Miquel Torner de Semir (1938) - La mirada interior






Especializada en pinturas y dibujos de maestros antiguos del siglo XVII, con experiencia en subastas.
15 € | ||
|---|---|---|
10 € |
Protección del Comprador de Catawiki
Tu pago está protegido con nosotros hasta que recibas tu objeto.Ver detalles
Trustpilot 4.4 | 142317 valoraciones
Valoración Excelente en Trustpilot.
La mirada interior es una obra en técnica mixta de Miquel Torner de Semir (1938) de los años 1980–1990, firmada a mano, edición original, 44 cm de alto por 37 cm de ancho, procedente de España y vendida con marco.
Descripción del vendedor
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Miquel Torner de Semir, que representa un universo femenino y onírico en el que varios rostros y cuerpos se entrelazan sobre un paisaje marítimo, simbolizando las distintas facetas de la identidad, la memoria y el mundo interior. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones con marco: 44x37x3 cm.
· Dimensiones sin marco: 27x21 cm.
· Técnica mixta firmado a mano por el artista en la parte inferior derecha.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco con vidrio protector (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
------------------------------------------------------------------
Este cuadro presenta una composición profundamente imaginativa en la que distintas figuras femeninas, perfiles, miradas y cuerpos se entrelazan hasta formar una escena de carácter onírico y simbólico. La obra se construye a partir de una sucesión de siluetas que parecen surgir unas de otras, como si cada rostro contuviera un pensamiento, un recuerdo o una identidad diferente. La ausencia de un escenario convencional permite que toda la atención se concentre en las formas humanas, en sus gestos y en la sugerente relación que mantienen entre sí.
En la parte superior aparecen tres perfiles femeninos orientados hacia la izquierda. El primero, de menores dimensiones, muestra un rostro delicado adornado con un recogido y pequeños elementos ornamentales que aportan elegancia y refinamiento. Tras él surge un segundo perfil de mayor tamaño, con una mirada firme y serena, mientras una tercera figura se inclina desde la zona superior como si observara, protegiera o dialogara silenciosamente con las demás. Esta repetición de rostros genera una sensación de continuidad, como si se tratara de distintas edades, estados emocionales o manifestaciones de una misma mujer.
Las facciones están representadas mediante contornos limpios y expresivos, concediendo especial importancia a los ojos, los labios y las curvas de los rostros. Aunque las figuras apenas muestran gestos exagerados, cada mirada posee una intensidad particular. Algunas parecen concentradas en un punto lejano, mientras otras transmiten introspección, melancolía o misterio. La proximidad entre los perfiles hace que sus identidades se confundan y que resulte difícil determinar dónde termina una figura y comienza la siguiente.
En el centro de la composición destaca un gran rostro femenino dispuesto de perfil, cuyo ojo abierto se convierte en uno de los principales focos visuales de la obra. Esta mirada amplia, intensa y casi vigilante parece contemplar tanto el espacio exterior como un universo interior. Sobre la cabeza aparece un pequeño elemento floral que introduce una nota de delicadeza, mientras las líneas del rostro se prolongan hacia otras partes del cuerpo, creando una transformación continua entre cabeza, torso y extremidades. La anatomía deja así de responder a una representación convencional para convertirse en un territorio de asociaciones y metáforas.
En la zona inferior se desarrolla una figura femenina desnuda, reclinada y recogida sobre sí misma. Su cuerpo se adapta a las curvas generales de la composición, formando una postura cerrada que puede interpretarse como un gesto de descanso, vulnerabilidad o protección. La presencia del desnudo aporta una dimensión íntima y humana, mientras que la integración de su cuerpo con el gran rostro superior refuerza la idea de que todas las figuras pertenecen a una misma realidad emocional. El cuerpo no aparece como un elemento aislado, sino como una prolongación física de la memoria, el deseo y la conciencia.
El fondo permanece casi completamente despejado, aunque en la parte inferior se insinúa un paisaje costero formado por rocas, agua y una pequeña construcción situada en la lejanía. Este diminuto horizonte contrasta con la monumentalidad de las figuras y sitúa la escena en un espacio ambiguo, a medio camino entre el paisaje real y el mundo de los sueños. Las figuras parecen flotar sobre el mar o emerger de él, como pensamientos que toman forma en un lugar apartado y silencioso. La escala reducida de la arquitectura acentúa todavía más la presencia dominante de la figura humana y su universo interior.
La superposición de cuerpos y rostros establece un juego visual lleno de dobles lecturas. Cada perfil puede contemplarse de manera independiente, pero también como parte de una gran figura colectiva. Esta ambigüedad convierte la obra en una reflexión sobre la identidad, la feminidad y las múltiples facetas que conviven dentro de una misma persona. Las mujeres representadas podrían simbolizar diferentes generaciones, recuerdos, estados de ánimo o voces interiores, reunidas dentro de una composición que parece desarrollarse fuera del tiempo.
