Carles Compte (1944) - Regreso al hogar





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Pintura original al óleo de Carles Compte (1944), titulada Regreso al hogar, paisaje en óleo sobre tela, firmada a mano, de los años 1970–1980, enmarcada y con dimensiones 52 x 42 cm (obra 40 x 30 cm).
Descripción del vendedor
Pictura Galeria presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Compte, que representa un solitario camino rural flanqueado por dos árboles y dirigido hacia una antigua casa, como símbolo del paso del tiempo, la memoria y el regreso al hogar. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones del marco: 52x42x6 cm.
· Dimensiones de la obra: 40x30 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la esquina derecha de la obra, Compte.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.
La obra será embalada de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta un paisaje rural silencioso y melancólico, organizado alrededor de un camino que avanza desde el primer plano hasta perderse entre dos árboles altos y una pequeña agrupación de construcciones. La escena aparece envuelta por una atmósfera gris y fría, dominada por un cielo cubierto que ocupa gran parte de la composición. A la izquierda se levanta una casa de campo de paredes claras y cubierta oscura, mientras que en el centro dos árboles de troncos esbeltos se elevan como guardianes del sendero. La ausencia de figuras humanas refuerza la sensación de quietud y convierte el paisaje en una imagen profundamente contemplativa.
El camino constituye el principal eje de la composición. Nace en la parte inferior con una notable amplitud y se estrecha progresivamente a medida que avanza hacia el horizonte, generando una marcada sensación de profundidad. Su superficie está formada por tonalidades grises, marrones, ocres y beige, distribuidas de manera irregular. Esta variedad sugiere un terreno de tierra húmeda, desgastado por el paso continuo de carros, animales o caminantes.
Dos profundos surcos recorren el camino desde el primer plano hasta la distancia. Sus líneas oscuras crean un movimiento ascendente que conduce directamente la mirada hacia los árboles y las construcciones. Las rodadas no son completamente rectas, sino que se curvan y se aproximan entre sí conforme avanzan. Esta irregularidad transmite la sensación de un sendero antiguo, formado lentamente por el uso cotidiano y adaptado a las características naturales del terreno.
Entre los surcos se extiende una franja central más clara, marcada por grises, marrones suaves y tonos terrosos. A ambos lados aparecen zonas oscuras que podrían corresponder a barro, humedad, sombras o pequeñas depresiones. El camino parece haber recibido recientemente la lluvia, aunque no se observan charcos claramente definidos. Su superficie transmite una impresión de frescura y pesadez, como si el terreno todavía conservara el agua de un día nublado.
A lo largo de los márgenes del sendero aparecen estructuras bajas y claras que podrían ser pequeños muros, piedras encaladas o elementos destinados a señalar el paso. Estas líneas laterales acompañan el recorrido y refuerzan la perspectiva. Su color blanco grisáceo contrasta con la tierra oscura y aporta un orden discreto a la escena. Al mismo tiempo, parecen separar el camino de los campos y zonas de vegetación situados a ambos lados.
Los dos árboles centrales poseen una presencia especialmente poderosa. Sus troncos altos, oscuros y ligeramente irregulares se elevan verticalmente hasta alcanzar la parte superior del cuadro. Aunque conservan algunas hojas, sus copas aparecen escasas y fragmentadas, lo que sugiere el final del otoño, el comienzo del invierno o una poda reciente. Su apariencia desnuda y resistente intensifica la sensación de soledad del paisaje.
El árbol situado a la izquierda es más grueso y denso. Su tronco robusto se divide en varias ramas que sostienen pequeñas masas de follaje grisáceo, verde oscuro y marrón. Algunas ramas parecen cortadas o detenidas bruscamente, dando al árbol una silueta antigua y marcada por el paso del tiempo. Su posición cercana a la casa establece una relación visual entre la arquitectura y la naturaleza.
El árbol de la derecha posee un tronco más estrecho y una copa mucho más abierta. Sus ramas se extienden hacia los lados con una delicadeza casi frágil, sosteniendo pequeñas agrupaciones de hojas ocres y grisáceas. La parte superior se eleva hacia el cielo como una línea fina y oscura, mientras que una de las ramas avanza horizontalmente hacia la derecha. Su silueta transmite resistencia, pero también vulnerabilidad frente a la amplitud del cielo.
