Lluís Domingo Abelló (1917-1993) - Mar abierto





14 € | ||
|---|---|---|
11 € | ||
1 € |
Protección del Comprador de Catawiki
Tu pago está protegido con nosotros hasta que recibas tu objeto.Ver detalles
Trustpilot 4.4 | 142553 valoraciones
Valoración Excelente en Trustpilot.
Lluís Domingo Abelló, Mar abierto, óleo sobre tabla, original, periodo 1990-2000, firmado a mano, en buen estado, vendido con marco, procedente de España.
Descripción del vendedor
Pictura Galeria presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Domingo Abelló, que representa una costa rocosa y solitaria, rodeada de árboles y abierta a un mar en movimiento bajo un amplio cielo nublado. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones del marco: 70x80x5 cm.
· Dimensiones de la obra: 46x55 cm.
· Óleo sobre tabla firmado a mano por el artista en la esquina izquierda de la obra, Domingo Abelló.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
La obra será embalada de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
------------------------------------------------------------------
Este cuadro presenta un amplio paisaje marítimo en el que el agua, las rocas, la vegetación y el cielo se unen para crear una escena llena de frescura y movimiento. La composición se abre desde una costa rocosa situada en primer término y conduce la mirada hacia un horizonte lejano, donde una formación montañosa emerge sobre el mar. La ausencia de figuras humanas permite que toda la atención recaiga sobre la fuerza del entorno natural y sobre la relación entre la tierra y el agua.
El mar ocupa la mayor parte de la composición y se extiende desde la zona central hasta el primer plano. Su superficie está formada por una rica variedad de azules, verdes, turquesas, blancos y grises. Estas tonalidades se superponen y se entrelazan, haciendo que el agua parezca encontrarse en movimiento constante. Las pequeñas ondulaciones recorren toda la escena y transmiten la presencia de un viento suave que agita la superficie.
En las zonas más próximas a la orilla, el agua adquiere tonalidades más claras, casi transparentes. Los verdes azulados y los blancos sugieren la espuma que se forma al chocar contra las rocas. Las corrientes parecen avanzar hacia la costa, dividirse entre las piedras y regresar nuevamente al mar. Este movimiento genera una sensación de sonido, como si pudiera escucharse el murmullo continuo de las olas.
El primer plano está dominado por una sucesión de grandes rocas irregulares. Algunas aparecen parcialmente cubiertas por el agua, mientras otras se elevan por encima de la superficie. Sus colores oscilan entre grises, verdes, marrones, blancos y pequeñas notas rojizas. Esta diversidad cromática les proporciona una apariencia natural y permite percibir las variaciones de humedad, luz y vegetación.
Las rocas crean una barrera fragmentada que separa al espectador del mar abierto. Sin embargo, entre ellas aparecen pequeñas entradas y canales por los que penetra el agua, estableciendo una conexión visual entre la costa y la inmensidad marina. Estos espacios estrechos aportan profundidad y conducen la mirada desde la parte inferior hacia el centro de la composición.
En la esquina inferior derecha se forma una pequeña zona de agua más oscura y recogida. Allí se concentran azules profundos, verdes y reflejos blancos que sugieren el movimiento circular de una corriente atrapada entre las piedras. Este rincón introduce un detalle especialmente dinámico y ayuda a equilibrar la presencia de la costa situada a la izquierda.
El litoral asciende por el lado izquierdo mediante una pendiente cubierta de rocas, tierra y vegetación. Los tonos claros del terreno contrastan con los azules del mar, mientras las zonas verdes y amarillas aportan vitalidad. La orilla parece irregular y salvaje, sin construcciones ni caminos definidos, lo que refuerza la sensación de encontrarse ante un rincón natural y poco transitado.
Sobre la elevación izquierda aparecen varios árboles de copas pequeñas y formas irregulares. Sus troncos oscuros se inclinan ligeramente y sus hojas combinan verdes, amarillos y ocres. La posición de las ramas y la disposición desigual del follaje sugieren que están expuestos al viento marino. Estos árboles aportan verticalidad y se convierten en uno de los principales puntos de referencia del paisaje.
