Inma Nicolau (1948) - El carro de heno

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Óleo sobre lienzo titulado El carro de heno de Inma Nicolau (1948), edición original firmada a mano, año 2000–2010, 68 cm de alto por 77 cm de ancho, vendido con marco, procedente de España y ofrecido por Galería.

Resumen redactado con la ayuda de la IA

Descripción del vendedor

Pictura Galeria presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Inma Nicolau, que representa a varios campesinos recogiendo la cosecha con ayuda de animales de tiro bajo un cielo tormentoso, como símbolo del esfuerzo, la cooperación y la profunda unión entre el ser humano y la tierra. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.

· Dimensiones del marco: 68x77x7 cm.
· Dimensiones de la obra: 40x50 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la esquina derecha de la obra, Inma Nicolau.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).

La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.

Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.

La obra será embalada de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.

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Este cuadro presenta una amplia escena rural dedicada al trabajo de la cosecha, desarrollada en un campo abierto bajo un cielo inmenso y cargado de nubes. La composición recoge uno de esos momentos esenciales de la vida campesina en los que personas, animales y paisaje participan conjuntamente en una tarea marcada por el esfuerzo, la cooperación y el ritmo de las estaciones. En la zona derecha, varios trabajadores se agrupan alrededor de un carro colmado de heno, acompañado por dos robustos animales de tiro, mientras otra figura avanza desde el centro del campo hacia ellos. Al fondo, unas construcciones rurales y una extensa línea de árboles completan un escenario lleno de silencio, laboriosidad y profundo vínculo con la tierra.

El terreno ocupa toda la mitad inferior de la imagen y aparece cubierto por una gran variedad de tonalidades ocres, doradas, marrones, verdes apagadas y cremas. Estas variaciones sugieren un campo que ya ha sido segado y en el que permanecen restos de paja, montones de hierba seca, surcos y pequeñas irregularidades. La superficie no se muestra lisa ni uniforme, sino recorrida por cambios de color y pequeños fragmentos vegetales que transmiten la sensación de una tierra recientemente trabajada. Cada zona parece conservar la huella de la actividad realizada durante la jornada.

En el primer plano se distinguen varios montones de cereal o heno distribuidos de manera irregular. Algunos se elevan como pequeños haces compactos, mientras que otros aparecen extendidos sobre el suelo. Estos elementos crean profundidad y conducen la mirada desde la parte inferior hacia el grupo principal situado a la derecha. También refuerzan la idea de que la labor se encuentra en pleno desarrollo y de que todavía queda trabajo antes de concluir la recolección.

Las tonalidades cálidas del campo contrastan poderosamente con el cielo gris y violáceo. Esta oposición entre la tierra dorada y la atmósfera fría crea una tensión visual que domina toda la escena. El paisaje parece hallarse en un momento de transición, quizá poco antes de una lluvia o después del paso de una tormenta. La claridad que todavía ilumina el suelo sugiere que el sol logra filtrarse entre las nubes, concediendo a los trabajadores un último intervalo para continuar con sus tareas.

El grupo principal se concentra alrededor de un gran carro cargado de heno. La carga se eleva formando una masa redondeada y abundante, compuesta por innumerables fibras y ramas secas. Su tamaño transmite la productividad de la jornada y simboliza el fruto de un esfuerzo prolongado. El heno adquiere tonos amarillos, cremas, marrones y rojizos, que destacan frente al fondo oscuro de los árboles y convierten el carro en uno de los centros luminosos de la composición.

Sobre la parte superior de la carga parece encontrarse una figura encargada de ordenar o asegurar el heno. Su pequeña silueta queda parcialmente integrada entre las formas vegetales, pero introduce una nota de movimiento y riesgo. La altura del carro permite imaginar el esfuerzo necesario para elevar, distribuir y compactar todo el material. Esta persona parece colaborar con quienes permanecen a nivel del suelo, mostrando una tarea organizada en la que cada trabajador desempeña una función concreta.

