta diversidad concede movimiento al campo y evita que la superficie resulte uniforme, haciendo que la mirada avance lentamente por el terreno hasta alcanzar las construcciones situadas en la zona intermedia.

En el borde inferior aparece una estrecha franja de vegetación clara, formada por pequeños grupos de flores y plantas silvestres. Los blancos, verdes azulados y delicados matices amarillos introducen una nota de frescura frente a la intensidad del campo. Estas flores parecen crecer espontáneamente junto a un camino o una acequia y aportan una dimensión íntima al paisaje, como si el espectador estuviera contemplando la escena desde un sendero cercano.

Una línea oscura atraviesa horizontalmente la composición y separa el campo del conjunto de casas. Esta zona puede recordar un pequeño muro, una franja de tierra húmeda, un canal o el límite natural entre distintas parcelas. Su tonalidad profunda proporciona estructura a la escena y crea un contraste muy marcado con los amarillos luminosos que la rodean, reforzando la sensación de profundidad.

En el lado izquierdo se levanta una construcción rural de apariencia sencilla y robusta, parcialmente escondida entre la vegetación. Sus paredes amarillas y verdosas reciben la luz con especial intensidad, convirtiéndola en uno de los principales puntos de atención. El tejado oscuro, inclinado y ligeramente irregular establece un hermoso contraste con la claridad de la fachada y transmite la sensación de una vivienda integrada desde hace muchos años en este entorno.

La casa está rodeada de arbustos, árboles jóvenes y plantas que crecen con libertad. Algunas ramas desnudas se elevan junto a la fachada, mientras masas vegetales de distintos verdes cubren la zona inferior. Los pequeños toques blancos y amarillos sugieren flores, hojas iluminadas o reflejos de la luz entre la vegetación, enriqueciendo este rincón y dándole un carácter especialmente vivo y entrañable.

Su disposición ligeramente apartada del resto de construcciones aporta interés narrativo a la escena. Podría tratarse de una antigua masía, un cobertizo agrícola o una vivienda vinculada a los campos próximos. Su presencia invita a imaginar la vida cotidiana de quienes habitan o trabajan en este lugar, marcada por el ritmo de las estaciones, las labores del campo y la cercanía constante de las montañas.

Hacia la derecha aparece un pequeño grupo de casas rurales alineadas sobre una franja de terreno iluminado. Sus fachadas claras, construidas mediante tonos crema, beige, amarillo suave y marrón, destacan sobre la vegetación más oscura que se extiende detrás de ellas. Los tejados de tonalidades cálidas reciben directamente la luz y parecen resplandecer bajo el cielo azul.

Las distintas alturas y orientaciones de los edificios aportan variedad al conjunto arquitectónico. Algunas fachadas muestran pequeñas ventanas oscuras que se distribuyen de manera sencilla, mientras otras quedan parcialmente ocultas por construcciones vecinas. No forman un núcleo urbano denso, sino un caserío tranquilo y abierto, perfectamente integrado en la amplitud del paisaje.

Entre la vivienda situada a la izquierda y las casas del lado derecho se alzan varios árboles altos y estilizados. Sus copas verticales, formadas por verdes profundos, azulados y amarillentos, introducen un ritmo ascendente que enlaza visualmente las edificaciones con las montañas del fondo. Estos árboles actúan como una barrera natural y aportan sombra, frescura y una sensación de refugio al pequeño núcleo rural.

La vegetación de la zona intermedia se construye mediante una rica sucesión de verdes. Aparecen tonalidades oliva, esmeralda, verde musgo y verde amarillento, acompañadas por sombras azuladas y marrones. Las zonas más claras sugieren arbustos y copas alcanzados por el sol, mientras los tonos oscuros indican áreas frondosas y protegidas, creando una superficie vegetal llena de volumen y profundidad.

Detrás de las casas se eleva una gran ladera cubierta por bosques y matorrales. Esta masa verde ocupa una parte importante de la composición y funciona como transición entre la horizontalidad del campo y la monumentalidad de las cumbres. Su pendiente suave conduce la mirada hacia los picos rocosos, al tiempo que envuelve las construcciones y las hace parecer pequeñas frente a la inmensidad natural.

Sobre la ladera se distingue una zona de color verde amarillento que parece avanzar en diagonal hacia la montaña. Esta franja luminosa puede evocar un prado, un claro entre la vegetación o un sendero que asciende hacia las alturas. Su recorrido aporta dinamismo y despierta el deseo de explorar el paisaje, como si existiera un camino oculto capaz de conducir desde las casas hasta las cumbres.

La cadena montañosa constituye el gran telón de fondo y uno de los elementos más impresionantes de la obra. Sus perfiles irregulares se suceden de izquierda a derecha mediante picos, crestas, paredes verticales y formaciones rocosas. Algunas montañas presentan pendientes suaves y redondeadas, mientras otras se elevan mediante grandes bloques escarpados, creando una silueta variada y poderosa contra el cielo.

Las zonas rocosas combinan grises, blancos, verdes apagados, amarillos y delicados matices rosados. Los tonos claros destacan las superficies directamente iluminadas, mientras los grises profundos y verdosos definen grietas, hendiduras y paredes en sombra. Esta alternancia permite percibir el relieve accidentado de las montañas y les concede una presencia sólida, antigua y monumental.