La copa del árbol más alto destaca contra el cielo y parece inclinarse hacia el agua. Su silueta introduce una presencia viva en la costa rocosa y proporciona una escala aproximada del entorno. Al observarlo, el espectador puede imaginar la amplitud del mar y la distancia que separa la orilla de las montañas del fondo.
Junto a los árboles crecen arbustos y plantas de menor tamaño que cubren parcialmente las rocas. Los verdes intensos se mezclan con amarillos luminosos y pequeñas zonas oscuras, creando una vegetación resistente, adaptada a la cercanía del mar. Su presencia suaviza la dureza mineral de la costa y añade variedad al primer plano.
En el centro de la composición, la línea del horizonte aparece ligeramente elevada y separa el mar del cielo. Esta división no es completamente rígida, pues los azules y grises de ambos espacios se aproximan y se confunden. El horizonte transmite una sensación de distancia y amplitud, invitando a imaginar todo aquello que existe más allá de lo visible.
Hacia el lado derecho se alza una isla, península o formación montañosa que rompe la continuidad horizontal del mar. Su perfil irregular está compuesto por elevaciones oscuras que descienden suavemente hasta el agua. Los verdes, marrones, rojizos y negros se agrupan sobre sus laderas, sugiriendo zonas de vegetación, piedra y tierra expuesta.
Algunas partes de esta formación reciben mayor iluminación y muestran colores más vivos, mientras las zonas superiores aparecen más oscuras. Esta combinación crea sensación de volumen y permite distinguir diferentes alturas. La costa distante parece protegida y misteriosa, como un territorio que todavía queda por explorar.
Las pequeñas manchas rojizas visibles sobre las montañas introducen un contraste cálido frente a los azules y verdes dominantes. Podrían corresponder a rocas iluminadas, tierra descubierta o vegetación de tonos otoñales. Aunque aparecen en una zona lejana, estos detalles atraen la mirada y enriquecen la profundidad cromática del paisaje.
El cielo ocupa una amplia franja superior y está cubierto por nubes claras y dispersas. Los blancos, azules pálidos y grises forman una atmósfera luminosa, aunque variable. Algunas nubes parecen densas, mientras otras se deshacen en pequeñas manchas que dejan entrever zonas de cielo azul. Esta alternancia sugiere un día cambiante junto al mar.
Las formas del cielo parecen responder al movimiento del agua. Las nubes se extienden en diferentes direcciones y transmiten la misma sensación de agitación que las olas. De este modo, el cuadro establece un diálogo entre la parte superior e inferior: el viento mueve las nubes, agita los árboles y recorre la superficie marina.
La luz se distribuye de manera desigual por toda la escena. Brilla especialmente sobre las nubes, las zonas de espuma, algunas rocas y determinados fragmentos del terreno. Otras áreas, como la montaña lejana y las aguas más profundas, permanecen en tonos oscuros. Esta alternancia aporta volumen y crea una atmósfera fresca y dinámica.
La combinación de los elementos transmite una sensación de libertad. El mar abierto, el cielo amplio y el horizonte lejano permiten que la mirada se extienda sin obstáculos. Al mismo tiempo, la presencia de las rocas y los árboles en primer plano proporciona cercanía y hace imaginar al espectador situado sobre la misma orilla, contemplando el movimiento del agua.
La escena también posee un carácter ligeramente solitario, aunque no melancólico. La ausencia de embarcaciones, personas o edificios convierte este rincón en un lugar apartado donde solo se perciben las fuerzas naturales. Esa soledad transmite paz y permite imaginar el sonido de las olas, el viento entre las hojas y el olor salino del aire.
El paisaje parece capturar un momento concreto de cambio atmosférico. El cielo no está completamente despejado, pero tampoco anuncia una tormenta. El mar se mueve con energía sin volverse amenazante, mientras la vegetación permanece expuesta al viento. Todo indica una jornada viva, fresca y luminosa en la costa.
