Marc' Antonio Guigues - La Sfera Geografico-Celeste - 1700






Tiene una maestría en bibliografía, con siete años de experiencia con especialización en incunables y manuscritos árabes.
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La Sfera Geográfico-Celeste de Marc’Antonio Guigues, primera edición de 1700, italiano, encuadernación en cuero, 353 páginas, publicada en Roma por Gio. Giacomo Komarek Boemo junto a la Fontana di Trevi.
Descripción del vendedor
MARC’ANTONIO GUIGUES
La Esfera Geográfico-Celeste
Roma, Gio. Giacomo Komarek Boemo en la Fontana di Trevi, 1700
Primera edición
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El autor
Marc-Antoine Guigues es una figura hoy relativamente poco conocida, pero precisamente por ello especialmente interesante dentro del panorama de la cultura científica y religiosa entre el Siglo XVII y el siglo XVIII. La portada lo presenta como «Ecclesiastico Francese»; las fuentes bibliográficas lo relacionan con el entorno católico y jesuítico romano y recuerdan además su actividad como secretario del obispo de Pamiers François-Étienne de Caulet, figura destacada en las controversias religiosas francesas del siglo XVII. Un inventario de la biblioteca de los jesuitas de París conserva, de hecho, manuscritos atribuidos a Guigues como secretario y copista de Caulet.
Su producción incluye también escritos de carácter religioso, histórico y poético. La Esfera Geográfico-Celeste representa, sin embargo, su obra más ambiciosa y, desde el punto de vista de la historia de la ciencia, la de mayor interés.
El libro se ubica en un momento especialmente significativo: la Europa de 1700 se halla en pleno proceso de transformación de su concepción del universo. La revolución copernicana, las observaciones de Galileo, las leyes de Kepler y la nueva física de Newton habían ya modificado profundamente el panorama científico europeo; Guigues interviene, sin embargo, defendiendo una concepción cosmológica fuertemente ligada a la tradición geocéntrica. Un ejemplar de la primera edición es descrito por la bibliografía antiquaria como una rara obra de cosmología geocéntrica.
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La obra: geografía, astronomía y cosmología
La Esfera Geográfico-Celeste es una obra en la que la geografía terrestre y la astronomía se contemplan como partes de un mismo sistema de conocimiento.
El propio término «esfera» remite a la concepción tradicional del universo como un orden geométrico en el que la Tierra ocupa una posición central y los fenómenos terrestres pueden comprenderse a través de las relaciones con la esfera celeste.
El volumen aborda, por tanto, cuestiones relativas a la Tierra, a los cielos, a los movimientos de las estrellas, a las coordenadas celestes, a las estaciones, a la distribución de la luz, a los fenómenos astronómicos y a la estructura del cosmos, entrelazando observación natural, matemática, filosofía e interpretación religiosa.
El ejemplar de la primera edición consta de [24], 353, [19] páginas, en formato cuarto, y está acompañado de una importante componente iconográfica: antiporta alegórica grabada, diagramas, láminas, esquemas y representaciones, elementos que testifican cuánto la ilustración era considerada parte integrante de la divulgación científica de la época.
La antiporta que abre el volumen, además, traduce visualmente el concepto fundamental de la obra: el orden cósmico representado a través de figuras alegóricas, instrumentos y símbolos, según esa fusión entre ciencia, filosofía y cultura emblemática característico de la cultura barroca.
⸻
Un libro nacido en el corazón de la Roma científica y jesuítica
No es casualidad que la obra se publique en Roma en 1700.
La ciudad era entonces uno de los principales centros europeos donde el saber astronómico convivía con la tradición filosófica y teológica católica. Un papel determinante lo había desempeñado la Compañía de Jesús, que había desarrollado una extraordinaria tradición en la enseñanza de la matemática, la astronomía, la cartografía y la cosmología.