En la parte central destaca una cumbre más estrecha y puntiaguda que rompe la continuidad de las elevaciones vecinas. Su perfil dirige la mirada hacia lo alto y se convierte en un importante eje visual. A su derecha aparecen grandes macizos de formas verticales, semejantes a murallas naturales, cuyas paredes claras dominan el horizonte con una fuerza serena e imponente.

Los macizos situados a la derecha poseen una apariencia especialmente escarpada. Sus cimas planas e irregulares, separadas por profundos cortes verticales, recuerdan fortalezas levantadas por la propia naturaleza. Los pequeños matices verdosos visibles entre las rocas sugieren la presencia de vegetación adaptada a las alturas, capaz de crecer en las pendientes y grietas más difíciles.

En el extremo izquierdo, las montañas parecen alejarse progresivamente y adquieren tonalidades más frías y oscuras. Esta disminución de intensidad contribuye a crear distancia y amplía la extensión del paisaje más allá de los límites visibles. La cadena montañosa no se percibe como una formación aislada, sino como parte de un territorio amplio que continúa fuera de la composición.

El cielo ocupa una extensa superficie y envuelve la escena en una claridad suave. Predominan los azules claros y ligeramente grisáceos, acompañados por nubes blancas de formas alargadas y difusas. Su amplitud aporta aire y equilibrio a la composición, evitando que la presencia de las montañas resulte pesada y reforzando la sensación de encontrarnos ante un día tranquilo y luminoso.

Las nubes aparecen extendidas horizontalmente y parecen desplazarse lentamente sobre las cumbres. No anuncian una tormenta ni alteran la serenidad del momento, sino que suavizan la luz y añaden profundidad al espacio celeste. Algunas zonas casi se funden con el azul, mientras otras conservan una luminosidad blanca que dialoga con las superficies claras de las montañas.

La composición está organizada mediante una sucesión equilibrada de planos. En primer término aparecen los campos dorados; después, la vegetación y las construcciones rurales; más atrás, las laderas cubiertas de árboles; y finalmente, las montañas y el cielo. Esta estructura conduce la mirada desde la cercanía cálida de la tierra cultivada hasta la inmensidad fresca y elevada del horizonte.

Uno de los aspectos más atractivos de la obra es el contraste entre los colores cálidos y fríos. Los amarillos y ocres del campo y de los tejados transmiten luz, prosperidad y cercanía, mientras los verdes de la vegetación y los azules del cielo aportan calma y frescura. Los grises y blancos de la montaña equilibran ambos grupos y conceden solidez al paisaje.

La ausencia de figuras humanas intensifica la sensación de silencio y tranquilidad, aunque las casas y los campos revelan una presencia humana discreta. El paisaje no aparece abandonado, sino habitado de una manera respetuosa y armoniosa. Las construcciones parecen formar parte natural del territorio, sin competir con la grandeza de las montañas ni alterar su carácter.

Esta relación entre el entorno natural y la vida rural aporta una dimensión emocional a la obra. Los campos hablan del trabajo y del paso de las estaciones; las casas evocan hogar, refugio y continuidad; los árboles representan crecimiento y protección; y las montañas transmiten permanencia, fortaleza y memoria. Todos estos elementos se unen para ofrecer una visión idealizada, pero cercana, de la vida en el campo.

La escena parece corresponder a finales del verano o al comienzo del otoño, cuando los campos adquieren tonalidades intensamente doradas y la luz envuelve las fachadas con una calidez especial. Esta posible transición estacional aporta al paisaje una delicada sensación de plenitud. La tierra parece preparada para la cosecha, mientras la vegetación conserva todavía gran parte de su vitalidad.

El paisaje invita a imaginar los sonidos y sensaciones del lugar: el movimiento suave de las plantas bajo la brisa, el canto lejano de los pájaros, el rumor de las hojas y el silencio profundo procedente de las montañas. También puede evocarse el aroma de la tierra seca, de los campos maduros y de la vegetación calentada por el sol.

Más allá de su carácter descriptivo, la obra puede interpretarse como una celebración del arraigo y de la relación entre las personas y su territorio. Las viviendas, pequeñas ante la inmensidad montañosa, transmiten humildad y pertenencia. Representan una forma de vida vinculada al paisaje, donde las generaciones se suceden mientras las cumbres permanecen vigilando silenciosamente el valle.

La imagen posee una belleza serena y atemporal. No representa un acontecimiento extraordinario, sino la grandeza de un entorno cotidiano contemplado con atención y sensibilidad. Precisamente por ello resulta tan evocadora: transforma un campo, unas casas y unas montañas en una escena capaz de despertar recuerdos de viajes, lugares de origen y paisajes asociados a la calma.

En conjunto, la obra ofrece una visión luminosa, cálida y profundamente evocadora de un valle rural protegido por una imponente cadena montañosa. Los campos dorados, las casas tradicionales, la vegetación abundante, las laderas verdes y las cumbres rocosas forman una composición equilibrada que transmite serenidad, arraigo y armonía. El contraste entre la tierra iluminada y las montañas elevadas convierte el paisaje en una celebración de la naturaleza y de la vida sencilla, invitando al espectador a imaginarse recorriendo sus caminos y disfrutando de la paz de este hermoso entorno.

Datos

Artista
Ángel Ries (1943)
Se vende con marco
No
Vendido por
Galería
Edición
Original
Título de la obra
El valle
Técnica
Pintura al óleo
Firma
Firmado a mano
País de origen
España
Estado
En buen estado
Alto
50 cm
Ancho
65 cm
Estilo
Posimpresionismo
Periodo
2010-2020
Vendido por
EspañaVerificado
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