Junto al carro se observan otras figuras vestidas con prendas claras. Una de ellas aparece situada en el extremo derecho, inclinada o apoyada cerca de la carga, mientras otra parece encontrarse detrás de los animales. Sus posturas transmiten cansancio, concentración y experiencia. Aunque los rostros no se distinguen con precisión, la posición de los cuerpos permite comprender que están completamente dedicados al trabajo y acostumbrados a coordinar sus movimientos con los animales y con el resto del grupo.

Los dos animales de tiro ocupan una posición central dentro del conjunto de la derecha. Sus cuerpos oscuros, marcados por reflejos blancos y grisáceos, contrastan con la claridad del campo y del heno. Permanecen unidos al carro, inmóviles durante un instante, como si aguardaran la orden de avanzar. Su presencia aporta fuerza y estabilidad a la escena, además de recordar la importancia de los animales en las labores agrícolas tradicionales.

Los animales parecen tranquilos y pacientes, acostumbrados al peso del carro y al movimiento repetido por los campos. Su corpulencia transmite resistencia, mientras que sus cabezas ligeramente inclinadas sugieren reposo o concentración. No aparecen como elementos secundarios, sino como participantes esenciales en la actividad. La relación entre ellos y los campesinos refleja una forma de trabajo basada en la colaboración directa entre el ser humano y la naturaleza.

En el centro de la composición, una figura avanza de espaldas hacia el carro. Su postura inclinada y la posición de los brazos sugieren que podría llevar una herramienta, arrastrar un haz o recoger los últimos restos de cereal. Esta persona sirve como enlace entre el primer plano y el grupo de trabajadores, guiando la mirada a través del campo. Su aislamiento momentáneo también permite percibir la gran extensión del terreno y la dureza física de la jornada.

La figura central introduce una sensación de movimiento pausado. Parece caminar con determinación, pero también con el cansancio propio de muchas horas de esfuerzo. Su vestimenta clara destaca sobre el suelo dorado y la convierte en un punto de referencia visual. A través de ella, el espectador puede imaginar la sucesión de tareas repetidas: cortar, reunir, cargar, transportar y volver a empezar hasta que todo el campo quede recogido.

En el lado izquierdo se sitúan dos construcciones rurales de apariencia humilde. La más cercana presenta una cubierta inclinada y un cuerpo alargado de tonalidades claras, mientras que la segunda se extiende horizontalmente detrás de ella. Sus formas sencillas y bajas se integran perfectamente con el terreno. Podrían tratarse de establos, graneros, almacenes o viviendas vinculadas a la explotación agrícola.

Estas edificaciones aportan una sensación de hogar y continuidad. Aunque se encuentran alejadas del grupo principal, sugieren el lugar al que regresarán los trabajadores al terminar la jornada y donde posiblemente se almacenará parte de la cosecha. Sus paredes claras destacan frente a la oscura línea del bosque y ofrecen un pequeño punto de reposo visual. Al mismo tiempo, recuerdan que la vida del campo no se limita al trabajo, sino que también comprende una comunidad, una familia y una memoria compartida.

Detrás de las construcciones se eleva una densa línea de árboles oscuros que atraviesa casi todo el horizonte. Sus siluetas verticales forman una barrera natural entre el campo y el cielo. Los árboles aparecen envueltos en una atmósfera húmeda y sombría, lo que aumenta la sensación de profundidad. Su presencia protege las edificaciones y delimita el espacio cultivado, como si el campo se abriera en un claro rodeado por un extenso bosque.

La vegetación del fondo adquiere tonos negros, marrones, verdes profundos y violetas. En algunas zonas los árboles resultan más definidos, mientras que en otras parecen desvanecerse bajo la neblina. Esta transición atmosférica crea la impresión de una distancia considerable y hace que el paisaje se prolongue más allá de lo visible. La masa oscura también contribuye a resaltar la luminosidad de las construcciones y de la carga de heno.

