Joan Vila Arimany (1944) - Mercado de flores





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Joan Vila Arimany, Mercado de flores, óleo sobre lienzo, original, periodo 2000–2010, vendido con marco, en buen estado, España, vendido por Galería.
Descripción del vendedor
Pictura Galeria presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Vila Arimany, que representa una tranquila plaza histórica presidida por un árbol centenario y rodeada de flores, bancos y antiguas construcciones. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones del marco: 73x113x5 cm.
· Dimensiones de la obra: 73x92 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la esquina derecha de la obra, Vila Arimany.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.
La obra será embalada de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta una tranquila plaza urbana presidida por el enorme tronco de un árbol centenario, cuya presencia domina el primer plano y organiza toda la composición. A su alrededor se despliega un espacio lleno de pequeños detalles: flores de numerosos colores, bancos de madera, fachadas antiguas, macetas, una entrada monumental y una solitaria figura humana. La escena transmite serenidad y belleza cotidiana, como si hubiera sido capturada durante una mañana silenciosa en la que la plaza todavía no ha comenzado a llenarse de gente.
El árbol ocupa gran parte del lado derecho y se convierte inmediatamente en el elemento más poderoso de la imagen. Su tronco es ancho, robusto e irregular, con una base que se ensancha antes de introducirse en la tierra. Las raíces visibles parecen avanzar sobre el suelo como grandes formas vivas, transmitiendo la impresión de que el árbol lleva muchísimos años creciendo en ese mismo lugar.
La corteza presenta una extraordinaria variedad de matices. Los grises, azules, blancos, marrones y pequeños toques verdosos se combinan para mostrar una superficie marcada por el paso del tiempo. Algunas zonas parecen más lisas, mientras otras están cubiertas por manchas, grietas y rugosidades. Esta riqueza visual convierte el tronco en una especie de monumento natural.
Alrededor de la base aparece un espacio circular de tierra delimitado por un borde bajo. Esta forma redondeada separa el árbol del pavimento y destaca todavía más su presencia. La curva del alcorque contrasta con las líneas rectas de las baldosas, de los edificios y de los expositores de flores, aportando equilibrio a la composición.
El tronco asciende y desaparece por la parte superior de la imagen, lo que hace imaginar una copa enorme extendiéndose sobre toda la plaza. Las ramas y hojas visibles en la zona superior izquierda y central forman una cubierta natural que proporciona sombra. Aunque gran parte de la copa queda fuera de la composición, su presencia se percibe a través de la luz fresca que envuelve el espacio.
En el lado izquierdo se despliega una abundante exposición de flores y plantas. Las macetas están organizadas en filas y agrupadas sobre cajas y estructuras rectangulares. Esta disposición crea una sucesión de colores que comienza en la parte inferior y se extiende hacia el fondo, acompañando el recorrido visual por la plaza.
Entre las flores se distinguen tonos rojos, rosas, naranjas, amarillos, blancos, violetas y verdes. Algunas plantas presentan flores pequeñas y delicadas, mientras otras forman masas densas y redondeadas. La variedad cromática introduce alegría en una escena dominada por grises y azules, convirtiendo este rincón en el principal foco de color.
Los expositores ocupan una posición diagonal que conduce la mirada hacia el centro. Las líneas de las cajas, las macetas y los límites del pavimento se dirigen hacia la entrada situada en el fondo. Esta organización aporta profundidad y hace que el espectador sienta que podría caminar entre las flores y continuar hasta el edificio.
Junto a la exposición floral aparece un pequeño jardín o agrupación central de plantas más altas. Sus hojas oscuras, sus flores y sus volúmenes irregulares crean una separación natural entre los distintos caminos de la plaza. Algunas plantas parecen crecer libremente, mientras otras están cuidadosamente ordenadas, combinando espontaneidad y cuidado humano.
A la derecha de este pequeño jardín se encuentra una fila de bancos de madera. Sus asientos vacíos se orientan hacia el espacio abierto y parecen invitar a detenerse, descansar y contemplar el entorno. La ausencia de personas sentadas intensifica la sensación de calma y permite imaginar la plaza antes de la llegada de los vecinos y visitantes.
