Antonio Nasuto - The three Graces, 2099





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Descripción del vendedor
Óleo sobre tela de yute, 60x80.
Antonio Nasuto se gradúa en Arquitectura en la Universidad de Nápoles, donde posteriormente obtiene una especialización trienal en Diseño. Esta formación multidisciplinaria influye de manera determinante en su lenguaje visual, caracterizado por el rigor en la composición y la atención a la estructura de la imagen.
Actualmente es profesor de Anatomía Artística en la Academia de Bellas Artes de Foggia, combinando su labor docente con una constante investigación pictórica centrada en el cuerpo humano y la dimensión narrativa de la figura.
Expone en exposiciones individuales y colectivas a nivel nacional e internacional. Entre las principales: las exposiciones individuales en el Palazzetto dell’Arte de Foggia (2002, 2003), la colectiva dedicada a P. P. Pasolini en el Tribunale della Dogana de Foggia (2007), 150 Souvenirs d’Italie en la Galería de Arte Moderna y Contemporánea “Atelier degli Artisti” de Roma (2011), Il filo di Arianna. Labirinto físico y mental en Palazzo delle Arti Beltrani de Trani (2011), la exposición individual en el Palazzo Ducale Paternò Caracciolo de Pietramelara (2013) y L’ospite inatteso en Villetta Barrea (2016).
En este contexto se inscribe la pintura The three Graces 2099, que no se limita a evocar un mito clásico, sino que se convierte en reflexión sobre la crisis climática y el futuro de la humanidad. El emblema de belleza, fertilidad y armonía se traslada al futuro en un horizonte apocalíptico, donde el paisaje árido y desertificado se convierte en metáfora de la pérdida de equilibrio entre el hombre y la naturaleza. Las tres figuras femeninas se transforman en las últimas testigos de un mundo ya al atardecer, guardianas de un pasado exuberante que corre el riesgo de desaparecer.
La elección del 2099 no es casual: el fin del siglo se presenta como una umbral simbólico, el punto en el que las consecuencias de nuestras acciones serán ya irreversibles. A través de esta reinterpretación de la classicidad, la pintura aspira a sacudir la conciencia del espectador, obligándolo a un enfrentamiento intenso con la fragilidad de nuestro tiempo. Porque el arte, como la historia, no es nunca solo una imagen del pasado, sino un reflejo inquietante de nuestro presente.
Óleo sobre tela de yute, 60x80.
Antonio Nasuto se gradúa en Arquitectura en la Universidad de Nápoles, donde posteriormente obtiene una especialización trienal en Diseño. Esta formación multidisciplinaria influye de manera determinante en su lenguaje visual, caracterizado por el rigor en la composición y la atención a la estructura de la imagen.
Actualmente es profesor de Anatomía Artística en la Academia de Bellas Artes de Foggia, combinando su labor docente con una constante investigación pictórica centrada en el cuerpo humano y la dimensión narrativa de la figura.
Expone en exposiciones individuales y colectivas a nivel nacional e internacional. Entre las principales: las exposiciones individuales en el Palazzetto dell’Arte de Foggia (2002, 2003), la colectiva dedicada a P. P. Pasolini en el Tribunale della Dogana de Foggia (2007), 150 Souvenirs d’Italie en la Galería de Arte Moderna y Contemporánea “Atelier degli Artisti” de Roma (2011), Il filo di Arianna. Labirinto físico y mental en Palazzo delle Arti Beltrani de Trani (2011), la exposición individual en el Palazzo Ducale Paternò Caracciolo de Pietramelara (2013) y L’ospite inatteso en Villetta Barrea (2016).
En este contexto se inscribe la pintura The three Graces 2099, que no se limita a evocar un mito clásico, sino que se convierte en reflexión sobre la crisis climática y el futuro de la humanidad. El emblema de belleza, fertilidad y armonía se traslada al futuro en un horizonte apocalíptico, donde el paisaje árido y desertificado se convierte en metáfora de la pérdida de equilibrio entre el hombre y la naturaleza. Las tres figuras femeninas se transforman en las últimas testigos de un mundo ya al atardecer, guardianas de un pasado exuberante que corre el riesgo de desaparecer.
La elección del 2099 no es casual: el fin del siglo se presenta como una umbral simbólico, el punto en el que las consecuencias de nuestras acciones serán ya irreversibles. A través de esta reinterpretación de la classicidad, la pintura aspira a sacudir la conciencia del espectador, obligándolo a un enfrentamiento intenso con la fragilidad de nuestro tiempo. Porque el arte, como la historia, no es nunca solo una imagen del pasado, sino un reflejo inquietante de nuestro presente.