En conjunto, la obra representa una costa rocosa abierta al mar, con árboles inclinados por el viento, aguas azuladas en constante movimiento y una formación montañosa que se eleva en la distancia bajo un cielo cubierto de nubes. La escena transmite libertad, frescura y serenidad, al mismo tiempo que muestra la energía incesante del paisaje marítimo. El cuadro invita a imaginarse junto a la orilla, escuchando las olas y contemplando la amplitud del horizonte.
Pictura Galeria presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Domingo Abelló, que representa una costa rocosa y solitaria, rodeada de árboles y abierta a un mar en movimiento bajo un amplio cielo nublado. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones del marco: 70x80x5 cm.
· Dimensiones de la obra: 46x55 cm.
· Óleo sobre tabla firmado a mano por el artista en la esquina izquierda de la obra, Domingo Abelló.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
La obra será embalada de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
------------------------------------------------------------------
Este cuadro presenta un amplio paisaje marítimo en el que el agua, las rocas, la vegetación y el cielo se unen para crear una escena llena de frescura y movimiento. La composición se abre desde una costa rocosa situada en primer término y conduce la mirada hacia un horizonte lejano, donde una formación montañosa emerge sobre el mar. La ausencia de figuras humanas permite que toda la atención recaiga sobre la fuerza del entorno natural y sobre la relación entre la tierra y el agua.
El mar ocupa la mayor parte de la composición y se extiende desde la zona central hasta el primer plano. Su superficie está formada por una rica variedad de azules, verdes, turquesas, blancos y grises. Estas tonalidades se superponen y se entrelazan, haciendo que el agua parezca encontrarse en movimiento constante. Las pequeñas ondulaciones recorren toda la escena y transmiten la presencia de un viento suave que agita la superficie.
En las zonas más próximas a la orilla, el agua adquiere tonalidades más claras, casi transparentes. Los verdes azulados y los blancos sugieren la espuma que se forma al chocar contra las rocas. Las corrientes parecen avanzar hacia la costa, dividirse entre las piedras y regresar nuevamente al mar. Este movimiento genera una sensación de sonido, como si pudiera escucharse el murmullo continuo de las olas.
El primer plano está dominado por una sucesión de grandes rocas irregulares. Algunas aparecen parcialmente cubiertas por el agua, mientras otras se elevan por encima de la superficie. Sus colores oscilan entre grises, verdes, marrones, blancos y pequeñas notas rojizas. Esta diversidad cromática les proporciona una apariencia natural y permite percibir las variaciones de humedad, luz y vegetación.
Las rocas crean una barrera fragmentada que separa al espectador del mar abierto. Sin embargo, entre ellas aparecen pequeñas entradas y canales por los que penetra el agua, estableciendo una conexión visual entre la costa y la inmensidad marina. Estos espacios estrechos aportan profundidad y conducen la mirada desde la parte inferior hacia el centro de la composición.
En la esquina inferior derecha se forma una pequeña zona de agua más oscura y recogida. Allí se concentran azules profundos, verdes y reflejos blancos que sugieren el movimiento circular de una corriente atrapada entre las piedras. Este rincón introduce un detalle especialmente dinámico y ayuda a equilibrar la presencia de la costa situada a la izquierda.
El litoral asciende por el lado izquierdo mediante una pendiente cubierta de rocas, tierra y vegetación. Los tonos claros del terreno contrastan con los azules del mar, mientras las zonas verdes y amarillas aportan vitalidad. La orilla parece irregular y salvaje, sin construcciones ni caminos definidos, lo que refuerza la sensación de encontrarse ante un rincón natural y poco transitado.
Sobre la elevación izquierda aparecen varios árboles de copas pequeñas y formas irregulares. Sus troncos oscuros se inclinan ligeramente y sus hojas combinan verdes, amarillos y ocres. La posición de las ramas y la disposición desigual del follaje sugieren que están expuestos al viento marino. Estos árboles aportan verticalidad y se convierten en uno de los principales puntos de referencia del paisaje.
La copa del árbol más alto destaca contra el cielo y parece inclinarse hacia el agua. Su silueta introduce una presencia viva en la costa rocosa y proporciona una escala aproximada del entorno. Al observarlo, el espectador puede imaginar la amplitud del mar y la distancia que separa la orilla de las montañas del fondo.