Los bancos crean una sucesión rítmica que conduce hacia el fondo. Sus formas se hacen progresivamente más pequeñas, reforzando la profundidad. También introducen una presencia humana indirecta, pues recuerdan que la plaza es un lugar de encuentro, conversación y descanso, aunque en el momento representado permanezca casi vacía.
En el fondo se alza un edificio antiguo cuya entrada monumental ocupa una posición destacada. La puerta se encuentra enmarcada por un gran arco de piedra clara que contrasta con el muro de ladrillo rojizo. Esta arquitectura aporta solemnidad y hace pensar en una iglesia, una capilla o un edificio histórico de especial importancia para la comunidad.
La puerta posee una estructura simétrica con divisiones verticales y una parte superior semicircular. Los tonos azulados y grises de su marco contrastan con la calidez de los ladrillos. El interior permanece oscuro y cerrado, despertando curiosidad sobre el espacio que se esconde más allá de la entrada.
Cerca de la puerta puede observarse una pequeña cruz situada sobre el muro. Este detalle refuerza la posible identidad religiosa del edificio y aporta una dimensión espiritual a la escena. La plaza parece extenderse delante del templo como un lugar de convivencia donde se unen la vida cotidiana, la naturaleza y la historia.
Los árboles del fondo se integran con la arquitectura y suavizan la rigidez de las fachadas. Sus troncos delgados ascienden frente al arco, mientras las copas se extienden por la parte superior. Esta superposición demuestra cómo la naturaleza y la ciudad conviven en armonía dentro del mismo espacio.
En el lado derecho aparece otra construcción de carácter más comercial. Su fachada presenta ventanas, un pequeño rótulo y una lámpara exterior de aspecto tradicional. La presencia de esta lámpara aporta encanto y sugiere que el lugar conserva una identidad antigua, alejada de una arquitectura completamente moderna.
Bajo la fachada se extiende una estructura cubierta que puede corresponder a un establecimiento, una terraza o una zona de mercado. Delante de ella aparecen grandes jardineras llenas de vegetación. Estos recipientes rectangulares forman una barrera verde que separa el edificio del espacio de circulación.
En la zona próxima a esta construcción se distingue una figura humana. La persona aparece pequeña y parcialmente oculta, caminando o permaneciendo bajo la cubierta. Su tamaño permite comprender la escala monumental del árbol y de la arquitectura. Al mismo tiempo, su presencia evita que la plaza parezca abandonada.
La figura solitaria introduce una pequeña narración dentro de la escena. Podría tratarse de un comerciante preparando el establecimiento, de un vecino cruzando la plaza o de alguien que se dirige hacia el edificio histórico. La falta de otros personajes convierte su presencia en un detalle discreto y misterioso.
El pavimento ocupa una amplia extensión y está recorrido por líneas que forman diferentes zonas rectangulares. Estas divisiones ordenan el espacio y conducen la mirada hacia el fondo. Los tonos grises y azulados del suelo reflejan la sombra de los árboles y aportan una agradable sensación de frescura.
La iluminación es suave y parece corresponder a una hora temprana del día o a un momento de cielo ligeramente cubierto. No existen contrastes intensos, sino una claridad tranquila que envuelve las fachadas, el pavimento y la vegetación. Esta luz permite apreciar los detalles sin romper la atmósfera de serenidad.
La gama general está dominada por azules, grises, verdes apagados y tonos tierra. Sobre esta base sobria destacan las flores cálidas y los ladrillos rojizos de la entrada. El equilibrio entre colores fríos y pequeños focos cálidos hace que la plaza resulte acogedora, aunque conserve un aire silencioso y contemplativo.
La obra transmite la sensación de un lugar con memoria. El árbol centenario, el edificio de piedra y ladrillo, los bancos y las fachadas parecen haber sido testigos de muchas generaciones. Las flores y la figura humana representan, en cambio, la vida presente que continúa desarrollándose alrededor de esos elementos permanentes.
En conjunto, la obra representa una plaza histórica y tranquila presidida por un majestuoso árbol centenario, rodeado de flores, bancos, comercios y una antigua entrada monumental. La combinación entre naturaleza, arquitectura y vida cotidiana crea una escena llena de armonía y memoria. El cuadro transmite la serenidad de un rincón urbano cuidado, donde el tiempo parece avanzar lentamente bajo la sombra protectora del gran árbol.
