Francesc Cabré Rofes (1909) - Atardecer sobre la masía

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Francesc Cabré Rofes (1909) firmado a mano presenta Atardecer sobre la masía, óleo sobre tabla original de los años 1990, dimensiones de la obra 27 x 35 cm con marco de 38,5 x 46,5 x 3 cm, venta por Galería con marco incluido.

Resumen redactado con la ayuda de la IA

Descripción del vendedor

Pictura Galeria presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Francesc Cabré, que representa una masía tradicional rodeada de campos, árboles y montañas bajo un hermoso cielo crepuscular, evocando serenidad, arraigo y el descanso de la vida rural al final del día. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.

· Dimensiones del marco: 38,5x46,5x3 cm.
· Dimensiones de la obra: 27x35 cm.
· Óleo sobre tabla firmado a mano por el artista en la esquina derecha de la obra, F. Cabré.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).

La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.

Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.

La obra será embalada de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.

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Este cuadro presenta un paisaje rural de gran serenidad, dominado por la inmensidad de un cielo crepuscular y por la presencia acogedora de una antigua masía situada en primer plano. La construcción aparece rodeada de campos, árboles y montañas, componiendo una escena profundamente vinculada a la vida en el campo. La luz del atardecer transforma el entorno y lo envuelve en una gama de violetas, rosas, azules y ocres que concede a la imagen un carácter íntimo, silencioso y evocador.

La composición está construida a partir de una amplia sucesión de planos horizontales. En la zona inferior se encuentra la tierra cultivada y la masía; detrás se extiende una franja de vegetación oscura; más allá aparecen las montañas, representadas mediante distintas profundidades; y, finalmente, el cielo ocupa la mayor parte de la superficie. Esta distribución permite que la mirada avance desde la cercanía del hogar rural hasta la lejanía del horizonte.

La masía constituye el principal punto de interés de la zona inferior. Su fachada clara destaca sobre los verdes profundos y las sombras azuladas del paisaje, atrayendo inmediatamente la atención. Su estructura robusta, formada por varios cuerpos de diferentes alturas, transmite antigüedad, estabilidad y arraigo, como si el edificio hubiera permanecido en ese lugar durante numerosas generaciones.

El cuerpo central de la vivienda se eleva por encima de las dependencias laterales y presenta una cubierta rojiza ligeramente inclinada. El tejado introduce una nota cálida que contrasta con los tonos fríos de las montañas y establece una agradable relación cromática con las delicadas tonalidades rosadas del cielo. La pequeña chimenea que sobresale en la parte superior refuerza la idea de un hogar habitado y protegido en medio del paisaje.

Las ventanas oscuras se distribuyen de manera irregular sobre la fachada. Su apariencia cerrada y silenciosa contribuye a la atmósfera tranquila de la escena, aunque también despierta la imaginación del espectador. Tras ellas podría desarrollarse la vida cotidiana de una familia rural, ajena a la grandiosidad del atardecer que envuelve lentamente los campos y las montañas.

En la planta inferior destaca una gran entrada arqueada, cuya forma oscura ocupa el centro de la fachada principal. Este acceso aporta personalidad al edificio y recuerda la arquitectura tradicional de las antiguas casas de campo. Su profundidad crea un contraste muy marcado con los muros iluminados y parece invitar a entrar en un interior fresco, resguardado y lleno de historia.

A ambos lados del cuerpo principal aparecen varias construcciones anexas, probablemente relacionadas con las labores agrícolas. Sus cubiertas bajas y alargadas amplían horizontalmente la presencia de la masía y ayudan a integrarla en el terreno. Este conjunto no se presenta como una vivienda aislada, sino como el centro de una pequeña explotación rural vinculada a los campos que la rodean.

Los muros combinan blancos envejecidos, cremas, amarillos suaves y zonas de sombra grisácea. Estas variaciones transmiten la apariencia de una arquitectura antigua, marcada por el paso del tiempo y por su exposición constante al clima. Lejos de disminuir su belleza, este carácter vivido concede autenticidad al edificio y refuerza su armonía con el paisaje.

En el lado derecho se levantan dos grandes formas doradas que recuerdan montones de heno o haces de cereal reunidos después de la cosecha. Su silueta vertical rompe la horizontalidad del terreno y aporta un interesante equilibrio frente a la altura de la masía. Los amarillos, ocres y marrones de estos elementos introducen calidez y evocan el trabajo agrícola realizado durante los meses más luminosos del año.

