M. de Fourcroy - Élemens d'Histoire Naturelle et de Chimie - 1786






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Éléments d'histoire naturelle et de chimie de Fourcroy, en cuatro volúmenes, 1.ª edición de 1786, editado en París por Chez Cuchet, en francés, encuadernación media piel, 2033 páginas en total, en buen estado.
Descripción del vendedor
La obra que tenemos ante nosotros es Élémens d’histoire naturelle et de chimie de Antoine-François de Fourcroy, publicada en París en 1786 por el librero Gaspard-Joseph Cuchet. Es importante precisar de inmediato un detalle: no se trata de un libro del siglo XIX, sino de una obra de la segunda mitad del siglo XVIII, precisamente de 1786. Y es justamente esta ubicación cronológica la que la hace particularmente significativa: el volumen nace, de hecho, en uno de los momentos más fascinantes de la historia europea, cuando la cultura ilustrada está transformando profundamente la manera de concebir la naturaleza, la medicina y la ciencia.
El autor: Antoine-François de Fourcroy
Antoine-François de Fourcroy nació en París en 1755. Hijo de un farmacéutico, emprendió estudios de medicina y obtuvo el doctorado en 1780, pero su verdadera vocación se convirtió pronto en la química. Fue alumno de Jean-Baptiste-Michel Bucquet, uno de los protagonistas de la enseñanza química parisina, y precisamente en el laboratorio de su maestro comenzó a impartir clases privadas.
Su carrera fue rapidísima. En 1784 sucedió a P. J. Macquer en la enseñanza de la química en el Jardin du Roi, uno de los centros científicos más importantes de Francia. Sus lecciones atraían a un público numeroso gracias a su extraordinaria capacidad para hacer comprensibles cuestiones científicas entonces extremadamente complejas. En 1785 además ingresó en la Académie Royale des Sciences.
Fourcroy no fue sólo un científico: fue también un gran divulgador. Su ambición era llevar la química fuera de los laboratorios y de las reducidas círculos de los especialistas, transformándola en una disciplina ordenada, enseñable y accesible. La Société d'Histoire de la Pharmacie subraya precisamente el papel fundamental que tuvieron sus cursos y sus obras en la difusión de la “nueva química”.
La obra y su contenido
El libro nace de un ciclo de lecciones que Fourcroy había empezado a impartir en su propio laboratorio. La primera versión, publicada en 1782, llevaba el título Leçons élémentaires d'histoire naturelle et de chimie. La segunda edición, a la que pertenece el volumen fotografiado, fue profundamente ampliada y asumió el título Élémens d'histoire naturelle et de chimie. Fue publicada en cuatro tomos. El cuarto tomo contiene más de quinientas páginas y está acompañado, en la edición global, por láminas científicas.
La importancia del título ya es reveladora. Fourcroy no contempla la química como una disciplina aislada: la pone en relación con la historia natural, con la medicina y con el estudio sistemático de los fenómenos del mundo físico. Su intento era construir un marco metodológico de las conocimientos químicos disponibles y comparar las diferentes teorías existentes en aquel momento.
Estamos, por tanto, ante un libro que pertenece a una fase de transición científica. Durante siglos la naturaleza había sido interpretada a través de categorías heredadas de la tradición; en el siglo XVIII, en cambio, los científicos comienzan a exigir observaciones más precisas, experimentos repetibles, clasificaciones rigurosas y un lenguaje científico compartido.
La relación con Lavoisier y la revolución de la química
Para entender realmente el valor de esta obra hay que situarla en el contexto de la llamada revolución química.
Uno de los protagonistas absolutos de esta transformación fue Antoine-Laurent Lavoisier. Fourcroy conoció directamente a Lavoisier y, tras un periodo inicial de vacilación, adhirió a su teoría anticifulquística en 1786. Poco después colaboró con Lavoisier, Guyton de Morveau y Claude-Louis Berthollet en la Méthode de nomenclature chimique de 1787, destinada a conferir a la nueva química un lenguaje mucho más racional.