Pictura Galeria presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Vila Arimany, que representa una tranquila plaza histórica presidida por un árbol centenario y rodeada de flores, bancos y antiguas construcciones. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones del marco: 73x113x5 cm.
· Dimensiones de la obra: 73x92 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la esquina derecha de la obra, Vila Arimany.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.
La obra será embalada de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta una tranquila plaza urbana presidida por el enorme tronco de un árbol centenario, cuya presencia domina el primer plano y organiza toda la composición. A su alrededor se despliega un espacio lleno de pequeños detalles: flores de numerosos colores, bancos de madera, fachadas antiguas, macetas, una entrada monumental y una solitaria figura humana. La escena transmite serenidad y belleza cotidiana, como si hubiera sido capturada durante una mañana silenciosa en la que la plaza todavía no ha comenzado a llenarse de gente.
El árbol ocupa gran parte del lado derecho y se convierte inmediatamente en el elemento más poderoso de la imagen. Su tronco es ancho, robusto e irregular, con una base que se ensancha antes de introducirse en la tierra. Las raíces visibles parecen avanzar sobre el suelo como grandes formas vivas, transmitiendo la impresión de que el árbol lleva muchísimos años creciendo en ese mismo lugar.
La corteza presenta una extraordinaria variedad de matices. Los grises, azules, blancos, marrones y pequeños toques verdosos se combinan para mostrar una superficie marcada por el paso del tiempo. Algunas zonas parecen más lisas, mientras otras están cubiertas por manchas, grietas y rugosidades. Esta riqueza visual convierte el tronco en una especie de monumento natural.
Alrededor de la base aparece un espacio circular de tierra delimitado por un borde bajo. Esta forma redondeada separa el árbol del pavimento y destaca todavía más su presencia. La curva del alcorque contrasta con las líneas rectas de las baldosas, de los edificios y de los expositores de flores, aportando equilibrio a la composición.
El tronco asciende y desaparece por la parte superior de la imagen, lo que hace imaginar una copa enorme extendiéndose sobre toda la plaza. Las ramas y hojas visibles en la zona superior izquierda y central forman una cubierta natural que proporciona sombra. Aunque gran parte de la copa queda fuera de la composición, su presencia se percibe a través de la luz fresca que envuelve el espacio.
En el lado izquierdo se despliega una abundante exposición de flores y plantas. Las macetas están organizadas en filas y agrupadas sobre cajas y estructuras rectangulares. Esta disposición crea una sucesión de colores que comienza en la parte inferior y se extiende hacia el fondo, acompañando el recorrido visual por la plaza.
Entre las flores se distinguen tonos rojos, rosas, naranjas, amarillos, blancos, violetas y verdes. Algunas plantas presentan flores pequeñas y delicadas, mientras otras forman masas densas y redondeadas. La variedad cromática introduce alegría en una escena dominada por grises y azules, convirtiendo este rincón en el principal foco de color.
Los expositores ocupan una posición diagonal que conduce la mirada hacia el centro. Las líneas de las cajas, las macetas y los límites del pavimento se dirigen hacia la entrada situada en el fondo. Esta organización aporta profundidad y hace que el espectador sienta que podría caminar entre las flores y continuar hasta el edificio.
Junto a la exposición floral aparece un pequeño jardín o agrupación central de plantas más altas. Sus hojas oscuras, sus flores y sus volúmenes irregulares crean una separación natural entre los distintos caminos de la plaza. Algunas plantas parecen crecer libremente, mientras otras están cuidadosamente ordenadas, combinando espontaneidad y cuidado humano.
A la derecha de este pequeño jardín se encuentra una fila de bancos de madera. Sus asientos vacíos se orientan hacia el espacio abierto y parecen invitar a detenerse, descansar y contemplar el entorno. La ausencia de personas sentadas intensifica la sensación de calma y permite imaginar la plaza antes de la llegada de los vecinos y visitantes.
Los bancos crean una sucesión rítmica que conduce hacia el fondo. Sus formas se hacen progresivamente más pequeñas, reforzando la profundidad. También introducen una presencia humana indirecta, pues recuerdan que la plaza es un lugar de encuentro, conversación y descanso, aunque en el momento representado permanezca casi vacía.