La diferente forma de ambos árboles aporta equilibrio y evita una simetría rígida. El más corpulento ofrece estabilidad, mientras que el más delgado introduce ligereza y movimiento. Juntos enmarcan el final del camino y forman una especie de puerta natural hacia el interior del paisaje. El espectador puede imaginar que, al cruzar entre ellos, accedería a los campos y a las construcciones situadas más allá.
A la izquierda se encuentra una casa rural de apariencia humilde y antigua. Sus paredes claras contrastan con el tejado oscuro y con la vegetación que la rodea. La fachada presenta pequeñas aberturas, una puerta y algunas zonas de sombra que sugieren un interior silencioso. Aunque no hay señales directas de actividad, su presencia impide que el paisaje parezca completamente deshabitado.
La cubierta de la casa está formada por tonos marrones, rojizos, grises y negros. Su inclinación y su aspecto ligeramente irregular transmiten antigüedad y adaptación al entorno. Cerca de la parte superior se distingue un pequeño elemento vertical que podría corresponder a una chimenea, reforzando la idea de un hogar rural. La posibilidad de un fuego encendido en el interior introduce una sutil sensación de refugio frente al clima exterior.
Junto al edificio principal se adivinan otras construcciones más pequeñas, parcialmente ocultas por los árboles y la distancia. Sus tejados oscuros y formas bajas se integran en la línea del horizonte. Podrían tratarse de cobertizos, graneros, establos o dependencias relacionadas con el trabajo agrícola. Estas estructuras sugieren un pequeño núcleo rural desarrollado alrededor del camino.
La casa se encuentra rodeada por árboles, arbustos y zonas de vegetación de tonos grisáceos, verdes apagados, marrones y ocres. Las plantas no aparecen exuberantes, sino contenidas y adaptadas a una estación fría. Algunas copas se confunden con el cielo, mientras que otras crean manchas oscuras junto a las paredes. Esta integración hace que la arquitectura parezca formar parte del paisaje desde hace mucho tiempo.
En el lado derecho se extiende una amplia zona de campos y matorrales. La vegetación aparece baja y dispersa, con predominio de grises, verdes apagados y marrones. En el horizonte se eleva una línea irregular de arbustos y árboles pequeños que delimita el terreno. Esta zona abierta equilibra visualmente el peso de la casa situada en el lado contrario.
Los campos transmiten una sensación de descanso estacional. No se observan cultivos en crecimiento ni tareas agrícolas en curso, lo que podría indicar un periodo posterior a la cosecha o anterior a una nueva siembra. La tierra parece esperar en silencio el regreso de la actividad. Esta pausa natural contribuye al tono meditativo de la obra.
El cielo ocupa más de la mitad de la composición y se presenta como una extensa superficie de grises, blancos, azulados y ligeros tonos violetas. Las nubes se distribuyen de manera difusa, sin contornos demasiado definidos. Algunas zonas son más claras y luminosas, mientras que otras adquieren una densidad oscura que sugiere humedad y frío. La atmósfera parece anunciar lluvia, niebla o un cambio de tiempo.
La claridad más intensa se concentra aproximadamente en la zona central del cielo, detrás de los árboles. Esta luz difusa permite que los troncos se recorten con fuerza y se conviertan en las siluetas principales. No se percibe un sol visible, pero la luminosidad atraviesa las nubes y se extiende suavemente sobre el terreno. El efecto resultante es sereno y ligeramente misterioso.
Las tonalidades contenidas refuerzan la unidad del paisaje. Los grises del cielo encuentran correspondencia en el camino, los troncos y las paredes de la casa; los marrones aparecen en la tierra, el tejado y la vegetación; los verdes apagados aportan pequeñas notas de vida. Esta armonía cromática genera una imagen sobria, equilibrada y profundamente atmosférica.
La composición vertical acentúa la altura de los árboles y la inmensidad del cielo. El camino ascendente divide la parte inferior y conduce hacia las formas verticales del centro, creando una continuidad muy clara. La casa queda situada a un lado, sin interrumpir el recorrido principal, mientras que los campos abiertos permiten que la mirada se expanda hacia el horizonte.