La presencia de estos montones de heno permite imaginar una jornada recién terminada. Los campos parecen descansar después del trabajo, mientras la luz desaparece lentamente tras las montañas. Aunque no aparecen figuras humanas visibles, todos los elementos hablan de su actividad: la casa, los cultivos, las construcciones anexas y los frutos recogidos revelan una relación constante entre las personas y la tierra.

Delante de la masía se extiende una franja de terreno formada por verdes oscuros, marrones, rojizos y delicados matices violáceos. Estos colores sugieren caminos, parcelas y zonas removidas por el tránsito cotidiano. La superficie irregular crea una base sólida para la composición y transmite la riqueza de una tierra cultivada a lo largo del tiempo.

La vegetación que rodea el edificio aparece reunida en pequeñas masas de árboles y arbustos. Sus copas redondeadas, definidas mediante verdes profundos, ocres y amarillos apagados, forman una barrera natural alrededor de la vivienda. Algunos árboles parecen todavía iluminados por los últimos rayos del día, mientras otros comienzan a confundirse con las sombras de la tarde.

Esta franja vegetal establece una transición suave entre la escala humana de la masía y la monumentalidad de las montañas. Los árboles protegen la casa y la convierten en un refugio dentro del valle. Al mismo tiempo, su disposición irregular aporta naturalidad al paisaje y evita que la arquitectura quede separada del entorno.

En la distancia se elevan varias cadenas montañosas superpuestas. La primera aparece oscura, con perfiles amplios y redondeados que se extienden de un extremo al otro de la composición. Sus tonos azul verdoso y gris profundo transmiten solidez, mientras las suaves variaciones cromáticas permiten distinguir laderas, pendientes y zonas cubiertas por vegetación.

Detrás de esta primera línea montañosa aparece una elevación central de tonalidad azul más intensa. Su perfil triangular destaca entre las formas vecinas y dirige la mirada hacia el corazón del paisaje. La diferencia de color crea una clara sensación de distancia y sugiere que el territorio continúa mucho más allá de la masía y de los campos visibles.

En el lado izquierdo, las montañas adquieren un carácter más irregular y parecen disolverse progresivamente en la atmósfera. Los contornos menos definidos y las tonalidades violetas, grises y azuladas refuerzan la profundidad. Estas formas lejanas se funden con el cielo y aportan al paisaje una dimensión amplia, abierta y ligeramente misteriosa.

El cielo es el verdadero protagonista emocional de la escena. Su enorme extensión ocupa casi toda la composición y envuelve el paisaje en una luminosidad suave. En la parte superior predominan los violetas y azules profundos, mientras las zonas próximas al horizonte se llenan de rosas empolvados, melocotones, grises cálidos y delicados matices amarillentos.

Esta transición cromática sugiere el momento en que el día comienza a apagarse, quizá después de la puesta de sol. La luz ya no cae directamente sobre el paisaje, sino que permanece suspendida en la atmósfera, tiñendo las nubes y dejando un último resplandor sobre la masía. El resultado es una sensación de calma profunda, propia de las horas en que el campo queda lentamente sumido en el silencio.

Las nubes aparecen extendidas en amplias franjas horizontales que recorren el cielo. Algunas son ligeras y parecen diluirse dentro de los tonos rosados, mientras otras poseen una densidad mayor y presentan grises violáceos. Su distribución aporta movimiento a la parte superior y establece un ritmo pausado que acompaña la quietud del paisaje.

El contraste entre la amplitud del cielo y el tamaño reducido de la vivienda refuerza la sensación de inmensidad natural. La masía parece pequeña frente a las montañas y al espacio celeste, pero su fachada clara le permite conservar un papel esencial. Esta oposición sugiere tanto la fragilidad de la presencia humana como su capacidad para arraigarse y encontrar refugio dentro de un territorio vasto.

La selección cromática resulta especialmente armoniosa. Los rosas y melocotones del horizonte aportan delicadeza; los violetas y azules introducen profundidad; los verdes oscuros conectan la casa con los campos; y los rojizos del tejado y los dorados del heno ofrecen puntos de calidez. Todos estos colores se relacionan entre sí y contribuyen a crear una atmósfera equilibrada y envolvente.