En conjunto, la obra ofrece una visión poética, íntima y enigmática del universo femenino, en la que rostros y cuerpos se funden para construir una imagen llena de sensibilidad y fuerza expresiva. La relación entre las figuras, el gran ojo central, el desnudo recogido y el lejano paisaje marítimo crea una atmósfera de contemplación y misterio. Más que narrar una historia concreta, el cuadro invita al espectador a explorar sus propias interpretaciones y a descubrir, entre las formas entrelazadas, una meditación sobre la memoria, la identidad, la belleza y la complejidad de la experiencia interior.
El vendedor y su historia
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Miquel Torner de Semir, que representa un universo femenino y onírico en el que varios rostros y cuerpos se entrelazan sobre un paisaje marítimo, simbolizando las distintas facetas de la identidad, la memoria y el mundo interior. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones con marco: 44x37x3 cm.
· Dimensiones sin marco: 27x21 cm.
· Técnica mixta firmado a mano por el artista en la parte inferior derecha.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco con vidrio protector (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
------------------------------------------------------------------
Este cuadro presenta una composición profundamente imaginativa en la que distintas figuras femeninas, perfiles, miradas y cuerpos se entrelazan hasta formar una escena de carácter onírico y simbólico. La obra se construye a partir de una sucesión de siluetas que parecen surgir unas de otras, como si cada rostro contuviera un pensamiento, un recuerdo o una identidad diferente. La ausencia de un escenario convencional permite que toda la atención se concentre en las formas humanas, en sus gestos y en la sugerente relación que mantienen entre sí.
En la parte superior aparecen tres perfiles femeninos orientados hacia la izquierda. El primero, de menores dimensiones, muestra un rostro delicado adornado con un recogido y pequeños elementos ornamentales que aportan elegancia y refinamiento. Tras él surge un segundo perfil de mayor tamaño, con una mirada firme y serena, mientras una tercera figura se inclina desde la zona superior como si observara, protegiera o dialogara silenciosamente con las demás. Esta repetición de rostros genera una sensación de continuidad, como si se tratara de distintas edades, estados emocionales o manifestaciones de una misma mujer.
Las facciones están representadas mediante contornos limpios y expresivos, concediendo especial importancia a los ojos, los labios y las curvas de los rostros. Aunque las figuras apenas muestran gestos exagerados, cada mirada posee una intensidad particular. Algunas parecen concentradas en un punto lejano, mientras otras transmiten introspección, melancolía o misterio. La proximidad entre los perfiles hace que sus identidades se confundan y que resulte difícil determinar dónde termina una figura y comienza la siguiente.
En el centro de la composición destaca un gran rostro femenino dispuesto de perfil, cuyo ojo abierto se convierte en uno de los principales focos visuales de la obra. Esta mirada amplia, intensa y casi vigilante parece contemplar tanto el espacio exterior como un universo interior. Sobre la cabeza aparece un pequeño elemento floral que introduce una nota de delicadeza, mientras las líneas del rostro se prolongan hacia otras partes del cuerpo, creando una transformación continua entre cabeza, torso y extremidades. La anatomía deja así de responder a una representación convencional para convertirse en un territorio de asociaciones y metáforas.
En la zona inferior se desarrolla una figura femenina desnuda, reclinada y recogida sobre sí misma. Su cuerpo se adapta a las curvas generales de la composición, formando una postura cerrada que puede interpretarse como un gesto de descanso, vulnerabilidad o protección. La presencia del desnudo aporta una dimensión íntima y humana, mientras que la integración de su cuerpo con el gran rostro superior refuerza la idea de que todas las figuras pertenecen a una misma realidad emocional. El cuerpo no aparece como un elemento aislado, sino como una prolongación física de la memoria, el deseo y la conciencia.
El fondo permanece casi completamente despejado, aunque en la parte inferior se insinúa un paisaje costero formado por rocas, agua y una pequeña construcción situada en la lejanía. Este diminuto horizonte contrasta con la monumentalidad de las figuras y sitúa la escena en un espacio ambiguo, a medio camino entre el paisaje real y el mundo de los sueños. Las figuras parecen flotar sobre el mar o emerger de él, como pensamientos que toman forma en un lugar apartado y silencioso. La escala reducida de la arquitectura acentúa todavía más la presencia dominante de la figura humana y su universo interior.
La superposición de cuerpos y rostros establece un juego visual lleno de dobles lecturas. Cada perfil puede contemplarse de manera independiente, pero también como parte de una gran figura colectiva. Esta ambigüedad convierte la obra en una reflexión sobre la identidad, la feminidad y las múltiples facetas que conviven dentro de una misma persona. Las mujeres representadas podrían simbolizar diferentes generaciones, recuerdos, estados de ánimo o voces interiores, reunidas dentro de una composición que parece desarrollarse fuera del tiempo.
En conjunto, la obra ofrece una visión poética, íntima y enigmática del universo femenino, en la que rostros y cuerpos se funden para construir una imagen llena de sensibilidad y fuerza expresiva. La relación entre las figuras, el gran ojo central, el desnudo recogido y el lejano paisaje marítimo crea una atmósfera de contemplación y misterio. Más que narrar una historia concreta, el cuadro invita al espectador a explorar sus propias interpretaciones y a descubrir, entre las formas entrelazadas, una meditación sobre la memoria, la identidad, la belleza y la complejidad de la experiencia interior.
