Roberto Cafarotti - The Swimmer





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Roberto Cafarotti The Swimmer, pintura al óleo sobre lienzo 50 × 40 cm, firmada, edición original 2026, tonos verde y amarillo, tema moda contemporánea.
Descripción del vendedor
La Nadadora
Acrílico sobre tela, 50 × 40 cm
Forma parte del filón Manierismo Incompleto.
En esta serie, lo bello no está en la perfección cerrada, sino en la apertura, en la huella dejada a medias, en el gesto que se detiene antes de volverse definitivo.
Una nadadora nada desde hace horas.
O quizá desde siempre.
La línea del agua le corta el cuerpo por la mitad: arriba está el cielo blanco, la roca oscura, la luz que aún no sabe si hacerse día o quedarse suspendida. Abajo, en cambio, se abre un mundo que aún no ha decidido terminar. Formas verdes se mueven lentas, como pensamientos no dichos. Objetos azules y transparentes flotan sin peso, como recuerdos que no quieren sedimentarse.
Ella no mira atrás. No busca la orilla. Sigue empujando los brazos hacia adelante, dejando tras de sí estelas incompletas.
Sabe que la pintura nunca estará terminada.
Sabe que la belleza, esa verdadera, está justamente ahí: en no tener un final.
Y mientras nada, bajo ella algo todavía respira.
Debemos acostumbrarnos a mirar lo incompleto no como un defecto, sino como una forma de verdad. Todo lo que está vivo es, de algún modo, todavía en curso.
La Nadadora
Acrílico sobre tela, 50 × 40 cm
Forma parte del filón Manierismo Incompleto.
En esta serie, lo bello no está en la perfección cerrada, sino en la apertura, en la huella dejada a medias, en el gesto que se detiene antes de volverse definitivo.
Una nadadora nada desde hace horas.
O quizá desde siempre.
La línea del agua le corta el cuerpo por la mitad: arriba está el cielo blanco, la roca oscura, la luz que aún no sabe si hacerse día o quedarse suspendida. Abajo, en cambio, se abre un mundo que aún no ha decidido terminar. Formas verdes se mueven lentas, como pensamientos no dichos. Objetos azules y transparentes flotan sin peso, como recuerdos que no quieren sedimentarse.
Ella no mira atrás. No busca la orilla. Sigue empujando los brazos hacia adelante, dejando tras de sí estelas incompletas.
Sabe que la pintura nunca estará terminada.
Sabe que la belleza, esa verdadera, está justamente ahí: en no tener un final.
Y mientras nada, bajo ella algo todavía respira.
Debemos acostumbrarnos a mirar lo incompleto no como un defecto, sino como una forma de verdad. Todo lo que está vivo es, de algún modo, todavía en curso.