Pocas décadas antes, en el Collegio Romano, Cristoforo Clavio había elaborado y enseñado una parte fundamental de la matemática astronómica europea. La tradición científica jesuita no era por ello ajena a los nuevos descubrimientos: al contrario, fue uno de los lugares donde se estudiaron, discutieron y asimilaron progresivamente.
Y es precisamente esta característica lo que hace interesante a Guigues: su libro pertenece a esa fase de transición en la que la vieja cosmología no había desaparecido simplemente, sino que seguía enfrentándose con el nuevo universo científico.
⸻
La comparación con Copérnico y Galileo
Para comprender el significado histórico de esta obra, hay que remontarse a 1543, cuando Nicolás Copérnico publicó De revolutionibus orbium coelestium.
Copérnico había puesto el Sol, y no la Tierra, en el centro del sistema planetario. La transformación no fue únicamente astronómica: modificaba una concepción del lugar del hombre en el universo que había atravesado siglos de cultura occidental.
En el siglo XVII esa transformación alcanzó un punto decisivo con Galileo Galilei.
Las observaciones telescópicas de Galileo —desde las montañas de la Luna a las fases de Venus y a los satélites de Júpiter— proporcionaban nuevas evidencias incompatibles con algunos aspectos de la cosmología aristotélico-tolemaica tradicional.
La historia culminó en el proceso de 1633, cuando Galileo fue condenado por la Santa Inquisición y obligado a abjurar.
Cuando Guigues publica la Esfera Geográfico-Celeste en 1700, han transcurrido casi setenta años desde el proceso: sin embargo, la cuestión cosmológica está lejos de cerrarse.
⸻
El fantasma de Giordano Bruno
Aún más significativo es la relación con Giordano Bruno.
Guigues no se limita, de hecho, a proponer una cosmología tradicional genérica: en el libro aborda también la cuestión de la existencia de otros mundos y las implicaciones de la pluralidad de sistemas cósmicos.
Una prueba especialmente importante la ofrece un ejemplar de la primera edición, cuya descripción registra un pasaje en la página 150 en el que Guigues alude explícitamente a Bruno y a su condena.
Esta referencia es extraordinariamente significativa.
Bruno había sido condenado a la hoguera en Roma en 1600, en Campo de’ Fiori, también en relación con sus concepciones filosóficas y cosmológicas. Su idea de un universo infinitamente extendido y poblado por innúmeros mundos pertenecía a una concepción radicalmente distinta del cosmos cerrado y ordenado de la cosmología tradicional.
El nombre de Bruno, pues, reaparece en Guigues casi como una sombra procedente del siglo anterior, testimonio de una disputa que continuaba atravesando la cultura europea.
⸻
De la cosmología antigua a Newton
La importancia histórica de la Esfera Geográfico-Celeste surge aún mejor si se sitúa entre dos épocas.
Por un lado encontramos a Tolomeo, cuya cosmología geocéntrica había dominado durante más de un milenio.
Por otro lado hallamos el nuevo universo de:
Copérnico → Kepler → Galileo → Newton.
Kepler había transformado los movimientos planetarios a través de sus célebres tres leyes; Galileo había modificado la propia forma de observar la naturaleza; finalmente Isaac Newton, con los Philosophiae Naturalis Principia Mathematica de 1687, había proporcionado una teoría matemática de la gravitación universal capaz de relacionar la caída de los cuerpos terrestres y el movimiento de los cuerpos celestes.
Y sin embargo, en 1700, Guigues publica aún una obra en la que la tradición cosmológica anterior conserva su propia fuerza.
Es precisamente este su valor histórico: no solo testimonia lo que la ciencia había descubierto, sino también lo que una parte de la cultura europea continuaba defendiendo y discutiendo mientras el paradigma científico cambiaba.
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El significado de la dedicatoria a Gio. Ambrogio Centurione
La portada revela, además, otro elemento interesante.
La obra está dedicada a:
«Muy Reverendo Padre Gio. Ambrogio Centurione de la Compañía de Jesús»
presentado como rector del Colegio de Penitentes de la Santa Casa de Loreto.