El cielo es uno de los elementos más dramáticos de la escena. Grandes nubes grises, blancas y violáceas se extienden por la parte superior, ocupando un espacio incluso mayor que el terreno. Algunas zonas aparecen muy oscuras y densas, mientras que otras se abren hacia una claridad difusa. La atmósfera parece encontrarse en constante transformación, como si el tiempo pudiera cambiar de un momento a otro.

Las nubes introducen una sensación de urgencia en la actividad de los campesinos. La posibilidad de lluvia convierte la recogida del heno en una tarea que debe concluir antes de que llegue el mal tiempo. De este modo, el cielo no funciona únicamente como fondo, sino que participa activamente en la narración. Su amenaza silenciosa explica la concentración del grupo y añade tensión a una escena aparentemente tranquila.

A pesar de la densidad de las nubes, una luz suave se extiende sobre el campo y permite que los dorados del terreno permanezcan visibles. Esta claridad parece surgir desde el horizonte y crea una franja luminosa detrás de las figuras. El contraste entre la luz baja y el cielo oscuro proporciona una atmósfera de gran intensidad emocional. Podría tratarse de las últimas horas de la tarde, cuando el día comienza a apagarse y el trabajo debe llegar a su fin.

La escena transmite con gran fuerza la dureza del trabajo rural, pero también su dignidad. Los campesinos aparecen pequeños frente a la amplitud del campo y del cielo, recordando la fragilidad del ser humano ante la naturaleza. Sin embargo, su esfuerzo coordinado, la presencia de los animales y la abundancia del carro demuestran su capacidad para adaptarse, colaborar y obtener alimento de la tierra. El cuadro no idealiza completamente la vida campesina, sino que muestra su belleza junto a su exigencia.

También resulta significativa la ausencia de elementos modernos. Los animales de tiro, el carro de heno y las construcciones sencillas sitúan la escena en una realidad tradicional, vinculada a una forma de trabajo transmitida entre generaciones. El paisaje parece guardar el recuerdo de un mundo en el que la cosecha dependía directamente de la fuerza física, del conocimiento del terreno y de la observación constante del clima. Esta dimensión convierte la obra en una evocación de la memoria rural.

La composición equilibra cuidadosamente los espacios abiertos y los elementos narrativos. La gran extensión vacía del campo y del cielo permite respirar a la escena, mientras que el grupo de la derecha concentra la acción. Las construcciones de la izquierda compensan visualmente el peso del carro y los animales, creando una relación armoniosa entre ambos extremos. La figura central une las dos zonas y completa el recorrido de la mirada.

El cuadro invita a imaginar los sonidos del momento: el crujir del heno, los pasos de los animales, el roce de las herramientas, las voces de los trabajadores y el viento que anuncia el cambio de tiempo. También permite sentir simbólicamente el peso del aire húmedo y el olor de la tierra seca. Esta capacidad para despertar sensaciones hace que la escena resulte cercana y profundamente humana, aun cuando represente una forma de vida alejada de la actualidad.

La cosecha adquiere un significado que va más allá del trabajo agrícola. Representa la culminación de un ciclo, la recompensa después de meses de espera y la necesidad de aprovechar el momento adecuado. El carro lleno simboliza abundancia y supervivencia, mientras que las nubes recuerdan que todo resultado depende de un equilibrio frágil. La obra habla así del esfuerzo, del tiempo y de la relación inseparable entre las personas y su entorno.

En conjunto, este cuadro ofrece una representación profundamente evocadora de una jornada de cosecha bajo un cielo amenazante, mostrando la colaboración entre campesinos y animales en medio de un paisaje amplio y silencioso. El carro cargado de heno simboliza el fruto del esfuerzo, las construcciones del fondo aportan una sensación de hogar y el extenso campo conserva las huellas del trabajo realizado. La grandeza de las nubes recuerda la fuerza imprevisible de la naturaleza, mientras que la determinación de las figuras transmite perseverancia, cooperación y dignidad. La escena celebra la memoria de la vida rural y la conexión ancestral del ser humano con la tierra y sus ciclos.