Este paso es fundamental. La ciencia no sólo estaba descubriendo nuevas sustancias: estaba aprendiendo a nombrarlas y organizarlas de modo nuevo. El lenguaje se convertía en una herramienta del conocimiento.
Es significativo que, apenas tres años después de esta edición, en 1789, Lavoisier habría publicado su célebre Traité élémentaire de chimie, también en Cuchet. El libro de Fourcroy se sitúa por lo tanto en el corazón de esa temporada intelectual que habría de dar a la química moderna algunas de sus bases.
El impresor, el librero y la cultura del libro
En la portada se halla la inscripción “Chez Cuchet, Libraire, rue & hôtel Serpente”. Se trata de Gaspard-Joseph Cuchet, librero parisino activo en la segunda mitad del siglo XVIII. Las fuentes lo sitúan en la rue et hôtel Serpente, dirección que llegó a asociarse a su actividad editorial.
Es oportuno distinguir el papel del librero del del impresor en sentido estricto: la portada de este volumen identifica a Cuchet como librero/editor, pero no permite por sí sola atribuirle materialmente la composición tipográfica y la impresión. Esta distinción es importante porque en el XVIII la producción de un libro involucraba a menudo una red de figuras diversas: autor, impresor, librero, grabadores y otros artesanos.
Cuchet no fue, sin embargo, un nombre marginal en el panorama editorial científico parisino. Su catálogo incluía obras de gran relieve y, pocos años después, él habría publicado también el Traité élémentaire de chimie de Lavoisier. Su librería se encontraba, pues, dentro de ese circuito parisino en el que ideas científicas, filosóficas y políticas circulaban rápidamente.
Un libro a las puertas de la Revolución
La fecha 1786 confiere al volumen un atractivo histórico adicional. Faltan apenas tres años para la Revolución Francesa de 1789.
El mundo en el que Fourcroy escribe sigue siendo el del Antiguo Régimen, pero sus fundamentos culturales ya están cambiando. La Ilustración ha difundido la idea de que la razón y la observación pueden aplicarse de manera sistemática a la realidad. La Encyclopédie de Diderot y d’Alembert, publicada en las décadas anteriores, había contribuido a transformar el conocimiento en un proyecto colectivo de clasificación y difusión del saber.
Fourcroy representa perfectamente este espíritu: la ciencia no debe ser sólo practicada, sino también enseñada, ordenada y divulgada.
Y es significativo que el mismo hombre que a finales del siglo XVIII estaba inmerso en laboratorios y aulas científicas, tras 1789 termine directamente en la historia política de Francia. Durante la Revolución participó en la vida política y en 1793 entró en la Convención Nacional. Más tarde, bajo Napoleón, tuvo importantes responsabilidades en el ámbito de la educación y contribuyó a la reorganización de la enseñanza científica.
La trayectoria personal de Fourcroy se convierte así en un puente entre dos épocas: la Ilustración científica y la Francia revolucionaria y napoleónica.
El impacto de la obra
La importancia de Élémens no reside solamente en las informaciones científicas puntuales contenidas en el texto, muchas de las cuales serían posteriormente superadas. Su valor histórico radica sobre todo en la capacidad de sistematizar y difundir una disciplina en plena transformación.
Fourcroy fue, en este sentido, uno de los grandes mediadores de la revolución científica. Sus lecciones alcanzaban a un público muy amplio y sus libros permitían que las ideas discutidas en los laboratorios y en las academias circularan mucho más allá del lugar donde habían sido concebidas. La Société d'Histoire de la Pharmacie recuerda que llegó a publicar más de 150 memorias científicas, muchas de las cuales realizadas junto a Louis-Nicolas Vauquelin, su alumno y colaborador.
El libro atestigua, por tanto, un cambio profundo: el saber científico empieza a hacerse cada vez más público, metodológico e internacional.
Un objeto que cuenta la historia
Mirar hoy este volumen significa, por tanto, ver algo más que un antiguo libro de química.
La portada conserva la huella material de una época: la composición tipográfica, el papel, la tinta, la disposición rigurosa de las inscripciones, la indicación del privilegio de la Académie Royale des Sciences y la fórmula editorial nos devuelven el mundo de la impresión científica del siglo XVIII.