En el fondo se alza un edificio antiguo cuya entrada monumental ocupa una posición destacada. La puerta se encuentra enmarcada por un gran arco de piedra clara que contrasta con el muro de ladrillo rojizo. Esta arquitectura aporta solemnidad y hace pensar en una iglesia, una capilla o un edificio histórico de especial importancia para la comunidad.
La puerta posee una estructura simétrica con divisiones verticales y una parte superior semicircular. Los tonos azulados y grises de su marco contrastan con la calidez de los ladrillos. El interior permanece oscuro y cerrado, despertando curiosidad sobre el espacio que se esconde más allá de la entrada.
Cerca de la puerta puede observarse una pequeña cruz situada sobre el muro. Este detalle refuerza la posible identidad religiosa del edificio y aporta una dimensión espiritual a la escena. La plaza parece extenderse delante del templo como un lugar de convivencia donde se unen la vida cotidiana, la naturaleza y la historia.
Los árboles del fondo se integran con la arquitectura y suavizan la rigidez de las fachadas. Sus troncos delgados ascienden frente al arco, mientras las copas se extienden por la parte superior. Esta superposición demuestra cómo la naturaleza y la ciudad conviven en armonía dentro del mismo espacio.
En el lado derecho aparece otra construcción de carácter más comercial. Su fachada presenta ventanas, un pequeño rótulo y una lámpara exterior de aspecto tradicional. La presencia de esta lámpara aporta encanto y sugiere que el lugar conserva una identidad antigua, alejada de una arquitectura completamente moderna.
Bajo la fachada se extiende una estructura cubierta que puede corresponder a un establecimiento, una terraza o una zona de mercado. Delante de ella aparecen grandes jardineras llenas de vegetación. Estos recipientes rectangulares forman una barrera verde que separa el edificio del espacio de circulación.
En la zona próxima a esta construcción se distingue una figura humana. La persona aparece pequeña y parcialmente oculta, caminando o permaneciendo bajo la cubierta. Su tamaño permite comprender la escala monumental del árbol y de la arquitectura. Al mismo tiempo, su presencia evita que la plaza parezca abandonada.
La figura solitaria introduce una pequeña narración dentro de la escena. Podría tratarse de un comerciante preparando el establecimiento, de un vecino cruzando la plaza o de alguien que se dirige hacia el edificio histórico. La falta de otros personajes convierte su presencia en un detalle discreto y misterioso.
El pavimento ocupa una amplia extensión y está recorrido por líneas que forman diferentes zonas rectangulares. Estas divisiones ordenan el espacio y conducen la mirada hacia el fondo. Los tonos grises y azulados del suelo reflejan la sombra de los árboles y aportan una agradable sensación de frescura.
La iluminación es suave y parece corresponder a una hora temprana del día o a un momento de cielo ligeramente cubierto. No existen contrastes intensos, sino una claridad tranquila que envuelve las fachadas, el pavimento y la vegetación. Esta luz permite apreciar los detalles sin romper la atmósfera de serenidad.
La gama general está dominada por azules, grises, verdes apagados y tonos tierra. Sobre esta base sobria destacan las flores cálidas y los ladrillos rojizos de la entrada. El equilibrio entre colores fríos y pequeños focos cálidos hace que la plaza resulte acogedora, aunque conserve un aire silencioso y contemplativo.
La obra transmite la sensación de un lugar con memoria. El árbol centenario, el edificio de piedra y ladrillo, los bancos y las fachadas parecen haber sido testigos de muchas generaciones. Las flores y la figura humana representan, en cambio, la vida presente que continúa desarrollándose alrededor de esos elementos permanentes.
En conjunto, la obra representa una plaza histórica y tranquila presidida por un majestuoso árbol centenario, rodeado de flores, bancos, comercios y una antigua entrada monumental. La combinación entre naturaleza, arquitectura y vida cotidiana crea una escena llena de armonía y memoria. El cuadro transmite la serenidad de un rincón urbano cuidado, donde el tiempo parece avanzar lentamente bajo la sombra protectora del gran árbol.