Junto a los árboles crecen arbustos y plantas de menor tamaño que cubren parcialmente las rocas. Los verdes intensos se mezclan con amarillos luminosos y pequeñas zonas oscuras, creando una vegetación resistente, adaptada a la cercanía del mar. Su presencia suaviza la dureza mineral de la costa y añade variedad al primer plano.
En el centro de la composición, la línea del horizonte aparece ligeramente elevada y separa el mar del cielo. Esta división no es completamente rígida, pues los azules y grises de ambos espacios se aproximan y se confunden. El horizonte transmite una sensación de distancia y amplitud, invitando a imaginar todo aquello que existe más allá de lo visible.
Hacia el lado derecho se alza una isla, península o formación montañosa que rompe la continuidad horizontal del mar. Su perfil irregular está compuesto por elevaciones oscuras que descienden suavemente hasta el agua. Los verdes, marrones, rojizos y negros se agrupan sobre sus laderas, sugiriendo zonas de vegetación, piedra y tierra expuesta.
Algunas partes de esta formación reciben mayor iluminación y muestran colores más vivos, mientras las zonas superiores aparecen más oscuras. Esta combinación crea sensación de volumen y permite distinguir diferentes alturas. La costa distante parece protegida y misteriosa, como un territorio que todavía queda por explorar.
Las pequeñas manchas rojizas visibles sobre las montañas introducen un contraste cálido frente a los azules y verdes dominantes. Podrían corresponder a rocas iluminadas, tierra descubierta o vegetación de tonos otoñales. Aunque aparecen en una zona lejana, estos detalles atraen la mirada y enriquecen la profundidad cromática del paisaje.
El cielo ocupa una amplia franja superior y está cubierto por nubes claras y dispersas. Los blancos, azules pálidos y grises forman una atmósfera luminosa, aunque variable. Algunas nubes parecen densas, mientras otras se deshacen en pequeñas manchas que dejan entrever zonas de cielo azul. Esta alternancia sugiere un día cambiante junto al mar.
Las formas del cielo parecen responder al movimiento del agua. Las nubes se extienden en diferentes direcciones y transmiten la misma sensación de agitación que las olas. De este modo, el cuadro establece un diálogo entre la parte superior e inferior: el viento mueve las nubes, agita los árboles y recorre la superficie marina.
La luz se distribuye de manera desigual por toda la escena. Brilla especialmente sobre las nubes, las zonas de espuma, algunas rocas y determinados fragmentos del terreno. Otras áreas, como la montaña lejana y las aguas más profundas, permanecen en tonos oscuros. Esta alternancia aporta volumen y crea una atmósfera fresca y dinámica.
La combinación de los elementos transmite una sensación de libertad. El mar abierto, el cielo amplio y el horizonte lejano permiten que la mirada se extienda sin obstáculos. Al mismo tiempo, la presencia de las rocas y los árboles en primer plano proporciona cercanía y hace imaginar al espectador situado sobre la misma orilla, contemplando el movimiento del agua.
La escena también posee un carácter ligeramente solitario, aunque no melancólico. La ausencia de embarcaciones, personas o edificios convierte este rincón en un lugar apartado donde solo se perciben las fuerzas naturales. Esa soledad transmite paz y permite imaginar el sonido de las olas, el viento entre las hojas y el olor salino del aire.
El paisaje parece capturar un momento concreto de cambio atmosférico. El cielo no está completamente despejado, pero tampoco anuncia una tormenta. El mar se mueve con energía sin volverse amenazante, mientras la vegetación permanece expuesta al viento. Todo indica una jornada viva, fresca y luminosa en la costa.
En conjunto, la obra representa una costa rocosa abierta al mar, con árboles inclinados por el viento, aguas azuladas en constante movimiento y una formación montañosa que se eleva en la distancia bajo un cielo cubierto de nubes. La escena transmite libertad, frescura y serenidad, al mismo tiempo que muestra la energía incesante del paisaje marítimo. El cuadro invita a imaginarse junto a la orilla, escuchando las olas y contemplando la amplitud del horizonte.