Pictura Galeria presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Inma Nicolau, que representa a varios campesinos recogiendo la cosecha con ayuda de animales de tiro bajo un cielo tormentoso, como símbolo del esfuerzo, la cooperación y la profunda unión entre el ser humano y la tierra. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.

· Dimensiones del marco: 68x77x7 cm.
· Dimensiones de la obra: 40x50 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la esquina derecha de la obra, Inma Nicolau.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).

La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.

Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.

La obra será embalada de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.

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Este cuadro presenta una amplia escena rural dedicada al trabajo de la cosecha, desarrollada en un campo abierto bajo un cielo inmenso y cargado de nubes. La composición recoge uno de esos momentos esenciales de la vida campesina en los que personas, animales y paisaje participan conjuntamente en una tarea marcada por el esfuerzo, la cooperación y el ritmo de las estaciones. En la zona derecha, varios trabajadores se agrupan alrededor de un carro colmado de heno, acompañado por dos robustos animales de tiro, mientras otra figura avanza desde el centro del campo hacia ellos. Al fondo, unas construcciones rurales y una extensa línea de árboles completan un escenario lleno de silencio, laboriosidad y profundo vínculo con la tierra.

El terreno ocupa toda la mitad inferior de la imagen y aparece cubierto por una gran variedad de tonalidades ocres, doradas, marrones, verdes apagadas y cremas. Estas variaciones sugieren un campo que ya ha sido segado y en el que permanecen restos de paja, montones de hierba seca, surcos y pequeñas irregularidades. La superficie no se muestra lisa ni uniforme, sino recorrida por cambios de color y pequeños fragmentos vegetales que transmiten la sensación de una tierra recientemente trabajada. Cada zona parece conservar la huella de la actividad realizada durante la jornada.

En el primer plano se distinguen varios montones de cereal o heno distribuidos de manera irregular. Algunos se elevan como pequeños haces compactos, mientras que otros aparecen extendidos sobre el suelo. Estos elementos crean profundidad y conducen la mirada desde la parte inferior hacia el grupo principal situado a la derecha. También refuerzan la idea de que la labor se encuentra en pleno desarrollo y de que todavía queda trabajo antes de concluir la recolección.

Las tonalidades cálidas del campo contrastan poderosamente con el cielo gris y violáceo. Esta oposición entre la tierra dorada y la atmósfera fría crea una tensión visual que domina toda la escena. El paisaje parece hallarse en un momento de transición, quizá poco antes de una lluvia o después del paso de una tormenta. La claridad que todavía ilumina el suelo sugiere que el sol logra filtrarse entre las nubes, concediendo a los trabajadores un último intervalo para continuar con sus tareas.

El grupo principal se concentra alrededor de un gran carro cargado de heno. La carga se eleva formando una masa redondeada y abundante, compuesta por innumerables fibras y ramas secas. Su tamaño transmite la productividad de la jornada y simboliza el fruto de un esfuerzo prolongado. El heno adquiere tonos amarillos, cremas, marrones y rojizos, que destacan frente al fondo oscuro de los árboles y convierten el carro en uno de los centros luminosos de la composición.

Sobre la parte superior de la carga parece encontrarse una figura encargada de ordenar o asegurar el heno. Su pequeña silueta queda parcialmente integrada entre las formas vegetales, pero introduce una nota de movimiento y riesgo. La altura del carro permite imaginar el esfuerzo necesario para elevar, distribuir y compactar todo el material. Esta persona parece colaborar con quienes permanecen a nivel del suelo, mostrando una tarea organizada en la que cada trabajador desempeña una función concreta.

Junto al carro se observan otras figuras vestidas con prendas claras. Una de ellas aparece situada en el extremo derecho, inclinada o apoyada cerca de la carga, mientras otra parece encontrarse detrás de los animales. Sus posturas transmiten cansancio, concentración y experiencia. Aunque los rostros no se distinguen con precisión, la posición de los cuerpos permite comprender que están completamente dedicados al trabajo y acostumbrados a coordinar sus movimientos con los animales y con el resto del grupo.