La dedicatoria sitúa, pues, el libro dentro de una red cultural y religiosa precisa, la de los entornos eclesiásticos y jesuíticos italianos.
El vínculo con Loreto es particularmente significativo: la Santa Casa constituía uno de los mayores centros de devoción de la Italia moderna y el Colegio de Penitentes representaba un entorno en el que la cultura religiosa, la formación y el saber coincidían.
La obra no aparece por tanto como un simple tratado astronómico destinado exclusivamente a los especialistas: es también el producto de una cultura en la que el conocimiento del universo se inserta dentro de una visión filosófica y religiosa más amplia de la creación.
⸻
El impresor: Gio. Giacomo Komarek
El volumen salió de la imprenta romana de Giovanni Giacomo Komarek, tipógrafo de origen bohemio activo en Roma entre finales del Seicento y los primeros años del siglo XVIII.
Su nombre figura asociado a varias publicaciones romanas importantes de la época. Los catálogos bibliográficos documentan sus diferentes sedes tipográficas, entre ellas L’Angelo Custode, La Torre del Grillo y la Fontana di Trevi.
Komarek no fue, por tanto, un simple impresor eventual. Su taller participó en la producción de obras de notable relieve cultural.
Entre ellas figura también la monumental Perspectiva pictorum et architectorum de Andrea Pozzo, impresa en varias partes entre 1693 y 1700, otra obra profundamente ligada al entorno jesuítico romano y a la representación matemática del espacio.
Es un cruce especialmente sugerente: el mismo entorno tipográfico que publicaba la ciencia de la perspectiva y de la representación del espacio contribuía a la difusión de una obra dedicada a la representación geográfica y cosmológica del espacio universal.
⸻
Un documento de la historia de las ideas
La Esfera Geográfico-Celeste debe, por tanto, ser considerada mucho más allá del simple interés bibliográfico.
Es un documento de la historia de las ideas.
Su valor reside también en la contradicción aparente que encierra: se publica en 1700, cuando la nueva astronomía ya ha producido resultados extraordinarios, pero continúa presentando una visión del cosmos profundamente ligada a la tradición.
Y es precisamente este aparente «resistencia» lo que la hace valiosa.
Un libro antiguo no cuenta solo lo que hoy consideramos verdadero. Cuenta cómo los hombres de un tiempo determinado buscaban comprender el mundo.
Guigues nos muestra así un momento de transición: una Europa en la que Tolomeo no ha desaparecido completamente, Copérnico no ha sido aún universalmente aceptado, Galileo ya es una figura histórica gigantesca y Newton acaba de abrir una nueva era de la física.
⸻
Conclusión
La Esfera Geográfico-Celeste de Marc-Antoine Guigues, publicada en Roma en 1700 por Giovanni Giacomo Komarek, es, por tanto, una obra que se sitúa en uno de los momentos más fascinantes de la historia del conocimiento europeo: aquel en el que el antiguo orden cosmológico se cruza, y progresivamente se confronta, con la ciencia moderna.
Entre sus páginas conviven la tradición astronómica antigua, la cultura geográfica, las matemáticas, la filosofía natural y la visión religiosa del universo. La referencia a Bruno, el enfrentamiento implícito con la revolución copernicana y el contexto jesuítico en el que nace el volumen transforman lo que podría parecer un simple tratado cosmográfico en una verdadera testimonio de la larga transición del universo medieval y renacentista al universo moderno.
Poseer hoy un ejemplar de la primera edición significa, pues, conservar no solo un libro de astronomía de 1700, sino un testimonio material de una época en la que el hombre estaba aprendiendo a mirar el cielo con ojos nuevos, sin haber abandonado aún por completo aquellos con los que lo había observado durante siglos.
Es en esta tensión entre tradición y revolución, entre fe y observación, entre el cosmos heredado de la antigüedad y aquel que estaba naciendo de los descubrimientos de la ciencia moderna, donde reside el encanto más auténtico de la Esfera Geográfico-Celeste: un libro que no pertenece solo a la historia de la astronomía, sino a la historia misma de la manera en que el hombre ha buscado comprender su lugar en el universo.
