Aleix Albareda - A PALE BLACK POSSIBILITY





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A PALE BLACK POSSIBILITY, 2022, pintura acrílica sobre lienzo 112 × 112 cm, pieza única con certificado de autenticidad, firmado a mano, España, contemporáneo, paisaje, edición original, realizada tras 2020.
Descripción del vendedor
Pieza única, con certificado de autenticidad.
DARKNES·S - Acrílicos sobre lienzo, 112 × 112 cm
En esta serie, el árbol se convierte en un motivo de contemplación y, al mismo tiempo, en una presencia casi arquitectónica. Las cuatro pinturas exploran distintas configuraciones del paisaje a través de una reducida gama de blancos, grises y negros, donde la materia pictórica adquiere un protagonismo esencial.
La elección del formato cuadrado de 112 × 112 cm genera una relación particular entre la figura arbórea y el espacio. El árbol deja de funcionar únicamente como elemento natural para convertirse en un cuerpo autónomo, monumental, que ocupa y tensiona la superficie pictórica. Sus ramas horizontales, sus masas de follaje y sus troncos articulan el espacio como si fueran estructuras dibujadas en el paisaje.
El uso del acrílico en blanco y negro intensifica esta lectura. La ausencia de color no supone una reducción, sino una concentración de la mirada: la luz, la sombra, la textura y el gesto adquieren mayor importancia. Las pinceladas rápidas y fragmentadas construyen el follaje sin describirlo de manera literal. El árbol aparece así entre la representación y la abstracción, reconocible pero sometido a un proceso de síntesis y transformación.
Hay también una marcada dimensión gestual. Las huellas del pincel, las transparencias, las acumulaciones de materia y las zonas erosionadas de la superficie dejan visible el proceso de construcción de la imagen. El paisaje no parece tanto observado como reconstruido a través de la memoria, el gesto y la experiencia física de pintar.
En algunas obras, la horizontalidad de las copas contrasta con la verticalidad de los troncos; en otras, el árbol se concentra en una masa compacta que parece emerger directamente de la tierra. Esta variación permite que cada pieza funcione de manera independiente, pero que, contempladas conjuntamente, formen un relato visual sobre la permanencia, el tiempo y la resistencia.
Los árboles representados transmiten una sensación de quietud, aunque sus superficies están llenas de movimiento. En ellos conviven fragilidad y fortaleza, silencio y energía. El paisaje se convierte, de este modo, en un espacio emocional: más que representar un lugar concreto, las obras parecen hablar de nuestra relación con la naturaleza y de la necesidad de detener la mirada ante aquello que permanece.
La serie propone finalmente una reflexión sobre la presencia y la huella. El árbol permanece arraigado mientras todo lo demás —la luz, el clima, la percepción del espectador y el propio gesto pictórico— parece estar en transformación. Esa tensión entre lo permanente y lo efímero constituye uno de los principales valores poéticos de estas pinturas.
aleixalbareda.com
Pieza única, con certificado de autenticidad.
DARKNES·S - Acrílicos sobre lienzo, 112 × 112 cm
En esta serie, el árbol se convierte en un motivo de contemplación y, al mismo tiempo, en una presencia casi arquitectónica. Las cuatro pinturas exploran distintas configuraciones del paisaje a través de una reducida gama de blancos, grises y negros, donde la materia pictórica adquiere un protagonismo esencial.
La elección del formato cuadrado de 112 × 112 cm genera una relación particular entre la figura arbórea y el espacio. El árbol deja de funcionar únicamente como elemento natural para convertirse en un cuerpo autónomo, monumental, que ocupa y tensiona la superficie pictórica. Sus ramas horizontales, sus masas de follaje y sus troncos articulan el espacio como si fueran estructuras dibujadas en el paisaje.
El uso del acrílico en blanco y negro intensifica esta lectura. La ausencia de color no supone una reducción, sino una concentración de la mirada: la luz, la sombra, la textura y el gesto adquieren mayor importancia. Las pinceladas rápidas y fragmentadas construyen el follaje sin describirlo de manera literal. El árbol aparece así entre la representación y la abstracción, reconocible pero sometido a un proceso de síntesis y transformación.
Hay también una marcada dimensión gestual. Las huellas del pincel, las transparencias, las acumulaciones de materia y las zonas erosionadas de la superficie dejan visible el proceso de construcción de la imagen. El paisaje no parece tanto observado como reconstruido a través de la memoria, el gesto y la experiencia física de pintar.
En algunas obras, la horizontalidad de las copas contrasta con la verticalidad de los troncos; en otras, el árbol se concentra en una masa compacta que parece emerger directamente de la tierra. Esta variación permite que cada pieza funcione de manera independiente, pero que, contempladas conjuntamente, formen un relato visual sobre la permanencia, el tiempo y la resistencia.
Los árboles representados transmiten una sensación de quietud, aunque sus superficies están llenas de movimiento. En ellos conviven fragilidad y fortaleza, silencio y energía. El paisaje se convierte, de este modo, en un espacio emocional: más que representar un lugar concreto, las obras parecen hablar de nuestra relación con la naturaleza y de la necesidad de detener la mirada ante aquello que permanece.
La serie propone finalmente una reflexión sobre la presencia y la huella. El árbol permanece arraigado mientras todo lo demás —la luz, el clima, la percepción del espectador y el propio gesto pictórico— parece estar en transformación. Esa tensión entre lo permanente y lo efímero constituye uno de los principales valores poéticos de estas pinturas.
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