El cielo mas claro






Posee una maestría en Cine y Artes Visuales; curador, escritor e investigador con experiencia.
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Juan Fuster, El cielo mas claro (2006), obra abstracta en madera nacida en España, con dimensiones 66 × 84 × 9 cm y un peso de 10 kg, firmada a mano y en excelente estado, vendida directamente por el artista.
Descripción del vendedor
Esta obra de Juan Fuster (2006) constituye un excelente ejemplo de su investigación sobre los límites entre la pintura y la construcción espacial. Lejos de entender el cuadro como una superficie bidimensional, el artista lo transforma en un campo de ensamblaje donde la materia adquiere un papel protagonista.
La composición se articula mediante una compleja superposición de tablones, listones y fragmentos de madera que dialogan con planos de color de marcada geometría. Las vetas, texturas y tonalidades naturales de la madera conviven con superficies pintadas en negro, blanco, rojo, azul y verde, estableciendo un delicado equilibrio entre la austeridad material y la intensidad cromática.
El entramado de diagonales y verticales genera una estructura de gran dinamismo visual, en la que cada elemento parece sostener y tensionar al siguiente. La profundidad no se crea mediante recursos ilusorios, sino a través del propio espesor de los materiales y de las sombras que estos proyectan, convirtiendo la obra en un relieve de fuerte presencia escultórica.
Fuster emplea materiales cotidianos, muchos de ellos procedentes del ámbito de la construcción, despojándolos de su función original para integrarlos en un lenguaje plástico de extraordinaria coherencia. El resultado es una obra de gran fuerza arquitectónica que invita a contemplar la pintura como un espacio construido, donde orden y espontaneidad conviven en un equilibrio cuidadosamente medido.
Más que representar una imagen, la obra propone una experiencia visual y material en la que cada pieza conserva la memoria de su procedencia al tiempo que participa de una composición rigurosa y plenamente contemporánea. Esta síntesis entre pintura, objeto y escultura sitúa la producción de Juan Fuster dentro de una de las líneas más sólidas del arte español de las últimas décadas, haciendo de sus ensamblajes piezas especialmente apreciadas por coleccionistas interesados en la evolución de la abstracción matérica y la construcción espacial.
En esta obra, la aparente simplicidad de los materiales contrasta con la sofisticación de la composición, ofreciendo una presencia física y una riqueza visual que se revelan plenamente en la contemplación directa. Es una pieza que combina solidez conceptual, calidad constructiva y una identidad plástica inconfundible, representativa de uno de los momentos de mayor madurez del artista.
Esta obra de Juan Fuster (2006) constituye un excelente ejemplo de su investigación sobre los límites entre la pintura y la construcción espacial. Lejos de entender el cuadro como una superficie bidimensional, el artista lo transforma en un campo de ensamblaje donde la materia adquiere un papel protagonista.
La composición se articula mediante una compleja superposición de tablones, listones y fragmentos de madera que dialogan con planos de color de marcada geometría. Las vetas, texturas y tonalidades naturales de la madera conviven con superficies pintadas en negro, blanco, rojo, azul y verde, estableciendo un delicado equilibrio entre la austeridad material y la intensidad cromática.
El entramado de diagonales y verticales genera una estructura de gran dinamismo visual, en la que cada elemento parece sostener y tensionar al siguiente. La profundidad no se crea mediante recursos ilusorios, sino a través del propio espesor de los materiales y de las sombras que estos proyectan, convirtiendo la obra en un relieve de fuerte presencia escultórica.
Fuster emplea materiales cotidianos, muchos de ellos procedentes del ámbito de la construcción, despojándolos de su función original para integrarlos en un lenguaje plástico de extraordinaria coherencia. El resultado es una obra de gran fuerza arquitectónica que invita a contemplar la pintura como un espacio construido, donde orden y espontaneidad conviven en un equilibrio cuidadosamente medido.
Más que representar una imagen, la obra propone una experiencia visual y material en la que cada pieza conserva la memoria de su procedencia al tiempo que participa de una composición rigurosa y plenamente contemporánea. Esta síntesis entre pintura, objeto y escultura sitúa la producción de Juan Fuster dentro de una de las líneas más sólidas del arte español de las últimas décadas, haciendo de sus ensamblajes piezas especialmente apreciadas por coleccionistas interesados en la evolución de la abstracción matérica y la construcción espacial.
En esta obra, la aparente simplicidad de los materiales contrasta con la sofisticación de la composición, ofreciendo una presencia física y una riqueza visual que se revelan plenamente en la contemplación directa. Es una pieza que combina solidez conceptual, calidad constructiva y una identidad plástica inconfundible, representativa de uno de los momentos de mayor madurez del artista.