Y sobre todo el libro lleva consigo una extraordinaria coincidencia histórica: mientras estas páginas se imprimían en París, la vieja sociedad europea se acercaba a una de las mayores cesuras de su historia. Pocos años separaban este volumen de la toma de la Bastilla, de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano y de la transformación política de Francia.
La historia de la ciencia y la historia política, aparentemente distantes, se encuentran así en el mismo objeto.
Conclusión
Los Élémens d'histoire naturelle et de chimie de Fourcroy pueden considerarse un testimonio privilegiado de la época en la que la razón iluminista empezaba a transformarse en método científico moderno.
El autor, médico, químico y extraordinario divulgador; el librero Cuchet, integrado en el animado ambiente editorial parisino; la comparación con Lavoisier y con la revolución de la nomenclatura química; la cercanía cronológica a la Revolución Francesa: todo concurre para hacer de este volumen un objeto en el que confluyen la ciencia, la cultura, la técnica y la historia política.
Su encanto más auténtico, sin embargo, reside quizá precisamente en su naturaleza material. Esas páginas no cuentan solamente la historia de la química: son ellas mismas un fragmento de la historia. Han atravesado más de dos siglos y conservan aún la huella de un momento irrepetible, cuando Europa empezaba a mirar la naturaleza con ojos nuevos.
En este sentido, el libro de Fourcroy no es solamente un antiguo tratado científico. Es un testimonio de la Edad de las Luces, una reliquia del nacimiento de la química moderna y, a la vez, una silenciosa puerta a través de la cual se vislumbra el mundo nuevo que estaba por nacer.
Colación y estado de preservación
Tomos Colación
Tomo I XCIX, [1], 426 p.
Tomo II [4], 523, [3] p.
Tomo III [4], 547, [3] p.
Tomo IV [4], 537, [1] p., 8 láminas/tablas plegadas
Excelente estado de preservación, a señalar ligeras florituras y alguna pieza de carcoma sólo en algunas páginas en los márgenes, ligerísimas desgaste en las dobleces de las láminas pero, en conjunto, ejemplar de rara disponibilidad
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La obra que tenemos ante nosotros es Élémens d’histoire naturelle et de chimie de Antoine-François de Fourcroy, publicada en París en 1786 por el librero Gaspard-Joseph Cuchet. Es importante precisar de inmediato un detalle: no se trata de un libro del siglo XIX, sino de una obra de la segunda mitad del siglo XVIII, precisamente de 1786. Y es justamente esta ubicación cronológica la que la hace particularmente significativa: el volumen nace, de hecho, en uno de los momentos más fascinantes de la historia europea, cuando la cultura ilustrada está transformando profundamente la manera de concebir la naturaleza, la medicina y la ciencia.
El autor: Antoine-François de Fourcroy
Antoine-François de Fourcroy nació en París en 1755. Hijo de un farmacéutico, emprendió estudios de medicina y obtuvo el doctorado en 1780, pero su verdadera vocación se convirtió pronto en la química. Fue alumno de Jean-Baptiste-Michel Bucquet, uno de los protagonistas de la enseñanza química parisina, y precisamente en el laboratorio de su maestro comenzó a impartir clases privadas.
Su carrera fue rapidísima. En 1784 sucedió a P. J. Macquer en la enseñanza de la química en el Jardin du Roi, uno de los centros científicos más importantes de Francia. Sus lecciones atraían a un público numeroso gracias a su extraordinaria capacidad para hacer comprensibles cuestiones científicas entonces extremadamente complejas. En 1785 además ingresó en la Académie Royale des Sciences.
Fourcroy no fue sólo un científico: fue también un gran divulgador. Su ambición era llevar la química fuera de los laboratorios y de las reducidas círculos de los especialistas, transformándola en una disciplina ordenada, enseñable y accesible. La Société d'Histoire de la Pharmacie subraya precisamente el papel fundamental que tuvieron sus cursos y sus obras en la difusión de la “nueva química”.