La ausencia de figuras concede a la escena un carácter contemplativo. No hay movimiento visible ni acontecimientos que interrumpan la calma, pero la imagen no parece vacía. La arquitectura, los campos trabajados y el heno recogido permiten percibir una presencia humana indirecta, como si los habitantes acabaran de entrar en casa después de concluir sus tareas.

La obra invita a imaginar los sonidos discretos del entorno: el murmullo del viento entre los árboles, el canto lejano de algún pájaro, el roce de la vegetación y quizá los ruidos apagados procedentes del interior de la masía. También evoca el aroma de la tierra, del cereal seco y del aire fresco que desciende de las montañas al caer la tarde.

Más allá de su carácter descriptivo, la escena puede interpretarse como una reflexión sobre el hogar, la permanencia y el vínculo con la tierra. La masía representa protección y continuidad; los campos hablan de esfuerzo y de ciclos estacionales; las montañas simbolizan estabilidad; y el cielo cambiante recuerda el paso inevitable del tiempo.

Existe asimismo una delicada sensación de nostalgia. La vivienda tradicional, el entorno agrícola y la quietud del atardecer remiten a una forma de vida pausada, guiada por las horas de luz y las estaciones. El paisaje parece conservar la memoria de innumerables jornadas semejantes, convirtiendo un momento cotidiano en una imagen atemporal y emocionalmente cercana.

Su atmósfera transmite recogimiento, pero no tristeza. La luz rosada que todavía permanece sobre el horizonte suaviza las sombras y aporta esperanza al final del día. La escena habla del descanso después del trabajo, de la seguridad del hogar y de esa belleza silenciosa que aparece cuando el paisaje queda momentáneamente suspendido entre la luz y la oscuridad.

En conjunto, la obra ofrece una visión serena y profundamente evocadora de una masía rodeada de campos, vegetación y montañas bajo un amplio cielo de atardecer. La arquitectura tradicional, los tejados rojizos, los montones dorados de heno y las sucesivas siluetas montañosas se integran en una atmósfera dominada por violetas, azules y rosas delicados. El paisaje celebra la armonía entre el hogar y la naturaleza, transmitiendo arraigo, silencio y una cálida sensación de refugio al final de la jornada.

Pictura Galeria presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Francesc Cabré, que representa una masía tradicional rodeada de campos, árboles y montañas bajo un hermoso cielo crepuscular, evocando serenidad, arraigo y el descanso de la vida rural al final del día. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.

· Dimensiones del marco: 38,5x46,5x3 cm.
· Dimensiones de la obra: 27x35 cm.
· Óleo sobre tabla firmado a mano por el artista en la esquina derecha de la obra, F. Cabré.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).

La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.

Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.

La obra será embalada de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.

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Este cuadro presenta un paisaje rural de gran serenidad, dominado por la inmensidad de un cielo crepuscular y por la presencia acogedora de una antigua masía situada en primer plano. La construcción aparece rodeada de campos, árboles y montañas, componiendo una escena profundamente vinculada a la vida en el campo. La luz del atardecer transforma el entorno y lo envuelve en una gama de violetas, rosas, azules y ocres que concede a la imagen un carácter íntimo, silencioso y evocador.

La composición está construida a partir de una amplia sucesión de planos horizontales. En la zona inferior se encuentra la tierra cultivada y la masía; detrás se extiende una franja de vegetación oscura; más allá aparecen las montañas, representadas mediante distintas profundidades; y, finalmente, el cielo ocupa la mayor parte de la superficie. Esta distribución permite que la mirada avance desde la cercanía del hogar rural hasta la lejanía del horizonte.

La masía constituye el principal punto de interés de la zona inferior. Su fachada clara destaca sobre los verdes profundos y las sombras azuladas del paisaje, atrayendo inmediatamente la atención. Su estructura robusta, formada por varios cuerpos de diferentes alturas, transmite antigüedad, estabilidad y arraigo, como si el edificio hubiera permanecido en ese lugar durante numerosas generaciones.

El cuerpo central de la vivienda se eleva por encima de las dependencias laterales y presenta una cubierta rojiza ligeramente inclinada. El tejado introduce una nota cálida que contrasta con los tonos fríos de las montañas y establece una agradable relación cromática con las delicadas tonalidades rosadas del cielo. La pequeña chimenea que sobresale en la parte superior refuerza la idea de un hogar habitado y protegido en medio del paisaje.

