Aleix Albareda - TREESTOPIA III





Protección del Comprador de Catawiki
Tu pago está protegido con nosotros hasta que recibas tu objeto.Ver detalles
Trustpilot 4.4 | 141104 valoraciones
Valoración Excelente en Trustpilot.
TREESTOPIA III, 2020, pintura acrílica sobre lienzo, 112 × 112 cm, procedente de España, original en la era contemporánea, firmado a mano, en excelente estado, vendido directamente por el artista y con certificado de autenticidad, representa un paisaje con un árbol aislado como símbolo de memoria y resiliencia.
Descripción del vendedor
Pieza única, con certificado de autenticidad.
En esta serie de acrílicos sobre lienzo (112 × 112 cm), el árbol se convierte en un símbolo que trasciende su condición de paisaje para transformarse en una metáfora de la memoria, el arraigo y la capacidad de regeneración. Aislado en el centro de cada composición, emerge como una presencia viva que dialoga con un espacio construido mediante planos de color, grafismos y referencias ornamentales.
Lejos de una representación naturalista, estas obras sitúan la naturaleza en un territorio híbrido donde lo orgánico convive con lo geométrico y lo decorativo. Las copas, resueltas con una gestualidad libre y matérica, contrastan con fondos estructurados por campos cromáticos y motivos gráficos que evocan tanto la tradición ornamental como el lenguaje visual contemporáneo. Este encuentro entre orden y espontaneidad genera una tensión que dota a las pinturas de una intensa energía plástica.
El color desempeña un papel esencial en la construcción del significado. Los naranjas, turquesas, azules y magentas no describen un lugar concreto, sino un paisaje interior donde la emoción prevalece sobre la representación. La luz parece surgir desde el propio lienzo, envolviendo la vegetación en una atmósfera que oscila entre lo real y lo imaginado.
La riqueza de las texturas, las superposiciones y los trazos gestuales revela un proceso pictórico abierto, donde cada capa conserva la memoria de las anteriores. Los árboles aparecen así como organismos en permanente transformación, testigos del paso del tiempo y metáforas de la resiliencia. Sus raíces, apenas insinuadas, contrastan con la expansión de las copas, recordándonos que todo crecimiento necesita un vínculo profundo con su origen.
Estas composiciones invitan a reconsiderar nuestra relación con el paisaje, no como un escenario externo, sino como un reflejo de nuestra propia experiencia. El árbol deja de ser únicamente un motivo pictórico para convertirse en un espacio de contemplación y de encuentro, donde naturaleza, cultura y memoria se entrelazan en un delicado equilibrio. Cada obra propone una pausa, una mirada atenta y una reflexión sobre la permanencia de la vida frente al cambio continuo.
Pieza única, con certificado de autenticidad.
En esta serie de acrílicos sobre lienzo (112 × 112 cm), el árbol se convierte en un símbolo que trasciende su condición de paisaje para transformarse en una metáfora de la memoria, el arraigo y la capacidad de regeneración. Aislado en el centro de cada composición, emerge como una presencia viva que dialoga con un espacio construido mediante planos de color, grafismos y referencias ornamentales.
Lejos de una representación naturalista, estas obras sitúan la naturaleza en un territorio híbrido donde lo orgánico convive con lo geométrico y lo decorativo. Las copas, resueltas con una gestualidad libre y matérica, contrastan con fondos estructurados por campos cromáticos y motivos gráficos que evocan tanto la tradición ornamental como el lenguaje visual contemporáneo. Este encuentro entre orden y espontaneidad genera una tensión que dota a las pinturas de una intensa energía plástica.
El color desempeña un papel esencial en la construcción del significado. Los naranjas, turquesas, azules y magentas no describen un lugar concreto, sino un paisaje interior donde la emoción prevalece sobre la representación. La luz parece surgir desde el propio lienzo, envolviendo la vegetación en una atmósfera que oscila entre lo real y lo imaginado.
La riqueza de las texturas, las superposiciones y los trazos gestuales revela un proceso pictórico abierto, donde cada capa conserva la memoria de las anteriores. Los árboles aparecen así como organismos en permanente transformación, testigos del paso del tiempo y metáforas de la resiliencia. Sus raíces, apenas insinuadas, contrastan con la expansión de las copas, recordándonos que todo crecimiento necesita un vínculo profundo con su origen.
Estas composiciones invitan a reconsiderar nuestra relación con el paisaje, no como un escenario externo, sino como un reflejo de nuestra propia experiencia. El árbol deja de ser únicamente un motivo pictórico para convertirse en un espacio de contemplación y de encuentro, donde naturaleza, cultura y memoria se entrelazan en un delicado equilibrio. Cada obra propone una pausa, una mirada atenta y una reflexión sobre la permanencia de la vida frente al cambio continuo.