La obra y su contenido
El libro nace de un ciclo de lecciones que Fourcroy había empezado a impartir en su propio laboratorio. La primera versión, publicada en 1782, llevaba el título Leçons élémentaires d'histoire naturelle et de chimie. La segunda edición, a la que pertenece el volumen fotografiado, fue profundamente ampliada y asumió el título Élémens d'histoire naturelle et de chimie. Fue publicada en cuatro tomos. El cuarto tomo contiene más de quinientas páginas y está acompañado, en la edición global, por láminas científicas.
La importancia del título ya es reveladora. Fourcroy no contempla la química como una disciplina aislada: la pone en relación con la historia natural, con la medicina y con el estudio sistemático de los fenómenos del mundo físico. Su intento era construir un marco metodológico de las conocimientos químicos disponibles y comparar las diferentes teorías existentes en aquel momento.
Estamos, por tanto, ante un libro que pertenece a una fase de transición científica. Durante siglos la naturaleza había sido interpretada a través de categorías heredadas de la tradición; en el siglo XVIII, en cambio, los científicos comienzan a exigir observaciones más precisas, experimentos repetibles, clasificaciones rigurosas y un lenguaje científico compartido.
La relación con Lavoisier y la revolución de la química
Para entender realmente el valor de esta obra hay que situarla en el contexto de la llamada revolución química.
Uno de los protagonistas absolutos de esta transformación fue Antoine-Laurent Lavoisier. Fourcroy conoció directamente a Lavoisier y, tras un periodo inicial de vacilación, adhirió a su teoría anticifulquística en 1786. Poco después colaboró con Lavoisier, Guyton de Morveau y Claude-Louis Berthollet en la Méthode de nomenclature chimique de 1787, destinada a conferir a la nueva química un lenguaje mucho más racional.
Este paso es fundamental. La ciencia no sólo estaba descubriendo nuevas sustancias: estaba aprendiendo a nombrarlas y organizarlas de modo nuevo. El lenguaje se convertía en una herramienta del conocimiento.
Es significativo que, apenas tres años después de esta edición, en 1789, Lavoisier habría publicado su célebre Traité élémentaire de chimie, también en Cuchet. El libro de Fourcroy se sitúa por lo tanto en el corazón de esa temporada intelectual que habría de dar a la química moderna algunas de sus bases.
El impresor, el librero y la cultura del libro
En la portada se halla la inscripción “Chez Cuchet, Libraire, rue & hôtel Serpente”. Se trata de Gaspard-Joseph Cuchet, librero parisino activo en la segunda mitad del siglo XVIII. Las fuentes lo sitúan en la rue et hôtel Serpente, dirección que llegó a asociarse a su actividad editorial.
Es oportuno distinguir el papel del librero del del impresor en sentido estricto: la portada de este volumen identifica a Cuchet como librero/editor, pero no permite por sí sola atribuirle materialmente la composición tipográfica y la impresión. Esta distinción es importante porque en el XVIII la producción de un libro involucraba a menudo una red de figuras diversas: autor, impresor, librero, grabadores y otros artesanos.
Cuchet no fue, sin embargo, un nombre marginal en el panorama editorial científico parisino. Su catálogo incluía obras de gran relieve y, pocos años después, él habría publicado también el Traité élémentaire de chimie de Lavoisier. Su librería se encontraba, pues, dentro de ese circuito parisino en el que ideas científicas, filosóficas y políticas circulaban rápidamente.
Un libro a las puertas de la Revolución
La fecha 1786 confiere al volumen un atractivo histórico adicional. Faltan apenas tres años para la Revolución Francesa de 1789.
El mundo en el que Fourcroy escribe sigue siendo el del Antiguo Régimen, pero sus fundamentos culturales ya están cambiando. La Ilustración ha difundido la idea de que la razón y la observación pueden aplicarse de manera sistemática a la realidad. La Encyclopédie de Diderot y d’Alembert, publicada en las décadas anteriores, había contribuido a transformar el conocimiento en un proyecto colectivo de clasificación y difusión del saber.