La ausencia de personas o animales convierte el camino en una invitación. El espectador puede imaginarse avanzando por él, escuchando el sonido de sus propios pasos sobre la tierra húmeda y sintiendo el aire frío. La escena despierta curiosidad sobre aquello que existe más allá de los árboles y sobre quién podría habitar la casa. Esta apertura narrativa permite que cada persona construya su propia historia.
El paisaje transmite soledad, pero no necesariamente abandono. La casa, el camino marcado y los campos trabajados revelan una presencia humana que se encuentra momentáneamente fuera de la vista. Parece tratarse de una pausa dentro de la vida cotidiana, quizá a primera hora de la mañana o al final de una jornada. El silencio adquiere así un carácter de recogimiento y espera.
Los árboles pueden interpretarse simbólicamente como figuras resistentes que permanecen en pie frente al paso del tiempo y a las estaciones. Sus ramas escasas revelan las huellas del cambio, pero sus troncos continúan firmes y profundamente arraigados. Situados a ambos lados del camino, parecen acompañar y proteger a quien se adentre en el paisaje. Representan permanencia, memoria y fortaleza.
El sendero, por su parte, puede entenderse como una metáfora del viaje, del transcurso de la vida o del regreso al hogar. Sus huellas muestran que otras personas lo han recorrido antes y que seguirá siendo utilizado en el futuro. La dirección hacia la casa y hacia el horizonte sugiere una búsqueda de refugio, pertenencia o continuidad. El camino une el espacio cercano con lo desconocido.
La escena posee una belleza discreta que no depende de colores intensos ni de acontecimientos dramáticos. Su fuerza se encuentra en la atmósfera, en las proporciones y en el diálogo entre los árboles, el camino, la casa y el cielo. Todo parece detenido en un instante de profunda calma. El cuadro invita a valorar esos paisajes humildes que conservan la memoria de quienes los han habitado.
En conjunto, este cuadro ofrece una visión silenciosa y profundamente evocadora de un camino rural que avanza entre dos árboles hacia una antigua casa de campo. Las rodadas marcadas sobre la tierra, la vegetación contenida y el cielo cubierto crean una atmósfera fría, melancólica y serena. La casa aporta una sensación de refugio, los árboles simbolizan resistencia y el camino representa el paso del tiempo y la continuidad de la vida. La obra invita a recorrer imaginariamente este paisaje solitario y a descubrir en su quietud una belleza íntima, vinculada a la memoria, al hogar y a la naturaleza.
Pictura Galeria presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Compte, que representa un solitario camino rural flanqueado por dos árboles y dirigido hacia una antigua casa, como símbolo del paso del tiempo, la memoria y el regreso al hogar. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones del marco: 52x42x6 cm.
· Dimensiones de la obra: 40x30 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la esquina derecha de la obra, Compte.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.
La obra será embalada de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta un paisaje rural silencioso y melancólico, organizado alrededor de un camino que avanza desde el primer plano hasta perderse entre dos árboles altos y una pequeña agrupación de construcciones. La escena aparece envuelta por una atmósfera gris y fría, dominada por un cielo cubierto que ocupa gran parte de la composición. A la izquierda se levanta una casa de campo de paredes claras y cubierta oscura, mientras que en el centro dos árboles de troncos esbeltos se elevan como guardianes del sendero. La ausencia de figuras humanas refuerza la sensación de quietud y convierte el paisaje en una imagen profundamente contemplativa.
El camino constituye el principal eje de la composición. Nace en la parte inferior con una notable amplitud y se estrecha progresivamente a medida que avanza hacia el horizonte, generando una marcada sensación de profundidad. Su superficie está formada por tonalidades grises, marrones, ocres y beige, distribuidas de manera irregular. Esta variedad sugiere un terreno de tierra húmeda, desgastado por el paso continuo de carros, animales o caminantes.
Dos profundos surcos recorren el camino desde el primer plano hasta la distancia. Sus líneas oscuras crean un movimiento ascendente que conduce directamente la mirada hacia los árboles y las construcciones. Las rodadas no son completamente rectas, sino que se curvan y se aproximan entre sí conforme avanzan. Esta irregularidad transmite la sensación de un sendero antiguo, formado lentamente por el uso cotidiano y adaptado a las características naturales del terreno.