Los dos animales de tiro ocupan una posición central dentro del conjunto de la derecha. Sus cuerpos oscuros, marcados por reflejos blancos y grisáceos, contrastan con la claridad del campo y del heno. Permanecen unidos al carro, inmóviles durante un instante, como si aguardaran la orden de avanzar. Su presencia aporta fuerza y estabilidad a la escena, además de recordar la importancia de los animales en las labores agrícolas tradicionales.

Los animales parecen tranquilos y pacientes, acostumbrados al peso del carro y al movimiento repetido por los campos. Su corpulencia transmite resistencia, mientras que sus cabezas ligeramente inclinadas sugieren reposo o concentración. No aparecen como elementos secundarios, sino como participantes esenciales en la actividad. La relación entre ellos y los campesinos refleja una forma de trabajo basada en la colaboración directa entre el ser humano y la naturaleza.

En el centro de la composición, una figura avanza de espaldas hacia el carro. Su postura inclinada y la posición de los brazos sugieren que podría llevar una herramienta, arrastrar un haz o recoger los últimos restos de cereal. Esta persona sirve como enlace entre el primer plano y el grupo de trabajadores, guiando la mirada a través del campo. Su aislamiento momentáneo también permite percibir la gran extensión del terreno y la dureza física de la jornada.

La figura central introduce una sensación de movimiento pausado. Parece caminar con determinación, pero también con el cansancio propio de muchas horas de esfuerzo. Su vestimenta clara destaca sobre el suelo dorado y la convierte en un punto de referencia visual. A través de ella, el espectador puede imaginar la sucesión de tareas repetidas: cortar, reunir, cargar, transportar y volver a empezar hasta que todo el campo quede recogido.

En el lado izquierdo se sitúan dos construcciones rurales de apariencia humilde. La más cercana presenta una cubierta inclinada y un cuerpo alargado de tonalidades claras, mientras que la segunda se extiende horizontalmente detrás de ella. Sus formas sencillas y bajas se integran perfectamente con el terreno. Podrían tratarse de establos, graneros, almacenes o viviendas vinculadas a la explotación agrícola.

Estas edificaciones aportan una sensación de hogar y continuidad. Aunque se encuentran alejadas del grupo principal, sugieren el lugar al que regresarán los trabajadores al terminar la jornada y donde posiblemente se almacenará parte de la cosecha. Sus paredes claras destacan frente a la oscura línea del bosque y ofrecen un pequeño punto de reposo visual. Al mismo tiempo, recuerdan que la vida del campo no se limita al trabajo, sino que también comprende una comunidad, una familia y una memoria compartida.

Detrás de las construcciones se eleva una densa línea de árboles oscuros que atraviesa casi todo el horizonte. Sus siluetas verticales forman una barrera natural entre el campo y el cielo. Los árboles aparecen envueltos en una atmósfera húmeda y sombría, lo que aumenta la sensación de profundidad. Su presencia protege las edificaciones y delimita el espacio cultivado, como si el campo se abriera en un claro rodeado por un extenso bosque.

La vegetación del fondo adquiere tonos negros, marrones, verdes profundos y violetas. En algunas zonas los árboles resultan más definidos, mientras que en otras parecen desvanecerse bajo la neblina. Esta transición atmosférica crea la impresión de una distancia considerable y hace que el paisaje se prolongue más allá de lo visible. La masa oscura también contribuye a resaltar la luminosidad de las construcciones y de la carga de heno.

El cielo es uno de los elementos más dramáticos de la escena. Grandes nubes grises, blancas y violáceas se extienden por la parte superior, ocupando un espacio incluso mayor que el terreno. Algunas zonas aparecen muy oscuras y densas, mientras que otras se abren hacia una claridad difusa. La atmósfera parece encontrarse en constante transformación, como si el tiempo pudiera cambiar de un momento a otro.