Las ventanas oscuras se distribuyen de manera irregular sobre la fachada. Su apariencia cerrada y silenciosa contribuye a la atmósfera tranquila de la escena, aunque también despierta la imaginación del espectador. Tras ellas podría desarrollarse la vida cotidiana de una familia rural, ajena a la grandiosidad del atardecer que envuelve lentamente los campos y las montañas.

En la planta inferior destaca una gran entrada arqueada, cuya forma oscura ocupa el centro de la fachada principal. Este acceso aporta personalidad al edificio y recuerda la arquitectura tradicional de las antiguas casas de campo. Su profundidad crea un contraste muy marcado con los muros iluminados y parece invitar a entrar en un interior fresco, resguardado y lleno de historia.

A ambos lados del cuerpo principal aparecen varias construcciones anexas, probablemente relacionadas con las labores agrícolas. Sus cubiertas bajas y alargadas amplían horizontalmente la presencia de la masía y ayudan a integrarla en el terreno. Este conjunto no se presenta como una vivienda aislada, sino como el centro de una pequeña explotación rural vinculada a los campos que la rodean.

Los muros combinan blancos envejecidos, cremas, amarillos suaves y zonas de sombra grisácea. Estas variaciones transmiten la apariencia de una arquitectura antigua, marcada por el paso del tiempo y por su exposición constante al clima. Lejos de disminuir su belleza, este carácter vivido concede autenticidad al edificio y refuerza su armonía con el paisaje.

En el lado derecho se levantan dos grandes formas doradas que recuerdan montones de heno o haces de cereal reunidos después de la cosecha. Su silueta vertical rompe la horizontalidad del terreno y aporta un interesante equilibrio frente a la altura de la masía. Los amarillos, ocres y marrones de estos elementos introducen calidez y evocan el trabajo agrícola realizado durante los meses más luminosos del año.

La presencia de estos montones de heno permite imaginar una jornada recién terminada. Los campos parecen descansar después del trabajo, mientras la luz desaparece lentamente tras las montañas. Aunque no aparecen figuras humanas visibles, todos los elementos hablan de su actividad: la casa, los cultivos, las construcciones anexas y los frutos recogidos revelan una relación constante entre las personas y la tierra.

Delante de la masía se extiende una franja de terreno formada por verdes oscuros, marrones, rojizos y delicados matices violáceos. Estos colores sugieren caminos, parcelas y zonas removidas por el tránsito cotidiano. La superficie irregular crea una base sólida para la composición y transmite la riqueza de una tierra cultivada a lo largo del tiempo.

La vegetación que rodea el edificio aparece reunida en pequeñas masas de árboles y arbustos. Sus copas redondeadas, definidas mediante verdes profundos, ocres y amarillos apagados, forman una barrera natural alrededor de la vivienda. Algunos árboles parecen todavía iluminados por los últimos rayos del día, mientras otros comienzan a confundirse con las sombras de la tarde.

Esta franja vegetal establece una transición suave entre la escala humana de la masía y la monumentalidad de las montañas. Los árboles protegen la casa y la convierten en un refugio dentro del valle. Al mismo tiempo, su disposición irregular aporta naturalidad al paisaje y evita que la arquitectura quede separada del entorno.

En la distancia se elevan varias cadenas montañosas superpuestas. La primera aparece oscura, con perfiles amplios y redondeados que se extienden de un extremo al otro de la composición. Sus tonos azul verdoso y gris profundo transmiten solidez, mientras las suaves variaciones cromáticas permiten distinguir laderas, pendientes y zonas cubiertas por vegetación.

Detrás de esta primera línea montañosa aparece una elevación central de tonalidad azul más intensa. Su perfil triangular destaca entre las formas vecinas y dirige la mirada hacia el corazón del paisaje. La diferencia de color crea una clara sensación de distancia y sugiere que el territorio continúa mucho más allá de la masía y de los campos visibles.

En el lado izquierdo, las montañas adquieren un carácter más irregular y parecen disolverse progresivamente en la atmósfera. Los contornos menos definidos y las tonalidades violetas, grises y azuladas refuerzan la profundidad. Estas formas lejanas se funden con el cielo y aportan al paisaje una dimensión amplia, abierta y ligeramente misteriosa.

