Aleix Albareda - ATTENDS THE NEEDS OF MORUNYS





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Pieza contemporánea, pintura acrílica sobre lienzo de 112 × 112 cm, titulada 'ATTENDS THE NEEDS OF MORUNYS', original, de 2023, firmada a mano y directamente del artista, con certificado de autenticidad, España.
Descripción del vendedor
Pieza única, con certificado de autenticidad.
REDARKNES·S - Acrílicos sobre lienzo, 112 × 112 cm
Estas pinturas construyen un territorio entre lo reconocible y lo imaginado. A partir de una paleta esencial de negros, grises y blancos, la materia pictórica se convierte en paisaje, memoria y huella. Las superficies aparecen fragmentadas, erosionadas y reconstruidas mediante manchas, gestos, transparencias y tramas geométricas que conviven con una gestualidad más libre y orgánica.
La imagen parece emerger de una acumulación de materia. El centro oscuro concentra la mirada y funciona como una especie de núcleo en expansión, mientras que las pinceladas que lo rodean sugieren movimiento, vegetación, roca o una naturaleza sometida a una continua transformación. La luz no procede de un único punto: aparece entre las capas, en pequeños vacíos y fragmentos blancos que hacen vibrar la composición.
Se introduce una estructura algo más arquitectónica. Las cuadrículas, módulos y campos de textura organizan el caos aparente y establecen una tensión entre orden y desbordamiento. El paisaje deja de ser una representación literal para convertirse en una experiencia: algo que se atraviesa, se recuerda y finalmente se reconstruye mediante fragmentos.
En estas obras, el territorio no se describe; se experimenta. La pintura funciona como un mapa emocional en el que conviven la naturaleza, la memoria y la intervención humana. Las formas geométricas parecen restos de una estructura racional que la propia materia pictórica se empeña en deshacer. De este enfrentamiento surge una imagen poderosa, casi arqueológica, donde cada capa parece contener el rastro de otra anterior.
El formato cuadrado de 112 × 112 cm refuerza esta experiencia frontal y envolvente: la mirada no encuentra fácilmente un punto de entrada ni de salida, sino que queda atrapada en una superficie que se expande en todas direcciones.
Son obras que hablan, en definitiva, de lugares concretos sin quedar limitadas a ellos. La pintura se convierte así en un espacio de sedimentación: un lugar donde lo vivido, lo observado y lo imaginado terminan formando una misma materia.
aleixalbareda.com
Pieza única, con certificado de autenticidad.
REDARKNES·S - Acrílicos sobre lienzo, 112 × 112 cm
Estas pinturas construyen un territorio entre lo reconocible y lo imaginado. A partir de una paleta esencial de negros, grises y blancos, la materia pictórica se convierte en paisaje, memoria y huella. Las superficies aparecen fragmentadas, erosionadas y reconstruidas mediante manchas, gestos, transparencias y tramas geométricas que conviven con una gestualidad más libre y orgánica.
La imagen parece emerger de una acumulación de materia. El centro oscuro concentra la mirada y funciona como una especie de núcleo en expansión, mientras que las pinceladas que lo rodean sugieren movimiento, vegetación, roca o una naturaleza sometida a una continua transformación. La luz no procede de un único punto: aparece entre las capas, en pequeños vacíos y fragmentos blancos que hacen vibrar la composición.
Se introduce una estructura algo más arquitectónica. Las cuadrículas, módulos y campos de textura organizan el caos aparente y establecen una tensión entre orden y desbordamiento. El paisaje deja de ser una representación literal para convertirse en una experiencia: algo que se atraviesa, se recuerda y finalmente se reconstruye mediante fragmentos.
En estas obras, el territorio no se describe; se experimenta. La pintura funciona como un mapa emocional en el que conviven la naturaleza, la memoria y la intervención humana. Las formas geométricas parecen restos de una estructura racional que la propia materia pictórica se empeña en deshacer. De este enfrentamiento surge una imagen poderosa, casi arqueológica, donde cada capa parece contener el rastro de otra anterior.
El formato cuadrado de 112 × 112 cm refuerza esta experiencia frontal y envolvente: la mirada no encuentra fácilmente un punto de entrada ni de salida, sino que queda atrapada en una superficie que se expande en todas direcciones.
Son obras que hablan, en definitiva, de lugares concretos sin quedar limitadas a ellos. La pintura se convierte así en un espacio de sedimentación: un lugar donde lo vivido, lo observado y lo imaginado terminan formando una misma materia.
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