Fourcroy representa perfectamente este espíritu: la ciencia no debe ser sólo practicada, sino también enseñada, ordenada y divulgada.
Y es significativo que el mismo hombre que a finales del siglo XVIII estaba inmerso en laboratorios y aulas científicas, tras 1789 termine directamente en la historia política de Francia. Durante la Revolución participó en la vida política y en 1793 entró en la Convención Nacional. Más tarde, bajo Napoleón, tuvo importantes responsabilidades en el ámbito de la educación y contribuyó a la reorganización de la enseñanza científica.
La trayectoria personal de Fourcroy se convierte así en un puente entre dos épocas: la Ilustración científica y la Francia revolucionaria y napoleónica.
El impacto de la obra
La importancia de Élémens no reside solamente en las informaciones científicas puntuales contenidas en el texto, muchas de las cuales serían posteriormente superadas. Su valor histórico radica sobre todo en la capacidad de sistematizar y difundir una disciplina en plena transformación.
Fourcroy fue, en este sentido, uno de los grandes mediadores de la revolución científica. Sus lecciones alcanzaban a un público muy amplio y sus libros permitían que las ideas discutidas en los laboratorios y en las academias circularan mucho más allá del lugar donde habían sido concebidas. La Société d'Histoire de la Pharmacie recuerda que llegó a publicar más de 150 memorias científicas, muchas de las cuales realizadas junto a Louis-Nicolas Vauquelin, su alumno y colaborador.
El libro atestigua, por tanto, un cambio profundo: el saber científico empieza a hacerse cada vez más público, metodológico e internacional.
Un objeto que cuenta la historia
Mirar hoy este volumen significa, por tanto, ver algo más que un antiguo libro de química.
La portada conserva la huella material de una época: la composición tipográfica, el papel, la tinta, la disposición rigurosa de las inscripciones, la indicación del privilegio de la Académie Royale des Sciences y la fórmula editorial nos devuelven el mundo de la impresión científica del siglo XVIII.
Y sobre todo el libro lleva consigo una extraordinaria coincidencia histórica: mientras estas páginas se imprimían en París, la vieja sociedad europea se acercaba a una de las mayores cesuras de su historia. Pocos años separaban este volumen de la toma de la Bastilla, de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano y de la transformación política de Francia.
La historia de la ciencia y la historia política, aparentemente distantes, se encuentran así en el mismo objeto.
Conclusión
Los Élémens d'histoire naturelle et de chimie de Fourcroy pueden considerarse un testimonio privilegiado de la época en la que la razón iluminista empezaba a transformarse en método científico moderno.
El autor, médico, químico y extraordinario divulgador; el librero Cuchet, integrado en el animado ambiente editorial parisino; la comparación con Lavoisier y con la revolución de la nomenclatura química; la cercanía cronológica a la Revolución Francesa: todo concurre para hacer de este volumen un objeto en el que confluyen la ciencia, la cultura, la técnica y la historia política.
Su encanto más auténtico, sin embargo, reside quizá precisamente en su naturaleza material. Esas páginas no cuentan solamente la historia de la química: son ellas mismas un fragmento de la historia. Han atravesado más de dos siglos y conservan aún la huella de un momento irrepetible, cuando Europa empezaba a mirar la naturaleza con ojos nuevos.
En este sentido, el libro de Fourcroy no es solamente un antiguo tratado científico. Es un testimonio de la Edad de las Luces, una reliquia del nacimiento de la química moderna y, a la vez, una silenciosa puerta a través de la cual se vislumbra el mundo nuevo que estaba por nacer.
Colación y estado de preservación
Tomos Colación
Tomo I XCIX, [1], 426 p.
Tomo II [4], 523, [3] p.
Tomo III [4], 547, [3] p.
Tomo IV [4], 537, [1] p., 8 láminas/tablas plegadas
Excelente estado de preservación, a señalar ligeras florituras y alguna pieza de carcoma sólo en algunas páginas en los márgenes, ligerísimas desgaste en las dobleces de las láminas pero, en conjunto, ejemplar de rara disponibilidad
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