Colación y estado de preservación
23pp, (353pp) Excelente estado de preservación encuadernación de cuero de época a señalar ligeras florituras en los márgenes
Envío
Entrega en solo 24 horas laborables en toda Europa y 48h laborables para los países fuera de la UE
MARC’ANTONIO GUIGUES
La Esfera Geográfico-Celeste
Roma, Gio. Giacomo Komarek Boemo en la Fontana di Trevi, 1700
Primera edición
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El autor
Marc-Antoine Guigues es una figura hoy relativamente poco conocida, pero precisamente por ello especialmente interesante dentro del panorama de la cultura científica y religiosa entre el Siglo XVII y el siglo XVIII. La portada lo presenta como «Ecclesiastico Francese»; las fuentes bibliográficas lo relacionan con el entorno católico y jesuítico romano y recuerdan además su actividad como secretario del obispo de Pamiers François-Étienne de Caulet, figura destacada en las controversias religiosas francesas del siglo XVII. Un inventario de la biblioteca de los jesuitas de París conserva, de hecho, manuscritos atribuidos a Guigues como secretario y copista de Caulet.
Su producción incluye también escritos de carácter religioso, histórico y poético. La Esfera Geográfico-Celeste representa, sin embargo, su obra más ambiciosa y, desde el punto de vista de la historia de la ciencia, la de mayor interés.
El libro se ubica en un momento especialmente significativo: la Europa de 1700 se halla en pleno proceso de transformación de su concepción del universo. La revolución copernicana, las observaciones de Galileo, las leyes de Kepler y la nueva física de Newton habían ya modificado profundamente el panorama científico europeo; Guigues interviene, sin embargo, defendiendo una concepción cosmológica fuertemente ligada a la tradición geocéntrica. Un ejemplar de la primera edición es descrito por la bibliografía antiquaria como una rara obra de cosmología geocéntrica.
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La obra: geografía, astronomía y cosmología
La Esfera Geográfico-Celeste es una obra en la que la geografía terrestre y la astronomía se contemplan como partes de un mismo sistema de conocimiento.
El propio término «esfera» remite a la concepción tradicional del universo como un orden geométrico en el que la Tierra ocupa una posición central y los fenómenos terrestres pueden comprenderse a través de las relaciones con la esfera celeste.
El volumen aborda, por tanto, cuestiones relativas a la Tierra, a los cielos, a los movimientos de las estrellas, a las coordenadas celestes, a las estaciones, a la distribución de la luz, a los fenómenos astronómicos y a la estructura del cosmos, entrelazando observación natural, matemática, filosofía e interpretación religiosa.
El ejemplar de la primera edición consta de [24], 353, [19] páginas, en formato cuarto, y está acompañado de una importante componente iconográfica: antiporta alegórica grabada, diagramas, láminas, esquemas y representaciones, elementos que testifican cuánto la ilustración era considerada parte integrante de la divulgación científica de la época.
La antiporta que abre el volumen, además, traduce visualmente el concepto fundamental de la obra: el orden cósmico representado a través de figuras alegóricas, instrumentos y símbolos, según esa fusión entre ciencia, filosofía y cultura emblemática característico de la cultura barroca.
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Un libro nacido en el corazón de la Roma científica y jesuítica
No es casualidad que la obra se publique en Roma en 1700.
La ciudad era entonces uno de los principales centros europeos donde el saber astronómico convivía con la tradición filosófica y teológica católica. Un papel determinante lo había desempeñado la Compañía de Jesús, que había desarrollado una extraordinaria tradición en la enseñanza de la matemática, la astronomía, la cartografía y la cosmología.
Pocas décadas antes, en el Collegio Romano, Cristoforo Clavio había elaborado y enseñado una parte fundamental de la matemática astronómica europea. La tradición científica jesuita no era por ello ajena a los nuevos descubrimientos: al contrario, fue uno de los lugares donde se estudiaron, discutieron y asimilaron progresivamente.