Las nubes introducen una sensación de urgencia en la actividad de los campesinos. La posibilidad de lluvia convierte la recogida del heno en una tarea que debe concluir antes de que llegue el mal tiempo. De este modo, el cielo no funciona únicamente como fondo, sino que participa activamente en la narración. Su amenaza silenciosa explica la concentración del grupo y añade tensión a una escena aparentemente tranquila.

A pesar de la densidad de las nubes, una luz suave se extiende sobre el campo y permite que los dorados del terreno permanezcan visibles. Esta claridad parece surgir desde el horizonte y crea una franja luminosa detrás de las figuras. El contraste entre la luz baja y el cielo oscuro proporciona una atmósfera de gran intensidad emocional. Podría tratarse de las últimas horas de la tarde, cuando el día comienza a apagarse y el trabajo debe llegar a su fin.

La escena transmite con gran fuerza la dureza del trabajo rural, pero también su dignidad. Los campesinos aparecen pequeños frente a la amplitud del campo y del cielo, recordando la fragilidad del ser humano ante la naturaleza. Sin embargo, su esfuerzo coordinado, la presencia de los animales y la abundancia del carro demuestran su capacidad para adaptarse, colaborar y obtener alimento de la tierra. El cuadro no idealiza completamente la vida campesina, sino que muestra su belleza junto a su exigencia.

También resulta significativa la ausencia de elementos modernos. Los animales de tiro, el carro de heno y las construcciones sencillas sitúan la escena en una realidad tradicional, vinculada a una forma de trabajo transmitida entre generaciones. El paisaje parece guardar el recuerdo de un mundo en el que la cosecha dependía directamente de la fuerza física, del conocimiento del terreno y de la observación constante del clima. Esta dimensión convierte la obra en una evocación de la memoria rural.

La composición equilibra cuidadosamente los espacios abiertos y los elementos narrativos. La gran extensión vacía del campo y del cielo permite respirar a la escena, mientras que el grupo de la derecha concentra la acción. Las construcciones de la izquierda compensan visualmente el peso del carro y los animales, creando una relación armoniosa entre ambos extremos. La figura central une las dos zonas y completa el recorrido de la mirada.

El cuadro invita a imaginar los sonidos del momento: el crujir del heno, los pasos de los animales, el roce de las herramientas, las voces de los trabajadores y el viento que anuncia el cambio de tiempo. También permite sentir simbólicamente el peso del aire húmedo y el olor de la tierra seca. Esta capacidad para despertar sensaciones hace que la escena resulte cercana y profundamente humana, aun cuando represente una forma de vida alejada de la actualidad.

La cosecha adquiere un significado que va más allá del trabajo agrícola. Representa la culminación de un ciclo, la recompensa después de meses de espera y la necesidad de aprovechar el momento adecuado. El carro lleno simboliza abundancia y supervivencia, mientras que las nubes recuerdan que todo resultado depende de un equilibrio frágil. La obra habla así del esfuerzo, del tiempo y de la relación inseparable entre las personas y su entorno.

En conjunto, este cuadro ofrece una representación profundamente evocadora de una jornada de cosecha bajo un cielo amenazante, mostrando la colaboración entre campesinos y animales en medio de un paisaje amplio y silencioso. El carro cargado de heno simboliza el fruto del esfuerzo, las construcciones del fondo aportan una sensación de hogar y el extenso campo conserva las huellas del trabajo realizado. La grandeza de las nubes recuerda la fuerza imprevisible de la naturaleza, mientras que la determinación de las figuras transmite perseverancia, cooperación y dignidad. La escena celebra la memoria de la vida rural y la conexión ancestral del ser humano con la tierra y sus ciclos.

Datos

Artista
Inma Nicolau (1948)
Se vende con marco
Vendido por
Galería
Edición
Original
Título de la obra
El carro de heno
Técnica
Pintura al óleo
Firma
Firmado a mano
País de origen
España
Estado
En buen estado
Alto
68 cm
Ancho
77 cm
Estilo
Posimpresionismo
Periodo
2000 - 2010
Vendido por
EspañaVerificado
1979
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