El cielo es el verdadero protagonista emocional de la escena. Su enorme extensión ocupa casi toda la composición y envuelve el paisaje en una luminosidad suave. En la parte superior predominan los violetas y azules profundos, mientras las zonas próximas al horizonte se llenan de rosas empolvados, melocotones, grises cálidos y delicados matices amarillentos.

Esta transición cromática sugiere el momento en que el día comienza a apagarse, quizá después de la puesta de sol. La luz ya no cae directamente sobre el paisaje, sino que permanece suspendida en la atmósfera, tiñendo las nubes y dejando un último resplandor sobre la masía. El resultado es una sensación de calma profunda, propia de las horas en que el campo queda lentamente sumido en el silencio.

Las nubes aparecen extendidas en amplias franjas horizontales que recorren el cielo. Algunas son ligeras y parecen diluirse dentro de los tonos rosados, mientras otras poseen una densidad mayor y presentan grises violáceos. Su distribución aporta movimiento a la parte superior y establece un ritmo pausado que acompaña la quietud del paisaje.

El contraste entre la amplitud del cielo y el tamaño reducido de la vivienda refuerza la sensación de inmensidad natural. La masía parece pequeña frente a las montañas y al espacio celeste, pero su fachada clara le permite conservar un papel esencial. Esta oposición sugiere tanto la fragilidad de la presencia humana como su capacidad para arraigarse y encontrar refugio dentro de un territorio vasto.

La selección cromática resulta especialmente armoniosa. Los rosas y melocotones del horizonte aportan delicadeza; los violetas y azules introducen profundidad; los verdes oscuros conectan la casa con los campos; y los rojizos del tejado y los dorados del heno ofrecen puntos de calidez. Todos estos colores se relacionan entre sí y contribuyen a crear una atmósfera equilibrada y envolvente.

La ausencia de figuras concede a la escena un carácter contemplativo. No hay movimiento visible ni acontecimientos que interrumpan la calma, pero la imagen no parece vacía. La arquitectura, los campos trabajados y el heno recogido permiten percibir una presencia humana indirecta, como si los habitantes acabaran de entrar en casa después de concluir sus tareas.

La obra invita a imaginar los sonidos discretos del entorno: el murmullo del viento entre los árboles, el canto lejano de algún pájaro, el roce de la vegetación y quizá los ruidos apagados procedentes del interior de la masía. También evoca el aroma de la tierra, del cereal seco y del aire fresco que desciende de las montañas al caer la tarde.

Más allá de su carácter descriptivo, la escena puede interpretarse como una reflexión sobre el hogar, la permanencia y el vínculo con la tierra. La masía representa protección y continuidad; los campos hablan de esfuerzo y de ciclos estacionales; las montañas simbolizan estabilidad; y el cielo cambiante recuerda el paso inevitable del tiempo.

Existe asimismo una delicada sensación de nostalgia. La vivienda tradicional, el entorno agrícola y la quietud del atardecer remiten a una forma de vida pausada, guiada por las horas de luz y las estaciones. El paisaje parece conservar la memoria de innumerables jornadas semejantes, convirtiendo un momento cotidiano en una imagen atemporal y emocionalmente cercana.

Su atmósfera transmite recogimiento, pero no tristeza. La luz rosada que todavía permanece sobre el horizonte suaviza las sombras y aporta esperanza al final del día. La escena habla del descanso después del trabajo, de la seguridad del hogar y de esa belleza silenciosa que aparece cuando el paisaje queda momentáneamente suspendido entre la luz y la oscuridad.

En conjunto, la obra ofrece una visión serena y profundamente evocadora de una masía rodeada de campos, vegetación y montañas bajo un amplio cielo de atardecer. La arquitectura tradicional, los tejados rojizos, los montones dorados de heno y las sucesivas siluetas montañosas se integran en una atmósfera dominada por violetas, azules y rosas delicados. El paisaje celebra la armonía entre el hogar y la naturaleza, transmitiendo arraigo, silencio y una cálida sensación de refugio al final de la jornada.

Datos

Artista
Francesc Cabré Rofes (1909)
Se vende con marco
Vendido por
Galería
Edición
Original
Título de la obra
Atardecer sobre la masía
Técnica
Pintura al óleo
Firma
Firmado a mano
País de origen
España
Estado
En buen estado
Alto
38,5 cm
Ancho
46,5 cm
Estilo
Posimpresionismo
Periodo
1990-2000
Vendido por
EspañaVerificado
1929
Objetos vendidos
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