Y es precisamente esta característica lo que hace interesante a Guigues: su libro pertenece a esa fase de transición en la que la vieja cosmología no había desaparecido simplemente, sino que seguía enfrentándose con el nuevo universo científico.
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La comparación con Copérnico y Galileo
Para comprender el significado histórico de esta obra, hay que remontarse a 1543, cuando Nicolás Copérnico publicó De revolutionibus orbium coelestium.
Copérnico había puesto el Sol, y no la Tierra, en el centro del sistema planetario. La transformación no fue únicamente astronómica: modificaba una concepción del lugar del hombre en el universo que había atravesado siglos de cultura occidental.
En el siglo XVII esa transformación alcanzó un punto decisivo con Galileo Galilei.
Las observaciones telescópicas de Galileo —desde las montañas de la Luna a las fases de Venus y a los satélites de Júpiter— proporcionaban nuevas evidencias incompatibles con algunos aspectos de la cosmología aristotélico-tolemaica tradicional.
La historia culminó en el proceso de 1633, cuando Galileo fue condenado por la Santa Inquisición y obligado a abjurar.
Cuando Guigues publica la Esfera Geográfico-Celeste en 1700, han transcurrido casi setenta años desde el proceso: sin embargo, la cuestión cosmológica está lejos de cerrarse.
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El fantasma de Giordano Bruno
Aún más significativo es la relación con Giordano Bruno.
Guigues no se limita, de hecho, a proponer una cosmología tradicional genérica: en el libro aborda también la cuestión de la existencia de otros mundos y las implicaciones de la pluralidad de sistemas cósmicos.
Una prueba especialmente importante la ofrece un ejemplar de la primera edición, cuya descripción registra un pasaje en la página 150 en el que Guigues alude explícitamente a Bruno y a su condena.
Esta referencia es extraordinariamente significativa.
Bruno había sido condenado a la hoguera en Roma en 1600, en Campo de’ Fiori, también en relación con sus concepciones filosóficas y cosmológicas. Su idea de un universo infinitamente extendido y poblado por innúmeros mundos pertenecía a una concepción radicalmente distinta del cosmos cerrado y ordenado de la cosmología tradicional.
El nombre de Bruno, pues, reaparece en Guigues casi como una sombra procedente del siglo anterior, testimonio de una disputa que continuaba atravesando la cultura europea.
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De la cosmología antigua a Newton
La importancia histórica de la Esfera Geográfico-Celeste surge aún mejor si se sitúa entre dos épocas.
Por un lado encontramos a Tolomeo, cuya cosmología geocéntrica había dominado durante más de un milenio.
Por otro lado hallamos el nuevo universo de:
Copérnico → Kepler → Galileo → Newton.
Kepler había transformado los movimientos planetarios a través de sus célebres tres leyes; Galileo había modificado la propia forma de observar la naturaleza; finalmente Isaac Newton, con los Philosophiae Naturalis Principia Mathematica de 1687, había proporcionado una teoría matemática de la gravitación universal capaz de relacionar la caída de los cuerpos terrestres y el movimiento de los cuerpos celestes.
Y sin embargo, en 1700, Guigues publica aún una obra en la que la tradición cosmológica anterior conserva su propia fuerza.
Es precisamente este su valor histórico: no solo testimonia lo que la ciencia había descubierto, sino también lo que una parte de la cultura europea continuaba defendiendo y discutiendo mientras el paradigma científico cambiaba.
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El significado de la dedicatoria a Gio. Ambrogio Centurione
La portada revela, además, otro elemento interesante.
La obra está dedicada a:
«Muy Reverendo Padre Gio. Ambrogio Centurione de la Compañía de Jesús»
presentado como rector del Colegio de Penitentes de la Santa Casa de Loreto.
La dedicatoria sitúa, pues, el libro dentro de una red cultural y religiosa precisa, la de los entornos eclesiásticos y jesuíticos italianos.