Entre los surcos se extiende una franja central más clara, marcada por grises, marrones suaves y tonos terrosos. A ambos lados aparecen zonas oscuras que podrían corresponder a barro, humedad, sombras o pequeñas depresiones. El camino parece haber recibido recientemente la lluvia, aunque no se observan charcos claramente definidos. Su superficie transmite una impresión de frescura y pesadez, como si el terreno todavía conservara el agua de un día nublado.
A lo largo de los márgenes del sendero aparecen estructuras bajas y claras que podrían ser pequeños muros, piedras encaladas o elementos destinados a señalar el paso. Estas líneas laterales acompañan el recorrido y refuerzan la perspectiva. Su color blanco grisáceo contrasta con la tierra oscura y aporta un orden discreto a la escena. Al mismo tiempo, parecen separar el camino de los campos y zonas de vegetación situados a ambos lados.
Los dos árboles centrales poseen una presencia especialmente poderosa. Sus troncos altos, oscuros y ligeramente irregulares se elevan verticalmente hasta alcanzar la parte superior del cuadro. Aunque conservan algunas hojas, sus copas aparecen escasas y fragmentadas, lo que sugiere el final del otoño, el comienzo del invierno o una poda reciente. Su apariencia desnuda y resistente intensifica la sensación de soledad del paisaje.
El árbol situado a la izquierda es más grueso y denso. Su tronco robusto se divide en varias ramas que sostienen pequeñas masas de follaje grisáceo, verde oscuro y marrón. Algunas ramas parecen cortadas o detenidas bruscamente, dando al árbol una silueta antigua y marcada por el paso del tiempo. Su posición cercana a la casa establece una relación visual entre la arquitectura y la naturaleza.
El árbol de la derecha posee un tronco más estrecho y una copa mucho más abierta. Sus ramas se extienden hacia los lados con una delicadeza casi frágil, sosteniendo pequeñas agrupaciones de hojas ocres y grisáceas. La parte superior se eleva hacia el cielo como una línea fina y oscura, mientras que una de las ramas avanza horizontalmente hacia la derecha. Su silueta transmite resistencia, pero también vulnerabilidad frente a la amplitud del cielo.
La diferente forma de ambos árboles aporta equilibrio y evita una simetría rígida. El más corpulento ofrece estabilidad, mientras que el más delgado introduce ligereza y movimiento. Juntos enmarcan el final del camino y forman una especie de puerta natural hacia el interior del paisaje. El espectador puede imaginar que, al cruzar entre ellos, accedería a los campos y a las construcciones situadas más allá.
A la izquierda se encuentra una casa rural de apariencia humilde y antigua. Sus paredes claras contrastan con el tejado oscuro y con la vegetación que la rodea. La fachada presenta pequeñas aberturas, una puerta y algunas zonas de sombra que sugieren un interior silencioso. Aunque no hay señales directas de actividad, su presencia impide que el paisaje parezca completamente deshabitado.
La cubierta de la casa está formada por tonos marrones, rojizos, grises y negros. Su inclinación y su aspecto ligeramente irregular transmiten antigüedad y adaptación al entorno. Cerca de la parte superior se distingue un pequeño elemento vertical que podría corresponder a una chimenea, reforzando la idea de un hogar rural. La posibilidad de un fuego encendido en el interior introduce una sutil sensación de refugio frente al clima exterior.
Junto al edificio principal se adivinan otras construcciones más pequeñas, parcialmente ocultas por los árboles y la distancia. Sus tejados oscuros y formas bajas se integran en la línea del horizonte. Podrían tratarse de cobertizos, graneros, establos o dependencias relacionadas con el trabajo agrícola. Estas estructuras sugieren un pequeño núcleo rural desarrollado alrededor del camino.
La casa se encuentra rodeada por árboles, arbustos y zonas de vegetación de tonos grisáceos, verdes apagados, marrones y ocres. Las plantas no aparecen exuberantes, sino contenidas y adaptadas a una estación fría. Algunas copas se confunden con el cielo, mientras que otras crean manchas oscuras junto a las paredes. Esta integración hace que la arquitectura parezca formar parte del paisaje desde hace mucho tiempo.
En el lado derecho se extiende una amplia zona de campos y matorrales. La vegetación aparece baja y dispersa, con predominio de grises, verdes apagados y marrones. En el horizonte se eleva una línea irregular de arbustos y árboles pequeños que delimita el terreno. Esta zona abierta equilibra visualmente el peso de la casa situada en el lado contrario.