El vínculo con Loreto es particularmente significativo: la Santa Casa constituía uno de los mayores centros de devoción de la Italia moderna y el Colegio de Penitentes representaba un entorno en el que la cultura religiosa, la formación y el saber coincidían.
La obra no aparece por tanto como un simple tratado astronómico destinado exclusivamente a los especialistas: es también el producto de una cultura en la que el conocimiento del universo se inserta dentro de una visión filosófica y religiosa más amplia de la creación.
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El impresor: Gio. Giacomo Komarek
El volumen salió de la imprenta romana de Giovanni Giacomo Komarek, tipógrafo de origen bohemio activo en Roma entre finales del Seicento y los primeros años del siglo XVIII.
Su nombre figura asociado a varias publicaciones romanas importantes de la época. Los catálogos bibliográficos documentan sus diferentes sedes tipográficas, entre ellas L’Angelo Custode, La Torre del Grillo y la Fontana di Trevi.
Komarek no fue, por tanto, un simple impresor eventual. Su taller participó en la producción de obras de notable relieve cultural.
Entre ellas figura también la monumental Perspectiva pictorum et architectorum de Andrea Pozzo, impresa en varias partes entre 1693 y 1700, otra obra profundamente ligada al entorno jesuítico romano y a la representación matemática del espacio.
Es un cruce especialmente sugerente: el mismo entorno tipográfico que publicaba la ciencia de la perspectiva y de la representación del espacio contribuía a la difusión de una obra dedicada a la representación geográfica y cosmológica del espacio universal.
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Un documento de la historia de las ideas
La Esfera Geográfico-Celeste debe, por tanto, ser considerada mucho más allá del simple interés bibliográfico.
Es un documento de la historia de las ideas.
Su valor reside también en la contradicción aparente que encierra: se publica en 1700, cuando la nueva astronomía ya ha producido resultados extraordinarios, pero continúa presentando una visión del cosmos profundamente ligada a la tradición.
Y es precisamente este aparente «resistencia» lo que la hace valiosa.
Un libro antiguo no cuenta solo lo que hoy consideramos verdadero. Cuenta cómo los hombres de un tiempo determinado buscaban comprender el mundo.
Guigues nos muestra así un momento de transición: una Europa en la que Tolomeo no ha desaparecido completamente, Copérnico no ha sido aún universalmente aceptado, Galileo ya es una figura histórica gigantesca y Newton acaba de abrir una nueva era de la física.
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Conclusión
La Esfera Geográfico-Celeste de Marc-Antoine Guigues, publicada en Roma en 1700 por Giovanni Giacomo Komarek, es, por tanto, una obra que se sitúa en uno de los momentos más fascinantes de la historia del conocimiento europeo: aquel en el que el antiguo orden cosmológico se cruza, y progresivamente se confronta, con la ciencia moderna.
Entre sus páginas conviven la tradición astronómica antigua, la cultura geográfica, las matemáticas, la filosofía natural y la visión religiosa del universo. La referencia a Bruno, el enfrentamiento implícito con la revolución copernicana y el contexto jesuítico en el que nace el volumen transforman lo que podría parecer un simple tratado cosmográfico en una verdadera testimonio de la larga transición del universo medieval y renacentista al universo moderno.
Poseer hoy un ejemplar de la primera edición significa, pues, conservar no solo un libro de astronomía de 1700, sino un testimonio material de una época en la que el hombre estaba aprendiendo a mirar el cielo con ojos nuevos, sin haber abandonado aún por completo aquellos con los que lo había observado durante siglos.
Es en esta tensión entre tradición y revolución, entre fe y observación, entre el cosmos heredado de la antigüedad y aquel que estaba naciendo de los descubrimientos de la ciencia moderna, donde reside el encanto más auténtico de la Esfera Geográfico-Celeste: un libro que no pertenece solo a la historia de la astronomía, sino a la historia misma de la manera en que el hombre ha buscado comprender su lugar en el universo.
Colación y estado de preservación
23pp, (353pp) Excelente estado de preservación encuadernación de cuero de época a señalar ligeras florituras en los márgenes
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