Los campos transmiten una sensación de descanso estacional. No se observan cultivos en crecimiento ni tareas agrícolas en curso, lo que podría indicar un periodo posterior a la cosecha o anterior a una nueva siembra. La tierra parece esperar en silencio el regreso de la actividad. Esta pausa natural contribuye al tono meditativo de la obra.
El cielo ocupa más de la mitad de la composición y se presenta como una extensa superficie de grises, blancos, azulados y ligeros tonos violetas. Las nubes se distribuyen de manera difusa, sin contornos demasiado definidos. Algunas zonas son más claras y luminosas, mientras que otras adquieren una densidad oscura que sugiere humedad y frío. La atmósfera parece anunciar lluvia, niebla o un cambio de tiempo.
La claridad más intensa se concentra aproximadamente en la zona central del cielo, detrás de los árboles. Esta luz difusa permite que los troncos se recorten con fuerza y se conviertan en las siluetas principales. No se percibe un sol visible, pero la luminosidad atraviesa las nubes y se extiende suavemente sobre el terreno. El efecto resultante es sereno y ligeramente misterioso.
Las tonalidades contenidas refuerzan la unidad del paisaje. Los grises del cielo encuentran correspondencia en el camino, los troncos y las paredes de la casa; los marrones aparecen en la tierra, el tejado y la vegetación; los verdes apagados aportan pequeñas notas de vida. Esta armonía cromática genera una imagen sobria, equilibrada y profundamente atmosférica.
La composición vertical acentúa la altura de los árboles y la inmensidad del cielo. El camino ascendente divide la parte inferior y conduce hacia las formas verticales del centro, creando una continuidad muy clara. La casa queda situada a un lado, sin interrumpir el recorrido principal, mientras que los campos abiertos permiten que la mirada se expanda hacia el horizonte.
La ausencia de personas o animales convierte el camino en una invitación. El espectador puede imaginarse avanzando por él, escuchando el sonido de sus propios pasos sobre la tierra húmeda y sintiendo el aire frío. La escena despierta curiosidad sobre aquello que existe más allá de los árboles y sobre quién podría habitar la casa. Esta apertura narrativa permite que cada persona construya su propia historia.
El paisaje transmite soledad, pero no necesariamente abandono. La casa, el camino marcado y los campos trabajados revelan una presencia humana que se encuentra momentáneamente fuera de la vista. Parece tratarse de una pausa dentro de la vida cotidiana, quizá a primera hora de la mañana o al final de una jornada. El silencio adquiere así un carácter de recogimiento y espera.
Los árboles pueden interpretarse simbólicamente como figuras resistentes que permanecen en pie frente al paso del tiempo y a las estaciones. Sus ramas escasas revelan las huellas del cambio, pero sus troncos continúan firmes y profundamente arraigados. Situados a ambos lados del camino, parecen acompañar y proteger a quien se adentre en el paisaje. Representan permanencia, memoria y fortaleza.
El sendero, por su parte, puede entenderse como una metáfora del viaje, del transcurso de la vida o del regreso al hogar. Sus huellas muestran que otras personas lo han recorrido antes y que seguirá siendo utilizado en el futuro. La dirección hacia la casa y hacia el horizonte sugiere una búsqueda de refugio, pertenencia o continuidad. El camino une el espacio cercano con lo desconocido.
La escena posee una belleza discreta que no depende de colores intensos ni de acontecimientos dramáticos. Su fuerza se encuentra en la atmósfera, en las proporciones y en el diálogo entre los árboles, el camino, la casa y el cielo. Todo parece detenido en un instante de profunda calma. El cuadro invita a valorar esos paisajes humildes que conservan la memoria de quienes los han habitado.
En conjunto, este cuadro ofrece una visión silenciosa y profundamente evocadora de un camino rural que avanza entre dos árboles hacia una antigua casa de campo. Las rodadas marcadas sobre la tierra, la vegetación contenida y el cielo cubierto crean una atmósfera fría, melancólica y serena. La casa aporta una sensación de refugio, los árboles simbolizan resistencia y el camino representa el paso del tiempo y la continuidad de la vida. La obra invita a recorrer imaginariamente este paisaje solitario y a descubrir en su quietud una belleza íntima, vinculada a la memoria, al hogar y a la naturaleza.

